Se salvan los depósitos pero los accionistas lo pierden todo

Destrucción del Banco Popular: Ante su inminente quiebra es vendido al Banco Santander por 1 euro

HECHOS

El 7.06.2017 se hizo pública la adquisición del Banco Popular por el Banco Santander por un euro.

07 - Junio - 2017

Salvación por vía de urgencia

EL PAÍS (Director: Antonio Caño)

La compra del Popular por el Santander es la solución más razonable en una situación al borde del colapso

La venta del Banco Popular al Banco Santander por un euro y el compromiso de la entidad compradora de ampliar capital por un importe de 7.000 millones es, si no la mejor de las soluciones posibles para evitar el colapso del banco, sí la más razonable de las que se podían tomar dadas las penosas circunstancias por las que estaba atravesando la entidad. Era necesario actuar con celeridad extrema, porque así lo aconsejaba el riesgo de falta de liquidez del Popular; había que encontrar una solución que excluyera la obligación de aportar dinero público; y, por añadidura, era obligado sortear la resistencia de varias entidades a aceptar el problema del Popular. En líneas generales, los objetivos se han cumplido con holgura.

Viene a cuento recordar que esta operación es la primera que realiza el Mecanismo Único de Resolución europeo (SRB) y que, una vez que ha dispuesto de la información detallada sobre la situación del Popular, la ha ejecutado con rapidez y contundencia. Y es pertinente porque se trata de una institución europea, con lo cual cabe descartar razonablemente la parcialidad o la connivencia de intereses. Nadie podrá dudar de entrada de que el Santander fue la oferta mejor. La banca europea debería tomar nota del precedente. Para el Santander es una operación prometedora. No solo porque con la compra se convierte en la primera entidad española, con gran diferencia, sino porque el Popular, depurado de los activos inmobiliarios dudosos y tras la ampliación de capital —que no pudo conseguir en solitario— se convertirá en una fuente de negocio muy rentable.

Ahora bien, quedan detalles importantes por explicar que tienen que ser aclarados con mayor profundidad. El primero, la ausencia de un concurso público, justificado seguramente por el deterioro profundo de la entidad. El segundo, más importante, la gestión del banco durante los últimos meses. Tampoco se entiende el rodeo que dio el rescate bancario español en torno al Popular, sin mancharlo ni tocarlo; si se le hubiese aplicado también quizá no se hubiese tenido un banco español tendido en la lona durante semanas, con una hemorragia continua de valor en Bolsa.

Hay que recordar, además, que la compra del Popular tendrá secuelas inevitables. Poner el valor del banco a cero implica aceptar que habrá probablemente muchos litigios.

08 - Junio - 2017

Rescate con éxito del Popular tras una gestión muy deficiente

EL MUNDO (Director: Francisco Rosell)

Con la adquisición del Banco Popular por el Santander, España ha inaugurado la única pata del nuevo modelo de control del sistema financiero europeo nacido en la última crisis que no se había estrenado todavía: el Mecanismo Único de Resolución (MUR). Es el organismo encargado de garantizar el «final ordenado» de un banco que pasa por dificultades sin que cueste un euro a los contribuyentes. Así ha sido. La situación del Popular se había hecho inaguantable por la deficiente gestión del equipo anterior, capitaneado por Ángel Ron. El banco presidido porEmilio Saracho desde el pasado mes de diciembre había perdido más de un 60% de su valor en Bolsa en las últimas semanas y la retirada de los clientes amenazaba su estabilidad.

La constatación “de una falta de liquidez” de la entidad “ha forzado los tiempos”, dijo ayer Elke König, responsable del MUR. El resultado ha sido que el Banco Popular ha pasado a la historia. El Santander lo ha comprado por un euro. Para digerir la operación, tendrá que ampliar capital por 7.000 millones de euros con el fin de adecuar sus niveles de solvencia al nuevo tamaño y a la calidad de los activos comprados.

Hay que preguntarse por qué se ha llegado a esta situación si, como el Gobierno había repetido tras la crisis de las cajas de ahorros, el sistema financiero estaba saneado. El Popular había pasado hace un año con holgura los test de estrés europeos y ahora presenta un déficit de provisiones de entre 2.000 y 8.000 millones de euros al que tendrá que hacer frente el Santander. Se demuestra de nuevo que estas pruebas de esfuerzo no sirven para su función: que el mercado conozca el estado real de una entidad. Mal asunto cuando los que fallan son los organismos de supervisión.

