Areilza cuenta con el apoyo, entre otros del ex ministro franquista D. Pío Cabanillas

José María de Areilza, Conde de Motrico funda el Partido Popular para liderar con él una coalición política de centro

HECHOS

En diciembre de 1976 los políticos D. José María de Areilza y D. Pío Cabanillas presentaron públicamente la formación Partido Popular, que aspiraba a líderar una coalición de partidos moderados, ‘Centro Democrático’.

El Partido Popular fue presentado por los ex ministros D. José María de Areilza y D. Pío Cabanillas Gallas y también por D. José Antonio Ortega Díaz-Ambrona, D. Emilio Attard, D. José María de Arilza y D. José Luis Álvarez Álvarez.

29 - Septiembre - 1976

La Derecha Civilizada

José María de Areilza

Un querido amigo canario, me pide que le exponga en unas líneas lo que entiendo por derecha civilizada. Utilicé este término por primera vez allá por los años 68 o 69, sin ánimo de conferir a la locución especial significación dentro del limitado panorama político de aquella época rígidamente entreverada de dogmatismos exigenes.

La etiqueta hizo fortuna, quizá porque respondía a una diferenciación sociológica real. La derecha en España está en el poder desde 1939. Desde esa fecha acá han ocurrido impresionantes acontecimientos en el mundo. Por ejemplo, la segunda guerra mundial, con sus consecuencias políticas, militares y económicas de enorme alcance. La aparición del poder nuclear, que hizo posible la bipolaridad de dos superpotencias sobre todas las demás. La liquidación de los imperios coloniales europeos y el acceso a la independencia política de casi un centenar de naciones nuevas. El progreos teconológico y la sociedad de consumo. Los viajes espaciales y la expansión de las multinacionales. La resurrección de China como potencia mundial, primera en demografía, y la conversión de África en otro campo de rivalidad ruso-americana. Los procesos de la nueva genética y de la física. Los nuevos estados de la materia. La creciente complejidad de la macroeconomía. La aplicación de los computadores y de la informática a las ciencias sociales, a la prospectiva y a las técnicas del Poder. La política de imagen como arte televisivo. ¿Para qué seguir? Nunca en la historia de la humanidad hubo tantos elementos decisivos para el cambio social, para la transformación de las formas de la vida, como en estos últimos treinta y seis años. Ellos equivalen en cierto modo a treinta y seis mil años de una etapa prehistórica que hizo pasar al primate de un tipo de cultura a otra más desarrollada.

¿Y qué tendrá que ver todo esto con la derecha civilizada? Pues sí que tiene. Mi argumento se apoya precisamente  en esa inevitable necesidad que las nuevas circunstancias imponen a la estructura de la sociedad. En las naciones europeas anteriores a la segunda guerra mundial había partidos y gobiernos de derecha y de izquierda, fascistas y socialistas. Existían asimismo dictaduras militares conservadoras. Y al Este, el inmenso y muy desconocido gigante de la Unión Soviética. Después de la conflagración y como resultado de ella, Rusia se expandió geográficamente hacia Europa y bajo su órbita militar fueron surgiendo los países de economía y gobierno socialistas, agavillados en bloque ideológico, más o menos homogéneo. El resto de la Europa occidental  bajo la protección de las armas de los Estados Unidos mantuvo o impuso las formas democráticas y liberales de la vida pública como filosofía opuesta a la del totalitarismo soviético. La Europa occidental suprimió entonces la tentación totalitaria de la derecha precisamente por haber sido la causante y la víctima de la guerra del 36 al 39, y aún a sabiendas que el sistema democrático de gobierno con libertades efectivas, extendidas al Partido Comunista – poderoso en Italia y Francia – podía tener sus riesgos funcionales, frente al monolitismo de los países comunistas. Pero la fórmula poseía, sobre esos inconvenientes, la arrolladora fuerza de la libertad humana como inspiración de la vida pública. El envite fue acertado. La considerable expansión de las economías occidentales en las décadas siguientes y la prosperidad que trajeron consigo no sólo consolidaron el sistema en lo político, sino que produjeron en esos pueblos un sustrato de bienestar y de progreso social que Europa nunca había conocido en períodos anteriores y que dura hasta la gran crisis que estalla en 1973 con motivo del alza repentina del crudo petrolífero.

¿Cómo se situó la derecha europea ideológicamente en ese proceso histórico? Tomando parte de forma inequívoca en el funcionamiento del sistema democrático de gobierno con todas sus consecuencias. Defendió sus puntos de vista conocidos, con matices diversos, correspondientes a la personalidad de cada nación. Pero su acento en un razonable, no nacional, patriotismo, en la protección de los valores de la sociedad tradicional, su culto a la familia, a la moral religiosa, su exaltación del orden y de la ley, su enérgica fe en las ventajas de la libre iniciativa, de la economía de mercado y del papel relevante que en el progreso económico representa la empresa neocapitalista, no le impidieron mantener con rotunda e inequívoca fidelidad el respeto a las formas constitucionales democráticas de la vida pública.

