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El artículo también atribuye protagonismo en la guerra al subsecretario de Hacienda, Valero Bermejo.

Calvo Serer y García-Trevijano denuncian en un artículo la guerra accionarial por el MADRID frente al Banco Popular de Luis Valls

HECHOS

  • El diario MADRID, en artículo firmado por el presidente del Consejo de Madrid, diario de la Noche S. A., Rafael Calvo Serer y su asesor Antonio García Trevijano, reconoce una guerra accionarial por el control de la empresa con el vicepresidente del Banco Popular, Luis Valls Taberner.

El diario MADRID era propiedad de la sociedad FACES desde 1962, una sociedad que tenía a accionistas de distintas tendencias a destacar un grupo de falangistas encabezados por D. Luis Valero Bermejo con una línea editorial similar a la del fundador del periódico, D. Juan Pujol. Pero en 1966 el accionista D. Rafael Calvo Serer, del Opus Dei y del sector aperturista liberal próximo a Don Juan Borbón logró la gestión operativa del periódico gracias al apoyo del Banco Popular cuyo principal ejecutivo, D. Luis Valls Taberner, apoyó abiertamente al Sr. Calvo Serer. A partir de ese momento el Diario MADRID mantuvo una línea de oposición al franquismo y de defensa de la democracia parlamentaria, que incluso se atrevía a, de manera más o menos indirecta, hacer informaciones favorables al sindicato comunista Comisiones Obreras. D. Rafael Calvo Serer ya había dado la nota con su artículo ‘No al General De Gaulle‘, causó la suspensión del diario en 1968 durante cuatro meses.

A pesar que desde entonces el Diario MADRID parecía haber vuelto a la tranquilidad el deterioro de las relaciones entre el Sr. Calvo Serer y el Banco Popular parece haber causado un nuevo estallido. El Sr. Calvo Serar acaba de dar la campanada al firmar otro artículo anunciado en la portada del periódico, ahora junto a su asesor y apoderado del diario, el polémico abogado D. Antonio García-Trevijano, denunciando la guerra interna entre las tres distintas corrientes – la suya, la del Sr. Valero Bermejo y la del Banco Popular –  por el control del diario MADRID.

¿UN PERIÓDICO AIREANDO EN PORTADA SU PROPIA CRISIS INTERNA?

titular_luchaMadrid2 El Diario MADRID publicó en portada aquel artículo firmado por el Presidente de su Consejo de Administración, D. Rafael Calvo Serer y el asesor de este D. Antonio García-Trevijano (autor material del artículo). ¿A qué venía ese interés del diario MADRID para airear en portada su propia crisis interna cuando lo normal de un periódico es tratar de disimularla? ¿Atacar a otro accionista, con la relevancia que tenía el Banco Popular? ¿Y avisando a las autoridades por escrito de posibles cambios accionariales irregulares del capital’ Aparentemente sería absurdo… salvo que el motivo del Sr. García Trevijano fuera precisamente dar la alerta a la dictadura para que acabara con el diario MADRID y explotar el caso políticamente.

El Sr. García Trevijano habla a J. F. Lamata sobre su artículo sobre ‘la lucha’ en el diario MADRID:

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11 - Octubre - 1971

Lucha por el poder en el diario MADRID

Antonio García-Trevijano / Rafael Calvo Serer

La empresa MADRID tuvo que soportar, en favor de FACES, y por tanto del Banco Popular, nada menos que el pago de su propio precio de adquisición. Esta circunstancia, unida la fuerte competencia que el periódico EL ALCÁZAR, bien equipado técnicamente, hacia al MADRID, determinó la primera grave crisis del periódico

El periódico que esencialmente tiene que difundir noticias, algunas veces es también noticia. Sobre todo cuando está en juego su personalidad como fuente objetiva e independiente de información. Ahí están los casos de Le monde, Der Spiegel, The Times y en España el nacimiento y desaparición de EL SOL.

MADRID, que desde septiembre de 1966 se ha propuesto sotuar en línea de los periódicos mundiales de información objetiva e independiente, es ahora también fuente de noticia porque dentro de la Sociedad propietaria tres grupos distintos se disputan el poder para que se consiga, se anule o se someta la independencia del periódico. Naturalmente, somos conscientes de la significación relativa que la dependencia de un periódico tiene en cualquier país, incluso en aquellos uqe gozan de una tradición libertad de expresión.

