Filtración espectacular. Gregorio Peces Barba rompe con la revista para que no le vinculen a él con lo sucedido

CUADERNOS PARA EL DIÁLOGO publica el borrador de la nueva Constitución Española antes de que haya sido aprobada

HECHOS

En noviembre de 1977 la revista CUADERNOS PARA EL DIÁLOGO publicó la filtración de los primeros 39 artículos de la Constitución que estaba siendo redactada por los siete ponentes constitucionales.

En el que supone uno de los grandes “pisotones” del momento la revista CUADERNOS PARA EL DIÁLOGO que ha logrado la filtración del borrador del proyecto de Constitución que está siendo redactado por los siete ponentes designados por el Congreso: D. Miguel Herrero Rodríguez de Miñón (UCD), D. Gabriel Cisneros (UCD), D. José Pedro Pérez Llorca (UCD), D. Gregorio Peces Barba (PSOE), D. Manuel Fraga (AP), D. Jordi Sole Tura (PCE-PSUC) y D. Miquel Roca (Convergencia) y que, teóricamente, debería ser secreto hasta que finalizara la negociación. El hecho de que lo haya publicado CUADERNOS PARA EL DIÁLOGO, revista cuyo director D. Pedro Altares, está considerado afín al PSOE y de que uno de los fundadores de la publicación sea D. Gregorio Peces Barba ha hecho que se centre en este las miradas sobre quién ha podido filtrar el borrador.

REACCIONES

El PSOE niega ser responsable de la filtración:

solana_congreso “Nosotros no hemos filtrado el borrador constitucional”, ha asegurado el secretario de información del comité ejecutivo federal del PSOE, don Javier Solana. «Ni hemos estado reunidos en Sigüenza ni hemos hecho fotocopias.La reunión fue en Madrid y todos teníamos textos. Desde luego, si nosotros hubiéramos filtrado el documento, no lo habríamos hecho a CUADERNOS PARA EL DIÁLOGO. Existe un señor en la Autónoma (que precisamente no es del PSOE) que lo tiene en su poder. También lo conocen en la Generalidad y en el Episcopado; si no, preguntadle a Tarancón.»

Los otros ponentes de la Constitución

cisneros D. Gabriel Cisneros (UCD): «Ha sido lamentabilísimo que se hayan filtrado a la Prensa los primeros 39 artículos del borrador. En mi opinión no ha sido ninguno de los ponentes quien cedió el borrador a CUADERNOS PARA EL DIÁLOGO. Este hecho puede entorpecer muy gravemente los trabajos de la Ponencia y a partir de ahora vamos a estar con mayor cautela. Será difícil mantener el clima de cordialidad franca que veníamos manteniendo hasta ahora todos los ponentes.»

sole_tura D. Jordi Solé Turá (PCE-PSUC): “Me ha producido indignación la filtración, aunque en parte me lo temía. Estoy indignado, sobre todo, porque este incidente dificulta las cosas. Quedan todavía puntos importantes pendientes y la negociación de éstos no va a resultar nada fácil”.

fraga_82_86_89 D. Manuel Fraga Iribarne (AP): «Lamentamos este hecho, porque creemos que en su fase actual no puede crear mas que confusión, en el sentido de que ese documento está en primera lectura, no se ha hecho la segunda lectura, está afectado por votos particulares y, por lo tanto, creemos que es una operación de confusión. El origen está claro. El Partido Socialista ha tenido la originalidad de repartir cerca de cien copias y, naturalmente, ésas se han filtrado. Creemos, sin embargo, que el daño no es irreparable, y lo que conviene aclarar es que es un texto en bruto, que tiene que ser revisado todavía y que, además, no están los votos particulares. (…) Ya he dicho que creo que el mal no es irreparable. Pero creo que, efectivamente, no ha sido una buena cosa y, desde luego, la ética profesional periodística no ha andado tampoco muy alta en este caso.»

PECES BARBA ROMPE CON CUADERNOS PARA EL DIÁLOGO

peces_barba D. Gregorio Peces Barba ha anunciado tras la filtración que dimite como miembro de la Junta de fundadores y del Consejo de Administración de la revista CUADERNOS PARA EL DIÁLOGO. “La publicación del texto me parece una gran irresponsabilidad de CUADERNOS y causa un grave daño a los trabajos de la ponencia”.

