El crítico considera que los diálogos de muchas películas dobladas alteran, con su forma de hablar, el espíritu original

Augusto M. Torres publica un manifiesto contra ‘la chapuza’ del doblaje: “lacra impuesta por Franco que dañar al cine español”

HECHOS

El 14.12.1986 en EL PAÍS SEMANAL se publicó el manifiesto: “La chapuza del doblaje!”

La chapuza del doblaje

Bajo el mandato de Calviño, TVE ha boicoteado las versiones originales apoyándose en una discutible rentabilidad económica. No tanto por el posible rechazo de un público no poliglota o prácticamente analfabeto, sino por la disminución transitoria de una publicidad que temía una bajada de audiencia. Esto es una evidente falacia, pues el doblaje sólo es una mala costumbre remediable poco a poco, y mucho peor han sido para los anunciantes las desmesuradas subidas de los precios de los espacios publicitarios. Por ejemplo ‘Filmoteca TV’ el único espacio actualmente en versión original subtitulada, nunca ha tenido anuncios, pero hace tiempo que casi desaparecieron de ‘Cine de medianoche’. Esto indica que es la hora de emisión, la madrugada de los viernes, y no el doblaje, lo que rechaza la codiciada publicidad.

Quizá para hacer economías en TVE, una docena de voces se repiten hasta la saciedad en los doblajes, algunos dobladores se han especializado en ridículos y falsos acentos extranjeros y ciertas señoras de edad indefinidad doblan a cualquier niño. Debido al mismo principio de austeridad en el desdichado ciclo Greta Garbo de finales de verano, por poner un ejemplo, en cada película había sido doblada por una voz diferente. Siguiendo con las economías, se han hecho norma los doblajes viejos – baste por ejemplo ‘Policía Montada del Canadá’ (1940) donde Cary Cooper tenía una voz tan absurda que hundía la película – y doblar con voces nuevas los fragmentos cortados en un momento por la censura – el último ejemplo es ‘Con la muerte en los talones’ (1951).

Aunque lo peor del espíritu ahorrativo impuesto por Calviño en TVE durante su mandato ha sido que los siempre discutibles doblajes se conviertan en la chapuza cotidiana. Ruidos que se ven, pero no se oyen, y las habituales músicas de fondo alteradas, como en el caso de ‘Perdición’ (1944) donde en lugar de sustituir la música original por el primer disco que se tenía a mano se buscó uno de Miklos Rozsa, pero no se encontró el indicado. Sin olvidar las traducciones inexactas o disparatadas, como en el caso de ‘Muero cada amanecer’ (1939), donde los mismísimos James Cagney y George Raff hablaban en el terrible cheli madrileño que todo lo invade, y las corrientes incorrecciones gramaticales que plagan los doblajes realizados en Barcelona, propias de quien pasa el día hablando catalán y luego traduce del inglés al castellano.

Esta continuada serie de chapuzas ha hecho que las películas que emite TVE se hayan convertido en un mero soporte publicitario, en la forma más eficaz de sanear su torcida economía. Por este camino se ha llegado a que no importe que falten secuencias enteras como en los recientes casos de ‘La Vía Láctea’ (1968) y ‘King Kong’ (1933) donde, entre otras, había desaparecido la famosísima escena en la que el gran gorila desnuda a la bella ‘Fay Wray’ o que algunas copias sean espantosas, como ocurría con ‘La dama desconocida’ (1944).

Bajo el mandato de Pilar Miró, TVE tiene que dejar de ser un negocio estatal para convertirse en un servicio público, o lo que es lo mismo, la publicidad no debe dominarlo todo y ser la excusa para cometer cualquier tropelía. Tiene que conseguirse que las películas emitidas por TVE-2 sean en versión original subtitulada, que la publicidad pase en momentos apropiados y no a hora fija y que TVE monte un centro eficiente de doblaje con una escuela que haga posible un abanico extenso de voces, como ocurre en los países civilizados, regida por un grupo de profesionales interesados por su trabajo que, entre otras cosas, sepan traducir y reconstruir su ‘sound-track ‘cuando no exista el original.