Teóricamente, sólo una empresa periodística autofinancia por sus lectores – para sostener la presión económica de los grupos financieros, equilibrar los espacios publicitarios y seleccionar la publicidad – autogestionada por la representación de todos los elementos integrantes de la empresa – para evitar la degradación profesional de escribir a sueldo ideas impuestas o no compartidas – y autodirigida por la propia estructura empresarial – para impedir la subordinación a otras instancias exteriores, tales como Gobierno, partidos políticos, Sindicatos, grupos religiosos, etc. – puede concebirás como una verdadaera institución informativa independiente, capaz de promover en la opinión, lo que puede llamarás con cierto fundamento una ideología de la objetividad.

Fácilmente se comprende, por ello ,que cuando aquí hablamos de la independencia del diario MADRID traducimos más una voluntad demancipación, en ese largo y difícil camino teóricamente descrito, que una realidad a defender, por grandes que hayan sido los pasos y los resultados conseguido hasta ahora en esa tendencia por el grupo independentista, que desde septiembre de 1966 aparece animado por el actual presidente del Consejo del MADRID, Rafael Calvo Serer.

Los intentos de anulación o sometimiento – entendido estos términos en su acepción política de esta orientación hacia la independencia del periódico han venido unas veces de modo directo y aparatoso, desde fuera – recuérdese, aparte de las numerosas sanciones administrativas, la suspensión del diario MADRID durante cuatro meses, bajo los auspicios del anterior ministro de Información [Manuel Fraga] – otras veces de modo indirecto pero inequívoco, desde dentro, por la presión y las acciones del grupo reaccionario encabezado por el ex subsecretario de Hacienda señor Valero Bermejo y constantemente, de manera solapada o declarada, según las circunstancias del momento, por las maniobras del grupo oportunista – versión actualizada del posibilismo político – tenazmente dirigido por el Vicepresidente del Consejo de Administración del Banco Popular, señor don Luis Valls Taberner.

Dado el tacto con el que el actual ministro de Información [Sánchez Bella] lleva las relaciones las relaciones de la Dirección General de Prensa con MADRID han sido los enfrentamientos internos los que han precipitado la lucha abierta por el control de la propiedad del periódico, que acabe por imponer una de las tres tendencias antes mencionadas.

En los medios de la profesión y en los medios políticos se ha hablado, de vez en cuando, de unos pleitos internos respecto de la propiedad de este periódico. Recientemente, con ocasión de un arbitraje sobre la propiedad de la mayoría de las acciones de la Sociedad titular del periódico, el tema ha cobrado un particular interés. Una amplia información y debate sobre este asunto, que reconocemos no es habitual poner al descubierto, atraerá a no dudar la atención del primer y más profundamente afectado por el desenlace final: el lector.

Por ello, MADRID quiere informar fiel y objetivamente a sus lectores – que junio a los redactores, obreros, empleados, colaboradores y propietarios, constituyen la totalidad de la empresa periodística –de las vicisitudes, de la historia y de las posibilidades reales de independencia del periódico. Y, en consecuencia, que páginas estarán abiertas, en tribuna libre, a todos los que deseen aportar algún dato de interés para que esta información sea lo más fidedigna posible. Especialmente a aquellas personas que, por su directa intervención en los hechos o por tener que ser mencionados en el relato, puedan con su testimonio contrastar lo que vamos a exponer bajo nuestra conjunta responsabilidad, en una serie de artículos de la que el primero que hoy aparece, es sólo una mera a presentación del escenario, de las tendencias y de los personajes.

MADRID, Diario de la Noche S. A., empresa periodística pertenece a Fomento de Actividades Culturales Económicas y Sociales S. A. (FACES) que la adquirió en enero de 1962 a su fundador, don Juan Pujol. A su vez, la sociedad FACES fue creada a finales de 1961 a impulsos de varios, y aparentemente opuestos sectores políticos del Régimen y de algunos intelectuales y hombres de empresa interesados en la vida pública sobre una plataforma de legalidad. En ningún momento se trató de una iniciativa de un solo hombre. La intención común fue la de crear un ámbito de convivencia, entre estos sectores del Régimen políticamente opuestos,  y de promoción político-cultural, sin ánimo de lucro. El primer instrumento para este objetivo de la Sociedad fue la adquisición de un medio diario de expresión: el periódico MADRID.

Con el nacimiento de FACES dada su composición, no podía tener evidentemente como finalidad una acción política directa y como la adquisición del diario MADRID se hizo gracias a un importante crédito que el Banco Popular concedió a la Sociedad FACES, cuyo capital social sólo era de un millón de pesetas, paraeció entonces normal que los fundadores y promotores dejasen el poder ejecutivo y el control total de la Sociedad y, por tanto, del diario MADRID en las manos del vicepresidente del Banco Popular, D. Luis Valls-Taberner.

