Search
Condenados a seis y siete meses de cárcel, ambos aseguraron que aquello fue una simple charla de café

‘Operación Galaxia’: detenidos el capitán Ynestrillas y el coronel Tejero por plantear un Golpe de Estado contra Suárez

HECHOS

El 18 de noviembre de 1978 trascendió a la opinión pública que el capitán Ricardo Sáenz de Ynestrillas y el coronel Antonio Tejero Molina habían sido detenidos por plantear en una charla en la cafetería Galaxia.

cafeteria_galaxia La Cafetería Galaxia fue el lugar en el que el coronel Tejero y el comandante Sáenz de Ynestrillas sugirieron a compañeros dar un Golpe de Estado contra el Gobierno de D. Adolfo Suárez. Pero estos compañeros optaron por denunciarles a sus superiores.

titular_operacion_Galaxia_elpais El diario EL PAÍS de D. Juan Luis Cebrián fue el primero en acuñar la expresión “Operación Galaxia” y en difundir en portada el rostro del coronel Tejero.

Aumenta la tensión entre sectores del Ejército y el Gobierno Suárez:

Los asesinatos masivos de miembros de las fuerzas de seguridad del Estado y, principalmente, la Guardia Civil, coincidiendo con el proceso constituyente incrementaban la indignación entre sectores militares, donde se consideraba que al Gobierno de D. Adolfo Suárez le interesaba más quedar bien con la izquierda, que con los militares asesinados.

Tras sanciones al coronel Tejero y el general Prieto por incidentes disciplinarios, a finales de octubre y principios de noviembre la situación volvió a estallar. El 18 de noviembre, en una reunión del Cuartel en Cartagena, de acuerdo con lo publicado por don Pedro José Ramírez en ABC, el General Juan Atarés fue detenido por orden del general Milans del Bosch tras definir el proyecto de constitución como “divorcista y atea” y al vicepresidente, general Gutiérrez Mellado, como “traidor”. Ese mismo día se hacía público que habían sido igualmente encarcelados el coronel Tejero y el capitán Ricardo Sáenz de Ynestrillas acusados de sugerir un golpe de Estado contra el Gobierno de D. Adolfo Suárez en una charla con otros militares en la cafetería Galaxia.

El diario ABC dedica su portada del día 19 a lo ocurrido en Cartagena bajo el titular “El incidente de Cartagena”. Mientras que es EL PAÍS dedica su portada a la trama della cafetería a la que pone el nombre de “Operación Galaxia”. Aunque el primer periódico en colocarlo en portada fue DIARIO16 el día 18, que ya había hablado de la trama golpista desde días antes según recuerda su director: “La toma EL PAÍS cuando nosotros llevábamos ya días anunciándolo en solitario”. La información de EL PAÍS se produce en un tono más tremendista que nunca.

La noche del 16 al 17 (…) ha sido, probablemente, la más dramática de cuantas vivió el Gobierno Suárez. Más (…) que aquella en que sus miembros temieron que los GRAPO arrojaran en cualquier cuneta el cadáver de Antonio María de Oriol o que la de los asesinatos de los abogados laboralistas de Atocha. (…) Pretendían (…) prenderle como rehén y forzar (…) un Gabinete opuesto al proceso democratizador. (EL PAÍS, 19-11-1978)

Los dos implicados aseguraron que todo aquello fue una simple “charla de café”, motivo por el cual las autoridades militares se limitaron a considerarlo una falta leve y les condenaron a unos meses de cárcel.

EL ALCÁZAR CONTRA DIARIO16 POR SU COBERTURA DE LA ‘OPERACIÓN GALAXIA’

titular_Operacion_GalaxiaD16Alcazar El diario EL ALCÁZAR (dirigido por D. Antonio Izquierdo) publicó una portada con el títular ‘Así miente DIARIO16’. La ira del diario de DYRSA era porque DIARIO16 (dirigido por D. Miguel Ángel Aguilar) usaba la expresión ‘complot militar’, y porque en la misma edición DIARIO16 ofendía a las personas que acudían anualmente a la Plaza de Oriente. EL ALCÁZAR calificó a DIARIO16 como “un puente tendido entre el Partido Comunista y los marxismos al uso con el Palacio de la Moncloa”.

