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Anson acusa Tusell de hacer méritos para ocupar un lugar en el pesebre en 'el diario gubernamental' (EL PAÍS)

El director de ABC, Luis María Anson, publica un libro sobre Don Juan, Conde de Barcelona, que es criticado por Tusell (EL PAÍS)

HECHOS

  • El 5.11.1994 en el suplemento Babelia del diario EL PAÍS, D. Javier Tusell publicó una réplica sobre el libro ‘Don Juan’. Ese mismo día el autor del libro, D. Luis María Anson respondió ese mismo día en el diario ABC, del que era director.

La obra del director de ABC, D. Luis María Anson, “Don Juan” fue criticada por D. Javier Tusell desde EL PAÍS (‘Babelia’), lo que causó una réplica en el diario ABC firmada por el propio Sr. Anson y otra por el columnista de ABC D. Federico Jiménez Losantos.

Las peleas por libros entre columnistas durante el año 1994 fue constante. Tras ‘La última salida de Manuel Azaña’ que enfrentó a los Sres. Jiménez Losantos (ABC) y D. Santos Juliá (EL PAÍS) las contiendas continuaron:

Apenas habían pasado siete meses cuando el director de ABC, D. Luis María Anson publicaba un libro titulado ‘Don Juan’ (el Conde de Barcelona fallecido un año antes). El Sr. Anson se consideraba el más importante colaborador y mejor experto periodista en la figura de Don Juan, y sin embargo EL PAÍS del día 5 de noviembre de 1994 en un amplio artículo firmado por D. Javier Tusell analizaba el libro del Sr Anson considerando que este había cometido numerosos errores. Esta vez el Sr. Anson no replicó mediante un artículo editorial anónimo o sus firmas habituales ‘Ovidio’ o ‘Zigzag’ sino que, en un artículo firmado se refería despectivamente al Sr. Tusell como ‘El pobre Tusell’ (título de la réplica), que repetía varias veces: “El pobrecillo Tusell… comprendo lo que ha debido sufrir para escribir su gacetilla sobre mi libro, lleva años haciendo méritos para ocupar un lugar en el pesebre del diario gubernamental…”.

Lo más original es que el Sr. Tusell era aludido en el libro ‘Don Juan’ del Sr. Anson como un gran historiador. Pero, a lo que se ve, tras criticar el libro, el Sr. Anson lo degradaba al rango de ‘el pobre Tusell’.

El Sr. Anson logró pronto un refuerzo en su columnista estrella, D. Federico Jiménez Losantos que en un artículo publicado el 12 de noviembre salía en defensa del jefe y cargaba contra D. Javier Tusell y, de paso, volvía a la carga contra D. Santos Juliá a los que definía como ‘fabuladores del presente’ y ‘felipistas’: “Lo mismo deciden si yo tengo derecho a escribir sobre Azaña y Aznar que dictaminan si Anson tiene legitimidad para escribir sobre Don Juan. En el fondo lo que trata de mostrar la cuadrilla pesebrista es que EL PAÍS sigue siendo el púlpito de la doctrina democrática”.

Es innegable la habilidad de ‘reinterpretar’ intenciones del Sr. Jiménez Losantos. No responde a las críticas de los Sres. Tusell y Juliá como críticas a sus libros por posibles errores. No son, ni tan siquiera ‘historiadores tiquismiquis que buscan exageradamente errores perfeccionistas en las obras de sus rivales”, no, es mucho más hábil, los presenta como ‘amordazadores’, ‘censores’ como si lo que de verdad hubieran hecho los Sres. Tusell y Juliá fuera negar la legitimidad de los Sres. Anson y Losantos a escribir de lo que les diera la gana.

El 21 de noviembre de 1994 replicaba el Sr. Juliá con un artículo de página completa a cuatro columnas y la imagen del Sr. Azaña donde señalaba uno a uno los párrafos que el Sr. Jiménez Losantos había ido plagiando en su libro ‘La última salida de Manuel Azaña’ (que recibió el premio Espejo) de la obra ‘Retrato de un Desconocido’ del Sr. Rivas Cherif. Citando entrecomillados hasta seis ejemplos. El alegato del Sr. Juliá terminaba con un “Jiménez Losantos copia con asombrosa liberalidad el libro de Rivas Cherif a quien en toda justicia debía ir, a título póstumo, el premio Espejo de España recibido por su sagaz glosador y copista”. El Sr. Jiménez Losantos eludió entrar al fondo de la cuestión y se limitó a seguir atacando a D. Santos Juliá como ‘historiador felipista’.

