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En el pasado ambos periodistas habían sido amigos como corresponsales en Irak

Agria polémica entre el jefe de prensa del PSOE, Carlos Hernández de Miguel y el columnista de EL MUNDO, David Gistau

HECHOS

El 16.11.2005 D. David Gistau dedicó su columna en EL MUNDO a D. Carlos Hernández de Miguel, jefe de prensa del PSOE, que replicó con otro artículo en ese mismo periódico a los dos días.

SEPARADOS POR JIMÉNEZ LOSANTOS

losantos_linterna Según D. David Gistau, el Sr. D. Carlos Hernández, jefe de prensa del PSOE, había colaborado en una campaña de desprestigio contra el locutor de la COPE, D. Federico Jiménez Losantos (también columnista de EL MUNDO) una actuación que, para el Sr. Gistau, suponía que el Sr. Hernández estaba traicionando su propia trayectoria periodística al actuar contra otros periodistas.

16 - Noviembre - 2005

Carlos Hernández

David Gistau

Decepciona comprobar que Carlos Hernández se ha convertido en aquello que le escandalizaba, en lo mismo de lo que se proclamó víctima e incluso mártir.

Al actual jefe de prensa del Partido Socialista, Carlos Hernández, le conocí en Pakistán, durante uno de esos intentos fallidos míos de convertirme en periodista de adarga antigua y mochila. El era entonces un buen corresponsal de guerra, desprovisto de vanidad y con un sentido de la camaradería casi excepcional en la endogamia darwinista de La Tribu. Unas cuantas cervezas me bastaron para descubrir a un tipo estupendo, a un profesional bien calibrado que no llevaba colgados esos yoísmos petulantes con los que el cronista a veces se adorna como un árbol de Navidad, de Vanidad. Poco después de su regreso, Carlos Hernández sufrió un despido injusto con sabor a purga. Le escribí entonces, en LA RAZÓN auténtica, una columna de defensa y homenaje en la que, creo recordar, reproché al baranda que mandaba y manda en su tele el precio miserable con que estaba pagando a un periodista de primera línea que se había sacrificado mucho y que había arriesgado incluso la vida por una concepción honorable del oficio. Por su parte, y acaso con razón, él se consideró un perseguido político, un ejemplo intolerable de libertad de expresión cercenada por la corrupción del periodismo a manos de la política. Encontró refugio en Ferraz, donde la corbata sustituyó la camisa caqui.

En Viva Zapata, de Elia Kazan, hay una escena en la que al revolucionario mexicano le inscriben en una lista por amotinado. Poco después, cuando ya ha alcanzado el poder, Zapata se avergüenza de sí mismo cuando, en un impulso, escribe en otra lista el nombre de un campesino que se le subleva a él: se ha convertido en todo aquello que combatió, que le pareció injusto. No sé si ya se está avergonzando de sí mismo, pero algo semejante le ha ocurrido a Carlos Hernández ahora que, desde Ferraz, sirve al poder. Porque, olvidada la indignación genérica de su propia purga, se ha convertido en cómplice e inductor de la persecución política a otro periodista. Del intento por parte de un partido lleno de automatismos totalitarios de cercenar la incómoda libertad de expresión de Jiménez Losantos, contra quien, por puro escrúpulo democrático, nada deberían hacer aquellos a los que no les gusta salvo cambiar de dial. Al parecer, Hernández abastece vía mail de munición contra Federico Jiménez Losantos a los periodistas adictos al Régimen, renovando así la campaña agit-prop del ya famoso Pásalo y participando porque se lo ordena su amo en el paseíllo cotidiano a un crítico. El sabrá qué coño hace escribiendo nombres de periodistas en las listas.

Pero decepciona comprobar que se ha convertido en aquello que le escandalizaba, en lo mismo de lo que se proclamó víctima e incluso mártir. Cuando le ocurrió a él, era intolerable. Ahora, también.