ACUSACIONES DE EL PAÍS CONTRA EL IMPARCIAL

El periódico EL PAÍS, dirigido por D. Juan Luis Cebrián señaló expresamente al diario EL IMPARCIAL, dirigido por D. Julio Merino, como medio de comunicación implicado en la trama de la ‘Operación Galaxia’, originando un pleito entre los dos periódicos.

22 - Noviembre - 1978

EL GRAN PROBLEMA

José María Ruiz Gallardón

Con todas estas historias del complot – del supuesto complot – de Madrid se están olvidando los asesinatos de ETA

Con todas estas historias del complot – del supuesto complot – de Madrid se están olvidando otros temas, los verdaderamente fundamentales y trágicos. Anteayer ETA asesinó en el cuartel de Basauri a dos miembros de las Fuerzas de Origen Público e hirió a tres once y tres de ellos están muy graves. Y nada parece poner término a esta sangría. Mientras tanto el Consejo General Vasco se solidariza con la equívoca, infundada y, por lo demás, hiriente actitud de su ‘ministro’ del Interior, señor Benegas, en flagrante contradicción con el señor Martín Villa.

Pues bien, hay que terminar con esta situación en la que cada semana aumenta la lista de víctimas y cada día temblamos al poner la radio o coger un periódico ante la tantas veces confirmada posibilidad de enterarnos de un nuevo y sangriento crimen.

Por eso mi comentario de hoy se reduce a transcribir algunos párrafos de la intervención de Manuel Fraga, el 8 de noviembre pasado, en el Congreso. Léanlo, porque merece la pena y la reflexión.

El que ve una tensión creciente en los lugares de trabajo, el que no encuentra un puesto de trabajo (sobre todo si es un joven), el que va a ver película que le demuestran que la familia, la Iglesia, la sociedad entera le han estado engañando y explotando siempre, el que ve cómo se desprecia a la magistratura o al profesorado o a quien sea, que no se deja humillar para estar a la moda; el que vea practicar cada día la contestación y la rebeldía como una cosa buena en sí misma, se siente inseguro.

Pero la inseguridad aumenta cuando se encuentra en los mismos lugares de dónde debería brotar la respuesta. La inseguridad es inevitable con textos constitucionales ambiguos, con textos legislativos improvisado y demagógicos, con fuerzas políticas que no se comprometen claramente con el futuro a medio plazo, manteniendo una reserva revolucionaria en sus programas, y, sobre todo, con un Gobierno débil, siempre dispuesto a una concesión más o a un consejo nuevo, entendido como una nueva apertura de la izquierda con tal de salir del paso.

El origen público supone una declaración terminante de fe en el futuro de España, como una nación una y fuere, una proclamación terminante en favor de la familia, de la propiedad, de la empresa libre, del cumplimiento de la ley; una afirmación clara y demostrada con hechos de que la autoridad será ejercida sin titubeos, sin excesos, pero tampoco sin defectos, para lograr estos fines.

Supone una declaración de guerra, sin ambigüedades, contra el terrorismo de cualquier tipo; llegando, cuando sea necesario, al establecimiento eficaz de estados de excepción o de otras medidas extraordinarias. Sería poco grato celebrar un referéndum bajo estado de excepción en alguna provincia, pero es mucho más grave que se celebre en medio del actual auge del terrorismo.

Me parece que sobran los comentarios.

José María Ruiz Gallardón

20 - Noviembre - 1978

Una noche triste y un día alegre

Ismael Medina

Me asiste el derecho a deducir del confuso y pintoresco relato de EL PAÍS, órgano oficioso de la Moncloa, es el miedo de una clase política incapaz e inestable que quiere que se vean fantasmas donde sólo hay el resultado mínimo de una provocación calculada.

Leo y me asombro: «La noche del 16 al 17 de noviembre de este año ha sido, probablemente, la más dramática de cuantas vivió el Gobierno Suárez». Lo escribe EL PAIS, como embocadura de una de las crónicas políticas más melodramáticas y pintorescas que he leído desde que Suárez está en el Poder. Creo, de todas formas, que a EL PAIS, acaso demasiado obediente a los estados de humor reinantes en la Moncloa, le han fallado los ajustes de la adjetivación.

