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Los fans critican que se haya usado los nombres de un anime y unos personajes para vender una película que no guardaba ninguna relación con aquellas obras

‘Dragon Ball Evolution’, la adaptación al cine de la popular serie de anime ‘Bola de Dragón’ de la Fox desata la indignación de seguidores

HECHOS

En abril de 2009 se estrenó la película ‘Dragon Ball Evolution’ de la 20º Century Fox.

07 - Abril - 2009

Para quienes nunca hayan oído hablar de Akira Toriyama

Jordi Costa

En uno de esos memes que circulan por internet, la escena de ‘El hundimiento’ (2004) en la que Hitler estalla de ira ante la asunción de su derrota ha sido reciclada para usos diversos: en uno de los vídeos, el subtitulado cómico remite al mosqueo generalizado por las licencias que ‘Dragonball Evolution’ iba a tomarse con respecto a la obra original de Akira Toriyama. Es uno de esos chistes cargados de mala baba, que coloca en su diana el fundamentalismo de los fans en una era en que el control colectivo de las ficciones es algo más que una posibilidad (y el reciente caso de ‘Watchmen’ lo demuestra). Resulta estimulante pensar en ‘Dragonball Evolution’ como en un atentado frontal a ese estado de la cuestión: es, ni más ni menos, que la tergiversación made in Hollywood que hace no tanto tiempo era moneda corriente, una devaluación frivolizada y espectacular de unas fuentes que ya eran frívolas y espectaculares, pero que muchos consideran seña de identidad generacional (y, que, por supuesto, tenían mucho más nervio y gracia).

El problema de ‘Dragonball Evolution’ no es que se pase su modelo más o menos por el forro, sino que la operación tiene alarmantes carencias de carisma. Que alguien tan interesante como Stephen Chow esté implicado en la producción resulta tan doloroso como el hecho de que las películas de Chow no lleguen a nuestro mercado más que como anomalía aberrantemente doblada (recuerden ‘Kung Fusión’). Jibarización teenager y orgullosamente idiota de una obra que era pura flexibilidad entre lo cómico y lo épico, ‘Dragonball Evolution’ no es una afrenta premeditada, sino, tan sólo, una lectura muy poco imaginativa de una obra que, tanto en formato manga como en su versión anime, supuso para muchos todo un discurso de iniciación a la imaginación libérrima, sexualizada e hiperbólica de una cultura popular nipona que se apropiaba del imaginario chino para mutarlo.

07 - Abril - 2009

“Dragonball: Evolution”. Evolución… ¿hacia dónde?

José Arce

Ni aferrándose a la piedad del palco para acoger este subproducto como comedia involuntaria encontrarían sus responsables una razón suficiente para justificarse. Tildar este film de innecesario es, de largo, lo más generoso que puede definirlo.

Nada ni nadie está a salvo de ser adaptado por la feroz maquinaria de Hollywood. La avidez devoradora de las majors no conoce límites, de suerte que todo es transformable en imágenes con vistas a generar pretendidos taquillazos que abran la puerta a rentables sagas cinematográficas. Y a renglón seguido de las polémicas generadas por la fallida visión de Zack Snyder de los “Watchmen” de Alan Moore y Dave Gibbons, desembarca en pantalla grande otro tótem, esta vez surgido de la mente de Akira Toriyama, cuya vastísima legión de incondicionales no podrá sino tirarse de los pelos ante el resultado fílmico de su seminal creación.

Goku (Justin Chatwin) es un chico de lo más normal, enamorado de la chica más guapa de su instituto (Jamie Chung) y humillado permanentemente por los tarugos más populares del colegio. Pero tiene un secreto: en realidad es un maestro de las artes marciales adiestrado por su abuelo, Gohan (Randall Duk Kim), adoctrinado en técnicas milenarias que se convertirán en su principal herramienta para luchar contra la amenaza de Piccolo (James Marsters), diabólico personaje que regresa de su letargo para dominar el universo. Es indudable que a la hora de plasmar en fotogramas un cómic, un libro, una obra de teatro o una serie de animación hay que realizar cambios para adaptar los distintos lenguajes del referente al del séptimo arte. Sin embargo, los responsables de “Dragonball: Evolution” no han sabido, no han podido o no han querido prestar la más mínima atención a la fuente originaria, para desgracia de los conocedores de tan alabado material. Uno de los más desastrosos procesos de casting de la historia reciente colocan a un absurdo Justin Chatwin en el papel central, secundado por un elenco inverosímil, pueril y rayano en lo ridículo de manera permanente, desde el pobre Chow Yun Fat hasta el villano de la función, un James Marsters más digno de una producción de serie Z que de una propuesta destinada a estrenarse en salas comerciales.

