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Duro artículo de Ismael Herráiz contra el Opus Dei en DIARIO SP: ‘El totalitarismo sin rostro’

HECHOS

El 15 de abril de 1969 el DIARIO SP publicó el artículo de D. Ismael Herraiz ‘El totalitarismo sin rostro’

El periodista falangista D. Ismael Herraiz, es director del diario ARRIBA y uno de los más claros representantes del periodismo germanófilo durante la Segunda Guerra Mundial (estaba, de hecho, casado con una alemana), publicó en abril de 1969 un artículo contra lo que llamó ‘el totalitarismo sin rostro’ que en la práctica era un ataque contra el Opus Dei.

16 - Abril - 1968

EL TOTALITARISMO SIN ROSTRO

Ismael Herraiz

Entiendo a duras penas lo que se discute en el Palacio del Senado y mucho menos, por supusto, el jubilo o la amargura que suscista en los periódicos este proyecto democrática de vida española que se llama el Estatuto Orgánico del Movimiento. No es que me parezcan los debates falsos de altura intelectual o de rigor político y, mucho menos, que dude del talento de hombres extraordinarios, entre lo más relevantes de la política española; pero no acierto a percibir que nexo guardan esas deliberaciones con la vida actual, presente y tangible del pueblo español. Si me dijeran que todo aquello se refería a Nepal o a Tanzania, lo creería a pie juntillas porque ignoro las condiciones estructurales de la política en aquellos países y, por consiguiente, podría montar la hipótesis de que coincidían perfectamente con las que se describen en la magnífica y desconcertante reunión.

He leído la correcta polémica que promovió la afirmación del señor Ballarín sobre el monopolio político que dominó la vida española, monopolio que, al parecer, se carga (y no por el señor Ballarín) sobre las vencidas espaldas de la Falange. Igualmente, he seguido con atención todas las referencias periodísticas; he preguntado a varios amigos que intervinieron o asistieron como consejeros o como informadores al brillante debate: pero nadie – estoy dispuesto a rectificar si mis informes están equivocados – se levantó a completar la opinión del señor Ballarín en el sentido de que no sólo hubo monopolio político, sino que ese monopolio es hoy más sofocante, totalitario y extenso que nunca. Y aún más: ni uno solo de los oradores que intervinieron en la discusión ignora su existencia y deja de considerarle – en sus conversaciones particulares – como la amenaza más inmediata y peligrosa contra la libertad de los españoles y como el engendro siniestro que trata de invalidar y hacer imposibles todas las prescripciones de la Ley Orgánica votada en masa por nuestro pueblo.

En las condiciones actuales – reales y no supuestas – proponer la constitución de grupos, partidos, congregraciones, sodalicios o pandillas de significación política diversa, me parece una broma tan penosa como invitar a un hombre con el corazón transplantado a un safari por el centro de África Ecuatorial. Sin duda, los consejeros no hacen más que desplegar fervorosamente el mandato de la ley Orgánica, la voluntad del Caudillo, de que se abran de par en par las puertas, a la participación política de los españoles, sin distinción alguna. Hace tiempo una famosa editorial cartográfica francesa suprimió en los mapas la proyección falsa de Mercator, al grito publicitario de ‘¡Desmercatoricémonos!’ – porque hay gritos para todo – y es justo y benéfico, como pretendían nuestros abuelos – que hoy alcemos a una la nueva consigna: ‘¡Democraticémonos!’ ¿Pero cómo? ¿No se necesita previamente una operación de la policía y desenmascaramiento? ¿Hay la más mínima posibilidad en España de establecer, ahora mismo, una democracia correcta? Personalmente, no lo creo y si se me permite levantar mi modesta voz en el contraste de pareceres, explicaré un poco cómo yo vi el Monopolio I y cómo veo el Monopolio II.