David Gistau

18 - Noviembre - 2005

Carlos Hernández responde a D. Gistau

Carlos Hernández

No diré yo que echo de menos al David Gistau que conocí en Pakistán. Aquel que despreciaba las tertulias en que ahora participa y que renegaba de los radiopredicadores radicales a los que en este momento defiende.

Quisiera hacer algunas precisiones al artículo publicado ayer en su diario por el columnista David Gistau. Estimado David, acepto la feroz crítica que vertiste contra mí en tu columna de ayer con el mismo afecto con el que agradecí tus palabras en LA RAZÓN hace ya dos años. Te confesaré que tuve muchas dudas cuando me ofrecieron ocupar el puesto de jefe de prensa del PSOE. En toda mi vida profesional nunca me había planteado pasar al otro lado de la barrera informativa y dejar, por tanto y espero que temporalmente, de ser un periodista independiente. Finalmente acepté, no sin antes jurarme a mí mismo que nunca faltaría a la verdad ni haría nada que fuera contrario a mis convicciones personales y profesionales. A partir de ese momento intenté hacer mi trabajo lo mejor posible. Un trabajo que, como el de todos los jefes de prensa, ya sean de partidos políticos, instituciones o empresas, consiste básicamente en difundir el trabajo de su entidad y facilitar información favorable a sus intereses. Información interesada sí, pero siempre veraz.

Los periodistas saben que cuando les informo lo hago en nombre de un partido concreto. Después ellos son, libremente, los que se encargan de contrastar los datos, hablar con otros jefes de prensa y, finalmente, difundir lo que consideran oportuno. Ahora no soy independiente, David, yo no engaño a nadie. Los que sí lo hacen son aquéllos que utilizan su puesto en un medio de comunicación para servir a los intereses de un determinado partido político.Sus oyentes, telespectadores o lectores creen estar recibiendo información cuando lo que en realidad les están dando es pura propaganda.

Creo que los profesionales que cubren la información del PSOE saben que ni miento ni presiono ni manipulo. Aprovecho para pedir perdón si alguna vez he actuado incorrectamente, pero te aseguro que, si lo hice, no fue de forma intencionada.

Como también te aseguro que no me dedico a hacer listas negras de periodistas ni nada que se le parezca. Los tiempos en que se elaboraban esa clase de listas terminaron en marzo de 2004 (al menos a nivel nacional). Si no me crees, sólo tienes que encender tu televisor y sintonizar TVE. Encontrarás al director de tu periódico [Pedro J. Ramírez], a periodistas de la COPE o de LA RAZÓN, criticando, en la televisión pública, al presidente del Gobierno.

En cualquier caso, siento haberte decepcionado. No diré yo que echo de menos al David Gistau que conocí en Pakistán. Aquel periodista que despreciaba las tertulias en que ahora participa, los panfletos en Internet que ahora usa como fuente para dictar mi condena y que renegaba de los tele o radiopredicadores radicales a los que en este momento defiende. No te pregunto tampoco si te avergüenzas de haber justificado desde tu columna a los soldados norteamericanos que acabaron con la vida de José Couso en Bagdad o de haber acusado a un presidente democrático como es Zapatero de crear un régimen nacional-socialista en España. David, no diré yo que por ello me has defraudado y que te has vendido al amo que te paga. No soy quién para juzgarte.

Carlos Hernández

19 - Noviembre - 2005

'Libertad de expresión' para los más poderosos

Víctor de la Serna Arenillas

Una manifestación ingente contra el Gobierno, muchos más detalles sobre los regalos de la Caixa, que no son ya sólo al PSC sino también a Esquerra Republicana, la CNMV que acosa con inaudito descaro a Endesa mientras se sabe que Zapatero negoció con el presidente de la Comisión Europea lo de la OPA, los insultos a los periodistas y a los medios que se van extendiendo a nuevos políticos, a un juez, a un obispo… ¡Lo que da de sí una semana!