El doblaje es una lacra impuesta por la dictadura del general Franco con la que posiblemente no se puede acabar, pero que hay que situar tras unas fuertes rejas. Ha hecho que el cine español sufra graves y continuas crisis económicas y le ha convertido, de rechazo, en el que tiene el peor sonido de Europa. Por culpa del doblaje, las salas de exhibición tienen unos deficientes equipos sonoros, los estudios de sonido, unos aparatos anticuados, y el público ha perdido una buena parte de su capacidad crítica auditiva.

Sirva esta nueva diatriba contra el doblaje, esperemos que no tan inútil como las anteriores, como la introducción a ‘Mogambo’ (1953) la célebre producción de amor y aventuras africanas, pero no por el siempre buen trabajo de John Ford, sino por las alteraciones impuestas por los censores a través del doblaje. Convencidos de que nada hay peor que el adulterio, no dudaron en convertir a Grace Kelly y Donald Sinden en hermanos y transformarlo en incesto. Con lo cual consiguieron que tuviese un inesperado éxito en España. Puestos a emitir una versión doblada, TVE debería dar la versión incestuosa, pues era bastante más atractiva que la original.

Desde la lentitud, la desolación y la tristeza de Vivir (1952) así como el poco entusiasmo que despiertan las películas japonesas en nuestro país, ¿para qué doblar esta obra maestra de Akira Kurosawa que da una desolada visión del Japón de posguerra a través de un genial Takashi Shimura al borde de la muerte? El aficionado al cine norteamericano cambiará inmediatamente de canal y el amante de Kurosawa apagará desesperado el televisor tras oír cómo ha sido masacrada por el doblaje.

A pesar de emitirse en la madrugada del viernes, también ha sido doblada ‘Roma’ (1972), de Federico Fellini, pues pasa en el primer canal en lugar del segundo. Esta desigual serie de reguerdos, hábilmente hilvanados, de la ciudad que conoció Fellini cuando llegó de su Rímini natal no se sitúa entre las obras maestras de su autor, pero tiene algunas escenas de antología. Baste destacar las que se desarrollan en el maravilloso decorado de una calle con un restaurante por la que pasa un tranvía

La semana cinematográfica se complementa con ‘América, América’ (1963), la obra maestra, con un claro sabor autobiográfico, de Elia Kazan: ‘Saint Jack’ (1979), un hábil policiaco dirigido por Peter Bodganovich basado en una atractiva novela de Paul Theroux, publicada en castellano por Tusquets Editores, ‘Tuyos, míos, nuestros’ (1968), una comedia sobre las familias numerosas realizada por Mel Shavelson y producida y protagonizada por Lucille Ball, ‘Cerco de Odio’ (1948), un tenso policiaco desarrollado con habilidad por el polifacético Rudolph Mate, y ‘Marián’ (1977), primera película de Luis Cortes, carente de otro atractivo que no sea ser la única que se salva de la quema del doblaje.

Augusto M. Torres

Nota de Francisco Heras:

“Bravo a Augusto M. Torres por su excelente artículo La chapuza del doblaje! (EL PAÍS SEMANAL, 14 de diciembre de 1986). Ha descrito con exactitud lo que es el doblaje en TVE y en general. Afortunadamente, hay indicios de que las películas en versión original están empezando a ser aceptadas y vistas por el público que acude al cine; esperemos que esta tendencia se mantenga. Las películas de estreno deberían exhibirse en versión original por lo menos en una sala de cine, como ocurre en países donde aún se exhiben películas dobladas. No debe privarse a los amantes del buen cine de la oportunidad de ver las películas tal como sus directores, productores y actores quisieron que fuesen”. (EL PAÍS, 20.12.1986)

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