Ante todo, unas afirmación previas y personalísimas. Creo, igual que Miguel Primo de Rivera, que esta España – Dios quiera que por muchos años – vive al amparo, como un pueblo bajo un grande encima, de la figura más esclarecida que ha producido la raza española. Francisco Franco. Creo también que Franco es un espíritu hecho, en pura rectitud, para la democracia, en su sentido última y trascendental. Magnánimo, ha gobernado España con los elementos QUE LE HA OFRECIDO EN CADA ETAPA LA SOCIEDA ESPAÑOLA, sin personalismos camarillas ni arbitrariedades. Llegó al mano cuando esta sociedad se lo pidió  Si la Falange sobrenadó en ese conglomerado amorfo, fue porque Franco cerró el paso a todas las tendencias que se concitaron mordazmente – y desde el día siguiente de la victoria – contra el izquierdismo latente e irrevocable del ideario falangista.

Personalmente, no me duele lo más mínimo la desaparición de la Falange como rótulo, ni estoy dispuesto a marchar a pie detrás de mi propio entierro. Estoy, en cambio, decidido a luchar hasta la extenuación por aquel manojo de principios joseantonianos que aún estimo válidos e inaplicados, y no por obstinación o petulancia política, sino porque nada se ha inventado para ustituirlos y de ahí la desorientación anárquica, el yerno de ilusiones y las tétricas drogas espirituales de tanta pobre juventud.

Acepto, sin graves reparos, la existencia de un monopolio político; pero siempre que se reconozca que el Monopolio I entrega el testigo al Monopolio II a principios del año 1957 y que el segundo y aplastante monopolio – de signo diametralmente opuesto al primero – avanza en progresión geométrica creciente y amenaza con arrollarlo todo en la mayor impunidad y en calculado silencio. Naturalmente, ni el señor Ballarín ni yo hemos hecho voto epistolar alguno y no podemos tomar en consideración los distingos que se quieren sugerir entre la independencia austera y mística del Movimiento y la libertad de sus asociados. Tanto el Movimiento, que monopoliza la política del primer periodo como el que nos encadena en el segundo disponen, dentro de sí, de una rica variedad de individualidades, con ideas propias y permitidas, pero sujetos rígidamente a todos los principios fundamentales, a la unidad de mando y a la disciplina absoluta del respectivo Movimiento.

Por otra parte, la variedad política del Monopolio I fue (y sigue siendo, marginalmente) infinitamente  mayor que la del Monopolio II. Y, por supuesto, jamás fue la Falange el ‘primus inter pares’ de aquella situación histórica. ¿Cómo hubiesen podido serlo? Si descontamos la fraternidad de armas y la simpatía del Ejército, los falangistas encontramos siempre, un día tras otro – política y hasta humanamente – la hostilidad biliosa de todas las fuerzas reaccionarias que desde hace siglos condicionan el Poder político español. La Falange fue encargada, como los demócratas cristianos, los gilrroblistas, los tradicionalistas o lo juanistas, de tareas específicas y lo que da al Monopolio I su signo triunfal e impulsa la valiente transformación de la amarga España de 1939 es la diversidad de hombres y de ideas y la colosal magnitud de sus realizaciones. Todo les era hostil: desde el ánimo del mundo hasta la desolación de Europa; desde una victoria obtenida sobre las ruinas, la sangre y la división de los españoles hasta la conspiración internacional que, durante varios años, impulsó el terrorismo y el crimen sobre el territorio de la Patria. Y asombra pensar un instante en la descomunal empresa cumplida por los gobiernos del Monopolio I. Parece innecesario evocar ahora la Revolución – con mayúscula – ganada desde el cero absoluto por los dos gigantes del sistema, Suances y Girón, pero son, igualmente, otros hombres, con sus personales ideas políticas y económicas, los que penetrarán hasta la médula en el proceso renovador de una España desnuda sobre el desierto de ruinas. La política internacional de Artajo, por ejemplo, traduce de modo tan fiel la voluntad y la ira de los españoles que un buen día – el 9 de diciembre de 1946 – España entera exalta en las calles el nombre de Franco, caudillo de la neutralidad con honor; Cavestany, como si presintiera que se iba a morir mañana, plantea, frenética y victoriosamente, la renovación técnica de nuestra agricultrua, el insigne Larraz pone en orden la Hacienda española en la desembocadura angustiosa de nuestra guerra y en medio del cataclismo mundial; Arburúa, sin arredrarse ante el acoso exterior, abre a empellones a nuevos mercados y comienza, audazmente, la liberación de nuestra economía; Fernández Cuesta, lleva a cabo, con mano maestra, la renovación de la magistratura y docenas de leyes que aseguran y amparan la independencia del Poder Judicial; Ruiz Giménez y Jesús Rubio luchan desesperadamente por rescatar la cultura española y la educación nacional de las manos que TOvar llama ‘de siempre… Nunca se vio con más cegadora evidencia lo que significa tener fe política, cualquiera que sea.