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A pesar de que ciertas secuencias de acción están bien planificadas y presentadas, el vacío argumental y narrativo provoca no ya el hastío, sino la tirria más absoluta hacia este horror por parte de un palco deseoso de que todo termine y pueda olvidar este despropósito inmisericorde. Ni enfocando su visionado como una comedia involuntaria podemos hallar un refugio para escapar de la desazón que provoca la absoluta inutilidad de James Wong a la hora de buscar el favor del público; la gigantesca tomadura de pelo arranca ya con el mismo título ─presenciamos más bien la regresión de “Bola de Dragón”, porque no se puede estar más lejos de la evolución del clásico─ y prosigue planteando un mundo ¿paralelo? ¿alternativo? ¿imaginado? en el que conviven las más modernas tecnologías automovilísticas con la cotidianeidad de los Peugeot 206, Renault Mégane o Seat León, los prodigios de la magia y la fantasía con el encorsetado y artificial petardeo de la vida estudiantil norteamericana ─con sus fraternidades y sus infinitos clichés, falsos como la vida misma─, la existencia espiritual con las materiales maravillas de la medicina curativa/milagrosa (atención a la “sorpresa” tras los créditos finales)… una broma de mal gusto, en definitiva, que no se salva ni como triste episodio piloto de un subproducto destinado a la pequeña pantalla.

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Por supuesto, no debe ser tomado en serio por expertos ni neófitos, y mucho menos por los responsables de su financiación, que debieran haber roto los cheques ante la simple visión de un guión tan zafio, cutre, que linda incluso con lo cerril en sus diálogos ─«que me llame Chi Chi no quiere decir que sea estúpida»─ e incluso en su vestuario ─¿quién ha dado el visto bueno al aspecto de Ernie Hudson? ¿qué chica lleva hoy en día, en este o cualquier planeta, extensiones de colores? ¿quién le ha dado esas camisas a Chow Yun Fat? ¿y la armadura de Piccolo, fornida independientemente de su ocupante?─. Mal, muy mal.

21 - Abril - 2009

'Dragonball Evolution', un desastre

Juan Luis Caviaro

Posiblemente, la película más desastrosa que hay ahora mismo en la cartelera. Empecemos por ahí. Por donde hay que empezar a la hora de hablar de ‘Dragonball Evolution’ (2009), que como todos sabéis, se estrenó en España (y en otros países) el pasado 8 de abril. Seguro que habréis visto el cartel, en el cine o en las calles. Todo lo que hay de adaptación en esta película queda patente ya en el póster promocional. Podríamos decir que sólo se mantienen el título y los nombres de los personajes, casi todo lo demás ha sido, por decirlo amablemente, “reinterpretado”. Contando con eso, que no tiene nada que ver con lo que, en teoría, está adaptando, ¿qué tal como película? Bueno, sólo me viene a la cabeza un adjetivo: patético. Es una película tan mal hecha que su visionado se hace eterno, y apenas llega a los 80 minutos de duración.

Desde que se anunció que en Hollywood se estaba preparando una película sobre ‘Dragon Ball’, saltaron las alarmas, y las risas. Los fans de la serie de dibujos y del manga, que son muchos y ruidosos, se mostraron en general preocupados, mientras que los que no eran fans (o dejaron de serlo hace tiempo) se tomaron a broma que algo así pudiera realizarse realmente. Ambos grupos, con puntos de vista muy diferentes, se ponían de acuerdo en algo: era complicado hacer una buena película de la obra de Akira Toriyama. A esto había que sumar que el estudio responsable de la tarea era la odiada 20th Century Fox, la misma que está detrás de otra de las cosas más lamentables que nos ha llegado últimamente, ‘Street Fighter: La leyenda’ (también hablaremos de ella próximamente).

