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Buruaga será el nuevo responsable del informativo estrella de RNE

El director de RNE, Cavero, destituye a Antonio Casado como responsable de ‘España a las 8’ por negarse a leer un texto de ETA

HECHOS

El 2.11.1988 fue destituido D. Antonio Casado como responsable de la tertulia de la mañana de RNE ‘España a las 8’.

D. Antonio Casado habla con J. F Lamata sobre aquel incidente:

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D. José Cavero habla con J. F. Lamata sobre aquel incidente:

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ERNESTO SÁENZ DE BURUAGA, NUEVO RESPONSABLE DE ‘ESPAÑA A LAS 8’

Tras el despido del Sr. Cavero, el periodista D. Ernesto Sáenz de Buruaga se convirtió en el nuevo responsable del programa ‘España a las 8’ y su tertulia ‘Escrito en el Aire’.

escritoenelaire Los componentes de la tertulia ‘Escrito en el Aire’ de RNE. De izquierda a derecha: D. Ernesto Sáenz de Buruaga, D. Pedro Calvo Hernando (de pié), D. Pedro Altares (sentado), D. Carlos Barral (de pié)  y D. Ignacio María Sanui, todos ellos considerados próximos progresismo y, por tanto, al Gobierno de D. Felipe González (PSOE).

D. Javier Algarra habla con J. F. Lamata sobre la llegada del Sr. Buruaga a ‘España a las 8’:

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25 - Noviembre - 1988

Información y terrorismo

Antonio Casado

El debate sobre la información y terrorismo se ha convertido en una discusión bizantina. No alumbrará nada nuevo si se sigue planteando como un conflicto entre el Gobierno y la prensa. Los medios de comunicación deben estimular el libre fluido de la información. Ni el Gobierno puede pretender el silencio de los medios a la hora de difundir noticias relacionadas con el terrorismo, ni los periodistas rasgarse las vestiduras cuando el Gobierno reclama beligerancia contra el terrorismo. Todo ello es lógico, tiene sentido y está ne la naturaleza de las dos instituciones.

Estoy tentado de referirme a ETA como la tercera ‘institución’ en discordia. Una institución diabólica instalada en los medios de comunicación y en la vida española con una presencia de primer orden. En su naturaleza está seguir asesinando, seguir reclamando una negociación política y seguir esperando muy fundamentalmente la correspondiente difusión de todo ello. En el Reino Unido, la señora Thatcher, poco dada a matizar, ha prohibido por decreto las entrevistas a miembros del IRA y a quienes les apoyan. ¿Y quién demonios es un primer ministro para limitar de un plumazo autoritario el libre fluido de la información en una comunidad democráticamente organizada? No es aceptable una medida similar en España. Ni sel e ha pasado por la cabeza, afortunadamente, al Gobierno de nuestro país.

La opción Thatcher ataca, no ya el fuero de la prensa, sino al misma esencia de la democracia. Hay que descartar una cosa así. Pero también hay que descartar la posibilidad de llegar a conclusión alguna en un debate áspero e inútil entre el poder y la prensa. El periodista no debe renunciar jamás a su función crítica y de control frente al poder. Vale la pena entonces continuar el debate sobre información y terrorismo en España, pero entre los propios periodistas. Un debate interno que, prescindiendo del poder y de lo que el poder espera de nosotros, trate de responder a esta pregunta: ¿qué podemos hacer para evitar la plusvalía publicitaria del terrorismo sin incumplir nuestro deber de informar?

Un debate entre los propios periodistas sería más clarificador. De momento, no tendríamos el confortable recurso declamatorio contra la restricción informativa que le gustaría a LGobierno. En eso estaríamos siempre de acuerdo. Contra cualquier limitación del fluido informativo, siempre estaremos de acuerdo, especialmente si la limitación viene desde el Gobierno. ¿Y si eliminamos del debate la posición del poder y nos enfrentamos a la propia responsabilidad del estamento periodístico, como institución social? Un pilar de la democracia es la libertad de ofrecer y recibir información. Otro es la voluntad y la capacidad de las instituciones para defenderla activamente. Si aceptamos que la prensa es beligerante en la defensa del sistema democrático – aunque sólo sea por instinto de supervivencia como prensa libre – hemos de aceptar que algo debemos hacer los periodistas para que el terrorismo no nos utilice en su provecho.

No es fácil que nos pongamos de acuerdo en una línea de tratamiento para la información relacionada con el terrorismo. Podríamos intentarlo en nombre de nuestro compromiso en la defensa de las libertades amenazadas por ETA. Pero mientras no haya un mínimo consenso corporativo, hay que fiar en la responsabilidad individual del periodista: como profesional, como ciudadano y como ser humano. Como profesional se debe a la noticia. Como ciudadano, está su compromiso en defensa de las libertades. Como ser humano, sólo siendo de corcho puede dejar de sentirse solidario con los miles y miles de familias a las que ETA ha llevado a la desgracia.

A mi juicio, los medios de comunicación están amplificando en demasía los argumentos que favorecen el terrorismo y a quienes lo apoyan políticamente. Por ejemplo: “¿Dónde estaba el interés informativo de la última oferta negociadora de ETA, cuando sabíamos que el Gobierno la venía rechazando en todos los idiomas, y, por tanto, no tenía ninguna posibilidad de ser escuchada en aquellos términos? Sin embargo, aquel comunicado de ETA el pasado 2 de noviembre ocupó lugares de privilegio en todos los medios de informativos.

En todos menos en uno: “España a las 8”, correspondiente a su emisión de aquella mañana. Su director se negó alegando personales razones de conciencia. Fue fulminantemente destituido, sin que en la mismísima radio pública le sirviera de nada su apelación formal a la cláusula de conciencia reconocida en la Constitución. Mientras no haya un cierto consenso entre la propia profesión periodística a la hora de tratar informativamente las noticias relacionadas con el terrorismo, deberíamos respetar al menos un comportamiento individual. A mí me parece razonable.

Antonio Casado

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