Rajoy saca adelante su ejecutiva con el 95,65% de apoyo de los delegados frente al 4,65% de votos nulos o en blanco

18º Congreso del PP – Mariano Rajoy y Dolores Cospedal reelegidos presidente y secretario general sin oposición alguna

HECHOS

El 12.02.2017 se clausuró el XVIII congreso nacional del Partido Popular en el que fue reelegido D. Mariano Rajoy para el cargo de presidente.

EL NUEVO ORGANIGRAMA 

Presidente – D. Mariano Rajoy

Secretaria General – Dña. María Dolores de Cospedal

Coordinador General – D. Fernando Martínez-Maillo.

Vicesecretarios generales: D. Javier Arenas, D. Javier Maroto, D. Pablo Casodo y Dña. Andrea Levy.

Coodinador de Organización: – D. Juan Carlos Vera.

Secretarios Ejecutivos: D. Juan José Matarí, D. Antonio Román, D. J. R. García-Hernández, D. Vicente Rirado, D. Ramón Moreno y D. César Sánchez.

Secretarios Sectoriales: D. Álvaro Nadal, Dña. Dolors Montserrat, Dña. Isabel García-Tejerina, Dña. Sandra Moneo, D. Emilio del Rio, D. Víctor Calvo-Sotelo, Dña. Marimar Blanco y Dña. Yolanda Bel Blanca.

PROTAGONISTAS Y AUSENTES DEL CONGRESO

 Tras dimitir como Presidente de Honor del Partido Popular D. José María Aznar ni siquiera asistió al XVIII congreso de la formación. En medios se especulaba su enfrentamiento con el Sr. Rajoy desde 2008.

 La Vicepresidenta del Gobierno, Dña. Soraya Sáenz de Santamaría será una mera vocal en la ejecutiva. A nivel de organigrama del partido seguirá muy por detrás del poder de la Sra. Cospedal.

 El ‘aguirrismo’ (afines a Dña. Esperanza Aguirre) que en el XVII Congreso del PP tuvo importantes fichas en el Comité Nacional (D. Ignacio González, Dña. Lucía Figar) ahora ha quedado erradicado.

 

13 - Febrero - 2017

Rajoy gana sin proyecto

EL PAÍS (Director: Antonio Caño)

El congreso del PP no ofrece ninguna idea nueva para los desafíos más urgentes

Mariano Rajoy ha obtenido un triunfo arrollador en el congreso de su partido, convertido en una balsa de aceite capaz de sobrevivir a la corrupción y a cuantos problemas se le presentan en nombre de la estabilidad. El presidente del Gobierno y del PP tiene ahora las manos libres para liderar una fuerza política a la que sus dirigentes conciben como máquina destinada a ganar elecciones, favorecida por la dinámica de enfrentamientos en los partidos que podrían hacerle sombra algún día como alternativa.

Sorprende, por eso, que Rajoy se limite a ejercer de conservador y de “perseverante” en las políticas que conduce desde el Gobierno. No hay nada nuevo en lo que ha dicho en el congreso. Tenía la oportunidad de definir un programa para España, de demostrar que dispone de una visión de futuro para un proyecto colectivo que, en vista de las circunstancias, sin duda estará muy marcado por el Partido Popular. Ha renunciado a hacerlo y solo reivindica mantener lo realizado desde el Gobierno y patriotismo de partido. Nadie va a discutir la necesidad de apostar por un crecimiento económico más solidario, pero todo se circunscribe, según el presidente, a no hacer “contrarreformas”.

En particular es relevante la posición sobre Cataluña. En medio del empuje de las autoridades separatistas, Rajoy solo habla de trabajar “para reconstruir la cohesión interna” en la comunidad sacudida por el independentismo. Reitera que no va a “tratar ni a comerciar sobre un proceso que conduce a destruir la soberanía nacional”, cierra la puerta definitivamente a un referéndum, pero no ofrece más que un impreciso e indeterminado diálogo sobre infraestructuras o financiación. Sobra tecnocratismo y falta calor político en ese frío planteamiento, si lo que se quiere es llegar a millones de catalanes inquietos por los movimientos separatistas.

Rajoy se equivoca al exhibir continuamente que lo único que hay que hacer es administrar burocráticamente el poder. Es verdad que los suyos le apoyan en este estilo de obrar, y que solo confía en una oposición razonable a corto plazo y en la recuperación de la mayoría absoluta para el PP en las próximas elecciones generales. A ello lo subordina todo.

Rajoy fortifica su posición personal a costa de reservarse lo que quiere hacer en los próximos años y de hablar de Europa como un lugar tan amenazado por los populismos que solo queda agarrarse al PP como tabla de salvación. Pura lectura interna de un problema que exige liderazgos activos a lo largo del continente amenazado, desde luego desde España.