Es curioso porque, en cierto modo, todo esto recuerda a lo que ocurrió con ‘Watchmen’. Ambos proyectos levantaron una gran expectación desde el inicio, desde el anuncio de su desarrollo, resultando finalmente que el producto estrenado no logró satisfacer al público ni tampoco reventar las taquillas, como se esperaba en los despachos de quienes manejan este negocio (tampoco en los de quienes hicimos previsiones). Pero ahí acaban las similitudes, desde luego, porque mientras los avances de ‘Dragonball Evolution’ iban asustando y desvelando un producto rancio, los de la película de Zack Snyder no hacían más que aumentar las expectativas. Y en cuanto a lo cinematográfico, sería como comparar ‘Supersalidos’ con ‘El gran dictador’.

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Dice James Wong, el director de este descalabro, que cuando le ofrecieron el proyecto, no sabía casi nada de la obra de Akira Toriyama. Reconoce que “lo que sabía era por mis hijos, que veían ‘Dragon Ball Z’ en el canal de dibujos animados, así que en realidad no sabía prácticamente nada”. No tienes que jurarlo, James, se nota. Es imposible no comentar esta película sin destacar lo poquísimo que se parece a ‘Bola de dragón’. Cualquiera que haya visto un par de episodios o leído algunos de los cómics, se da cuenta enseguida que ‘Dragonball Evolution’ es un desastre como adaptación. Al parecer, en una primera versión del guión de Ben Ramsey (a quien hay que juzgar con relativa dureza, pues no deja de ser un encargo y no sabemos cuánto es suyo realmente), entre otras cosas, había un animal que hablaba. Y eso no le encajaba al director: “La intención era sentar las bases para que los no aficionados pudieran adentrarse en este mundo, ese animal hubiera sido demasiado cambio”.

Y uno se pregunta el porqué. ¿Por qué compran los derechos y luego hacen algo así, tan alejado del producto original? El dinero, claro, puede ser la respuesta. Pensaron que la marca ‘Dragonball’ vendería y punto. Que una historia cualquiera valdría, que con tomar los nombres y algunas situaciones, bastaba. Para qué invertir en talento y tiempo, si da igual. En mi opinión, el dinero no puede ser la razón principal, porque hay demasiados cambios y no todos tienen que ver con el presupuesto, sino más bien con una idea errónea de lo que iba a funcionar y lo que no, como lo del animal parlante (ni que fuera la primera vez que íbamos a ver eso). Además, tampoco tuvieron un presupuesto tan limitado, según Wong contaron con 50 millones de dólares. No me parece poco, es más, no sé en qué lo gastaron, viendo la pobre factura de la película. ¿En el sueldo de los actores? Lo dudo mucho.

El propio Toriyama reveló que se quedó pasmado cuando le mostraron el guión y los diseños de los personajes. No era para menos, pero, pasado el susto, el mismo creador del universo de ‘Dragon Ball’ pidió confianza y comprensión en la producción cinematográfica; confianza en los profesionales que estaban llevándola a cabo y comprensión en el sentido de que esta película era lo que decía más arriba, una nueva interpretación de la historia y los personajes, otra “cosa”. Hasta ahí estupendo. Es lógico además, ya decíamos que era imposible ser fiel a la obra original (muy rápido lo decimos, ¿seguro que no?), y no está nada mal que se intente introducir elementos nuevos o cambiar lo que no encaje en un guión de cine. Estupendo. Además, si la idea era que la película funcionase para todo tipo de público, es necesario que para entender la película no se requiera haber visto o leído nada sobre Goku y compañía.

Bueno, desde luego, todo ser vivo va a entender la trama de ‘Dragonball Evolution’. Hasta los recién nacidos. Se ha simplificado tanto que el resultado es cuanto menos ridículo. No es sólo que los personajes parezcan tontos, es que hasta repiten las mismas frases, varias veces a lo largo de la película. Perdí la cuenta de las ocasiones en que dijeron lo de tener “fe en uno mismo”. Aparte de eso, los diálogos pueden dividirse fácilmente entre “frases tópicas” y “frases sin sentido”. Del último tipo, entre otras, destacaría “Que me llame Chi-Chi no significa que sea estúpida” y “Ahora lo entiendo, para ser yo mismo debo ser dos”. No creáis que he seleccionado con dificultad, si a pesar de todos los avisos aún tenéis pensado ir a ver la película, preparad la libreta o la grabadora, os vais a cansar de apuntar diálogos patéticos.