Pero estos graves problemas del Popular se comenzaron a fraguar por unas malas inversiones en activos inmobiliarios en la etapa de Ron, fundamentalmente créditos hipotecarios a promotores. El pinchazo del mercado devaluó las garantías que sustentaban los préstamos. En total, el banco contaba en el momento de su venta con unos 37.000 millones en activos problemáticos. Más adelante, el Popular tuvo que digerir la compra del Banco Pastor sin ninguna ayuda pública.Una carga demasiado pesada para llevarla en solitario, como se fue demostrando cuando la entidad no pudo afrontar las nuevas exigencias regulatorias de los ratios de solvencia. El resultado de aquellos errores es que los 300.000 accionistas del banco han perdido toda su inversión. Algunas asociaciones de minoritarios se empezaron a mover ayer con el fin de presentar demandas contra los últimos equipos gestores, especialmente por no revelar el verdadero estado de la entidad al realizar la última ampliación de capital hace un año.

En el otro lado de la balanza hay que considerar que el nuevo modelo de rescate ha funcionado correctamente. El sistema financiero español ha sido capaz de asumir la disolución del sexto banco del país sin más daño que el ocasionado a sus accionistas y sin que afecte al riesgo soberano. No ha habido pánico en el mercado ni problemas con los clientes del Popular, que ahora pasan sin solución de continuidad a serlo del Santander. Es un éxito, pues, de los mecanismos creados para reducir al máximo los daños en estas crisis.

El otro protagonista de esta operación es el Santander, que se ha convertido en el banco más grande de España por activos, con unos 465.000 millones de euros, casi la mitad del PIB nacional. Las acciones del banco presidido por Ana Botín apenas bajaron ayer, pero el tiempo dirá qué efecto tiene en la cotización esa macroampliación de 7. 000 millones. Es cierto que gana negocio en lo que el Banco Popular era especialista, la banca de particulares y de pequeñas y medianas empresas, pero también lo es que en España, con los tipos a cero, esta actividad no deja apenas márgenes.

Además, el banco tendrá que hacer frente a la elevada exposición al riesgo inmobiliario que le aporta la adquisición. Pero no podemos ocultar que el Santander ha contribuido “a la estabilidad del sistema financiero español”, como dijo ayer Botín. Una cooperación que será tenida en cuenta por las autoridades españolas y europeas.

Luis de Guindos, mostró ayer la satisfacción del Gobierno tras la operación. Tiene razón. El sistema financiero español ha soportado con nota la caída del sexto banco del país. El BCE también tiene que estar satisfecho, a la espera de la banca italiana. Porque en ese país no tienen un Santander que salga en auxilio de las entidades problemáticas.

08 - Junio - 2017

El deficiente papel de los reguladores

ABC (Director: Bieito Rubido)

Es evidente que las autoridades españolas deberían haber custodiado mejor la lenta agonía del banco. La decisión ayer tomada era la única salida a una gestión ineficiente

El Banco Santander se adjudicó ayer el Popular por la cantidad simbólica de un euro tras la decisión de las autoridades comunitarias de intervenir la entidad ante el riesgo inminente de quiebra, lo cual vuelve a poner en duda la eficacia y diligencia de los reguladores, tanto españoles como europeos, para analizar de forma conveniente y fidedigna la fortaleza real de las entidades financieras. Tras el histórico desplome que sufrió en Bolsa durante las últimas jornadas, donde llegó a perder más de la mitad de su valor, y en medio de una grave incertidumbre acerca de su futuro, que se tradujo en una intensa retirada de depósitos, la Junta Única de Resolución europea, encargada de resolver la situación de los bancos en crisis, decidió su intervención y posterior venta con el fin de proteger a los depositantes y garantizar la estabilidad del sistema financiero. Sin embargo, cabe preguntarse cómo es posible que los reguladores no hubieran detectado antes los graves problemas de liquidez y solvencia que atravesaba el Popular para actuar en consecuencia y evitar esta drástica salida.

La resolución de la entidad se precipitó después de que el Banco Central Europeo (BCE) aflorara un agujero de entre 2.000 y 8.000 millones de euros en función de las diferentes estimaciones, cuya cuantía hacía inviable la continuación del Popular en solitario, ya que la falta de liquidez le impediría abrir sus oficinas un solo día más. Pero este crítico diagnóstico contrasta con las pruebas que realizó la Autoridad Bancaria Europea el pasado año, donde el Popular superaba el nivel mínimo de solvencia que exigía el regulador comunitario ante el peor escenario posible. Y ello sin contar la ampliación de capital que protagonizó el banco a mediados de 2016 por valor de 2.500 millones de euros para reforzar su balance, superando así con nota el examen del regulador europeo.