Hijo del historiador catalán don Fernando Valls-Taberner, Luis Valls había venido a Madrid en 1950 para desempeñar una modesta función en la sección de publicaciones del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, promovido por Rafael Calvo Serer, consejero de dicho organismo y catedrático de la universidad de Madrid desde 1946. Pero en 1953 D. Luis Valls-Taberner, de modo espectacular y sorprendente para los medios bancarios, pasa a ser la figura más relevante en el Banco Popular español, del que sigue siendo vicepresidente del Consejo de Administración y al que sucesivamente se han ido incorporando sus tres hermanos: Félix, Pedro y Javier.

Es de notoriedad pública que siguiendo la trayectoria iniciada con el señor Navarro Rubio, que de consejero delegado del Banco Popular pasó a ser subsecretario de Obras Públicas a partir del cambio de Gobierno de 1957, se operaun verdadero y constante trasvse de personas desde el grupo financiero del Banco Popular a los más altos cargos de la Administración Pública. El último en el tiempo, el de don Gonzalo Fernández de la Mora, que siendo consejero del Banco Popular es nombrado subsecretario de Asuntos Exteriores.

Fue tan patente este hecho de que el grupo financiero del Banco Popular, personalmente dirigido por don Luis Valls-Taberner, era una plataforma propicia para la ascensión a altos cargos políticos, que cuando se constituyó FACES, bajo la presidencia de aquel – que había cesado no obstante como administrador general del Opus Dei – con hombres procedentes de sectores políticamente opuestos dentro del régimen, prevaleció más el sentido de la oportunidad de todos que las ideologías reaccionarias o tecnocráticas que aparentemente los separaban.

Así se explica tanto el poder omnímodo y exclusivo que en el terreno empresarial y económico ejerce directamente el señor Valls sobre el periódico MADRID a través de FACES, como que la responsabilidad editorial o política sea sucesivamente entregada a los señores Jiménez-Millás y Urgoiti, y que al Consejo de Administración del periódico MADRID se integren hombres como el marqués de Valdeiglesias y don Florentino Pérez-Embid. Incluso el señor Valero Bermejo fue propuesto por don Luis Valls a su amigo el ministro de Hacienda, señor Espinosa, para ocupar la Subsecretaría de este departamento.

El resultado fue, desde el punto de vista política, una posición del diario MADRID más a la derecha que la convencional dentro del Régimen. Ejemplo expresivo: la defensa que hizo de Goldwater, como quizá ningún otro periódico del mundo en las elecciones americanas de 1964. Lo que poco a poco se tradujo en una progresiva esterilización de las ideas y de los horizontes que podrían haber animado al periódico al promulgarse la nueva ley de Prensa de 1966.

Desde el punto de vista económico, la gestión empresarial condujo a una verdadera descapitalización de la empresa MADRID, que tuvo que soportar, en favor de FACES, y por tanto del Banco Popular, nada menos que el pago de su propio precio de adquisición. Esta circunstancia, unida la fuerte competencia que el periódico EL ALCÁZAR, bien equipado técnicamente, hacia al MADRID, determinó la primera grave crisis del periódico en la primavera de 1966. El hombre fuerte del Banco Popular se encontró ante la alternativa de tener que invertir más de 200 millones de pesetas en un completa renovación del equipo industrial de la empresa descapitalizada o vender el periódico. Su primera opción fue esta última. Pero con ello provocó, en el seno de FACES una reactivación y enfrentamiento de los contrapuestos sectores políticos, que vieron e la nueva ley de Prensa una oportunidad de utilizar MADRID como instrumento de propaganda de sus respectivas tendencias.

Los escenarios donde van a librarse las sucesivas batallas por el control del diario serán la subsecretaría de Hacienda, durante el mandato del señor Valero Bermejo; los Tribunajes de Justicia y el Banco Popular.

Es entonces cuando el MADRID comienza a ser noticia.

–          Rafael Calvo Serer

–          Antonio García-Trevijano

16 - Octubre - 1971

Carta abierta a Calvo Serer

Luis Valero Bermejo

Mí distinguido presidente:

He esperado una semana antes de hacer una puntualización al artículo por usted publicado en MADRID, acompañado de otra firma cuya significación no entiendo bien, y que titula ‘La lucha por el poder’, artículo en el que repetidamente me alude. Esperaba también, con la natural curiosidad, la continuación de su exposición pues parecía lo prudente terminar de conocer sus puntos de vista. El serial ha sido interrumpido por causas que desconozco, pero antes de que cese el eco que sus escandalosas afirmaciones han provocado en determinados círculos de la opinión pública, creo vale la pena tratar de aclarar la cuestión fundamental.

