El prelado abandona la primera diócesis de la Iglesia en España tras más de una década al frente

Carlos Osoro se convierte en el nuevo cardenal arzobispo de Madrid reemplazando a Antonio María Rouco

HECHOS

El 28.08.2014 la prensa informó del nombramiento por parte de El Vaticano de monseñor D. Carlos Osoro como nuevo cardenal arzobispo de Madrid, en sustitución de D. Antonio María Rouco que pasará a ser obispo emérito.

28 - Agosto - 2014

Carlos Osoro, el peregrino

José Manuel Vidal

Líder de la Iglesia postRouco. Afable, cercano, simpático y extraordinariamente sociable

Es ya un “peso pesado” del episcopado y está llamado a ser uno de los principales líderes, si no el principal, de la Iglesia española de la era postRouco. El cántabro Carlos Osoro Sierra, de 69 años de edad, alcanza hoy la titularidad de la mayor sede episcopal de España y, probablemente, la última estación de una fulgurante carrera, que lo llevó de Orense a Oviedo, de Asturias a Valencia y de la capital del Turia a la capital de España.

Afable, cercano, simpático y extraordinariamente sociable, los madrileños van a contar con un arzobispo que parece hecho a su medida. Serio y ponderado, cuando hay que serlo, pero alegre y extrovertido siempre. Tiene palabras de afecto para cualquier fiel y cultiva especialmente la cercanía y la amistad con sus curas, sabedor de que son sus primeros y principales colaboradores. Con excelente preparación teológica y sin presumir de intelectual, Osoro hace gala de una capacidad de trabajo proverbial y de una actividad inaudita.

Como obispo es un “todoterreno”, que igual oficia una sencilla eucaristía en el último pueblo de la diócesis que se reúne con los más importantes empresarios o los políticos de todo signo y condición. Porque, aunque Don Carlos pasa por ser un prelado moderado, se encuentra muy lejos de la implicación política directa de su predecesor en Madrid. Osoro se llevará bien con todos los partidos y, al menos públicamente, no se decantará por ninguno. Como manda el recuerdo del cardenal Tarancón y los cánones conciliares.

Porque Osoro es un prelado que creció como cura en la estela del Concilio Vaticano IIy nunca renunció a él. Siempre combinó a la perfección las exigencias evangélicas con la autonmía de las realidades temporales. Quizás, porque fue maestro antes de cura, literalmente hablando.

Nacido en Castañeda (Cantabria) el 16 de mayo de 1945, en el seno de una familia acomodada, cursó, entre otros, estudios de magisterio, pedagogía y matemáticas. Y hasta ejerció la docencia hasta su ingreso en el Seminario para vocaciones tardías Colegio Mayor El Salvador de Salamanca para realizar, en la Universidad Pontificia, los estudios de Filosofía y de Teología. Fue ordenado sacerdote el 29 de julio de 1973 en Santander, diócesis en la que desarrolló su ministerio sacerdotal.

Durante los dos primeros años de sacerdocio trabajó en la pastoral parroquial y la docencia. Pero pronto pasó a ocupar diversos cargos de la Curia, hasta escalar al puesto de máximo rango. En 1976 es nombrado Vicario General, cargo en el que permaneció hasta 1993. Además, en 1977 fue nombrado Rector del Seminario de Monte Corbán (Santander), cargo que ejerció hasta que accedió a la mitra.

El 22 de febrero de 1997 fue nombrado Obispo de Orense, la diócesis en la que se formó como obispo. Y tan sólo cinco años después, el 7 de enero de 2002 fue designadoarzobispo de Oviedo. En Asturias, heredó una diócesis hecha a imagen y semejanza de su anterior titular, el carismático y progresista Gabino Díaz Merchán. Pero, a pesar de algunos conflictos con más resonancia mediática que calado real, supo hacerse con sus riendas y hasta convocó un Sínodo.

Su valía es reconocida por sus pares y, de hecho, lleva años desempeñando cargos de relevancia en la Conferencia episcopal. Primero, los obispos lo eligieron para dirigir la sensible comisión del Clero durante dos trienios. Es, desde hace años, miembro del Comité Ejecutivo, el máximo órgano de decisión del episcopado. Y, en las últimas elecciones episcopales fue elegido como vicepresidente de la Conferencia episcopal con 46 votos en primera votación, seguido, muy de lejos, por monseñor Asenjo, arzobispo de Sevilla, con 19.

Se le suele encasillar entre los miembros del sector conservador de la jerarquía, pero, en ese caso, se trataría de un conservador muy moderado, con excelente cintura y con una enorme capacidad de diálogo. Un conservador pasado por el tamiz del Papa Francisco, que lo llama cariñosamente “el peregrino”.

Le gusta pasear y conducir su propio coche. Es un conductor experto y rápido. También le encanta visitar a las madres de sus sacerdotes o presentarse de improviso en la casa de un cura que sabe que está pasando una mala racha. Sobre sus hombros reace, ahora, el peso de la mayor y más importante diócesis española y la tarea de poner a la Iglesia española en sintonía con la primavera de Francisco.

23 - Agosto - 2014

¿Es eso Carlos Osoro?

F. J. F. de la Cigoña

Yo no me había enterado. Y hasta diría que él tampoco. Hasta el momento, por los sitios por los que pasó, sólo ha dejado huella de obispo conservador. ¿Ha descubierto el progresismo a punto de cumplir 70 años? A mí lo de la Iglesia revolucionaria española que va a sustituir a la que tantos años encabezó Rouco dirigida por Blázquez. Osoro y Cañizares me parece una tomadura de pelo. Si eso es la revolución igual yo soy Fidel Castro sin haberme dado cuenta. O Juan José Tamayo.