Lo mismo cabe decir de los supervisores nacionales, puesto que tanto el Ministerio de Economía como el Banco de España y la CNMV tendrían que haber actuado con mayor eficacia para solventar la incertidumbre bursátil y la creciente crisis de confianza que han minado la viabilidad del Popular. Es evidente que los controles previos han fallado y que las autoridades españolas deberían haber custodiado mejor la lenta agonía del banco. La credibilidad de los reguladores vuelve a quedar en entredicho. Por desgracia, la única salida que le quedaba al Popular tras la sentencia del BCE era su intervención, con las consiguientes pérdidas para accionistas y tenedores de deuda. Su venta y saneamiento por parte del Santander garantiza la tranquilidad de los depositantes y la estabilidad del sistema financiero, sin necesidad de inyectar dinero público, pero la principal tarea del regulador es prevenir que se llegue a este extremo.

08 - Junio - 2017

El verdadero coste de la operación

Juan Ramón Rallo

Adiós a Banco Popular. Tras meses de incertidumbres, ayer finalmente saltó la liebre: Banco Santander se quedará con la madrileña a cambio de un euro. Al poco de desvelarse los detalles de la operación, buena parte de la izquierda política se rasgó las vestiduras: ¿cómo es posible que alguien pueda comprar un banco como el Popular por apenas un euro? El bajo precio parecía indicar una especie de contubernio político-económico a favor del Santander. En realidad, el precio que se está pagando puede que peque de alto.

¿Qué ha sucedido con el Popular?

Banco Popular ha sido desde hace años uno de los eslabones más débiles del sistema financiero español. Su exposición tóxica al ladrillo ascendía en 2012 –última auditoría detallada disponible– a unas pérdidas potenciales de más de 13.000 millones de euros. El problema con los agujeros financieros de los bancos es que son susceptibles de mantenerse ocultos mucho tiempo en sus balances: los créditos morosos pueden refinanciarse sine die para no reconocer su más que probable impago; y los activos adjudicados –inmuebles, promociones o suelo– pueden valorarse a precios irreales para no asumir las minusvalías latentes. Esto último es lo que había estado haciendo el Popular: evitar que sus pérdidas afloraran para no reconocer su auténtica situación de debilidad. Pero, al final, la basura termina aflorando. Siempre.

¿Qué alternativas tenía?

Después de que Emilio Saracho levantara hace unos meses las alfombras del Popular y reconociera su situación crítica, sólo quedaban tres alternativas: una, vender el banco a otra entidad financiera que se hiciera cargo del agujero; dos, un rescate público a costa del contribuyente; tres, trasladarles el agujero a los acreedores. Claramente, la solución más cómoda para el Gobierno y para los acreedores privados era la primera: y ésa ha sido la que finalmente ha terminado produciéndose. El Santander ha acudido al rescate y será el encargado de digerir el boquete financiero del Popular.

¿Qué ha hecho Banco Santander?

El Santander ha comprado Banco Popular a cambio de un euro. Aparentemente, se trata de un precio muy bajo, pero estamos olvidando que, al adquirirlo, también está aceptando hacerse cargo de las deudas del Popular. He ahí el verdadero coste que tendrá esta operación para el banco de Ana Botín: pagar la totalidad de las deudas a partir de unos activos que valen mucho menos de lo que se decía que valían. Ayer mismo, el Santander estimaba que las pérdidas potenciales de los activos rondaban los 8.000 millones. Para hacer frente a tan ingente suma, anunció que efectuaría una ampliación de capital de 7.000 millones. Ése es el auténtico coste de la operación, no el euro pagado.

¿Le saldrán las cuentas?

De momento, es muy difícil estimar si el Santander obtendrá beneficios con esta operación, aunque prima facie se antoja bastante complicado: la anunciada ampliación de capital de 7.000 millones diluirá la participación de los actuales accionistas del Santander, de manera que sólo saldrán ganando si la integración de ambas entidades genera réditos adicionales que permitan mantener sosteniblemente la actual remuneración que reciben. En caso contrario, serán los accionistas quienes pagarán el coste de los platos rotos. La ventaja de que sean los accionistas del Santander quienes carguen con el agujero del Popular es que, tal como manifestó ayer el ministro De Guindos, no cargarán con él los contribuyentes. Sin embargo, hay que tener mucho cuidado: no es infrecuente que los gobiernos occidentales terminen pagando los favores recibidos mediante diversas tipos de prebendas no necesariamente monetarias. Si esta operación se ha desarrollado por motivos exclusivamente económicos, bienvenida sea; si, en cambio, hay algún tipo de contraprestación política que de momento no conocemos, más nos habría valido que los acreedores del Popular soportaran todas sus pérdidas y que el Santander no acudiera al rescate. Habrá que estar vigilantes.