No sé si la lucha por el Poder a la que su artículo se refiere es la lucha por conquistar el Estado a meramente un órgano de información. En cualquier  caso, la equivocidad que usted provoca es admisible ya que su planteamiento puede tener todo el valor de una parábola. Sea en su periódico, sea el Gobierno, usted lanza a la calle la noticia de tres grupos divergentes: “reaccionarios”, “oportunistas” e “independentistas”, perfectamente válidos para aplicar la dinámica de su acción, lo mismo a la edición de un periódico que a dirigir el país a través de sus instituciones.

Independientemente de ello, las luchas internas en el seno de FACES de MADRID, su única propiedad que se desarrollaron desde junio de 1966 a abril de 1967 y con cuyos pormenores no tengo por qué aburrir al lector, hicieron únicamente como protagonistas dos actitudes profundamente políticas, por más que usted intente confundirnos y arrastrarnos diciendo ahora que eran tres. El que pasados cinco años resulte que uno de los grupos se ha escindido, no puede modificar los hechos de entonces, lo mismo en el futuro se pueden producir entre ustedes, los activistas políticos del mismo instituto religioso en el periódico MADRID, nuevas desintegraciones, como un profesor de Historia perfectamente sabe: son las consecuencias del reparto de botín.

En octubre de 1966, al manifestarse los socios de FACES por una notoria mayoría (149 socios frente a 83 y 2.493 acciones frente a 2.038) favorable a su destitución al frente de su comisión de Prensa, el señor Valls Taberner, faltando a lo acordado, no admitió el resultado de la consulta y contra toda razón y toda justicia le protegió e incluso hizo posible que por una maniobra pudiera alcanzar la ‘pseudopropiedad’ de la mayor parte del capital, hecho que se consumó el 26 de diciembre del mismo año. Contra este abuso, lo que consideramos una usurpación, reaccionamos ‘los reaccionarios’, y el 22 de abril de 1967, siete socios fundadores de FACES presentaron la demanda que correspondió al Juzgado de Primera Instancia número 15 de Madrid solicitando el reconocimiento de sus derechos de fundación y los de los demás. El asunto está en manos entonces de la Justicia y usted conoce mejor que yo que al señor Calvo Serer se le declaró ‘rebelde’, y que desde aquellas fechas todavía no ha contestado a nuestra demanda, haciendo n de todos los recursos procesales con excepciones, incidentes y apelaciones que constituyen un buen ejemplo de perturbación de una rápida administración de Justicia. Nosotros mantenemos la acción que solamente los Tribunales son los llamados a reconocer o rechazar, con independencia absoluta de las luchas por el Poder y de las etiquetas justas o arbitrarias que los contendientes se coloquen unos a otros; y como usted haciendo uso de su perfecto derecho me llama ‘reaccionario’, quiero decirle que su adjetivación es justa. Tanto yo como los que conmigo luchan en estas peripecias, reaccionamos y reaccionaremos siempre hacia todo aquello que entendemos va en contra del espíritu del 18 de julio.

Pero quiero recordarle unas estrofas que quizá no llegaron a sus oídos, detrás de las trincheras rojas, y que y millares de hombres hemos cantado con todo entusiasmo mientras liberábamos la Patria bajo el mando de Franco: “ESCUCHA, TU, BURGUÉS O SOCIALISTA – FALANGE TRAE LA REVOLUCIÓN – LA MUERTE DEL CACIQUE Y DEL BOLCHEVIQUE – DEL HOLGAZAN Y DE LA REACCIÓN. Yo, profundamente ‘reaccionario’ sigo cantando esta canción y conmigo muchos españoles. Haga usted la suma de los votos del referéndum de 1966, al que usted combatió con todas sus conocidas artes, los de millones de españoles que en diciembre de 1970, en las plazas españolas, sin convocatoria oficial alguna defendieron la independencia y la unidad nacional, y los de los que asistieron en la plaza de Oriente, con toda su ingenua y ardorosa voluntad, a dar las gracias a Franco por sus treinta y cinco años de servicios impagables en la Jefatura del Estado.

En cuanto a todas esas insinuaciones que usted formula, esas alusiones al Opus Dei, esas ambiciones y caminos ocultos que usted descubre, de todo eso y de mucho más, nosotros ‘los reaccionarios’ no queremos saber nada. Confiamos en Franco y en nuestro pueblo y estamos seguros que el engaño que estamos padeciendo no prosperará.