En cuanto a la trama, buf… A ver, sin desvelar nada importante, os cuento. Tenemos a Goku, que es el protagonista. Es el típico adolescente del que se burlan los matones del instituto, pero tiene la suerte de haber sido entrenado por su abuelo, Gohan (al que sin embargo pide consejos para ligar). Así que gracias a eso, y su extraño poder interior, es capaz de moverse como Neo en ‘Matrix’ y derribar a cualquiera, antes de que las gotas de sudor caigan al suelo; cuando los matones le tocan demasiado las narices, son derribados sin esfuerzo. Por supuesto, Goku también tiene la suerte de volver loca a la chica más guapa del instituto, Chi-Chi, y cuando cumple dieciocho años lo celebra en una fiesta que ésta organiza, dejando solo a su querido abuelo.

Irremediablemente, éste es destripado por el malo, que llevaba mucho tiempo encerrado en algún sitio y ahora ha vuelto (el motivo y la forma en que ha escapado no se explican), para buscar siete bolas mágicas que, reunidas, hacen aparecer un dragón que concede un deseo. Que Piccolo sea aquí sumamente poderoso y luego, por el final, mucho más asequible es algo que se me escapa. Lo mismo que el uso de una ayudante para algo que podría hacer él mismo, sin problemas. No parece que esté ocupado en otros menesteres. Seguimos. Antes de morir del todo, Gohan revela a Goku que debe buscar a Roshi, su maestro, y reunir las bolas antes que el malo, la única forma de detenerle (esto es falso, como se demostrará más adelante). Porque pasaba por allí, Bulma se une al protagonista con la idea de hacerse famosa (es su objetivo en el film) y los dos se lanzan a la aventura. Primero a por Roshi y luego a por las bolas. Y a aprender a controlar el “ki”. Ah, y a conseguir pareja (Chi-Chi y Yamcha, que también aparece de la nada). Uy, y ya por último, a por Piccolo.

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Sobre la leyenda de Oozaru, la edad de Roshi, la sorprendente habilidad luchadora de Chi-Chi, el torneo espontáneo, la utilidad de los esbirros creados por Piccolo… os lo dejo a vosotros, porque yo no le encuentro ningún sentido. Del reparto, bueno, creo que lo más amable que puede decirse es que el guión es tan malo que no pueden hacer nada mejor con sus vacíos personajes. A mí el único que me parece destacable es Chow Yun-Fat, pero quizá sea porque me siempre me ha caído muy bien este actor, desde su brillante etapa como héroe de acción (‘A Better Tomorrow’ es mi favorita); una pena que participe en productos como éste, debe ser que no le llegan demasiadas propuestas interesantes, artística y económicamente. Y bueno, el peor, para mí, Justin Chatwin. Sencillamente, no puedes construir una película de éxito con este actor, no tiene carisma y es incapaz de expresar nada; de hecho no sabe ni llorar, a pesar de que lo intenta cuando muere el abuelo.

En conclusión, y por dejaros la palabra (creo que ya dije bastante), ‘Dragonball Evolution’ no se sostiene por ninguna parte, es exactamente eso que todos entendemos por un “bodrio”. Intenta ser una comedia de aventuras con toque fantástico, pero no consigue hacer nada bien, a menos que te partas de risa con los momentos de seriedad, claro. A mí me viene la imagen de un combate de boxeo; de tantos golpes, se pierde el sentido y el cerebro se acaba por desconectar. Es lo que hace para impedir más daños. Esta película es algo así, un cúmulo de golpes al buen gusto, a la lógica, al entretenimiento, al cine y, por supuesto, a los fans de la obra de Toriyama, que deberán correr a refugiarse en el VHS o el DVD para lavar sus heridas. Al resto nos queda pasar página, y buscar otra película, a ver si hay más suerte.

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