El consejero advertía sobre el poder del Estado español y recomendaba que la consulta fuera más un acto ciudadano al estilo del 9-N que un referendum con efecto jurídico inmediato

Puigdemont destituye a su Consejero de Empresa, Jordi Baiget por dudar de la viabilidad de una referendum independentista unilateral

HECHOS

El 3.07.2017 el presidente de la Generalitat anuncio el relevo de D. Jordi Baiget como Consejero de Empresa.

  Una entrevista en el periódico independentista EL PUNT AVUÍ ha supuesto el fin de su etapa en el Gobierno de la Generalitat.

03 - Julio - 2017

La destitución de Baiget

EL PERIÓDICO DE CATALUNYA (Director: Enric Hernández)

Expresar una duda («probablemente no podremos hacer el referéndum, y tendremos que hacer una cosa diferente») le ha supuesto el cargo al ya ‘exconseller’ de Empresa i Coneixement, Jordi Baiget. Sus palabras en una entrevista a EL PUNT AVUÍ merecieron la reprobación de la CUP, imprescindible muleta parlamentaria del Govern de Junts pel Sí, de cuyo estilo de hacer política sin tomar prisioneros parece haberse apropiado Puigdemont. A pesar de que Marta Pascal lo defendió, Baiget fue destituido y relevado por el ‘conseller’ de Cultura, Santi Vila, en un doble golpe de efecto del ‘president’: en el Govern y en su propio partido, con cuya cúpula mantiene un pulso. Baiget, hombre de Artur Mas, ha puesto voz a esa parte del Govern que teme los derroteros que ha tomado el pulso con el Estado a cuenta del referéndum del 1-O.

Hay una parte del Govern, encabezada por Puigdemont, que está dispuesta a llegar hasta el final (sea lo que sea ese final), pero hay otra, de la que formaba parte Baiget y donde militan otros altos cargos, que no ve tan claro el pulso con la legalidad. A medida que se acerca el 1-O y se van dando pasos con difícil retorno, no debe extrañar que cunda el nerviosismo, sobre todo en las filas del PDECat. La destitución muestra que no solo la disidencia, sino la simple duda, no caben hoy en el Govern. También que el peso de la CUP va mucho más allá de sus diez diputados. Y es, sobre todo, un aviso al PDECat y a sus ‘consellers’ ante lo que está por venir. El ‘procés’, en esta fase, exige lealtades inquebrantables.

03 - Julio - 2017

El incendio Baiget

Joan Tapia

Puigdemont intenta cerrar con un golpe de autoridad una grave crisis con el PDECat

Felipe González dijo una vez que no se puede estar medio embarazada. Cuando un Gobierno democrático traza un plan para romper la legalidad inicia un camino que le conduce a saltarse muchas normas democráticas. El fin -en este caso la independencia- exige un cambio revolucionario en las instituciones del Estado.

Y cuando se acometen estos procesos pasan cosas normales. Entre ellas, que no todos tiene vocación revolucionaria. Este lunes, a un día de anunciar la ley que -saltándose la legalidad española y la catalana- debería permitir el referéndum de autodeterminación, estalló un grave incendio en el Gobierno catalán. Acabamos de ver la explosión, pero todavía no sabemos todas sus consecuencias.

El ‘conseller’ Jordi Baiget hizo unas sonadas declaraciones por la mañana a EL PUNT AVUI y el cese no llegó hasta las nueve de la noche. ¿Qué paso mientras tanto? Pues una triple crisis. Entre la CUP -Puigdemont no sería presidente sin su apoyo- y el Govern. Entre ERC y el PDECat. Y, finalmente, entre el ‘president’ Puigdemont y su propio partido. A primera hora de la tarde, la coordinadora Marta Pascal había dicho algo contradictorio que solo podía buscar blindar a Baiget: “Llegaremos al referéndum y con Baiget en el Gobierno”. No ha sido así.