Sí le rego que conteste cuanto antes a la demanda judicial y que no intente crear un problema interno más entre los hombres que de buena fe, y desde hace muchos años con don Juan Pujol, empezaron a hacer MADRID en abril de 1939. Si por decisión del Tribunal de Justicia usted pierde la posesión que a nuestro juicio indebidamente adquirió, no intente hacer más daño. Váyase usted con sus amigos, después de visitar París o Roma, a ese monasterio, cerca de Leningrado, del que nos hablaba el día 12, y disfrute de las delicias del nuevo humanismo consumista que usted ofrece insidiosamente como receta a los españoles y que tuvo aplicaciones ‘democráticas’ de éxito en Budapest y Praga.

Nosotros, bajo el mando de Franco, lo rechazamos victoriosamente una vez; nosotros, los ‘reaccionarios’ y nuestros hijos, bajo el mando de Juan Carlos lo rechazaremos de nuevo si es necesario contra ‘independientes’ y ‘oportunistas’, si unos y otros insisten en seguir debilitando el espíritu nacional, enturbiando las aguas o corrompiéndolas.

Atentamente le saluda.

Luis Valero Bermejo

28 - Octubre - 1973

El Diario MADRID

Luis Valls Taberner

Hace algunos días el presidente de un importante diario nacional me llamó por teléfono. Quería darme la enhorabuena por la resolución favorable del a Audiencia en el único pleito judicial que aún existe sobre la propiedad del periódico MADRID. Mi interlocutor, agudo y paciente, captó que al rechazar yo su felicitación estaba sonriendo. Luego añadí: “El único que debe ser felicitado es el abogado Ortega Rosales porque apuntaló jurídicamente nuestra posición – la de los antiguos accionistas propietarios del periódico – de tal forma que incluso Agustín Aznar y quienes con él promovieron el pleito estaban convencidos de que no podían ganarlo’. La eficacia profesional de Ortega preparó la defensa de nuestra posición, pero su éxito no nos ha favorecido. Ha resultado ahora ser como un ‘boomerang’ y esto aumenta, si cabe, el desconcierto que este complicado asunto produce.

Pocos días después una gran personalidad de la intelectualidad española, al comentar esta sentencia, bastante aireada por la Prensa me reprochaba: “Aún no entiendo por qué, teniendo firmados unos vendís por el titular del paquete mayoritario de acciones, no los has puesto en circulación”. Y es que no es fácil de entender. Intentaré explicarlo.

Al principio de la operación todos los sectores accionistas habían aceptado unánimemente el nombramiento de Rafael Calvo Serer como presidente del periódico. Poco después Agustín Aznar y sus amigs trataron de cubrir una ampliación de capital con la que se alteraba el equilibrio accionario. Para evitarlo se suscribieron a nombre de Calvo Serer las acciones y este firmó los correspondientes vendís. Estos siete vendís tenían por finalidad que las acciones fueran puestas, en definitiva, a nombre de los veinte miembros del Consejo de Administración, por partes iguales tal como estaba convenido. Disconforme el grupo Aznar promovió una acción judicial impugnando la suscripción efectuada y consiguió, como medida cautelar la prohibición de cambiar de nombre las acciones del grupo propietario del MADRID. Esta medida judicial convirtió inesperadamente a Calvo Serer en el ‘propietario oficial’ del periódico e impidió formalizar, ante los agentes de Cambio y Bolsa, el cambio de titularidad que debía repartir entre veinte personas físicas el riesgo que todo depósito de confianza lleva consigo. Lo demás ha venido luego como consecuencia.

No habían pasado veinticuatro horas del comentario antes referido cuando en la boda de la guapa y simpática hija de un médico mundialmente famoso, me contaba uno de sus hermanos los pintorescos comentarios de Radio Praga haciendo alusión a esta reciente sentencia. También estaba presente otra de las personalidades que promovieron el pleito judicial, quien amistosamente me pidió noticias sobre el estado actual de tan polémico tema.

Estas anécdotas reiteradas me han hecho reflexionar una vez más sobre si debo o no prolongar el mutismo que por mi parte he mantenido siempre sobre el asunto MADRID. No puedo olivar que andan por ahí circulando dos libros que con sus juicios y datos, cuando menos parciales, y con sus historietas inexactas, pero creíbles, dañan la reputación o falsean el historial profesional y humano de muchas de las personas aludidas. Al recapacitar sobre si mi derecho a callar seguía siendo válido recordé el aforismo popular: “El que calla otorga”.