Pedro Altares (CUADERNOS) defiende la libertad de publicarlo

zap_Altares El director de CUADERNOS PARA EL DIÁLOGO, don Pedro Altares, ha manifestado ante la dimisión del señor Peces Barba que seria lamentable para la casa perder a uno de sus fundadores, y que espera que el parlamentario reconsidere su decisión; pero acerca de la publicación de la noticia, precisa que se ha tenido muy en cuenta el artículo 23 del texto constitucional publicado, que reconoce el derecho a expresar y difundir la opinión, usando libremente la palabra, el escrito y la imagen, sin censura previa. También ha precisado que la información no procede de ningún miembro de la ponencia constitucional. Los periodistas que consiguieron la filtración fueron D. Bonifacio de la Cuadra y Dña. Soledad Gallego Díaz, que también colabroan con el diario EL PAÍS, que ha dado máxima difusión a la filtración.

 

24 - Noviembre - 1977

La Constitución y los políticos

EL PAÍS (Director: Juan Luis Cebrián)

EN LOS medios parlamentarios reina la indignación ante la filtración de los 39 primeros artículos del proyecto de Constitución. No resultaba, sin embargo, difícil prever que ese «pacto de silencio» terminaría, más temprano que tarde, por ser roto. Son demasiadas las personas -miembros de la ponencia, parlamentarios y dirigentes de partidos- que han tenido acceso a ese material. Y si la indiscreción y frivolidad no fueran -como resulta probable- explicaciones suficientes para explicar la filtración, siempre cabe avanzar otras hipótesis: por ejemplo, el temor de algunos congresistas de que las dos lecturas que aún tiene que hacer la ponencia trajeran consigo modificaciones sustanciales como consecuencia de la presión ejercida por las direcciones de los partidos sobre sus representantes en la comisión.En ocasiones anteriores hemos advertido contra los peligros de una campaña de desprestigio y desvaloración del Parlamento. Hay un movimiento iniciado contra las instituciones representativas elegidas por sufragio universal el pasado 15 de junio. A medida que la crisis económica haga sentir sus consecuencias sobre los niveles de vida y empleo, la falacia de emparejar democracia y descenso de la capacidad adquisitiva, y de casar al autoritarismo con la prosperidad, adquirirá mayor resonancia y afilará su fuerza de convicción. A los demócratas corresponde el deber de defender el incipiente sistema pluralista mediante el esclarecimiento de las causas de la situación económica actual y la valoración positiva de los derechos cívicos y las libertades recién conquistadas. Y los primeros que deben cumplir con ese deber son, precisamente, los parlamentarios.

Desgraciadamente, durante los cuatro meses de actividad del Congreso y el Senado, los representantes de la soberanía popular no han estado siempre a la altura que las circunstancias y el mandato de los electores exigen. La publicación de los 39 primeros artículos del borrador de la futura Constitución es una prueba más de que nuestros parlamentarios oscilan entre la nostalgia de las Cortesorgánicas y las costumbres adquiridas en las tertulias conspirativas de café.

Ya fue grave la decisión -por lo demás, imposible de aplicar, como han demostrado los hechos- de transformar la ponencia constitucional en un cenáculo con un juramento de silencio. También es preocupante que el calendario de trabajos aplace probablemente hasta el otoño próximo el referéndum para la aprobación de la Constitución; porque todavía quedan dos lecturas en la ponencia del silencio (que entretendrá a los conjurados dos o tres semanas), el trámite de las enmiendas y los debates en la comisión del Congreso (que ocuparán el primer trimestre de 1978), la discusión en el Pleno del Congreso (que fácilmente durará un mes) y la melancólica repetición en el Senado de los mismos trámites (que llevarán hasta comienzos de verano los trabajos).

Pero resulta todavía más alarmante que esos artículos filtrados a la prensa confirman los temores de que nuestros parlamentarios han sido atacados por la enfermedad corporativa típica de las instituciones representativas que comienzan su decadencia antes, incluso, de haber llegado a la infancia: la aberrante creencia de que la vida democrática consiste tan sólo en elegir a diputados y senadores para que éstos, luego, se constituyan en un universo autárquico, separado de los electores y cerrado a cualquier ayuda o asesoramiento.

Ya la aprobación del Reglamento del Congreso fue una señal de alarma sobre la deficiente preparación técnico-jurídica de nuestros legisladores. Ahora, el borrador de proyecto constitucional pone todavía más de relieve ese bajo nivel teórico, pele a que en la ponencia figuren dos catedráticos de Derecho Constitucional. Sin sentidos tales como el incluido en el artículo 1 («La soberanía reside en el pueblo, que la ejerce, de acuerdo con la Constitución.») o peticiones de principio como el rechazo de «los casos de abuso y desviación de poder» (artículo 13), navegan en un mar de imprecisiones técnicas y prosa burocrática. No se trata, por supuesto, de pedir originalidad o genialidad a la futura Constitución; pero sí se pueden exigir los niveles de decoro y rigor apetecidos.