08 - Junio - 2017

Así cayó el Popular: pedía ayuda diaria de emergencia como Grecia

Carlos Segovia

Nadie lo hizo público, pero el Banco Popular pidió confidencialmente el lunes 5 la excepcional Provisión de Liquidez de Emergencia (ELA, por sus siglas en inglés) del Banco Central Europeo. Se trata del mecanismo extraordinario del BCE para dar liquidez a quien no la puede obtener por medios convencionales y que, en este caso gestionada por el Banco de España, ha dado oxígeno en secreto al Popu. La banca en la Grecia de Alexis Tsipras vivió durante semanas de la ELA en julio de 2015 hasta que se sometió a la Troika.

Llegó el martes y el banco que aún presidía entonces Emilio Saracho tuvo que recurrir otra vez a la ELA en lo que ya se veía que iba a ser la tónica diaria. Fundirla en horas para atender los miles de millones diarios de fuga de depósitos. Sin ELA, el Popular ya no podía abrir sus sucursales el miércoles en un espectáculo inadmisible en la cuarta economía del euro. Por eso, a las 15 horas del martes, el BCE activó el mecanismo para expropiar a los accionistas y tenedores de deuda subordinada declarando al Popular ya inviable -fail or likely to fail- y el fondo estatal Frob empezó a ejecutar la subasta.

La presidenta del Santander, Ana Patricia Botín, estaba lista para la puja. De hecho, días antes, el Santander se había retirado del proceso de venta del Popular iniciado por Saracho. ¿Para qué comprar por 2.000 millones, lo que, esperando unos días, costaría un euro? En el proceso de venta privada, el Santander se retiró, pero en el de resolución tras la intervención europea, presentó la oferta que Gobierno, Banco de España y BCE deseaban: asegurar la liquidez para que el Popular siguiera actuando normalmente y asumiendo el agujero sin necesidad de dinero público.

Con esta vía España ha tenido que pasar el bochorno de estrenar el mecanismo de resolución europeo para intervenir bancos en apuros, pero se ha ahorrado dinero público. Tal como está la banca italiana o chipriota es increíble que sea España quien lo empiece, lo que muestra que la crisis financiera no ha terminado en nuestro país por mucho que se predique desde el Gobierno. Y esta vez no se trata de las politizadas cajas de ahorros.

También es cierto que el Ejecutivo podría haber intentado una ficción como la del Gobierno italiano, que avala los bonos de Monte dei Paschi para que tenga liquidez a falta de comprador.

«Luis de Guindos le ha echado cojones», resume un importante banquero involucrado en el proceso. El ministro ha asumido el riesgo de dar la nota en Europa, pero el resultado ayer era positivo. La prima de riesgo de España no se resentía e incluso mejoraba con respecto a la italiana. De Guindos coincidió el fin de semana en el club Bilderberg en Chantilly, a 40 kilómetros de Washington, con Ana Botín; aunque ésta niega presiones del ministro.

Cuando Botín viajó a EEUU tenía ya preparada la oferta y ordenó el martes acudir con fuerza a la puja y asegurar una ampliación de capital de 7.000 millones para digerir el deteriorado banco. Mostraba el instinto agresivo de su padre, pero con una diferencia: «En esta fusión no podemos perder clientes», ordenó a sus subordinados. La presidenta no quiere que ocurra como en las fusiones del pasado en que se dejaba ir a la clientela del absorbido. Prioridad: que se queden.

La banquera durmió poco ayer, porque a las cuatro de la mañana fue informada de que el Santander había ganado la adjudicación. Tampoco era difícil, porque su gran rival, el presidente del BBVA, Francisco González, no quiso participar. «Nuestro proyecto es transformar el banco en una empresa digital y, por ello, cuando estudiamos bancos físicos como Popular somos extraordinariamente exigentes en términos de valoración», dijo ayer en misil a Botín y en sabotaje a la competición entre ambos bancos que quería Guindos.

Quedan ahora escándalos por aclarar como el de la pésima supervisión europea y española del Popular, cuándo éste aprobó las pruebas de estrés hace un año.

by BeHappy Co.