Baiget, un ‘conseller’ que estuvo muy próximo a Artur Mas y que es un convergente disciplinado y discreto, se destapó con dos discrepancias de fondo. Dijo, primero, que el referéndum no podría celebrarse porque el Estado tenía mucha fuerza (patada al ‘president’, que dijo el sábado: “En Madrid damos miedo y más que daremos”), y porque la ley que este martes explicará Puigdemont será suspendida por el Tribunal Constitucional. Añadió que estaba dispuesto a ir a la cárcel, pero no a sacrificar su patrimonio (por condena judicial), porque eso afectaba a su familia.

UN COMITÉ FANTASMA

El segundo pecado de Baiget fue explicar que la estrategia sobre el referéndum no se toma en el seno del Govern ya que él, y otros ‘consellers’, no eran consultados. Insinuaba lo que se sabe que preocupa a muchos altos cargos: la existencia de un comité fantasma -por lo tanto, libre de posibles sanciones- y no electo por el Parlament, que decide lo que luego los ‘consellers’ deben avalar.

Eran dos claros torpedos contra la línea de flotación de Puigdemont, al que algunos ven más próximo a ERC que al pragmatismo histórico de CDC. ¿Por qué habló Baiget con tanta claridad y a un diario como EL PUNT AVUI? Imposible que fuera a título personal. No es parlanchín y podía haberse retirado de forma discreta. Lo más seguro es que expresara la grave inquietud de un grupo, nada pequeño, de ‘consellers’ del PDECat.

El incendio es serio. Puigdemont lo intenta cortar con un triple golpe de autoridad: cese de Baiget, ninguneo de Marta Pascal y sustitución por Santi Vila, que piensa lo mismo que Baiget. ¡’Consellers’ díscolos, disciplina o calle! Veremos si Puigdemont tiene de verdad la autoridad que quiso mostrar. De momento, el camino hacia el referéndum ha sufrido otro traspiés 24 horas antes de su solemne bautizo.

06 - Julio - 2017

Gesto antes del choque

Francesc-Marc Álvaro

Carles Puigdemont necesitaba un gesto de autoridad y las palabras del conseller Baiget le han puesto en bandeja una actuación para reforzar su perfil antes del choque con Madrid. En la narrativa del independentismo hiperventilado, la cabeza cortada del exresponsable de Empresa es un aviso triunfal para tibios, dudosos y convergentes de la vieja escuela. Algunas alegrías desatadas por la fulminación de Baiget hacen pensar más en un exorcismo antes de la batalla que en una decisión lógica provocada por una pérdida evidente de confianza. La parroquia del pit i collons aplaude. Si todo se reduce a una fábula plana de valientes y cobardes contra España, no se puede entender lo que está pasando. Sobre todo si, además, tenemos en cuenta que el sustituto de Baiget no es otro que el conseller Vila, que se define como “independentista instrumental” y que explica que se ha sumado al proceso “arrastrando los pies”.

La pregunta del millón: ¿Baiget no era consciente de que sus respuestas a preguntas de El Punt Avui tendrían consecuencias graves? Todas las fuentes remarcan la escasa habilidad del conseller cesado ante los periodistas. Es una explicación, pero no puede ser una disculpa. Baiget debía saber que, en este momento, ciertas expresiones públicas serían más que inoportunas, aunque contengan una perspectiva que considerar. En cualquier gobierno de cualquier país, en contexto normal o de crisis, ningún presidente puede permitir que uno de sus ministros cuestione su estrategia. Puigdemont no podía hacer nada más que cesar a Baiget, de lo contrario el relato oficial del referéndum se rompía desde dentro.

Dicho esto, vamos al trasfondo. Las polémicas palabras de Baiget abordan tres asuntos diferentes, que deben ser analizados por partes. Primero: el riesgo personal que han asumido todos los que están en la primera fila del proceso. Segundo: la viabilidad efectiva del referéndum unilateral. Tercero: el grado de conocimiento que los consellers tienen de una estrategia de choque que no elaboran, pero de la que se hacen responsables colegiadamente por defecto.

