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Enrique Vázquez llamó por teléfono a la periodista el 8 de diciembre para comunicarle que el 1 de enero dejaba de trabajar para la televisión pública

El Director de RTVE, José María Calviño, echa a Paloma Gómez Borrero como corresponsal en El Vaticano

HECHOS

En diciembre de 1983 la prensa se hizo eco de la destitución de Dña. Paloma Gómez Borrero como Corresponsal de RTVE en Roma.

¿Cuestión personal?

La Sra, Gómez Borrero consideró que su despido de RTVE era una cuestión personal y lo cierto es que la prensa se hizo eco de frases atribuidas al Sr. Calviño en esa dirección:

“A ésta, a la Gómez Borrero, me la cargo yo” (que, teóricamente, le dijo a su antecesor, Sr. Nasarre, en el momento de tomar posesión)

“Si destituyo a Paloma, le hago un favor a la Iglesia” (que, teóricamente, le dijo a un prelado de la Conferencia Episcopal)

22 - Diciembre - 1983

Adiós, Paloma

Pilar Urbano

Sabe cualquier rapaz de aldea que la campana no es la Iglesia… pero llama a los ifeles. ¿Conocen algo más triste que un campanario sin campana? Como nicho oscuro y hueco… Más que silencio, es mudez.

“A esta, a la Gómez Borrero, me la cargo yo” (Calviño a Nasarre en el traspaso de poderes). “Y si destituyo a Paloma, le hago un favor a la Iglesia” (Calviño a un prelado del a Conferencia Episcopal). “La Borrero tiene en Roma los días muy contados” (Calviño a mí, en un desayuno del Ritz). ¿Obsesión? Pero amontonaron episodios nefastos: “La Clave” escamoteada. La transmisión diferida y recortada del debate Rumasa. El escándalo de Las Vulpes (salivazos, eructos y, procacidades y guarradas, en un espacio infantil). La guillotina a las procesiones de Semana Santa. Aquel ‘en televisión ze informa zin inteligenczia’, en voz de Alfonso Guerra…. Y Calviño aguardó a mejor ocasión. En éstas que se adelantó Maravall, que ‘se topó con la Iglesia’, en us embestida contra los catecismos. ¡Como para hurgar en la misma brecha! Calviño, quieto-parao, porque Felipe González tenía entonces audiencia con el Papa.

¿No les advirtió aquella inusual nota del portavoz vaticano de que allá en Roma no se ponen, sin más, en manos de traductores por si, en el sesgo, se le tornan tradittores? Y bien. Puestos a escoger ‘por razones económicas’ entre los dos informadores permanentes de RTVE en Roma, hubiese sido lógica la opción por el que fuera de verdad, ambivalente. Pero eligen a Javier Pérez Pellón, notoriamente ‘non grato’ en los ámbitos eclesiásticos romanos, y a quien cierto agregado militar hubo de exigir ‘más respeto al Papa’, cuando en una cena se refirió a Juan Pablo II llamándole “el polaco ese… que monta espectáculos en la plaza de San Pedro”. Pellón, que disfruta regalando a los telespectadores el morbo de los Calvi, los Marzinskus, los Bancos Ambrosianos y las logias P-2… Cuando la teleaudiencia española de fe cristiana lo que recibe con crédito y agrado es eso que con tanta naturalidad ofrece Paloma: Ella ha sabido desacartonar y aproximar las noticias de la Iglesia, sin menguarles rigor ni respeto, dar encarnadura entrañable a los comunicados oficiales del Vaticano; introducir en nuestros cuartos de estar la esperitualidad del Papa, con toda su fuerte humanidad. ¡Y de un modo cordial, con aire de familia!

Una campana no es la iglesia… Ta se sabe, pero sin Paloma ‘en directo, desde Roma’, esa campana clara, alegre y veraz habrá dejado de llamar desde el telediario. Esa forzada mudez ¿no presagia un futuro silencio total? ¡Ah, pero el señor Calviño piensa, ‘veotamente’ que le hace un favor a la Iglesia!

Pilar Urbano

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