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El ex director de PUEBLO y ex jefe de la Prensa del Movimiento acusa al Gobierno de ser tibio y menos claro que la oposición al tiempo que elogia la posición de los procuradores de Alianza Popular

Ataque de Emilio Romero contra el Gobierno Suárez desde la Tercera de ABC en pleno debate sobre la Reforma Política en Las Cortes

HECHOS

El 17.11.1976 se publicó en el diario ABC el artículo ‘La Transición’ de D. Emilio Romero.

Durante las sesiones de la reforma política se vio a varios procuradores leyendo el artículo del Sr. Romero que fue muy criticado desde un editorial de DIARIO16, el periódico de D. Juan Tomás de Salas, firme defensor del Gobierno Suárez en lo referido a La Transición.

17 - Noviembre - 1976

La Transición

Emilio Romero

El desarme dialéctico del Gobierno es un asunto que está a la vista. Viene obligado a hacer la transición, desde una situación a otra situación de la Historia, y no la cuenta bien. Por el contrario, las dos grandes fuerzas políticas en el ruedo, una que viene del franquismo y la otra que representa la oposición al viejo Régimen, tienen una dialéctica clara. Solamente carece identidad el Gobierno. El Rey había eludido un Gobierno más contundente. Prefirió una novillada a una corrida de toros.

El Gobierno tiene oposición y establishment acosándole. Se defiende más que ataca. Y por ello no ofrece confianza; le falta imaginación ofensiva. Entonces todos los ciudadanos andamos a nuestro aire.

La transición liquida el pasado, jubila políticos, cambia ideologías, levanta proscripciones, prefigura el futuro, desacomoda a la sociedad, constituye el Tribunal de la historia para los comportamientos pasados y recientes, muda las palabras; la transición es la navegación política más llena de riesgos, de problemas y de trampas. Y para una situación así se decidió en julio la composición de un Gobierno de primera comunión. Es como si para jugar un torneo mundial de fútbol representara a España el Recreativo de Huelva.

Las manifestaciones que hacen todos aquellos que ocupan altos cargos de repsonsabilidades ministeriales están cortados por el mismo rasero: es un monotono recitado de lugares comunes y sin ningún atractivo. Dicen todos ellos que son ‘gestores de la transición’. ¿Pero qué es la transición? ¿Pasar de un lado a otro? No. La transición es ir de un lugar a otro lugar, pero con equipaje. Eso es lo que no tiene el Gobierno: equipaje. Lo que ha fletado, inicialmente, es una lancha. Esto me recuerda a aquel ciudadano que estaba permanentemente delante del Palacio de Comunicación y un día le preguntó un curioso sobre su función allí y le contestó: “Estoy aquí para averiguar el sexo de las palomas’. En la vida política se asumen responsabilidades, se sirven programas, se impone autoridad, se reparte juego y se gobierna. El futuro nunca puede dejarse al azar ni tampoco se puede fabricar, pero se prefigura; se debe saber a dónde se va y cómo debe ser, en los grandes horizontes, nuestro destino.

El Gobierno está sometido a las diferentes corrientes y tempestades de la navegación; parece como si no tuviera otra preocupación que la de sortear los peligros que le acechan. Juega a que no le metan ninguna pelota y las que ellos meten tienen que ser en offside. Las que están metiendo a las instituciones del Régimen son de antología. El juego con la Oposición también es una broma. Ya se sbaía que la Oposición tenía poco ‘rodaje’ político. Es tan vieja como el Régimen: cuarenta años; pero se las están reponiendo como a Fernando VII y no las aprovechan.

Ni a las fuerzas procedentes del franquismo les complace el Gobierno por entero, en virtud de que se ha cargado la filosofía de un Régimen y ha declarado la quiebra de su sistema político, ni complace a la ‘oposición’ que se propone restaurar la Historia tal como estaba antes de la Guerra Civil. El socialista Raúl Morodo ha sido claramente explicito. ‘Los dos objetivos de este Gobierno – ha dicho – es liquidar el franquismo histórico y hacer la Reforma política. La liquidación del franquismo la está haciendo bien; la reforma no”. Esto es una verdad como un templo. Un grupo de delfines del franquismo con buena biografía de lealtades, de compromisos y de beneficios – que es el Gobierno actual – se ha cargado el Régimen; y como quieren hacer una Reforma donde ellos no se queden en la banda – porque todos ellos tienen la tibido del Poder, como diría Joaquín Garrigues Walker – ahí están sus apuros. No tienen a nadie que diga las razones por las cuales los herederos del franquismo se han cargado el franquismo. Probablemente las tienen; unas podrán explicarlas y otras no. Pero un Gobierno debe tener una imagen, no exclusivamente de derribo. Frecuentemente están hablando con el Rey. ¿No se dan cuenta que podrían comprometer a la Corona en su propio desgaste político y administrativo? Eso se hacía con Franco. Franco estaba en la pomada; pero el Rey no puede tener los métodos de Franco. Una vez me dijo un ministro de este Gobierno que había que hacer el Partido del Rey. Pero el Rey no puede tener partido. Tengo la sospecha de que el Gobierno Suárez aspira a ser el Partido del Rey. Todos los demás serían moros.

La estructura política ahora mismo podría ser esa: la Alianza Popular es la concreción; socialistas, comunistas y democristianos a la gauche son la ‘Oposición’. El Gobierno es la abstracción. Por el momento no hay más. Barros de Lis, que es un buen ingenio apetece una aglomeración moderada. No sé cómo se hace esa increción. La cultura o la pintura pueden ser abstractas, pero la política tiene que ser figurativa.