Y todo ello, aunque parezca un batiburrillo, está íntimamente relacionado. Como hace tres lustros, la guerra contra el sindicato del crimen ha sido declarada de nuevo. Los poderes públicos, ya incómodos con los escasos medios que no han tragado las ruedas de molino del último año y medio, ahora ven en la calle, en los sondeos y en lo que los alemanes llamarían Zeitgeist -el espíritu de los tiempos…- que las críticas están calando, se ponen muy nerviosos y responden con una ferocidad aún mayor que la que veíamos en el tardofelipismo. Curiosamente, la pistola humeante -el fastuoso regalo de seis millones de euros al PSC- la ha proporcionado EL MUNDO, pero las patadas nos las siguen propinando en el trasero de Federico Jiménez Losantos, quien posee la característica de decir las cosas con más claridad y crudeza que los demás comentaristas radiofónicos.

Lo más novedoso quizá de este episodio es cómo se presenta el contraataque de los personajes públicos: como mero ejercicio a la recíproca de su propia libertad de expresión. ¿Los insultos del ministro José Montilla? Libertad de expresión, asegura la vicepresidenta del Gobierno. ¿Los del juez barcelonés Carlos Fanlo contra Jiménez Losantos? Pueden «ampararse en la libertad de expresión y opinión», indica el presidente de la Federación de Asociaciones de la Prensa, Fernando González Urbaneja. Y aquí tengo que decirle a mi amigo Fernando que yerra. Libertad de expresión no es que cualquiera diga lo que se le pasa por la cabeza; hay cosas que son delictivas por su propio contenido (las llamadas al odio racial, por ejemplo, son ilegales en toda la Unión Europea) y las hay que son inaceptables por la posición, la (presunta) responsabilidad y el poder de quien las profiere.Ya se ha explicado lo bochornoso de que el regulador audiovisual, es decir, Montilla, vilipendie y amenace a uno de sus regulados, la Cope. En la liturgia democrática occidental, ese comportamiento es tan chocante e inaceptable como que ese mismo ministro reciba para su partido un regalo de una caja de ahorros con intereses en su sector. Doble motivo de una dimisión o una destitución que no se producirán porque el actual PSOE ignora esa liturgia democrática: él es democrático de forma inmanente, porque sí, y que nadie rechiste… En cuanto a lo de Fanlo, lo que causa pasmo es que es juez en ejercicio, con todo el peso de la ley, la policía, la Justicia, la cárcel escondido en sus puñetas.Gabriel Albiac escribe al respecto en La Razón: «No imagino a ningún magistrado de la UE formulando algo así sin colgar la toga. De cada juez depende la seguridad legal de cada ciudadano; caiga éste bien o mal a quien el Estado paga por salvaguardar las leyes».

Esta confusión de papeles aflora también en la polémica entre el columnista de EL MUNDO David Gistau y el jefe de prensa del PSOE, Carlos Hernández. Aquél afeó a éste la supuesta distribución de material anti-Jiménez Losantos en e-mails a periodistas afines, y Hernández -sin desmentir lo de los e-mails, por cierto- respondía duramente que lo que él envía es «veraz» y, como trabaja para el PSOE, no engaña a nadie: «Los que sí lo hacen son aquéllos que utilizan su puesto en un medio de comunicación para servir a los intereses de un determinado partido político. Sus oyentes, telespectadores o lectores creen estar recibiendo información cuando lo que en realidad les están dando es pura propaganda».Como si Hernández no supiese que lo que hace daño de Jiménez Losantos no son las noticias, sino su análisis y su visión severa, feroz a veces, de la actualidad: no engaña a nadie (y al final nadie le encuentra una «mentira»), y sus opiniones -libérrimas, ésas sí- son las que duelen. Pero Hernández, que sigue añadiendo periodista a su nombre, ¡cuando no está ejerciendo este oficio!, parece un poquito confuso.

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