La política del PP es acusada de mentir y responsables de la universidad de falsificar un documento público

El escándalo por un master regalado a la presidente de Madrid, Cristina Cifuentes, revienta su imagen y la de la Universidad URJC

HECHOS

El 21.03.2018 el digital ELDIARIO.ES inició una serie de publicaciones sobre el master académico realizado por Dña. Cristina Cifuentes en la Universidad Rey Juan Carlos.

“NO ME VOY, ME QUEDO, SEGUIRÉ SIENDO VUESTRA PRESIDENTA”.

 El 21.03.2018, al estallar el escándalo, la presidenta de Madrid, Dña. Cristina Cifuentes, se grabó un vídeo en su despacho en el que enseñó el acta de su master para demostrar que de verdad se había presentado y lo había aprobado y que no se lo habían regalado. Aquello sólo aumentó el escándalo al conocerse que el acta que enseñaba estaba falsificado.

GUERRA INTERNA EN LA UNIVERSIDAD

 El 21.03.2018 comparecieron el rector de la Universidad Rey Juan Carlos, D. Javier Ramos y el responsable del master, Sr. Álvarez Conde, para asegurar que doña Cristina Cifuentes sí que había cursado el master legalmente. Ante la aparición de nuevos datos que evidenciaban una falsificación del acta que la Universidad había remitido a la Sra. Cifuentes para que difundiera a los medios de comunicación, el responsable del master Sr. Álvarez Conde aseguró el 6.04.2018 que había realizado esa ‘falsificación’ por orden del rector D. Javier Ramos, ante lo cuál el Sr. Ramos compareció ante la opinión pública por segunda vez para denunciar que tomaría acciones legales contra el Sr. Álvarez Conde, asegurar que este le había mentido y constatar que no tenía ninguna prueba real de que Dña. Cristina Cifuentes hubiera realizado un master en la URJC.

MOCIÓN DE CENSURA

   La oposición encabezada por D. Ramón Gabilondo (PSOE) anunció ante el escándalo que presentaría una moción de censura contra Dña. Cristina Cifuentes que desde el principio fue respaldada por Podemos. Ciudadanos, aliado tradicional del PP en Madrid, se desvinculó de la moción, pero sí solicitó la dimisión de Cifuentes pidiendo que fuera reemplazada por otra dirigente del PP.

MÁXIMA CANCHA DEL GRUPO ATRESMEDIA

 El grupo de comunicación que más cancha dio al escándalo del master de Cristina Cifuentes fue el grupo Atresmedia, en especial a través de una de sus cadenas de televisión LA SEXTA. El director de la misma, D. Antonio García Ferreras, abrió durante 30 días todos sus programas de opinión hablando del caso, el ‘master-gate’ y llegó a dedicar 10 minutos de sus telediarios al tema por encima de cualquier otra noticia para impedir que cayera en el olvido. El caso había sido destapado por ELDIARIO.ES de D. Ignacio Escolar, un digital en la órbita de Atresmedia.

21 - Marzo - 2018

Que te regalen un máster es otra forma de corrupción

Ignacio Escolar

Cuando Cristina Cifuentes se matriculó en un máster de la Universidad Rey Juan Carlos no era una alumna cualquiera que pasara por allí. Fue en el año 2012. Cifuentes ya era la delegada del Gobierno en Madrid. Antes había sido miembro del Consejo de Universidades de Madrid. Su nombre, en ese año, ya sonaba como probable candidata a las elecciones autonómicas por el PP. Llevaba más de treinta años en política –se afilió en 1980 a las juventudes de AP– y hacía ya dos décadas que era diputada en la Asamblea de Madrid. En esta universidad pública, que financia la misma administración que hoy preside, Cristina Cifuentes recibió un claro trato de favor. Solo se explica por ser quien es.

Ni Cristina Cifuentes ni la Universidad Rey Juan Carlos ni ningún otro de los protagonistas de esta exclusiva que nuestra compañera Raquel Ejerique publica hoy han sabido aclarar a eldiario.es cómo la hoy presidenta de Madrid logró sendos notables en dos asignaturas a las que no se presentó. Tampoco saben explicar por qué modificó esas notas una funcionaria administrativa de otro campus distinto, en vez de los profesores del máster. Ni por qué Cifuentes logró dos notables en su expediente el 23 de octubre de 2014: dos años después de terminar su máster y sin que figure ningún nuevo pago de matrícula por repetir.