Explicar lo inexplicable es tarea a primera vista imposible, especialmente para quien, como yo, no es un escritor profesional. No puedo hacer mío el slogan de aquella gestora: “lo difícil lo hacemos en el acto. Para lo imposible tardamos un poco más”. En este artículo pretendo explicar un poco la polémica sobre el MADRID aparecida en la Prensa y en los libros. Ha de pasar más tiempo para que yo mismo, protagonista principal, pueda entender hasta los últimos aspectos de la misma. Cuando esto suceda, y si para entonces el tema sigue interesando, trataré de rendir cuentas del resto.

¿Cuál sería la síntesis del suceso contada en forma de fábula?

Eranse una vez dos amigos que vivieron durante muchos años felices e ilusionados trabajando por lo que pensaban era el bien de su país. Unas veces pensaban y actuaban juntos. Otras, las más, por separado. Pasados veinte años se pelearon. ¿Qué había sucedido? El primero de ellos estaba actuando desde el escenario de un teatro que el segundo le había facilitado como empresario. Todo fue bien al principio. El público acudía a ver trabajar al actor y la empresa cubría sus gastos. Tampoco desaba más. Un buen día el actor perdió la cabeza y la autoridad cerró el local. La empresa no aspiraba a ganar dinero, pero no debía perderlo. Trató de salvar el teatro – de las consecuencias de la intervención de la autoridad, de la cada vez menor afluencia de público y de las consiguientes pérdidas de dinero – con un cambio de actor para la siguiente temporada. El actor se resistió. Con una lógica extraña pensaba que si el público acudía a verle y el trabajo lo hacía él, el local no podía ser de otro. Su argumentación, además de no ser lógica, no estaba de acuerdo con las costumbres del lugar. El actor temió que su tesis no prosperase y organizó el gran escándalo consiguiendo provocar el cierre definitivo del local. La empresa se arruinó y el inmueble fue dinamitado. Los empleados dejaron de serlo y la historia aparentemente se acabó.

Pasemos de la ficción a la historia. El diario MADRID fue adquirido a la familia Pujol en 1962. Calvo Serer no se interesó por el periódico hasta la primavera de 1966. En aquel momento se daban dos circunstancias políticas nuevas: promulgación de la Ley de Prensa y certeza de que se estaba gestando la Ley Orgánica. Pero a partir de la aprobación por las Cortes de la desginación de sucesor a la Jefatura del Estado, para el equipo del MADRID pareció como si se hubiesen agotado los grandes temas nacionales que caracterizan al gran periodismo. A partir de entonces todo se volvió una guerra de guerrillas contra el Gobierno. En 1966 frente a un Valero Bermejo que siendo subsecretario de Hacienda trataba de echar a Calvo Serer por rivalidades políticas, yo le defendí con gran riesgo por mi parte. Tenía entonces poderes plenos para dejar a Calvo Serer en la estacada. Sufrí también de alguna manera las iras de Fraga, ministro de Infoormación. EN cambio nunca fui presionado por el Gobierno, considerado en su totalidad, entre otras razones porque el ministro Espinosa se opuso a su colega Fraga ante el intento de utilizar Hacienda como arma de presión política. Pero a finales de 1969 no tenía objeto continuar arriesgando la empresa para temas sin grandeza nacional. Entonces pedí a Calvo Serer que dejara el periódico a otro equipo menos conflictico y que estuviera en condiciones de levantar más la tirada del mismo.

El conflicto con él surgió, pues, sólo y exclusivamente por querer yo salvar la empresa y defender los intereses patrimoniales de sus verdaderos propietarios. La propiedad de la empresa no podía cambiar de manos con mi aquiescencia, al menos sin la justa y debida compensación económica. La razón del enfrentamiento no hay que buscarla en una eventual discrepancia ideológica o política sino que radica en un serio y grave conflicto de conceptos y de intereses empresariales y económicos. Comprendo que a los políticos aficionados no les preocupan siempre estos temas profesionales, humanos y éticos. Pero pienso que el lector con independencia de criterios, y no sometido a pasión partidista, puede tener curiosidad por esos otros aspectos de la vida.

La fábula y la historia tuvieron su epílogo. Poco antes de que actor y empresario se pelearan mantenían conversaciones, en compañía de amigos comunes, con la finalidad de encontrar una solución equitativa y honorable. Bruscamente aquel requirió notarialmente, primero y demandó judicialmente, después, al empresario. Los amigos se llevaron las manos a la cabeza y buscaron un árbitro. No fue posible llegar a un acuerdo sobre qué era lo que había de ser sometido a arbitraje y el árbitro empezó por decidir el qué, el cómo y el cuándo.