Sí, pero ¿y la censura? ¿Y la diversidad política? Bien ¿Y a mí que me cuentan? Nadie, en la vieja Falange, me habló jamás de la censura de Prensa como recurso político ni me dijo que nuestra meta sería el amordazamiento ‘sine die’ de la opinión contraria, ni siquiera de la comunista. Entré en el periodismo en 1931 y hasta ahora no he sabido lo que era una libertad de Prensa continuaba. La censura y la intolerancia no fueron, ni tenían por qué serlo, métodos ‘sui generis’ del régimen nacido el 18 de Julio. No eran más que las habituales camisas de fuerza con que la Iglesia y la plutocracia españolas han sofocado siempre el más leve vuelo de la libertad humana. Y hoy ya, ¿qué más da la libertad que la censura de Prensa? Se cumple inexorablemente la definición del abate Lamennais y de su ‘silence aux pauvres’ sintesis – según su opinión – del derecho a la libre expresión periodística. ¿Qué diría ahora, cuando un grupo de bancos puede montar una creciente cadena de publicaciones y sostenerla en pura pérdida?

Pero me estoy saliendo del tema y es hroa de encararse con el Monopolio II. Cuando el Monopolio I parece, efectivamente, agotado y el relevo se impone, la sociedad española ofrece escasos equipos de recambio. Los cuadros políticos están diezmados, tanto por el normal desgaste del gobierno como por la deserción de los pálidos, que vuelan en manada al socorro de los vencedores. Es la hora de los técnicos, incontaminados, asépticos y melifluos. Desde el mismo día de la victoria, es verdad, eran amos y señores en los predios de Educación Nacional; pero, ahora, se adelantan con flamantes barajitas: conseguir la piedad de Eurocopa y el enriquecimiento de los ricos. Todo les avala y le sonríe: el boom económico general, con cuya espuma, como Sancho, nos iremos desayunando; la coexistencia internacional y hasta el hecho de que el Monopolio I ha liquidado, sin perder una brizna de honor, el cerco internacional y España es miembro de la ONU y todo el mundo está abierto a nuestra diplomacia.

La Falange que, realmente, había sido una parte mínima en la adminsitración española y un valor escenográfico sin influencia política alguna desaparece de todas partes. La ‘peste azul’ (así llama la burguesía a las O. J., único proyecto de  convivencia juvenil que conoció España) se retira hasta las montañas y los valles. Es la hora de los lechuzos y de los repipis. Al asalto de cátedras practicando con técnica de abigeato, sucede la penetración muda y modosa en todos los recintos de la Administración Pública. Los Bancos vendrán más tarde, en una dorada secuencia. Se trata de gentes bien educadas, con medias sonrisas, con medios abrazos y con un cacumen intelectual a la altura de un poujadismo o de un qualunquismo. ¡Ahora van a ver los españoles lo que es eso de la ‘europeización en los medios y la españolización en los fines’! Todos han aprendido a decir que no, y pone en sus manos en la obra con un empaque y una soberbia que, durante cierto tiempo, nos tuvo a todos boquiabiertos. EL experimento dio de sí…. lo que dio de sí la sombra de la sombra del milagro europeo. Sólo en turismo, gracias a la lealtad impetuosa y la juvenil inteligencia de Fraga Iribarne, desborda todas las esperanzas y zurce honestos parches anuales a la gestión de los ‘técnicos’. Y otro ministro fuera de serie, Silva Muñoz, impone a Monopolio II un signo fulgurante de actividad y de creación.