Soberanía popular, sufragio universal, partidos políticos, pluralidad sindical, libertades civiles efectivas, turno abierto de acceso al poder de los elegidos, Estado de derecho, son criterios que la derecha europea occidental no sólo acepta, sino que propugna, y la afirmación es válida hoy para todos los países que se extienden desde el Báltico hasta el Mediterráneo. Es más: al seguir vigente en naciones como Italia, Francia y Portugal la presencia numérica del comunismo en sus respectivos cuerpos electorales y grupos parlamentarios con cifras significativas, la derecha de esos países ha subrayado el valor de las libertades civiles y del respeto a los derechos de la persona humana como esenciales a su credo. La derecha en Francia no reacciona frente al programa común de las izquierdas socialistas con una estrategia de ideología autoritaria, sino con un programa de sociedad liberal avanzada, reformista en lo social y democrática en lo político. Podríamos multiplicar así los ejemplos.

¿Ha recogido esa enseñanza la derecha española durante esos mismos años? En parte sí y en parte no. Instalada en el sistema vigente, resultado de su victoria en la guerra civil, prosperó en poder e injerencia durante ese largo periodo en los más diversos ámbitos de la sociedad española. Al amparo y al abrigo del orden autoritario impuesto, una gran parte de la dereha hizo suyo el credo antidemocrático y antiliberal que inspiraba la situación. Los vocablos ‘exterminio’ y ‘aplastamiento’, los dicterios del ‘antipatriotismo’, las más graves acusaciones y las más duras persecuciones contra el ‘adversario’, llamado siempre ‘enemigo’, se ejerciero en nombre de esa derecha que calificaba a lo que sucedía en esa Europea próxima, progresiva y democrática de conjunto de naciones ‘decadentes’, cuando no ‘degeneradas’ entregadas al desenfreno de las libertades políticas y sindicales, a la orgía de partidos, como el conservador británico, la UDR francesa o los cristianosociales alemanes, ‘lamentables’ ejemplos de lo que el ‘satánico’ invento del sufragio universal podía alumbrar en los pueblos más educados. Si alguien se toma la molestia de repasar la prensa española de esos años – hasta el final del franquismo – comprobará que no exagero lo más mínimo y que aún me quedo corto en las citas escogidas.

Hubo otra parte de la derecha española que nunca se alineó en esa posición intransigente y violenta y trató de hacer oír su voz amordazada dentro del estrépito triunfalista. Era, como es natural en política, la que causaba más irritación y encono en las alturas porque descomponía con su cadencia alterada el rítmico paso de las columnas de la mesnada de entusiasmo oficial.

Hoy, bajo la Monarquía, esas ideas que predominan desde 1945 en la derecha europea son ya entre nosotros lugar común y forman incluso parte de las declaraciones oficiales de gobierno. La derecha en su gran mayoría, se ha civilizado en su lenguaje y acepta las coordenadas democráticas y liberales de la Europa occidental para la vida pública futura que tratamos de construir entre todos. La misma ‘derecha de los intereses’, tan poderosa y altanera durante los pasados años, empieza a reconocer que solamente es un contexto democrático cabe defender lo que legítimamente representa, asociando a la responsabilidad de cualquier programa económico de largo alcance a la clase trabajadora, representada inequívocamente por sus mandatarios políticos y sindicales. La tentación militar totalitaria, sueño acariciado por más de un doctrinario de la derecha española – ‘cuando las cosas se pongan peor’ – tiene cada vez menos clientes en los altos niveles de la finanza y del empresario por su irrealismo y su escasa viabilidad en la España del 77; amén de su inevitable final catastrófico.

Quedan sin embargo todavía en nuestra derecha considerables residuos de violencia doctrinal, de talante verbal, de agresividad intelectual, de soberbia, desprecio, odio, recelo, mala fe y propósitos enteramente contrarios a la convivencia moderna y tolerante que debe propugnar la derecha en nuestro país. Si quiere la derecha protagonizar, como yo entiendo, la gran operación de tránsito a la democracia también ha de invitar para ello a la izquierda, con objeto de que ambas fuerzas, entendidas, realicen el cambio constitucional. Y esas reliquias inevitables de tantos años de indoctrinación contraria corren el riesgo de envenenar de nuevo la cuestión en momentos de grave y delicada decisión, como son los presentes.

O, en otras palabras, la derecha española, civilizada ya en su mayor parte en el lenguaje, necesitará, acaso, revisar también en su intención última los propósitos que la animan en orden a cómo debe ser el Estado democrático que es preciso levantar conjuntamente para que en él quepan con holgura los españoles del último cuarto de siglo XX que aspiren a convivir en una sociedad más libre, más justa, más abierta y más próspera, basada en el consenso y en el respeto a la ley.

Y creo haber dicho con ello ya bastante sobre lo que entiendo por derecha civilizada.

José María de Aerilza

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