La historia constitucional de las dos posguerras europeas abunda en ejemplos de textos constitucionales; redactados por profesores y expertos sin filiación partidaria, a quienes se encomendaba la tarea de fijar por escrito, de manera clara, rigurosa y coherente, los acuerdos de principio a que habían llegado los políticos. Los borradores pergeñados por la ponencia pueden tomarse como un acuerdo -satisfactorio- de base entre los partidos; pero si no son entregados a los técnicos en Derecho que puedan convertirlos en un texto preciso y congruente, la ley fundamental de nuestra convivencia será un verdadero adefesio, carente de viabilidad práctica.

En cuanto a la historieta del secreto desvelado, sugeriríamos a los parlamentarios que se ocuparan menos de descubrir a los malvados autores de la fechoría que de rectificar el error de base que ha dado lugar a la incidencia. Porque si una Constitución no la pueden redactar los políticos (aunque sea su misión llegar a los acuerdos sobre la que trabajen los técnicos), todavía menos pueden elaborarla en las sombras de los despachos y a espaldas de los ciudadanos. La defensa de la democracia y de las instituciones parlamentarias empieza precisamente por la incorporación a la vida política de todos los españoles, por la participación generalizada en las tareas de la actividad ciudadana, por la voluntad de congresistas y sena dores de escuchar las voces de los electores y mantenerles informados de su actuación. Sobre todo cuando lo que anda en juego es algo de tanta trascendencia para el futuro de nuestro país como la Constitución.

23 - Noviembre - 1977

La Constitución al Descubierto

Abel Hernández

La filtración del texto constitucional, según los responsables, ha ocurrido en el momento más inoportuno. El martes que viene se iban a reunir en un lugar apartado los siete ponentes para intentar codificar las discrepancias. Ahora, las discrepancias pueden aumentar de forma considerable y el consenso necesario puede estar más lejano. Si la revelación hubiera ocurrido después de la segunda lectura, el hecho habría tenido menor importancia. Menos mal que todavía no se ha dado a conocer el apartado sobre autonomías. Es probable que el señor Boca (catalán) tuviera que abandonar la ponencia. Es sólo un ejemplo: El señor Peces Barba, del P.S.O.E., también ha quedado en una posición desairada.

Efectivamente, como no podía ser por menos, no se trata de una Constitución socialista. Se ha roto el secreto. «Cuadernos para el Diálogo» ha obtenido un éxito informativo resonante. No son los periódicos los que tienen que guardar el secreto. La obligación de la Prensa es informar con la máxima objetividad. Desde el punto de vista informativo hay que felicitar a «Cuadernos». ¿Quién ha quebrado el compromiso de silencio? Parece seguro que, directamente, ninguno de los siete ponentes, que están literalmente indignados por el hecho. Ninguno de ellos es un irresponsable. El socialista Peces Barba ha roto inmediatamente sus vinculaciones con «Cuadernos» para que no recaiga sobre él ninguna sospecha. Las sospechas apuntan en dos direcciones: algún funcionario de las Cortes o alguien de la comisión del P.S.O.E. que se reunió este fin de semana en Madrid para estudiar el borrador de la Constitución. Parece que este partido repartió un centenar de fotocopias, según insinúa el señor Fraga. Pero todo son cábalas.

La pregunta que se hacen esta mañana los observadores es: ¿Para qué ha servido tanto secreto? ¿Era necesaria tan exquisita discreción? ¿Quién podía soñar con que no se filtrara el texto cuando empezaran a discutirlo los partidos? ¿No convenía abrir las ventanas? Parece que en vez de tanto lamento -seguramente  justificado-, los «siete magníficos» deberían acelerar su reunión, sin esperar al martes, y ponerse inmediatamente de acuerdo en las discrepancias. Aprobado el borrador en segunda lectura antes de que haya nuevas revelaciones, se evitarían males mayores. Por lo visto, es cierto que las consecuencias del pisotón pueden afectar a la misma convivencia democrática. Hay que evitar a toda costa que la filtración se convierta en un torpedo contra la Constitución por consenso. Su aspecto positivo es la clarificación.

Sea como sea, el debate constitucional se ha abierto. El discurso medido del cardenal Enrique y Tarancón en la apertura de la asamblea de los obispos contribuye también a esta clarificación. No hay marcha atrás del Episcopado, como algunos han interpretado precipitadamente. Es un hecho real que la mayor parte de los españoles son católicos. La Constitución debe tener en cuenta esta realidad si no se pretende que quede escrita sobre la arena. La Iglesia, lógicamente, ataca. Y hace bien. No es imaginable una Constitución confesional, pero tampoco una Constitución socialista.

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