No eran dos asignaturas cualquiera. Una de ellas era el trabajo de fin de máster. Entre las dos asignaturas pendientes, a Cifuentes le faltaban casi la mitad de los créditos necesarios para aprobar: 27 de 60.

La única explicación posible es que a Cifuentes le aprobaron por la cara. Por puro enchufismo. Por ser quien era. Mentir en el currículum suele ser motivo de dimisión en aquellos países europeos a los que nos queremos parecer. Falsear un documento público, un título de una universidad pública, es un abuso de una gravedad aún mayor.

El máster regalado a Cifuentes no es el único escándalo que ha salpicado a una universidad pública donde nada parece marchar bien. Es la universidad que mantuvo durante meses al rector plagiador. La misma donde la hermana de Cifuentes acabó colocada en un puesto a dedo que no le correspondía, de forma ilegal.

Casualmente, la funcionaria que le puso los notables por la cara, Amalia Calonge, tenía como imagen de perfil en su whatsapp una foto de ella abrazada a Cristina Cifuentes. Le hemos preguntado a Calonge si son amigas. Ha preferido no contestar. Más tarde, ha cambiado su foto de whatsapp.

Cristina Cifuentes ayer tuvo que aclarar en el Congreso de los Diputados un misterio difícil de desentrañar: cómo es posible que ella fuese la única política honrada que prosperase en la charca de batracios de Esperanza Aguirre e Ignacio González. “Cuanto esto acabe, volveré a la universidad”, aseguró en el Parlamento. Lo que no ha explicado es a qué plaza pretende regresar.

Cifuentes se matriculó en este máster por una razón: porque lo necesitaba como paso previo para presentar una tesis doctoral con la que después poder optar a un puesto docente, como el que se llevó a dedo su hermana. La plaza de Cifuentes en la universidad es como funcionaria no docente: primero del grupo B y más tarde, cuando ya estaba en política, pasó a técnico superior.

Cabe preguntarse en qué momento de su día a día lograba la delegada del Gobierno en Madrid estudiar para su máster o acudir a las clases. O cómo pensaba sacar rato para una tesis doctoral mientras preside la Comunidad, sin tiempo suficiente ni para tomarse vacaciones de verano. Es fácil, cuando los títulos universitarios se aprueban así.

En otro país europeo más normal, la presidenta de la Comunidad de Madrid no seguiría en su puesto un día más.

23 - Marzo - 2018

Cifuentes debe dimitir

Ignacio Escolar

Cristina Cifuentes tiene un título universitario regalado, un máster que realmente no cursó. No pisó las clases un solo día. Una funcionaria muy cercana entró en su expediente y le cambió dos notas saltándose la ley. No consta en ningún registro oficial que presentase el trabajo de fin de máster. El documento no aparece por ningún sitio y es dudoso que tal trabajo siquiera exista: ni lo encuentra Cifuentes ni tampoco la Universidad. Podría falsificarlo, supongo que ha tenido la tentación. Tampoco sería el primer documento irregular que presenta para defenderse de las informaciones de eldiario.es. Pero si Cifuentes habla con un buen abogado, seguro que le aconseja frenar en esta carrera hacia el abismo. No solo tiene un problema político. También afronta un posible problema judicial.

Su versión de los hechos ha cambiado tanto en estos días porque todas sus explicaciones han sido falsas, de principio a fin. Las mentiras tienen las patas muy cortas y por eso se encuentra hoy así. “Va a caer por KO o a los puntos”, me dice un importante dirigente político. La única duda es si dejará la presidencia de Madrid con la dignidad que no ha tenido esta semana o si prolongará esta agonía un tiempo más. La Semana Santa o la excusa de una gripe no le servirán para huir eternamente. En su propio partido, ya son muchos quienes le aconsejan dimitir.