Los contendientes eran Calvo Serer y la entidad que había facilitado el dinero y que actuó por cuenta de todos los accionistas que componíamos la sociedad propietaria de MADRID. Pero el árbitro decidió que a Calvo Serer debía enfrentarme yo, que era entonces el presidente de la sociedad FACES, promotora de toda la operación del MADRID. A partir de este momento, preparada la escritura de compromiso de arbitraje, el resultado se vio venir. En un principio creíamos que el juicio arbitral sería salomónico, pero las reglas de juego establecidas condujeron inevitablemente a la llamada fórmula británica: “El Gobierno de Su Majestad no tiene razones suficientes para pensar que…” las acciones que figuran a nombre del Sr. Calvo Serer no sean en realidad suyas.

Como quiera que innegablemete había de por medio dinero que, sin duda, no era de dicho titular, éste – según el laudo arbitral – estaba obligado a devolverlo. Pero el árbitro buscó una ‘salida de conciencia’: después de haberle declarado propietario de las acciones ordenó a Calvo Serer que ofreciese la totalidad de ellas a los restantes socios. Decisión que resulta incomprensible si no se admite que aquellas pertenecían efectivamente a todos los accionistas y no al ‘propietario oficial’. Y que demuestra que la auténtica contienda enfrentaba a Calvo Serer contra todo el resto del accionariado y no sólo contra mí.

Pero en el enunciado de la controversia el árbitro había impuesto este último planteamiento cerrando con ello a cal y canto la salida. Pues es sabido que cualquier exceso del laudo sobre lo pedido por las partes permite al Tribunal Supremo anular el exceso. Y aquí surge un dato importante para el juicio histórico de las conductas: mientras que yo había tolerado ese encerramiento forzado por el pacto moral de llegar incondicionalmente al arbitraje, la representación de Calvo Serer, una vez obtenido el laudo no dudó en – quebrantado un convenio verbal entre las partes, aunque sin fuerza ante la Ley escrita – recurrir al Tribunal Supremo para alcanzar la mutilación del Laudo, dejando sólo en pie una parte de lo que el árbitro quiso que fuese un todo.

Lo curioso del caso es que se ha manejado mucho el argumento de que el Tribunal Supremo había dado la razón a Calvo Serer. Saben bien, incluso los no juristas, que en caso de arbitraje el Supremo no entra en el fondo del asunto. No le da ni le quita la razón a nadie. Corrige sólo al árbitro si entiende que no ha respetado las reglas formales del juego. Si se ha salido del campo convenido le recorta el exceso. Si se ha salido de plazo le anula el laudo entero.

En cualquier caso se produjo una segunda decepción. Había cedido primero de mi favorable posición legal para someter a arbitraje privado de equidad una cuestión que estaba clara a mi favor. Después tuve que permitir un recurso ante el Tribunal Supremo, cuyo resultado, al mutilar la unidad del laudo arbitral deshizo la entidad que éste había querido buscar. Sutilezas procesales permitieron pasar por alto los pactos no escritos y exigibles, dilatar o hacer imposible su cumplimiento. Calvo Serer que dispuso o permitió dinamitar el MADRID, no ha puesto la misma diligencia en cancelar su cuenta todavía pendiente. Desde hace sólo cuatro años pregona que el periódico era suyo, pero no parece tener el mismo empeño ni siquiera en comenzar a devolver el dinero a quienes posibilitaron inicialmente la suscripción de las acciones a su nombre.

A título de resumen: En el MADRID se han producido dos enfrentamientos serios:

  • 1) De carácter político: Fraga ministro de Información, y Valerio Bermejo, contra Calvo Serer – y consecuentemente contra mí, por respaldar a este – ;
  • 2) De carácter empresarial y económica entre Calvo Serer y la entidad que facilitó el dinero – y como consecuencia conmigo, por defender lo derecho se esta última –

Dentro del marco de la lucha política entre Calvo Serer y Fraga, y luego con Sánchez Bella, su sucesor al frente del Ministerio está el pleito promovido por Aznar sobre la propiedad de las acciones. La guerra económica, es decir, la naturaleza de las relaciones económicas entre Calvo Serer y la entidad que facilitó el dinero, fue sometida a arbitraje privado de equidad… con el resultado que queda someramente referido más arriba.

