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El periodista de EL MUNDO acusa al político de usar métodos 'stalinistas' por compararle con el padre de los Zipi y Zape

El debate entre Pablo Iglesias y Eduardo Inda se convirtió en un cruce de descalificaciones “Pantuflo” y “El Coletas”

HECHOS

El 26.01.2015 D. Ferrán Monegal escribió sobre el debate entre D. Pablo Iglesias y D. Eduardo Inda en LA SEXTA (de Atresmedia).

26 - Enero - 2015

Don Pantuflo y El Coletas

Ferrán Monegal

Creo que han sido cuatro o cinco meses los que ha estado ausentePablo Iglesias del programa La Sexta noche (La Sexta). Sus múltiples actividades al frente de Podemos, y su labor como diputado en el Parlamento europeo, le impedían asistir a este plató que tantas alegrías y tanto impulso mediático le proporcionó. Ahora ha podido comprobar cómo han cambiado las cosas. Ahora Pablo Iglesias ya no es un proyecto: ahora las encuestas y sondeos ya le dan más votos que al PP. Y eso asusta enormemente al poder establecido. Y eso se notó en La Sexta noche. No le ahorraron ni un disgusto. Empezaron taladrándole con los emolumentos que cobró su mano derecha, Juan Carlos Monedero, por sus consultorías en países extranjeros. Siguieron machacando con el caso de su fiel colaborador Íñigo Errejón, que parece que hay 1.800 euros que bailan en sus cuentas como profesor universitario, una nadería, dirán ustedes, comparado con los miles de millones que se llevan los corruptos defraudadores. ¡Pero estamos en la guerra por el poder, y en la guerra vale todo! También le dieron un repaso por la vía Tania Sánchez, de quien por cierto advirtió que la noticia de su ruptura como pareja es falsa completamente. Pero el golpe más pintoresco de la velada ocurrió con el periodista Eduardo Inda. ¡Ahh! Indatiene una fijación tremenda con Podemos. Particularmente, conIglesias. Siempre le atiza. Continuamente. Y Pablo Iglesias, que lo sabe, le soltó nada más comenzar la refriega: «Eduardo, me han contado que te llaman Don Pantuflo». Y Eduardocontestó: «Y a ti, El Coletas». Y así estuvieron toda la noche, con lo de Don Pantuflo arriba y abajo, como si fueran una pareja cómica. Llegó hasta tal punto la corrosiva comicidad de este dueto que Inda sacó un pin con la bandera de España, se lo regaló aPablo, y le instó, le retó, a que se lo colgara del pecho. Y Pablocontestó, dejando el pin encima de la mesa: «Mi madre me enseñó que no hay que aceptar regalos de extraños. Y de Eduardo Inda menos». ¡Ah! El público del plató reía a carcajadas. Se lo pasaban bomba.

Al margen de estos golpes, aparentemente socarrones pero ácidos y agrios en el fondo, la lección televisiva que habrá sacado Pablo Iglesias de su regreso a La Sexta noche -programa que celebraba sus dos primeros años en antena, por cierto- es que ya nada es lo que era. Se ha levantado la veda. El poder establecido ha dado la orden: ¡A por ellos!

25 - Mayo - 2016

Di lo que quieras: yo me voy a reír de lo que digas

Juan Cruz

En España seguimos en la época de los garrotazos, pero en la actualidad esos mandobles se tornan en risotadas

Esto que cuento aquí pasó en La Sexta Noche, pero podría haber pasado en cualquier cadena de la televisión española. En esa tertulia se mezclan periodistas y políticos en un matrimonio de dimes y diretes; a un lado, la derecha, en el otro, la izquierda. Y en el centro, tratando de llevar la deliberación por los derroteros clásicos, el moderador. Ni el moderador los calma ni los que se disputan la palabra están dispuestos a arrancarse de sus convicciones pétreas. No siempre hablan, sin embargo; a veces ríen, y muchas veces a mandíbula batiente. Ahí es donde un líder político que se formó en esos lances, Pablo Iglesias, llamó “pantuflo”, a un periodista, Eduardo Inda, y ahí es donde otro periodista cuyo nombre ahora no me viene a la mente insultó con un machismo soberbio a la ahora alcaldesa Ada Colau.

¿Ese es el país que tenemos? No necesariamente, pero ahí se exhibe, a veces con una fluencia de verbo que no necesita expresarse en palabras, sino en risas. En el mundo de la tertulia la risa suele ser atributo del desdeñoso, aquel que se pone en la posición del que que va a escuchar cualquier cosa para oponerse. O para reírse del argumento contrario. Ocurrió hace unas noches el epítome de esa actitud: la que habla, el que se ríe como toda respuesta. Los protagonistas, en esta ocasión, eran la representante del Partido Popular, Rosa Romero, y el representante de Podemos, Rafael Mayoral. Después de algunas escaramuzas le tocó profundizar a la persona de la derecha; la persona de la izquierda adoptó la posición del que escucha para mondarse de la risa. De cualquier cosa que dijera su contrincante.

Reírse es una costumbre sana, excepto si nos reímos de otros con el deseo avieso de dañar. En este caso, es bueno no hacer coros, porque esa risa se convierte de inmediato en una desconsideración que ha de ser reprobada por el público y, por supuesto, por la persona que ha de moderar esas ínfulas. En este caso llamó la atención que el moderador se abstuviera de llamar la atención al risueño, que campaba en la propia consideración de las cámaras, que debieron entender, como el citado Mayoral, que las risas eran la mejor respuesta para lo que estaba diciendo, en vano, aquella mujer de la derecha.

Este sería un incidente político-perodístico que revelaría tan solo un caso de trastorno transitorio de los músculos de la risa si no fuera que ocurre cada vez más en el escenario político y en el establecimiento periodístico. Ya tenemos la flecha en el arco y disparamos diga lo que diga el que está delante. A los niños ingleses les enseñan a debatir defendiendo argumentos en los que no creen; eso los acostumbra a escuchar. En España nos hemos dado garrotazos antes de Goya y después; ahora seguimos en la época de los garrotazos, pero en la actualidad esos mandobles se tornan en risotadas. No es exagerado decir que son tan irritantes las risotadas como los garrotazos, pero ni a las cámaras ni al moderador ni al representante de la izquierda se les ocurrió rebuscar en la bolsa de respeto que uno debe llevar a todos los debates.

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