¿Alguien puede considerar atendible la historia de un compló con tan ambiciosos objetivos políticos, cuando resulta que hasta el momento sólo han podido ser inculpadas, y no con toda certidumbre, muy contadas personas? ¿Alguien puede presumir que realmente existía un compló de tal envergadura, si en el propio instrumento de la pública denuncia, o sea, EL PAIS, se inserta una carta en que niega lo más sustancial de la hipótesis el jefe de la unidad en que se decía que se descubrió todo?

Me hago todas estas preguntas después de un reiterado análisis del melodrama descrito por EL PAÍS. Y es preciso plantearlo así, pues nada resulta congruente en la descripción para quienes hayan estudiado con interés todo lo concerniente a los golpes de Estado antiguos y modernos, las técnicas utilizadas, las situaciones exigibles en cada caso, etcétera. En vez de admitir las tesis que el órgano del consenso pretende mantener, el lector avispado por el estudio de estas cuestiones concluye que de haber existido en los teóricos inculpados esa intención golpista que se les atribuye, estaríamos ante un caso parecido al de aquel magnífico y singular extremeño que con dos acompañantes se lanzó en barca, allá por los años cuarenta, a la conquista de Gibraltar, desde una playa próxima.

Si del relato de EL PAIS se eliminan las truculencias y las babosas ambigüedades, «la más dramática noche de cuantas vivió el Gobierno Suárez» podría reducirse a este suculento esqueleto: unos agentes de los servicios secretos vecinos a la Presidencia del Gobierno se encuentran en una cafetería con algún que otro compañero y sugieren la posibilidad, de acabar de alguna manera con «esta situación insostenible» y con lo que algunos llaman por ahí, acaso por mimetismo con cierta parecida situación extranjera, el «proceso prostituyente». Sería esto lo que acaso los aludidos servicios conocieron ya, para entenderse, como operación Galaxia. Con la operación Galaxia debajo del brazo, algunos de los contertulios se dedicaron a «sondear» en diversos centros y varios niveles. Pero según se desprende del relato de EL PAIS del número de los teóricamente encartados, las «consultas» concluyeron en un estrepitoso fracaso que los agentes comunicarían, sin duda, a sus servicios.

Para entonces, sin embargo, el ambiente político estaba muy caldeado por el asesinato del magistrado Mateu Canoves y las circunstancias que concurrieron en su funeral. A ese clima tenso en los medios gubernamentales, especilamente en la Moncloa, se añadían otros factores; la situación inequívocamente revolucionaría en las provincias vasconadas, que era preciso disimular de alguna manera, pues confirmaba del todo las reservas crecientes del pueblo y sus instituciones básicas sobre la trampa de las ‘nacionalidades’, el fiasco de cierta acción emprendida con el posible objetivo de provocar situaciones de repudio o rechazo abierto en ciertos ámbitos profesionales; la presión virulenta de Múgica y Carrillo, preocupados por el mal saldo de la manifestación del día 10; la crisis que se dejan ver en sus respectivos partidos y el crecimiento de la reacción nacional; el descrédito internacional del Gobierno y el ‘proceso democrático’ y la naturaleza de ciertas sutiles ‘advertencias’; la gravísima entidad de la quiebra económica… Era necesario, por consiguiente, encontrar un revulsivo.