Cuando eldiario.es abrió este miércoles su portada con esta investigación de Raquel Ejerique donde decíamos, con todas las letras, que había obtenido un máster con notas falsificadas, no estábamos jugando a la ruleta rusa. Este periódico no especula con la información, ni apuesta a doble o nada con un simple rumor. Si no hubiésemos tenido la información atada, nunca habríamos publicado un titular tan contundente. Lo hicimos porque es lo que pasó, porque teníamos las pruebas, porque contábamos con todo tipo de fuentes y documentos que acreditaban decenas de ilegalidades. Porque sabíamos que una Universidad pública que depende de ella y donde fue consejera había regalado, por la cara, un título oficial a la presidenta de Madrid.

Ya hay una denuncia presentada y hasta el líder de Ciudadanos, Albert Rivera, el presidente del partido que sujeta su Gobierno, está pidiendo a la Fiscalía intervenir. No es para menos, porque el escándalo también afecta a una de las universidades públicas de Madrid. Aquí no solo está en juego qué pasa con Cifuentes, sino el prestigio de una Universidad cuya marca ya estaba por los suelos, después del lamentable episodio de su exrector plagiador.

En su huida atropellada en las mentiras, Cifuentes está arrastrando también a todos sus cómplices en este escándalo. A su ‘conocida’, Amalia Calonge, esa amable funcionaria que le cambió las notas y que estaba disponible cada vez que Cifuentes necesitaba una gestión. Al director de máster que luego resultó que no lo era, el catedrático Enrique Álvarez. Al profesor Pablo Chico que le puso un “no presentado” –normal, no pisó la clase– y dos años después lo cambió por un notable; el mismo que tiene varios trabajitos en ayuntamientos gobernados por el PP. A las tres profesoras en precario que aseguran que participaron en un comité evaluador que es ilegal y que han firmado un papel muy dudoso y que las puede comprometer. También ellos, al igual que Cifuentes, se enfrentan a unas posibles consecuencias muchísimo más graves que una inspección interna de la Universidad.

El máster de Cifuentes era presencial, pero solo para los estudiantes sin pase VIP. Han hablado una cuarta parte de los matriculados –cinco alumnos de poco más de 20– y ninguno la vio jamás; la mayoría de ellos ni siquiera sabían hasta esta semana que habían compartido clase con la presidenta de Madrid.

La pregunta ya no es solo cómo logró Cifuentes sus dos notables en diferido, sino cómo pudo aprobar las otras once asignaturas sin pisar la clase. Tiene incluso cinco sobresalientes, el premio a un esfuerzo que nunca existió.

06 - Abril - 2018

Cifuentes no convence

EL PAÍS (Director: Antonio Caño)

Las sospechas de falseamiento que pesan sobre el máster que cursó la presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes, deterioran gravemente la confianza en los políticos, ya suficientemente erosionada en este país. El caso no es, como puede aparentar, un hecho menor. Afecta de lleno a la ejemplaridad a la que se deben los líderes políticos; que es especialmente relevante en Cristina Cifuentes, supuesta abanderada de la regeneración del Partido Popular, formación a la que pertenece, acorralada y debilitada por graves casos de corrupción.

La duda fundamental que las informaciones periodísticas han sembrado sobre el máster de Cristina Cifuentes en la Universidad Rey Juan Carlos es que este no fue completado de forma exitosa y legal de acuerdo con los procedimientos habituales a los que se someten todos los alumnos, sino valiéndose de amaños y favores. La presidenta de Madrid esgrimió ayer en el pleno extraordinario de la Asamblea de Madrid actas y documentos académicos que no disiparon la sospecha fundamental de que fue su influencia política y no su mérito la que le procuró el título. No solo no ha aportado Cifuentes durante estas dos semanas de escándalo su trabajo de fin de máster, sino que dejó entrever que cursó dichos estudios (de 600 horas presenciales) sin aparecer por las aulas universitarias. Y esta es quizá, por el momento, la peor de las implicaciones que conlleva el caso. Porque empeñada Cifuentes en defender su honorabilidad desvió las acusaciones de irregularidades y presuntas firmas falsas a la propia universidad pública, ofreciendo de ella una imagen extremadamente perjudicial. Es un daño colateral corrosivo, pues siembra el descrédito de los docentes y alimenta el agravio de todos esos estudiantes que se esfuerzan día a día por mejorar su formación y obtener títulos que les abran el camino del mercado laboral.