El Gobierno ha sido instado para hacer la empresa más colosal que se ha encargado a nadie en este siglo. ¿Miden nuestros gobernantes las dificultades de una empresa política que trata de alcanzar una Democracia de sufragio universal después de cuarenta años de un Estado de representación original – recortada y disminuida – y con un poder personal al frente del Estado, con grandes adhesiones nacionales? ¿Se da cuenta el Gobierno que el poder acumulado en el Generalísimo Franco ha de ser ahora repartido – mediante un sistema de convivencia – a todos los ciudadanos de este país organizados en partidos políticos y en Sindicatos? ¿Mide exactamente las circunstancias de la economía industrial en una sociedad tecnologizada, donde ya es imparable conformar un nuevo sitio institucional para el capital y el trabajo en el propósito de un pacto social?

Todo lo que se trasluce al exterior son almuerzos, conciliábulos, idas y venidas, conspiraciones de medio pelo, contubernios de escasa monta, anécdota diaria que animan y sostienen las páginas de los periódicos. El mismo proyecto de Reforma política enviado a los Parlamentos es una invitación a los españoles para decirles ‘allá se las arreglen ustedes en su día’ y la remisión a las Cortes del Informe del Consejo Nacional es quitarse de encima un muerto.

Cuando un Gobierno no tiene nada que decir y todo lo remite a un futuro que el propio Gobierno no está prefigurando renuncia a toda invitación a la tranquilidad y a la confianza. A este Gobierno le hace falta como el comer un método de salida y una meta de llegada, y no comer y sonreír con los periodistas y ‘trabajar’ a los políticos.

¿Pues y el caso del Consejo Nacional y el de las Cortes? Esto es a veces grotesco y otras escandaloso. Al Consejo Nacional se le dice ‘Estamos obligados a oíros, pero a nada más y allá vuestras prédicas; y las envío a donde no deben ir, que es a las Cortes’ (Porque el único destinatario de los informes del Consejo Nacional resulta que es el Gobierno.) Y a las cortes se las viene a deicr esto otro. ‘Ahí va el proyecto de Ley, que no es otra cosa que una invitación al tango. Si os ponéis duros os echo, porque estáis en prórroga, vivís de precario. Os dejaré hablar lo necesario para oíros como quien oye llover, y además os doy poco tiempo para que expongáis vuestras palabras inútiles’.

Este es el cuadro. En España está teniendo lugar una comedia de enredo, con enredadores. Paco Nieva, que está haciendo ahora el ‘teatro furioso’ tiene un tema excepcional. Me ofrezco a ayudarle acarreándole personajes.

Emilio Romero

18 - Noviembre - 1976

Los enredos de Romero

DIARIO16 (Editor: Juan Tomás de Salas)

La Alianza Popular tenía siete divos y una buena cuenta bancaria. Pero le faltaba el peón de brega que, descendiendo del olimpo franquista, la emprendiera a mandobles con cuantos se apartaran de la recta senda. Don Laureano, don Gonzalo y demás heptarcas están para otros menesteres y no se mueven a gusto en la arena de la polémica. Ahí está, para demostarlo, el desgraciado incidente de la conferencia que López Rodó hubiera preferido no pronunciar, aunque intentó camuflar a toda costa. O la inefable intervención de Thomas de Carranza en TVE, que puso de uñas a sus propios correligionarios de ANEPA. Por no hablar de algún equívoco sobre lo que piense o deje de pensar la Reforma Democrática fraguista acerca del futuro de Ceuta y Melilla.

Pero tales dificultades van a esfumarse porque Alianza Popular ha encontrado al adalid de la pluma y la palabra que le faltaba. Emilio Romero – cuyo nombre puede que suene a algún historiador de la Prensa o a algún coleccionista de curiosidades – acaba de dar un paso al frente rompiendo una lanza al servicio de sus clásicos. Aunque quizá sería mejor decir – menos caballerescamente – que se ha liado a estacazos con el Gobierno, causa y razón de todas sus incontenibles iras. Para Romero, la estructura política ahora mismo podría ser esta: la Alianza Popular es la ‘concreción’, socialistas, comunistas y democristianos a la gauché son la oposición. El Gobierno es la abstracción. Lo único concreto que hay en este momento en el panorama político del país es la mical de los ex ministro franquistas según opina don Emilio. Y su acreditada discreción le impide llevar el razonamiento a sus conclusiones lógicas: ¿Para qué perder el tiempo con un Gobierno de novilleros y una oposición sin rodaje político? El futuro de España no está ante nuestra vista, sino en el retrovisor. Un retrovisor que nos da la imagen apiñada y recortada de los siete magníficos aliados.

El Gobierno de primera comunión y tercera división, sin equipaje ni nada que decir, es culpable, para Romero, de haberse cargado a la filosofía del Régimen y haber liquidado al franquismo histórico. De oír a las Cortes como quién oye llover y quitarse de encima un muerto, por lo que hace al Consejo Nacional.

El Gobierno es mayorcito para defenderse, si lo estima oportuno; pero si todo lo que dice don Emilio de él fuera verdad, su ‘desarme dialéctico’ no se ve por ninguna parte, pues habría logrado salir de la dictadura, según la fórmula clásica, como el rayo del sol por el cristal sin romperlo ni mancharlo. Que no es moco de pavo, pese a lo que piense D. Romero. Y respecto a ese de que ‘en España está teniendo lugar una comedia de enredo, con enredadores’, sorprende un poco que lo afirme quien durante decenios ha sido el enredador mayor del archipiélago franquista.

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