La vertiente política del MADRID fue lo más importante que estuvo sobre el terreno de juego desde el verano de 1966 hasta el verano, también, de 1969. Aquella etapa representa la edad de oro del periódico, y, por tanto, de su equipo director y colaborador. Es difícil saber en qué medida contribuyó al a que luego se aprobó como Ley Orgánica del Estado, al desarrollo constitucional posterior a la designación de sucesor a la Jefatura del Estado. Hubo grandeza en los objetivos profesionales y políticos. Se ganaron algunas de estas batallas – la primera, por ejemplo – y se perdieron tras. La última se perdió en parte; quizá porque nadie creyó en ella y se produjo con sorpresa para muchos. En los asuntos de Estado contadas personas están en el secreto de las operaciones. A esta etapa pertenecen el cierre temporal del periódico por orden del ministro Fraga. Pero ante aquel cierre nadie de la empresa  titubeó. Pienso que se podría asegurar que todos, desde el último obrero hasta el presidente se las ingeniaron para poder aguantar la presión que se anunciaba iba a ser larga. Fue de agradecer y digna de elogio la forma en que se solidarizaron los colegas. Aquellos fueron años duros, incómodos pero bellos, como dicen los italianos.

Del aspecto político de la segunda parte de la labor de Calvo Serer y su equipo, la de los tres años siguientes, prefiero no hablar. Tampoco tengo espacio para explicar por qué, a mi entender, durante este tiempo el show sustituyó a la política. El plurito exagerado de independencia les llevó a caer en el extremo opuesto y además a ser dependientes de su propia imagen de independencia. Se cumplió en este caso la predicción del refranero castellano. “Nunca segundas partes fueron buenas”.

Desconozco el interés que pueda despertar en el gran público la vertiente humana del asunto del MADRID. La parte positiva aparece unida a la lucha por llevar adelante la construcción de un programa político de cierta altura. Ilusión, afanes comunes, solidaridad, etc.

La parte negativa va unida a la lucha por criticar, destruir y derribar. Me parece que ésta sólo nos interesa a los afectados. Que los obreros y empleados del MADRID hayan resultado sacrificados sin necesidad es doloroso. La última fase de la lucha contra la autoridad contra el poder público, nadie sabe realmente por qué fue. Intuyo que tampoco lo saben quiénes la protagonizaron. Apostaría a que sólo una persona está en el secreto último del por qué de aquella batalla, en la que la mayor parte de las cosas en juego eran mezquinas. Demasiados egoísmos, que acabaron liquidando a obreros, empleados y, por último, el solar. No es que haya sido un final sin sentido, sino quizá sin un sentido confesable.

Lo humano nos afecta también a otros que, sin ser obreros o empleados del MADRID pusimos mucho de ideal y algo de dinero – probablemente el único que corría riesgo – en una empresa colectiva para contribuir al logro del bien público nacional. Todos tenemos experiencia de cuánto duele el fallo de un amigo, la deslealtad de un socio, el engaño de un aliado.

No debo alargarme. No es éste lugar adecuado ni momento oportuno. Debería aclarar tdos los hechos que han sido aludidos de modo sintético. Deseos no me faltan, entre otras razones para dejar en su lugar a personas maltratadas públicamente. Quién sabe si encontraré algún día tiempo e inspiración. Creo que compensa sacrificar alguna vacación y alguna noche a este noble quehacer de la pluma.

Luis Valls Taberner

El Análisis

¿LA FINALIDAD POLÍTICO-ECONÓMICA?

JF Lamata

El artículo en cuestión venía, entre otras cosas, a demostrar que aunque en el sector que había sido bautizado como liberal-opusdeista,  en desear que España fuera un país de libre-mercado con democracia parlamentaria, no era un bloque homogéneo, había grados y peleas internas dentro de la propia familia y sus sucursales, pero es más intrigante el tema de la finalidad.

¿A cuento de qué el Sr. García-Trevijano y el Sr. Calvo Serer publicaban en el diario MADRID un artículo desvelando la guerra accionarial de su diario? La historia de la prensa en España está marcada por guerras accionariales desde los tiempos de los Urgoiti y los Gasset, pero no es demasiado habitual que en el propio periódico desvelen los datos de la misma. Pero en el caso de aquel artículo era especialmente flagrante porque venía a insinuar que en esa lucha se estaba pasando por alto el reglamento en los traspasos de acciones de unos a otros sin previa autorización. ¿Cómo el Sr. Calvo Serer y el Sr. García-Trevijano entregaban ese hacha al Gobierno de la dictadura franquista para que los cerrara? La respuesta sólo puede ser que su objetivo era, precisamente conseguir ese cierre, algo que lograrían un mes después de aquel artículo. Otra cosa serían los motivos, que bien pudieran ser económicos (evitar una quiebra legal) o bien políticos (señalizarse para erigirse como líderes de la oposición).

J. F. Lamata

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