Con respecto al riesgo, los que aceptaron ser consellers (y altos cargos) después del 27-S sabían que caería sobre ellos toda la fuerza del Estado, y que eso tiene muchas modalidades. Sólo una visión ingenua o frívola del conflicto invita a pensar que los ­poderes españoles te meterán en la cárcel mientras respetan tus bienes y ahorros. ­Pero esta parte podía haberla corregido ­Baiget con algunas explicaciones, ilustradas quizás con referencias al cálculo de daños que algunos encendidos miembros del ­Govern practican, de puertas adentro, a la hora de no firmar según qué papeles. En el ángulo menos iluminado del proceso, también hay eso.

Baiget cae –se nos dice– por sus dudas públicas sobre la posibilidad de hacer el referéndum del 1 de octubre, que contradicen la determinación presidencial, sobre la cual gira todo. Hablemos claro: son dudas que, en privado, repiten varios altos cargos y diputados de la mayoría. Con todo, soy de la opinión de que lo que provoca la reacción fulminante de Puigdemont es otro mensaje que suelta Baiget: “Una parte del Govern no estamos en el núcleo duro de las decisiones, y eso… eso genera lo que genera… ¿A mí, y a otros, se nos consulta la estrategia de lo que debemos hacer? No”. Es más que un reproche. Es una enmienda al método. El conseller del PDECat pone el foco sobre el problema de fondo del Ejecutivo independentista. ¿Cómo se gobierna la ruptura sin los que dirigen los departamentos del Govern?

Puigdemont ha externalizado la toma de decisiones sobre el tramo final del proceso mediante la creación de una cápsula de crisis donde predominan figuras que provienen de ERC, especialmente de la etapa de Puigcercós. Esta iniciativa –que tiene el apoyo de Mas– ha generado malestar en algunos consellers y en la dirección del PDECat, con escasa ­influencia a la hora de opinar sobre esta pizarra. ¿Y qué esperaban? Puigdemont va por libre y, encima, tuvo que aceptar de un día para otro un Govern ­diseñado por Mas. El nom­bramiento de Vila para Empresa es la primera ocasión que tiene el de Girona para reconfigurar su equipo. El caso Baiget nos recuerda que el actual president es un hombre sin partido (cómodo bajo las siglas de Junts pel Sí), con más alma de activista que de político, y dispuesto a quemarse en un pulso inédito con el Estado.

Esta crisis ha hecho aflorar otras cosas. Que Mas (contra lo que dicen los que opinan sin informarse) avala todos los pasos de Puigdemont (incluida la defenestración de uno de sus colaboradores más preciados, algo que no pasó con la caída de Gordó). Que los castigados por el 9-N ya no son un bloque compacto, porque Homs y Ortega han apoyado (de manera contundente) a Baiget mientras que Mas y Rigau han dado la razón al president. Que la falta de fluidez en las relaciones de Puigdemont y Marta Pascal debilita gravemente al PDECat y la refundación de este espacio. Y que, dentro de la polvareda del proceso, la miseria de la política no es menor que su azarosa grandeza.

08 - Julio - 2017

¿Engañaron al ex conseller?

Toni Bolaño

En estos días todo el mundo habla de referéndum, pero también se habla y mucho de la crisis cainita que está devorando al PDeCAT. Se habla de política pero también de otras cosas que poco tienen que ver con la política. Por ejemplo, ¿qué papel jugó el diario EL PUNT AVUI en la gestión de la entrevista con el ex conseller Jordi Baiget? El entorno del ex conseller y desde la dirección encabezada por Marta Pascal tienen la mosca detrás de la oreja. A nadie se le escapa que entre Xevi Xirgu, el director del diario, y el presidente Carles Puigdemont hay una relación de amistad desde hace años. Y es esta amistad la que sirve para afirmar que «en el Palau de la Generalitat tenían una copia de la entrevista el domingo por la tarde». En EL PUNT AVUI mantienen la discreción cuando se les pregunta, pero no niegan que este hecho se produjera. De hecho, desde la antigua conselleria se afirma que se pactó un titular con el diario y que ese pacto fue incumplido. No dudan en señalar que ‘nos engañaron’ y ven una mano negra en forma de president y de su entorno para forzar el titular y justificar los sucesos que se produjeron horas más tarde: el cese de Baiget por Puigdemont

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