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Dos días después también en Francia, un terrorista islámico asesinó a cuatro judíos en Porte de Vincennes

Atentado islámico contra la redcción de la revista satírica francesa CHARLIE HEBDO: 12 personas asesinadas

HECHOS

  • ​El atentado contra Charlie Hebdo, semanario satírico francés, fue un tiroteo llevado a cabo en la ciudad de París el 7 de enero de 2015, cuando dos hombres enmascarados y armados con fusiles de asalto y otras armas entraron en las oficinas de dicho semanario. Ellos dispararon hasta 50 tiros, matando a 12 personas e hiriendo a otros 11 y gritando «Al·lahu-àkbar» (‘Alá es [el] más grande’) durante el ataque.

LAS VÍCTIMAS

En el atentado, fallecieron doce personas: once en el interior de la sede del semanario y un policía en el exterior.24​ Las personas asesinadas que trabajaban en CHARLIE HEBDO fueron los dibujantes «Cabu», «Charb», «Tignous», Georges Wolinski y Honoré,​ el economista Bernard Maris —quien firmaba sus apariciones bajo el seudónimo «Oncle Bernard»—,​ el corrector Mustapha Ourad y la columnista y psicoanalista Elsa Cayat.34​ Asimismo, fueron asesinados Frédéric Boisseau, conserje de Sodexo, y Michel Renaud, fundador del festival Rendez-vous du carnet de Voyage e invitado a la reunión.​ Los policías fallecidos fueron Franck Brinsolaro —escolta de «Charb»— y Ahmed Merabet, este último asesinado en la acera tras haber sido previamente alcanzado por una bala en una pierna y no haber podido huir de sus agresores.

 Las cámaras de todo el mundo vieron la muerte del policía Ahmed Merabet.

 Los asesinos, los hermanos Kouachi, fueron abatidos por la policía cuando trataban de escapar.

08 - Enero - 2015

Morirse de risa

Rubén Amón

La barbarie perpetrada en la sede de Charlie Hebdo representa, paradójicamente, un atentado contra la comunidad musulmana. No por subestimar los cadáveres ni el feroz ultraje a la libertad de expresión, sino porque el crimen fomenta la aprensión al islam, establece una reacción automática o instintiva que vincula el Corán con la amenaza de la democracia occidental. Y que demoniza sin matices a los musulmanes de Francia (el 7% del total de la población), como si fuera habitual entre ellos degollar un cordero en la bañera y asesinar a un periodista a quemarropa.

De hecho, el brutal atentado estalla cuando acaba de aparecer en las librerías la distopía de Houellebecq sobre la conversión de Francia al profeta Mahoma. Sucedería en 2022. Con tal de evitarse la victoria de la líder del Frente Nacional, Marine Le Pen, las fuerzas convencionales apoyarían a un presidente musulmán, entre cuyas primeras medidas se establecerían la imposición de la sharía, la discriminación de la mujer y la mordaza a la prensa.

Es la provocación con que Houellebecq escarmienta una posición condescendiente hacia el islam. Y el alborozo con que Marine Le Pen ha aprovechado La sumisión, he aquí el título del libro, para recrearse en su discurso identitario, de forma que la masacre del Charlie Hebdo demostraría la urgencia de clausurar las mezquitas.

Crece la islamofobia en Europa. Lo demuestra la pujanza de Pegida en Alemania, el discurso apocalíptico de Nigel Farage en Gran Bretaña, el progreso de la extrema derecha en los países nórdicos, la frivolidad con que las diferentes convocatorias electorales mistifican el Corán, el terrorismo, la inmigración, la invasión extranjera, el salvajismo del IS.

Es el peligro de la amalgama que ayer mencionaba Nicolas Sarkozy. Temí que su discurso fuera un mitin oportunista, pero el líder conservador se atuvo a un ejercicio responsable y pedagógico, horrorizado como estaba por una matanza que pretende purgar la blasfemia y acribillar nuestro faro cultural.

Espero que la respuesta no consista en poner la otra mejilla. Entiendo que es un deber cristiano y un requisito del padrenuestro, pero tenemos el rostro ya desfigurado de tanto recrearnos en la tolerancia. Hasta el extremo de que la ingenua comunidad tuitera se regocijaba ayer en el orgullo de la tinta, de la palabra, de la viñeta, como pistolas de agua frente al kalashnikov.

Nos hicieron morirnos de risa los dibujantes del Charlie Hebdo. El problema es que ellos han muerto de verdad. Y no tiene ninguna gracia. Como no la tiene la distopía de Houellebecq. Gracias a la brutal escabechina de ayer y a la endogamia de los terroristas, el peligro de Francia no es la islamización, sino la lepenización.