13 - Febrero - 2017

Rajoy sale fortalecido de un congreso sin debate

EL MUNDO (Director: Pedro G. Cuartango)

El PP llegaba a su XVIII Congreso Nacional, que ayer se cerró en Madrid, con la doble tranquilidad que otorga, por un lado, la relección de Mariano Rajoy como presidente del Gobierno -tras un año de bloqueo e incertidumbre políticas-; y, por otro, las luchas intestinas que desangran al PSOE y Podemos. Ambos factores explican por qué el cónclave de los populares fue una completa balsa de aceite, sólo alterada por la votación de la enmienda sobre la acumulación de cargos. Rajoy fue reelegido presidente del PP con el apoyo del 96% de los votos de los compromisarios, lo que puede leerse como una incontestable exhibición de poder interno y de cohesión alrededor de la figura del líder del partido. Sin embargo, el PP sorteó tanto el espinoso asunto de la corrupción como su renovación ideológica, otra vez aplazada.

Rajoy se deshizo ayer en elogios hacia José María Aznar en su discurso de aclamación. Pero la realidad es que la unanimidad interna alrededor de su persona achica notablemente el espacio al sector crítico. Rajoy sale fortalecido del congreso del PP, lo que constituye en sí mismo un espaldarazo a su tarea al frente del partido y del Gobierno. En su intervención ante un plenario entregado, volvió a reivindicar la labor del Ejecutivo para superar la crisis económica, pidió “diálogo” a la oposición y reiteró que no piensa “comerciar” con los independentistas en un proceso que pasa «por encima» de la Constitución.

En el plano orgánico, el PP apostó por el continuismo. María Dolores de Cospedal fue confirmada como secretaria general del PP, pero el ascenso de Fernando Martínez-Maíllo a coordinador general le permitirá a éste asumir parte de las funciones que hasta ahora eran competencia de la también ministra de Defensa y presidenta del PP en Castilla-La Mancha. Entre ellas, la gestión del día a día del partido y la interlocución directa con el presidente. La realidad, por tanto, es que Cospedal sale debilitada del congreso. Primero porque pierde poder interno y, segundo, porque salvó por escaso margen -y, además, en una votación rodeada de polémica- la enmienda que cerraba el paso a la acumulación de cargos.

“Se cambia lo que no funciona, lo que funciona, no”, aseguró lacónicamente Rajoy. Ciertamente, el Partido Popular es, a día de hoy, el primer partido de España en votos y militantes. Se ha convertido en una máquina de poder con una solvencia contrastada en la gestión pública, entre otras razones, fruto del nivel profesional de sus cuadros intermedios. Sin embargo, la exigencia que plantea el proceso secesionista en Cataluña, el auge del populismo o la viabilidad del Estado del Bienestar debiera haber movido a sus responsables a renovar su cuerpo doctrinal. Pero ocurrió justo lo contrario. El PP sorteó la autocrítica en materia de corrupción -Rajoy no hizo mención a este asunto y Cospedal se limitó a pedir “perdón”- y, además, orilló cuestiones relevantes como la gestación subrogada, el futuro de las pensiones o la exploración de un discurso más completo y articulado para enfrentar el desafío soberanista.

En este sentido, puede decirse que el PP ha desaprovechado una oportunidad de oro en su congreso para afrontar una necesaria y conveniente actualización de su ideario. El PP no puede aferrarse sólo a su labor de Gobierno, por muy loable que sea ésta. Sin renunciar a su vocación mayoritaria, está llamado continuar hegemonizando el centroderecha desde la óptica de un partido que no rehúye los debates ideológicos, ni tampoco una apertura gradual hacia procesos internos más democráticos. Alimentar la discusión alrededor de las ideas es consustancial a cualquier formación política. La fortaleza del liderazgo de Rajoy y la sólida unidad interna demostrada deberían ser acicates para lograr este objetivo en el PP.

13 - Febrero - 2017

La unidad de España no se negocia

LA RAZÓN (Director: Francisco Marhuenda)

Que el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, cerrara el XVIII Congreso del Partido Popular con una amplia reflexión sobre la situación en Cataluña sólo debería extrañar a quienes se hayan creído el falso discurso de la indolencia del Ejecutivo frente al grave desafío planteado por los separatistas catalanes desde las propias instituciones públicas, como la Generalitat. Por el contrario, Cataluña ha sido objeto de la constante preocupación y seguimiento por parte de los Gobiernos de Mariano Rajoy, demasiadas veces criticados por quienes actuaban desde una cómoda equidistancia de tintes electoralistas o desde posiciones radicales que a nada conducían. La posición del Gobierno central ha sido, sin embargo, impecable, porque, entre otras cosas, ha evitado caer en la trampa soberanista que pretendía que se identificara al conjunto de los ciudadanos de Cataluña con el movimiento separatista. Pero esa postura –que nace del respeto a la igualdad de todos los españoles a la que se debe el Gobierno de la Nación– no ha impedido que se instara al ejercicio de la legalidad cada vez que los representantes de la Generalitat o de otros organismos incumplían la ley. Ayer, Mariano Rajoy reiteró lo mismo que ha venido defendiendo desde que Artur Mas planteó el chantaje: que la unidad de España no puede ser objeto de negociación o comercio alguno y que no existe la democracia donde no se respeta la ley.

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