¿Cómo no iba a existir nerviosismo en la Moncloa? Las noticias que los servicios de información habían acumulado durante una mañana laboriosísima de echar el anzuelo en todas partes, debió ser infructuosa al máximo, según se desprende del relato sinuoso y equívoco de EL PAÍS. Apenas sí se habría encontrado una mínima percha sobre la que montar una suposición. Pero hete aquí que, ya avanzada la noche, llegan dieciséis trenes militares y que unidades motorizadas se mueven en torno a Madrid. Alguien perdería los nervios, pues debió ser a raíz de ese espectacular procesión castrense cuando, nos cuenta EL PAÍS que ‘hubo momentos de extraordinaria confusión, porque, en un principio, ‘hubo momentos de extraordinaria confusión, porque, en un principio, nadie explicaba aquella presencia atípica de una columna militar en Madrid y se supuso que, efectivamente, podía estar relacionada con el complot’. ¿Ustedes se imaginan la escena? Debió ser un espectáculo de comedia de Mihura aquel ir y venir, aquellos sudores fríos, aquellas órdenes nerviosas de protección especial del Palacio y de toma de posiciones por la Policía en todo Madrid. Pero aquellas unidades militares venían de unas tranquilas y normales maniobras en Astorga y avanzaban camino de los cuarteles y el reposo, ajenas al barullo político de aquella hora ‘dramática’: ¿o solo grotesca?

Estoy dispuesto a aceptar que hubo complot y desdecirme de todo lo escrito. Pero habrán de demostrármelo. Mientras tanto, me asiste el derecho a deducir del confuso y pintoresco relato del órgano oficioso de la Moncloa, que el miedo, el miedo múltiple y congénito, de una clase política incapaz e inestable, hizo ver fantasmas donde acaso sólo hubiera el resultado mínimo de una provocación calculada. Y a mi sensibilidad de español le hiere, de otra parte, este apresuramiento en una sospecha de complot, cuya noticia sólo debe salir a la calle después de su comprobación judicial y en sus términos exactos.

Resulta que el pueblo piensa de distinta manera que EL PAÍS y el 20-N fue una jornada formidable de afirmación de los valores nacionales frente a los mecanismos de la disolución de España. Eso es lo que cuenta.

Ismael Medina

22 - Noviembre - 1978

La cabeza debajo del ala

EL PAÍS (Director: Juan Luis Cebrián)

Mientras sectores del Gobierno parecen deseosos de quitar importancia al frustrado golpe del jueves 16 de noviembre, el señor Fraga ha vuelto a escena, en un alarde de incalificable oportunismo, para convertir al ministro de Defensa en responsable de lo ocurrido, cuando, sin duda, los responsables son los militares complotados. Caso de confirmarse esa tendencia, la decisión del Gobierno de «desdramatizar» los acontecimientos de la semana pasada dejaría al señor Fraga las manos libres para su empresa de escalar la presidencia del Gobierno, no con la ayuda de los votos de los ciudadanos, sino gracias al miedo de la población. La nota enviada por el secretario general de Arlanza Popular (véase página 10) el día de ayer a diversas agencias informativas es uno de los documentos más carentes de valor cívico que han aparecido en nuestro país en los últimos años. Utilizando los eufemismos y tópicos más usados, este ilustre catedrático de Teoría del Estado, que se jacta de su decisiva contribución a la redacción del texto constitucional, transforma a las Fuerzas Armadas, de brazo defensivo de la nación, en «columna básica del Estado». Las gravísimas infracciones de la disciplina militar producidas durante la semana pasada son imputadas no a los culpables de esas acciones, sino a «la desastrosa política del Gobierno». Y, lo que es todavía más sorprendente, el ex ministro de la Gobernación del primer Gobierno de la Monarquía se permite criticar al ministro de Defensa sus contactos personales con las guarniciones. Todo ello para concluir, en una apoteosis de sinsentido, al dar a entender que es el teniente general Gutiérrez Mellado, y no los sediciosos, el responsable de esa división del Ejército.

El señor Fraga -que es ese mismo «teniente Fraga» que se ofreció a defender con su vida la plaza de Melilla después de propugnar la negociación con Marruecos para la solución pacífica de ese contencioso- no puede ignorar que esa absurda acusación implica, además de una incorrecta toma de postura en asuntos que conciernen a la estructura jerárquica de los Ejércitos y a la disciplina castrense, la negación del principio mismo sobre el que se basa un sistema democrático, pluralista y liberal: la subordinación del poder militar al poder civil, cuya legitimidad proviene de la soberanía popular. El teniente general Gutiérrez Mellado es, con independencia de su grado, el representante de ese poder civil ante las Fuerzas Armadas, que le deben acatamiento y disciplina como ministro de Defensa de un Gobierno, y no sólo como teniente general.