08 - Enero - 2015

El islamismo dispara

Salvador Sostres

EL ISLAMISMO ha vuelto a disparar porque el islamismo dispara. Y aunque no es lo mismo el islamismo que el Islam, alrededor del Islam jamás ha florecido una sociedad democrática y libre. Algún día nos cansaremos de acusar de ser de extrema derecha a los que advierten de la islamización de Europa. Algún día dejaremos de canalizar nuestras frustraciones a través de la judeofobia. Algún día comprenderemos el papel fundamental de los Estados Unidos y entenderemos que la Civilización se basa en una idea y que por ello el islamismo quiere arrasarnos.

El islamismo es terrorismo y en muchas mezquitas se predica la destrucción de Occidente. Si tan distintos se sienten algunos musulmanes de sus hermanos asesinos, que lo digan, que den la cara. Si quieren que veamos la diferencia, que sean ellos los primeros en diferenciarse. Si no quieren que les confundamos, que no se confundan ellos entre su multitud de bárbaros, que se pongan en pie, que salgan a la calle, que digan sus nombres y muestren su respeto y su compromiso con nuestro modo de vida libre.

Porque de momento, la única noticia que tenemos son los disparos, y ese insufrible victimismo de hacerse encima los perseguidos. Ese cinismo del verdugo. El islamismo dispara y el Islam calla. No bastan cuatro declaraciones rechazando los atentados, por contundentes que sean. Si ellos no vienen hacia nosotros, en paz y buena voluntad, para construir juntos los cimientos de una nueva convivencia, nosotros iremos a por ellos.

Porque somos una idea, porque de esta idea depende nuestra supervivencia y la de nuestra profunda alegría de vivir que no van a arrebatarnos. Hay que decir basta. Nosotros estamos al lado de la vida y de la libertad. Si alguien quiere venir, le recibiremos con los brazos abiertos. Que los demás sepan que vamos a defendernos.

El islamismo ha vuelto a disparar contra la libertad, contra lo que nos hace como somos. Y no porque dibujáramos una caricatura de su profeta sino por la libertad, porque del mismo modo que Israel es un dique de contención contra la barbarie, la libertad es nuestra insignia, la mejor promesa de la Humanidad, y el testigo de esperanza que el islamismo siempre ha querido aniquilar para esparcir su tiniebla de miseria y muerte.

07 - Enero - 2015

Miércoles

David Trueba

Los españoles, por desgracia, saben mucho de terrorismo. Por eso quizá no les resultará tan asombroso asomarse a la tragedia de ayer en París, al atentado contra los miembros de la revista satírica Charlie Hebdo. Sabemos que el absurdo encuentra razones por imposible que parezca. Que una célula armada hasta los dientes asesine a periodistas y humoristas en su redacción en nombre de la religión basta para explicar el fenómeno. No hay duda de quiénes son los mártires, quiénes son los héroes, quiénes tienen alguna fe, quiénes hacen el mundo más habitable en un esfuerzo que dura siglos, entre tropiezos y salvajadas. No hay duda de dónde reside la humanidad. Y como no hay dudas, porque el mero acto, su enunciación, ofrece todo el significado, conviene no perder el ánimo.

Podemos remontarnos a la persecución contra Salman Rushdie, contra Hirsi Ali y Theo van Gogh o contra los caricaturistas daneses. En septiembre de 2012, Charlie Hebdo publicaba una de sus portadas habituales después de las amenazas y los intentos de silenciarlos. Prohibido burlarse, “Faut-pas se moquer”, se decían entre un musulmán y un judío caricaturizados como los personajes de Intocable, el éxito de taquilla del cine francés, que servía de título y advertencia sobre el peligro que se cernía sobre la libertad de expresión. Lo que nos parecía entonces ejemplar, pelear contra quien se considerase intocable, nos lo tiene que parecer hoy más. La sátira, el humor, la crítica, han escrito la mejor historia de la humanidad, porque han contribuido, en cada estación de la evolución, a hacer más libres a las personas.

Nadie puede olvidar que muchos musulmanes son las primeras víctimas de ese deseo de amedrentar, de impedir la expresión libre, los derechos fundamentales de hombres y mujeres, bajo autoridades políticas e intelectuales sin arrojo para combatir desde dentro el mal. Eran esos derechos los que a su modo frontal y gamberro defendían los profesionales de Charlie Hebdo. A ellos no se les ofrece ningún paraíso, porque no creían en algo así, sino en la sencilla y cotidiana conquista de cada miércoles, cuando su revista desembarcaba en los quioscos para reírse de todos y de todo. Este ha sido el primer miércoles del año 2015. Hasta el miércoles que viene, Charlie.

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