El 26 de noviembre de 1994 le llegaba el turno de replicar a D. Javier Tusell con el título de ‘Están atacando al Caudillo’, que replicaba al Sr. Losantos por otra vía: “Hay quien considera que lo malo de Jiménez Losantos es el uso más que generoso que hace de sus fuentes, pero yo pienso que es peor cuando ensaya la originalidad. Jiménez Losantos es la persona que mejor se indigna en España y ese es mérito que nadie le negará. El mentor de la derecha (¿o de la extrema derecha?) es un caso de radicalización ideológica por sus insuficiencias. Al ‘mal de altura’ se suele llegar por limitaciones en la talla propia. Si alguno de los mentores de la derecha son como el citado debo decir que eso me produce pavor”.

05 - Noviembre - 1994

El Rey y el mentor

Javier Tusell

El mayor reparo que se debe hacer a este libro reside en que su tesis central es poco defendible. De alguna manera parece asumirse que la misión de los personajes reales consiste en, como dice Sainz Rodríguez, ‘tocarse las pelotas y mantenerse jóvenes’ y prestar atención a los mentores que ejercen de Churchill o de Cánovas. Es esta una interpretación que resulta muy confortable para quienes pretenden auto atribuirse esa función.

En realidad el problema que plantea el libro de Ansón acerca de Don Juan fue oportunamente señalado por Chu En Lai. Preguntado por la Revolución Francesa, el dirigente chino respondió que todavía era demasiado pronto para emitir un juicio. Más complicado le habría resultado todavía si hubiera participado en ella.

Sería injusto ocultar los méritos de esta biografía. El autor ha ejercido de defensor de una figura que merecía un reconocimiento colectivo mayor que el que hasta hace poco ha tenido. Utiliza una documentación original, en especial los archivos de Sainz Rodríguez y el conde de Fontanar; en cambio el de Don Juan, que cita, consiste en documentos publicados. Su estilo es ágil, aunque afeado por incursiones a la literatura sicalíptica y la chabacanería de todo improcedentes. La voluntad iconoclasta siempre es de agradecer, incluso en supuestos temas vidriosos como la familia real española. Sobre mueves acontecimientos hay datos nuevos, interesantes y reveladores.

Sin embargo el mayor reparo que se debe hacer a este libro reside en que su tesis central es poco defendible. Ansón presenta no ya la trayectoria de Don Juan, sino la totalidad de la historia española desde los años treinta centrada en Sainz Rodríguez de tal modo que él habría sido el inspirador fundamental de su evolución desde la conspiración contra la República hasta la implantación de la Monarquía democrática. No se trata de una biografía del hijo de Alfonso XIII, por tanto, sino de su supuesto mentor que vendría a ser una especie de Superman. El propio Don Juan queda en el libro un tanto desdibujado, lo que es ya mejor que el caso de su hijo, quien aparece cas tan sólo como infiel a la línea paterna, aunque acabe confluyendo con ella. De alguna manera parece asumirse que la misión de los personajes reales consiste en, como dice Sainz Rodríguez, ‘tocarse las pelotas y mantenerse jóvenes’ y prestar atención a los mentores que ejercen de Churchill o de Cánovas. Es esta una interpretación que resulta muy confortable para quienes pretenden auto atribuirse esa función.

Pero no es correcta en el caso de la actual Monarquía española. Sainz Rodríguez fue consejero íntimo e influyente de Don Juan, pero, aparte de que unas veces acertara y otras errara, resulta por completo desmesurado el papel que se le atribuye en el libro (y que, por lo que yo le oí, él mismo estaba muy lejos de pretender para sí). Eso, además, puede probarse con el recurso a un cruce de cartas inédito y decisivo, al que Ansón no alude en su libro. Una semana después de muerto Franco el mentor de Don Juan le escribió rogándole encarecidamente que perseverara en mantener su causa porque, según él, eran patentes los errores que empezaban a cometerse ‘solidarizando de un modo espectacular al Príncipe con el régimen dictatorial franquista’. El 2 de septiembre de 1975, desde París, Don Juan respondió de una manera que testimonia una posición por completo distinta. Se encontraba ‘muy solo’, abandonado por los cortesanos oportunistas y ‘soportando las intrigas de mucha gente que en el fondo no considero monárquica’ (debe referirse a Calvo Serer y Trevijano). Si la monarquía de Don Juan Carlos fracasaba era más que dudoso que se fuera a buscar en él ‘el famoso poder arbitral’. En consecuencia, ‘en cuanto se me dé una excusa válida, debo deshacerme de mis derechos dinásticos haciendo solemne traspaso de ellos a mi hijo’. La carta rezuma tristeza, pero también grandeza.