Cifuentes sostiene que todo es legal y que nadie ha demostrado su culpabilidad. Pero no ha empeñado lo más valioso que tiene un político: su palabra de que obró correctamente y, por tanto, de que realizó y defendió públicamente su tesis de acuerdo con las normas establecidas.

“Necesitamos confianza”, reclamó ayer el líder de la oposición madrileña, el socialista Ángel Gabilondo, en una brillante exposición. A falta de esa confianza en la palabra de los políticos, más preocupados por el contrataque al rival que por hacer resplandecer la verdad ante los electores, es la Universidad Rey Juan Carlos la única que puede desbrozar en parte el camino, aunque ello suponga un incómodo análisis de sus procedimientos. La petición del rector Javier Ramos a la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas de observadores independientes para investigar lo ocurrido es la mejor iniciativa.

El PSOE ha anunciado una moción de censura contra Cifuentes, mientras que Ciudadanos se conforma, de momento, con una comisión de investigación parlamentaria. Ni una cosa ni otra resolverán en el corto plazo ese grave problema de confianza que sufre la política española. Cifuentes prometía poner su grano de arena en esa necesaria reconstrucción del respeto a la política, pero de momento solo se ha confundido con el paisaje.

07 - Abril - 2018

Cifuentes, más difícil todavía

ABC (Director: Bieito Rubido)

Si no asume su responsabilidad, su partido debe tomar cartas en el asunto porque está en juego la continuidad del liderazgo del PP en el centro-derecha en Madrid y en toda España

Cristina Cifuentes está sobre la línea roja de sus responsabilidades como cargo público y dirigente del PP. Tiene también un compromiso de coherencia personal, porque quien ha hecho bandera de la regeneración de su partido y de la transparencia política debe someterse a las mismas exigencias que predica para los demás. Por su condición de presidenta de la Comunidad de Madrid, no puede refugiarse detrás de la polémica abierta en el seno de la Universidad Rey Juan Carlos (URJC), porque no es una víctima de las graves incógnitas puestas de manifiesto en los últimos días. Ha sido su posible beneficiaria. El rector de la URJC, Javier Ramos, reconoció ayer que no hay acta de evaluación del trabajo de fin de máster de Cifuentes, pese a que debía estar archivada, que tampoco aparece la memoria de dicho trabajo y, lo que es aún peor, que no puede garantizar que se celebrara el acto de defensa pública del mismo. Previamente el presunto tutor de su trabajo, el catedrático Enrique Álvarez Conde, reconoció que había «reconstruido» el acta del tribunal el 21 de marzo. Un acta en la que consta la firma falsificada de quien aparece como presidenta del tribunal.

El problema es de la Universidad, sin duda, pero también de Cifuentes, y la presidenta madrileña se equivoca si pretende enfocar su situación desde la perspectiva de una alumna. Cuando hizo el máster era delegada del Gobierno en Madrid y hoy es presidenta de esta Comunidad, máxima responsable de la política universitaria. Su disyuntiva es muy sencilla: o presenta de forma inmediata -hoy mejor que mañana- las pruebas documentales de su trabajo de fin de máster, o debe hacerse a un lado para que la mayoría formada por su partido y por Ciudadanos en la Asamblea elija otro presidente autonómico. Y si no asume su responsabilidad por iniciativa propia, su partido debe tomar cartas en el asunto porque es mucho más importante lo que está en juego -la continuidad del liderazgo del PP en el centro-derecha en Madrid y, por extensión, en toda España- que el futuro político personal de un dirigente u otro.

El PP no debe presentarse ante la opinión pública como un partido en el que nunca pasa nada. Cae en Cataluña y en las encuestas, se le fugan votos y, ahora, se tambalea su último gran feudo en Madrid, y nada se conmueve, nada cambia en una formación que aspira a ganar las municipales y las autonómicas de 2019.

17 - Abril - 2018

Si hay falsedad, pediremos retirar el título a Cifuentes

Javier Ramos (Rector URJC)

Desde el pasado día 21 de marzo, la Universidad Rey Juan Carlos (URJC) ha sido objeto de numerosas informaciones, muchas de ellas relacionadas con hechos de una gravedad extrema, que repercuten directa y negativamente en el prestigio y la reputación de nuestra institución.