¿Y el Gobierno del presidente Suárez? La ofensiva contra el ministro de Defensa, que, cualesquiera que sean sus defectos o sus errores, ofrece una gestión pública globalmente elogiable, no tiene como único francotirador al señor Fraga. Otros muchos y muy poderosos intereses y ambiciones empiezan a ponerse en movimiento para derribar de la cúpula de las Fuerzas Armadas al hombre que ha demostrado, con los hechos, su compromiso de lealtad con las instituciones democráticas, y eso en un momento en el que es preciso reforzar al máximo la autoridad del ejecutivo frente a los ensoñamientos golpistas. Hasta ahora, la política,de tira y afloja, de cambalache y compadreo, de paños calientes y arreglos bajo cuerda han dado al señor Suárez indudables éxitos y buenos resultados. Nos tememos, sin embargo, que el tiempo en que todos podían ser complacidos y en que había globos para todos se está terminando. O el señor Suárez acaba con los enemigos del ministro de Defensa, que hoy por hoy son también los suyos y los de las instituciones democráticas, o esos implacables adversarios acabarán con él, con su Gobierno y con el sistema pluralista que la Constitución consagra. Tiempo habrá de relevar al señor Gutiérrez Mellado de su cartera ministerial, pero de ningún modo debe hacerse cuando un general vehemente le increpa en Cartagena por defender y explicar la Constitución que ha querido darse a sí mismo el pueblo español.

La más elevada magistratura de la nación, los partidos democráticos, la opinión pública nacional e internacional, millones de electores, las leyes, la decencia y la moral estarán detrás del Gobierno que ataque con decisión ese cáncer que amenaza con destruir nuestras libertades, nuestra paz y nuestro futuro. Los códigos están para ser aplicados y los tribunales para instrumentarlos. Los poderes discrecionales sirven para decretar ceses y nombramientos en los cargos de confianza. El Gobierno del señor Suárez se encuentra ante una grave responsabilidad histórica y política de la que depende no sólo su supervivencia, sino también la consolidación de la democracia en España. Puede afrontarla o renunciar a la tarea. Lo que no debe hacer, en ningún caso, es meter la cabeza debajo del ala, como el avestruz, y esperar a que pase la tormenta. Entre otras cosas, porque le va la cabeza en ello. Lo mismo que a la Oposición, que ya va siendo hora de que se pronuncie claramente sobre el tema.

El Análisis

LAS COSAS EN SU SITIO: ¿CHARLA DE CAFÉ?

JF Lamata

¿Era la Operación Galaxia un intento de Golpe de Estado o una mera charla de café con alguna que otra bravata? Desde sectores militares parecía apuntarse más a esa segunda opción. A fin de cuentas, Tejero había sido un hombre que había denunciado el terrorismo en EL IMPARCIAL, y que también contó con adhesiones de célebres columnistas del momento como D. Rafael García Serrano. De hecho, aquel consejo de guerra podía considerarles molesto. “Los terroristas estaban llenando de cadáveres de militares los suelos de España, y al Gobierno Suárez le interesa más investigar a dos militares que sólo charlaban fabulando con golpes’, podían pensar sectores militares y ciudadanos afines a los sectores militares: “Pero si todo esto es una exageración y un sacamiento de las cosas de quicio por parte del ‘acomplejado’ Sr. Suárez, del traidor general Gutiérrez Mellado y del diario EL PAÍS, que es un exagerado y a dramatizado en exceso con sus portaditas”.

Y eso podía haber seguido pensándose durante años – de hechos las penas fueron muy leves con esa argumentación – si no fuera porque el coronel Tejero se encargó tres años después, el 23-F, de convertir su apellido en sinónimo de golpismo enterrando para siempre la hipótesis de que en su caso, el golpismo fuera ‘una charla de café’.

No fue ese el caso del comandante Sáenz de Ynestrillas, al que nunca se pudo vincular con el 23-F, aunque su nombre seguiría bajo sospechas de golpismo, nunca probadas en tribunales, hasta su asesinato en manos del ‘Comando Madrid’ de ETA en 1986.

J. F. Lamata

by BeHappy Co.