Creo que esta ocasión decisiva prueba que las directrices fundamentales de la causa monárquica las tomó quien la personificaba, que hubo una coincidencia sustancial entre padre e hijo y que el papel de los mentores, aun importante, fue menor de lo que Ansón pretende.

Una de las ventajas de nuestro actual sistema político es que el Rey siempre ha mantenido a cierta distancia a los profesionales del monarquismo. Eso aumenta la simpatía de muchos por la Monarquía.

Javier Tusell

05 - Noviembre - 1994

El Pobre Tusell

Luis María Anson

Comprendo lo que ha debido sufrir el pobre Tusell para escribir su gacetilla sobre mi libro, cuando lleva años haciendo méritos para ocupar un lugar en el pesebre del diario gubernamental

El principal argumento que Javier Tusell emplea en su gacetilla del diario gubernamental para salir del paso sobre mi libro ‘Don Juan’ es este: ‘Eso, además puede probarse con el recurso a un cruce de cartas inédito y decisivo, al que Anson no alude en su libro. Una semana después de muerto Franco el menor de Don Juan escribió…

Pues bien, ya es mala suerte la del pobrecito Tusell… con lo fácil que es encontrar, incluso en el mejor libro, errores u omisiones. La carta a la que se refiere, se recoge en la página 409 de ‘Don Juan’. Se especialifica su fecha – 27 de noviembre de 1975 – se citan algunas frases y se subraya lo único que tiene interés: que va firmada con el leoncito de lacre que Don Juan y Sainz Rodríguez no utilizaban desde 1946. Es una carta emotiva, casi senil, menor, ni inédita, ni decisiva.

Tusell, en fin, es un historiador de relieve al que no quiero hacer más sangre, pues ha publicado algunos libros imprescindibles por su documentación. Comprendo lo que ha debido sufrir para escribir su gacetilla sobre mi libro, cuando lleva años haciendo méritos para ocupar un lugar en el pesebre del diario gubernamental, lo que parece que acaba de conseguir. Por eso le agradezco el valor inenarrable que le ha echado al dedicar algunos elogios a un libro de Anson, eso sí sin haberlo leído nada más que a la ligera. Le recuerdo piadosamente que el texto, que se cita en mi libro, de las proyectadas declaraciones a Le Monde, de junio de 1974 es, por citar un ejemplo, un documento desconocido del archivo de Don Juan. Y que la Monarquía es algo mucho más profundo y sutil que el par de topicazos con que trata de despacharla.

Luis María Anson

10 - Noviembre - 1994

Sobre Don Juan

Javier Tusell

Supongo que Luis María Ansón acepta que su obra sobre don Juan es susceptible, como cualquier otra, a críticas.

Supongo que Luis María Ansón acepta que su obra sobre don Juan es susceptible, como cualquier otra, a críticas. Puesto que versa sobre cuestiones importantes, bueno será que en adelante, prosiguiendo el debate, abandone un lenguaje denigratorio que me hace pasar en cuestión de horas de ser un “historiador excepcional” al que se debe citar a un pobrecillo “gacetillero”. Ninguna de las dos cosas es cierta, ni yo tampoco utilizaré nunca ese lenguaje. Respecto de la cita que yo atribuí a Ansón haber omitido, es cierto que hace una referencia mínima que no revela lo que Sainz Rodríguez pensaba en el momento de la muerte de Franco. La omisión a la que yo me refería era a la carta del propio don Juan, que me parece de importancia trascendental. Dejando a los lectores que decidan por sí mismos cuando se publique entera, basta para revelarlo la pura enunciación de su contenido: es la primera toma de posición de don Juan acerca de lo que va a hacer con sus derechos una vez muerto Franco.

Javier Tusell

11 - Noviembre - 1994

Tusell, que suerte

Federico Jiménez Losantos

Las críticas de Tusell tienen la características de dar buena suerte al libro criticado. Anson tiene su éxito garantizado.