Son muchos los que han aprovechado esta circunstancia en beneficio de sus propios intereses y batallas, y en contra de la propia Universidad, olvidando a menudo que somos un centro educativo y de conocimiento y no una arena política donde dirimir sus diferencias.

Como Universidad y desde nuestras capacidades y recursos, durante las últimas semanas, hemos actuado con eficiencia, rigurosidad y energía para erradicar irregularidades que nunca deberían haber pasado en un centro educativo, y por las que, en nombre de la URJC, pedimos disculpas a la comunidad educativa y a la sociedad, en general.

A partir de ahora, y de hecho ya lo estamos haciendo, vamos a tomar todas aquellas decisiones necesarias no solo para garantizar que las malas praxis detectadas no se vuelvan a producir, sino también para actuar de manera contundente y de la mano de la justicia contra todos aquellos responsables de este desprestigio.

Reconozco que resulta muy doloroso ver cómo unas actuaciones circunscritas en un centro determinado y con unos implicados muy concretos dañan el buen hacer de toda la URJC, cuando esta institución, en su gran mayoría, trabaja diariamente ajena a esa triste realidad y lo hace con la mayor honestidad y profesionalidad posible. Está fuera de duda la honorabilidad de la inmensa mayoría del profesorado, del personal de administración y servicios de los centros de esta Universidad y por supuesto de sus estudiantes.

No vamos a permitir que 46.000 estudiantes y cerca de 3.000 docentes y empleados, además de las 345 titulaciones oficiales, resulten afectados por las malas prácticas de un solo centro y de unas determinadas personas.

Se han cometido errores en estos días, no somos infalibles, pero se han tomado todas las decisiones posibles que estaban en la mano del equipo de Gobierno de la Universidad para poner punto y final a la peor situación vivida en nuestra historia reciente. Y es posible que en el proceso de llegar hasta donde sea necesario, se detecten o se conozcan nuevas irregularidades o incidencias y, ante ello, ya ha quedado suficientemente claro que no vamos a desistir en nuestro empeño de erradicarlas.

Para nosotros, lo sucedido queda encauzado por las soluciones planteadas: Traslado a la fiscalía de todas las irregularidades detectadas, intervención del Instituto afectado por los casos detectados, apertura de expedientes disciplinarios a las personas implicadas e inicio de auditorías contables y académicas en todos los institutos y centros propios de la Universidad.

Aunque los medios de comunicación y una parte importante de la sociedad nos solicita la retirada del título de la alumna Cristina Cifuentes Cuencas, tengo que insistir en que este proceso no puede iniciarse hasta que se pronuncien los órganos judiciales. No tengan ninguna duda de que, de confirmarse el delito de falsedad documental, solicitaremos al Ministerio de Educación su retirada.

La URJC quiere ser y va a ser, desde hoy mismo, referencia en el marco de la ética, la profesionalidad, la transparencia y el buen hacer. Estamos trabajando para ello, a pesar de que todos esos acontecimientos fueron originados con anterioridad al actual equipo de Gobierno, que apenas ha cumplido un año en sus funciones.

Adoptadas las medidas necesarias y establecido el marco de actuación ante irregularidades, iniciamos una nueva etapa donde todos juntos coincidimos en que la URJC va a volver a trabajar en la senda que habíamos marcado antes de lo sucedido: una clara vocación internacional, la captación de talento y una oferta educativa adaptada a las necesidades de la sociedad actual.

Ese va a ser desde hoy nuestro principal objetivo y nuestro día a día.

Quiero manifestar que, a partir de ahora, cualquier nuevo caso de corrupción académica o económica que descubramos en nuestra Institución, no vamos a considerarla como un caso más, sino como un caso menos, que nos acerca a la máxima integridad moral.

Javier Ramos

17 - Abril - 2018

Carta de renuncia al master de Cifuentes

Cristina Cifuentes

Me dirijo a ti en relación con la polémica surgida en torno al Máster de Derecho Público Autonómico de la Universidad Rey Juan Carlos, correspondiente al curso 2011-2012.

