España no oculta su satisfacción por la caída del tirano, aunque el país seguirá en la órbita francesa

El dictador de Guinea Ecuatorial, Francisco Macías, derrocado por su ministro de Defensa, Obiang, que será el nuevo dictador

HECHOS

El 5.08.1979 el presidente vitalicia de Guinea Ecuatorial, Francisco Macías, fue depuesto por un golpe de Estado que lo reemplazó por el coronel Teodoro Nguema Obiang.

MACIAS, EJECUTADO EN SEPTIEMBRE JUNTO A ALGUNOS COLABORADORES DE SU GENOCIDIO:

juicio_macias En septiembre de 1979 se celebró el juicio que condenó a muerte a Francisco Macías como máximo responsable del genocidio llevado a cabo de su mandato. También fueron ejecutados Salvador Ondo Ela, responsable de la temible cárcel de Malabo, donde fueron asesinadas personas incluso usando a perros y los torturadores y asesinos de la escolta personal de Macías FOrtunato Nsono, Eduardo Edu y Roberto Mitcha, este último de apenas 19 años de edad. Los otros dos ejecutados fueron Pastor Nsue (director de Seguridad) y Miguel Oyene, gobernador de la región de Muní.

Naturalmente el juicio no incluyó a Teodoro Obiang, el nuevo dictador del país desde agosto, a pesar de que él había tenido que colaborar en las matanzas desde su cargo en el ministerio de Defensa.

07 - Agosto - 1979

Guinea, Liberada

Editorial (Director: Guillermo Luca de Tena)

No una dictadura, sino una tiranía menos. Las dictaduras pueden ser tiránicas o no tiránicas. Cabe en hipótesis, incluso, una tiránica dictadura de las mayorías democráticas. Alexis de Tocqueville lo apuntó y nosotros lo recordamos hoy, a propósito del confirmado derrocamiento de la decisión de una mayoría, de ese tirano sombrío y sanguinario que, en una década, ha hecho de la independencia de los guineanos – los de Fernando Poo, los de Río Muni, los anobones y los corisqueños – la más atroz de las servidumbres, el más sostenido terror y el más insufrible de los espantos.

Accedió Macías Nguema al poder en las primeras elecciones celebradas después del referéndum constitucional para la independencia de lo que hasta entonces había sido la Guinea española. En cierto modo la toma democrática del poder por parte de Macías tuvo componentes sobrados de racionalidad y de lógica. Formalizaba e instrumentalizaba los mitos y emociones de ruptura que presiden toda ocasión de independencia descolonizadora. Sirvió también de coartada la postulación de Macías para maniobras y conspiraciones de nuestra interna oposición de entonces, si asistida de razón en tantas cosas, con un concreto sentido antinacional en la concreta circunstancia aquella. Fernando María Castiella, ministro de Asuntos Exteriores, había previsto alternativas y candidaturas que más podían compadecerse con el sentido moral de la doctrina de nuestros internacionalistas. La hipótesis de trabajo de aquel ejemplar director de la diplomacia española podía resumirse en la idea de preservar, sin desdoro para la independencia otorgada, puntos de entendimiento que habrían de servir al cabo más para beneficio y ayuda de la nueva nación, que para mantener situaciones de hecho susceptibles de malinterpretarse como neocolonialismo de hecho.

Macías Nguema, por la pericia de sus valedores, accedió democráticamente al Poder para daño de las intenciones descolonizadoras de España – de rigurosa responsabilidad – y para daño también de los propios guineanos (algún día quizá habrá que hacer la crónica de cómo anobones y corisqueños, la más hermosas gentes del ecuador africano, se quisieron resistir por modo pacífico a perder la condición de españoles que tenían.) De inmediato le cupo demostrar cuáles eran las claves, rigurosa y clínicamente patológicas, de su espíritu. Sin cultura y sin piedad, consolidadno al calor de las expectativas que creaba para la entonces incipiente estrategia soviética en África, Macías Nguema se aplicó a la tarea de eliminar físicamente a los más sobresalientes cabezas de su entorno político. Chapeando (en Guinea, abrirse paso por el bosque a golpe de machete), chapeando, Macías fue deforestando su entorno de antagonistas cada vez más remotamente potenciales. Llevó así hasta sus últimas consecuencias la dinámica de la tiranía. Sus únicos oponentes vivos en el momento de producirse el derrocamiento han sido y son, aparte de los valerosos conspiradores, aquellos miles de guineanos que lograron escapar de su patria.

El caso de Macías, como el de las tiranías todas, pertenece menos al mundo político que al de las realidades clínicas. Hay que ser un lombrosiano, un monstruo de base cromosomática, para hacer todo el daño y toda la sangre  que contiene su palmarés en la hora del justiciero golpe de Estado. Y si, por enfermo, por inimputable, la responsabilidad no es suya, habrá que atribuirla, aunque sólo sea por vía objetiva a quienes hicieron posible que secuestrara y aherrojase tan aberrante y sanguinariamente la independencia de su pueblo.

Nosotros, que tenemos muy directo y cumplido testimonio del amor que el pueblo guineano tenía y tuvo por España, aplaudimos sin ningún género de reservas y con el más expreso de nuestro apoyo la iniciativa del Gobierno de ofrecer cuanta ayuda sea necesaria para reconstruir la economía, la hacienda, la paz y la alegría de su patria.

La que fue nuestra Guinea ha sido liberada once años después que descolonizada.

by BeHappy Co.