Ahora sí que Anson, y lo digo por experiencia, puede estar seguro del éxito de su ‘Don Juan’. Fray Tusell ha perpetrado su clásica fechoría crítica contra los enemigos del régimen, género en el que se ha espeicalizado desde que fracasó en su intento de dirigir ideológicamente al PP; pero las críticas de Tusell tienen tres características que las convierten en verdaderas bendiciones para el autor (y el editor) ejecutados: están muy mal escritas, sus argumentos se vuelven perfectamente al revés y, encima, dan buena suerte al libro criticado. De los tres libros que yo he publicado en los últimos dos años, Tusell atacó con ferocidad incluyendo la descalificación personal, “La dictadura silenciosa”. Catorce ediciones. Criticó también, con el mismo gesto de perdonavidas intelectual y sin olvidar el desprecio personal, “La última salida de Manuel Azaña”.  Éxito redondo. En cambio, ‘Contra el felipismo’ que a mí es el que más me gusta de los tres, no mereció las injurias críticas de Tusell, y aunque se sigue vendiendo, no ha tenido la repercusión de sus hermanos. ¿Por qué? Porque faltaba el ataque de Tusell. Anson está de enhorabuena. Pasará de cien mil ejemplares, y si Tusell vuelve a publicar la crítica, de los doscientos mil.

Esto de publicar la misma crítica contra un libro en dos medios impresos no es metáfora, sino realidad venturosamente comprobada por mi mismo, gracias a la inquina que me profesa fray Tusell. Cuando los primeros ejemplares de ‘La última salida de Manuel Azaña” estaban llegando a las librerías, ya había perpetrado su puñalada en EL MUNDO con el estilo sacristanesco, presuntuoso y cobardón que le permite su prosa. Nada importante. Salvo él y el escriba felipista Santos Juliá, al que me referiré en un comentario aparte, las reseñas fueron excesivamente generosas. Pero Tusell añade a su condición retorcida la de avaricioso y pesetero. La misma crítica contra el libro sobre Azaña la publicó después variando apenas algunas frases, muy pocas, en la revista ‘Cuenta y Razón” a cuyo consejo de redacción pertenecemos ambos, él como vicepresidente y yo como vocal o miembro del Consejo. Cuando digo pertenecemos quiero decir pertenecíamos, claro. Si no escribí entonces una carta de renuncia al que dirija la revista fue por no aumentar sus méritos para fichar por la cuadra de Polanco, como finalmente ha hecho tanto en Prensa como en radio.

Últimamente le he visto, con esa gracia que Dios le ha dado, anunciando una enciclopedia en televisión, que a estas alturas habrá naufragado en los quioscos. También ha intentado hacer publicidad del último libro publicado bajo su nombre polemizando otra vez con el mío sobre Azaña, pero no he querido hacerle esa caridad Alguien que cobra dos veces una misma crítica contra alguien sería muy capaz de cobrarla una tercera, o una primera, según, y no hay que favorecer la acumulación de riqueza de un pobre frailecico democristiano.

Por lo demás, el único argumento esgrimido por fray Tusell contra Anson  – una carta desanimada, desnortada y sin la menor enjundia política – demuestra, en vez de negar, la tesis básica del libro.

En fin, desde que Tusell abandonó la derecha por el accidentalismo felipista, la derecha va muy bien y el felipismo se hunde. Ahora que quiere defender a la monarquia de los monárquicos. Dios guarde al Rey. En cambio para el libro de Anson, esta crítica es cómo los Reyes Magos. Felicidades anticipadas.

Federico Jiménez Losantos

El Análisis

El estilo delata a Anson

JF Lamata

La sección de libros del diario de PRISA parecía destinada a poner a caldo los libros de los periodistas de la competencia. Al menos sólo en 1994 cargaron contra el libro ‘MC’ del Sr. Cacho de EL MUNDO, contra ‘El Discurso de la República’ del Sr. García-Trevijano, de EL MUNDO y, ahora ‘Don Juan’, del Sr. Anson, del ABC.

Lo divertido de la nota de réplica es que delata el estilo del Sr. Anson, ‘el pobre Tusell’ y similar. Desde 1983 en las páginas de ABC, ya fuera huecograbado, la sección zigzag, o la de ‘las Caras de la Noticia’ aparecían expresiones de esa categoría, sin firmar. Aunque era vox populi que el autor material era el propio Sr. Anson, artículos sí firmados como el de réplica sobre el Sr. Tusell venían a corroborarlo.

J. F. Lamata

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