Un Máster, del que poseo el correspondiente Título Oficial, así como todos los certificados acreditativos del pago de tasas y de las calificaciones obtenidas en cada una de las distintas materias, debidamente sellados y compulsados por la Secretaría de la Universidad.

Todos y cada uno de estos documentos están expedidos por las autoridades académicas competentes, y los mismos acreditan dos cosas: en primer lugar, que yo no he cometido ninguna ilegalidad, y, en segundo lugar, que hecumplido los requisitos que la Universidad me puso para conseguir dicho título.

En todo caso, a mí se me ofreció una modalidad y unos requisitos que no creo que hayan sido ni mejores ni peores que los que se hayan propuesto a otras personas en mis circunstancias, y si la universidad no hubiera planteado esta posibilidad, sencillamente no habría cursado el Máster. No consideré entonces, que las condiciones establecidas por la universidad para realizar el Máster, a pesar de mis dificultades personales, pudieran ser consideradas por alguien como un agravio.

Ni que se pudieran sentir perjudicados aquellos alumnos cuyas condiciones personales les permitían seguir estrictamente el régimen académico ordinario, lo que no ocurría en mi caso.

Tampoco consideré que podía haber motivo de agravio para nadie, puesto que la posesión de este Máster no me ha reportado beneficio ni ventaja profesional de ningún tipo. Ni ha facilitado mi promoción de ninguna manera en ningún ámbito laboral ni político.

Ni me ha habilitado para un ejercicio profesional que no estuviera ya en condiciones de desarrollar con anterioridad.

Hay que tener muy en cuenta, en este sentido, que el Máster no me ha otorgado una titulación de la que yo no esté en posesión, y ello, por dos razones. En primer lugar, porque mi Licenciatura en Derecho ya se corresponde con el nivel Máster del Marco Español de Cualificaciones para la Educación Superior (MECES. Nivel 3). Y, en segundo lugar, porque cuando me matriculé en el año 201 1, ya contaba con un título de Máster en Administración Pública, cursado en 1999-2000, en el Instituto Universitario Ortega y Gasset, adscrito a la Universidad Complutense.

Aun así, y a la vista de lo que está ocurriendo, si me equivoqué, y en aquel momento debí rechazar las facilidades que me ofreció la Universidad, pido disculpas a cualquiera que haya podido sentirse agraviado.

Como ya he dicho, sólo me movió a participar en este Máster mi interés por ampliar conocimientos, pese a las dificultades personales que me impedían cursarlo en un régimen ordinario.

En ningún momento pretendí sacar ventaja entonces de este Máster, ni pretendo sacarlo en el presente ni en el futuro, por lo que te comunico formalmente mi decisión de RENUNCIAR a la utilización del Título expedido por la Universidad Rey Juan Carlos, solicitando que dicha renuncia sea considerada con carácter inmediato, a los efectos oportunos.

Quiero, en todo caso, reiterar que siempre he actuado conforme a la legalidad y dentro del margen académico establecido en mi caso por la Universidad Rey Juan Carlos.

Una Universidad de la que quiero destacar especialmente el esfuerzo y el sacrificio de todos y cada uno de los alumnos, y el extraordinario trabajo que llevan a cabo los profesores y el resto del personal, que en ningún caso pueden verse mermados por una polémica cuyo origen, causas y consecuencias, corresponde determinar a la Justicia. Quedando a tu disposición, recibe un cordial saludo”.

No obstante, según se desprende de la información reservada abierta por la Universidad, la obtención de dicho máster se ha visto afectada, al parecer, por diversas irregularidades administrativas, totalmente ajenas a mí, pero que han dado lugar a su cuestionamiento.

En el ámbito de esas presuntas irregularidades administrativas, tiene especial relevancia el Acta del Trabajo Fin de Máster que, como bien sabes, nos fue remitida directamente por la Secretaría del Rector el pasado 21 de mazo, a las 17.36 horas, procediéndose por tu parte un cuarto de hora después a dar instrucciones para abrir una Información Reservada, al existir dudas sobre su contenido.

Una circunstancia, estimado Rector, que no puede por menos que sorprender puesto que dicha acta no había sido solicitada por nosotros. No obstante lo cual, procedimos a su distribución a los medios en base a que confiábamos plenamente en que esta documentación era veraz, dada la fiabilidad que tenía para nosotros el remitente, que era tu propia Secretaría.