Posiblemente los tres arzobispos citados sean más conservadores que el todavía, hasta el jueves, arzobispo de Madrid. Que tampoco era un progresista.

Si alguno, o los tres, se despertaran ahora con veleidades “revolucionarias” tendrían, además, que apresurarse a ponerlas en marcha porque les queda poco tiempo. E incluso ni sabemos si en ese escaso tiempo les acompañará el Papa Francisco. Otro a quien de momento la “revolución” sólo se le supone. Por algunos.

La Iglesia tiene una enorme inercia y se requieren plazos largos para que se mueva en uno u otro sentido. Véase lo que se tardó en España en sustituir al pésimo episcopado montiniano. Lo mismo ocurrirá en Argentina con el bergogliano. Y en los dias finales de cualquiera  son raras las adhesiones incondicionales no vaya a ser que el siguiente deje a alguno colgado de la brocha.

Pues si no se lo pide el cuerpo y además el cuerpo lleva a sus espaldas muchos años y le quedan pocos de ejercicio me cuesta trabajo creer lo que algunos se prometen: (EL PLURAL: “Carlos Osoro el fichaje de Francisco”).

Francisco lleva ya año y medio  de Papa y de las ilusiones de algunos toda vía rien de rien. Y ya anuncia que le quedan dos o tres en activo. Aunque no haya que creérselo pues los Papas también hacen malabarismos en ocasiones. Y si el Papa es jesuita todavía más. A Blázques le queda poco más de dos años para presentar la renuncia de Valladolid y a Osoro y Cañizares cinco y pico o seis y un par de meses para renunciar Madrid y Valencia. Antes de que lleguen a conocer sus diócesis. O mucho me equivoco u Osoro será un continuador de Rouco, con su talante personal, más próximo que el anterior, y Cañizares continuador de Osoro aunque con menos abrazos. Cosa que también se comprende por la talla física.

En estos momentos creo que no cabe esperar una revolución próxima, ni en nuestra Iglesia de España ni en la universal. Tal vez resulte como aquello de la “revolución pendiente” de nuestra patria que afortunadamente nunca llegó. Y en la que ni creían quienes la postulaban. O decían postular.

Pues aquí seguiremos con más de lo mismo, afortunadamente, con las peculiaridades personales de cada obispo. De los tres que hemos citado, uno es tan soso como su predecesor, otro mucho más extrovertido que quien le antecedió, y el tercero… un bluff. En el parto, antes del parto y después del parto. La archidiócesis está bien. Cuanto menos haga, mejor. Y cuanto menos se le vea. Cosa que siempre es poco salvo llevar lupa de muchos aumentos. Y cuanto menos mire a la cercana Murcia, también mejor Digo mejor para él  que a mí me la refanfinfla para donde mire.

Nosotros a esperar. No al jueves, que el paripé está más que cantado. Sin ira ninguna. Con verdaderos deseos de reconocer lo que hagan bien y sin el menor problema para criticar lo que nos parezca desacertado. Pero ya desde ahora adviertiendo a quienes se hayan podido hacer ilusiones que, salvo que el último nombramiento les haya enloquecido,  que lasciate ogni speranza. Y ya lo de hacer a uno de ellos papable, incluso antes de ser cardenal, parece pelín “sagerao”.

30 - Agosto - 2014

Las cosas cambian

Cayetana Guillén Cuervo

HAY movimientos que empujan piezas hacia los lados, y encajan otras que no encontraban su lugar. A veces, de forma natural. El Papa Francisco ha decidido que sea el hasta ahora prelado de Valencia, Carlos Osoro, el sustituto de Rouco Varela en el Arzobispado de Madrid, tras sus dos décadas de mandato. Rouco, tal como exige el Derecho Canónico, presentó su renuncia al cumplir 75 años. Y ahora, con 78, se ha jubilado. Y según dicen, el elegido en Roma no es precisamente lo más deseado por Rouco, que sin tener nada en contra de Osoro, sí había hecho pública su inclinación por otros candidatos. Pero el Papa Francisco, consciente de que chapoteamos en un abismo de crisis moral severa y verdadera, necesita asociar los altos cargos a seres humanos cálidos y cercanos, con credibilidad como seres humanos cálidos y cercanos. Porque si los sistemas se tambalean, hay que mover sus piezas en busca de equilibrio. De un mayor bienestar. Parece que España siempre ha sido ejemplo virulento del laicismo que acecha las buenas voluntades y que el Vaticano se ha esmerado en sacudirnos la tontería. El Papa Francisco nos cae bien. Es espejo de cambio, y el cambio, ante el dolor y la desesperanza, es analgésico, anti-inflamatorio y antipirético. Es mano de santo. Y ahí va Pablo Iglesias, con Podemos, como iba Felipe González allá por el 82. Escupiendo esperanza. Porque algo es algo. Y ha dicho Osoro, como nuevo Arzobispo de Madrid, que tiene ganas de andar a pie de calle, de mirar a los ojos, de escuchar, de saber, de intentar comprender. Y es que se trata de eso, ¿no? Que es larga y ancha la distancia entre la archidiócesis y aquella aldea africana donde el fallecido misionero enfermo de ébola, Miguel Pajares, desempeñaba su labor. Porque es larga y ancha la lista de valores que engorda o adelgaza la fe, y la política, y la manera de entenderla y de practicarla. Con báculo y mitra, camisa de flores, traje de chaqueta o camiseta de algodón, será tu corazón, y no sus telas, lo que te defina ante los demás. Lo que te haga actuar. Y parece que sí. Que, a pesar de todo, o precisamente por eso, las cosas cambian. Y que en el movimiento se cuece la esperanza de otro horizonte. Renovado. Con los mismos colores de la aurora y del atardecer, que van y vienen. Pero con otros trazos.

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