En contrapartida, 700.00 españoles tuvieron que marchar a engordar con su esfuerzo la Comunidad Europea que, a pesar de los pesares, nos sigue negando el saludo. Se abre el grifo espectacular de la industria y se cierra, espectacularmente, el de la agricultura, en un desarrollo económico un poco de película de dibujos. Subieron jovialmente los precios, se congelaron los salarios y, de repente, hubo que desvalorizar la peseta, mientras los neo-importadores hacían su pacotilla. Fueron las horas radiantes de la nueva Banca. Pero algo había que hacer ante la interrogativa mirada a las gentes. POr lo menos, montar una cadena de periódicos ‘independientes’ – ¡vamos, de oposición! – y fue del Monopolio I, de la Falange y de… pero no; el juego era tan pueril, tan de sacristía, que la opinión pública la acogió a carcajadas y, al mismo tiempo, la ley de Prensa metió a fondo sus mecanismos defensivos. (…)

La verdad de la magia chistera del neo-capitalismo ya no surgió ni un conejo. No había posibilidades de repetir los trucos y ahora se trata de cortar gas a la dinámica administrativa. Hay cierta languidez, cierta perezosa ‘nonchalance’, un regusto por las horas vacías, un compás de espera. Sólo la penetración en orden compacto, persiste. Cada mañana una patrulla repipi, bien vestida, con sus medias sonrisas, sus medios abrazos y su medido cupo de venablos apostólicos, ocupa una nueva teoría de poltronas administrativas a todos los niveles. Legalmente, ni que decir tiene, perfectamente respaldados por el B. O. Pronto ocuparán todos sus puestos y quedará a punto el pacto entre el conde y el marqués del 10 de mayo de 1967. El totalitarismo sin rostro no tendrá más que esperar el día D y la hora H. No habrá un tiro, ni una bofetada,porque todos estarán ‘dans le coup’.

Y en tanto, hombres inteligentes, con una lealtad y un patriotismo sin fisuras aceptan, atolondradamente, el juego. Es la hora, por lo visto, de oponer a un movimiento monolítico, fanatizado y unido en el arcano por los votos de castidad,riqueza y obediencia, otro movimiento difuso, inconcreto y fraccionado en tribus políticas. ¿Qué mejor sueño de odaliscas podrían soñar los repipis? Cada tribu, por supuesto, dispondrá de una inagotable cuenta corriente en un Banco lechuzo y de los exorcismos de un mago repipi. Y habrá elecciones, a todo dar de Dios. Y Ley Orgánica. Y Sindicatos. Todo, menos libertad.

Este viejo periodista, al cabo ya de todas las derrotas, guarda pocas ilusiones frente al porvenir; pero todavía – forse il cuore ci resta, forse il cuore – pienso en otro humilde alcalde de Móstoles que convocara a los españoles, una vez más , a la defensa de la libertad. Y veo una España compacta, como aquel 9 de diciembre, formando, no partidos, sino las juntas de defensa que siempre sacaron a esta Patria del atolladero. Con Francisco Franco a frente. ¿Dónde terminaría entonces la amenaza totalitaria? Sería la hora de añadir al libro de los chascarrillos uno nuevo para completar el millar: ‘la vida es demasiado breve para pasarla mintiendo’.

Ismael Herraiz

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