Debo significar, en todo caso, que desconozco por completo el origen y contenido tanto de este documento, como del referido a las convalidaciones de asignaturas de varios alumnos, que también ha sido puesto en tela de juicio.

Como alumna de este Máster, soy la primera interesada en esclarecer cualquier anomalía que haya podido existir en e| proceso de obtención de| mismo que insisto, es algo completamente ajeno a mí, puesto que yo siempre he cumplido la legalidad y me he atenido a las indicaciones de la Universidad.

De hecho, y con esta finalidad, he solicitado la práctica de diversas diligencias en la querella criminal ya interpuesta en el Juzgado.

Tengo plena confianza en que |a Justicia esclarecerá la totalidad de |os aspectos relacionados con los procedimientos académicos y administrativos que se siguen en la Universidad Rey Juan Carlos para realizar los cursos de posgrado, tanto el mío, como el del resto de los alumnos.

Espero también que la Justicia pueda determinar las responsabilidades correspondientes ante una preocupante vulneración de la Ley de Protección de Datos en la Universidad que diriges,que no solo ha podido facilitar el acceso y divulgación de datos personales, sino también su manipulación.

Tengo que poner de relieve, por otra parte, que, en mi caso concreto, me incorporé a este Máster -que fue financiado por mí en su totalidad-, movida únicamente por el deseo de profundizar en el conocimiento de una materia de gran interés personal, como es el Derecho Autonómico y, en especial, en lo que se refiere al sistema de reparto competencial en materia de seguridad ciudadana, dada mi condición de diputada regional primero, y delegada del Gobierno después.

Y me incorporé al Máster, porque inicialmente me encontraba en condiciones de cursarlo con plena dedicación, circunstancia que se vio alterada por mi nombramiento como delegada del Gobierno en Madrid, pudiendo continuar con el mismo al facilitar la Universidad que prosiguiera los estudios, en unas condiciones flexibles para una persona que, como yo, a partir de determinado momento tenía obligaciones que me impedían seguir el mismo régimen académico que el resto de los alumnos.

Entiendo que haya personas que consideren que los requisitos establecidos no fueron suficientes, según sus propios criterios, y entiendo también que haya quien piense que mi esfuerzo no fue equiparable al suyo. Yo eso no lo puedo saber ni comparar, sólo digo que los requisitos que me fijaron, los cumplí.

17 - Abril - 2018

Las mentiras de Cifuentes en su carta de “renuncia” al máster

Ignacio Escolar

“La obtención de dicho máster se ha visto afectada, al parecer, por diversas irregularidades administrativas totalmente ajenas a mí”

Falso. No son irregularidades administrativas sino ilegalidades flagrantes, que ya está investigando la Fiscalía. Y tampoco han sido ajenas a la presidenta de Madrid, que ha sido la principal beneficiaria de todos estos presuntos delitos, con papeles oficiales falsificados.

Cifuentes no fue “ajena” a todo lo que pasó en su máster porque no hay nadie tan ingenuo como para pensar que es normal que una Universidad te permita aprobar un título oficial sin ir a clase, sin ir a los exámenes, matriculándote fuera de plazo, con actas falsificadas, con una funcionaria conocida que te cambia las notas y sin presentar el Trabajo de Fin de Máster.

“Tiene especial relevancia el Acta del Trabajo de Fin de Máster, que como sabes, nos fue remitida directamente por la Secretaría del Rector el pasado 21 de marzo a las 17:36. (…) Una circunstancia, estimado Rector, que no puede por menos que sorprender puesto que dicha acta no había sido solicitada por nosotros”

Falso. El equipo de Cristina Cifuentes llevaba todo el día presionando a la Universidad para que le enviasen toda la documentación disponible sobre su máster, todos los papeles que sirvieran para desacreditar la exclusiva de eldiario.es, que ese mismo día publicó que había conseguido un título universitario con notas falsificadas. Esa misma mañana, una amiga personal de Cifuentes y asesora de su Gobierno, Maite Feito, estuvo en el Rectorado como enviada. No fue la única de su Gobierno que habló con la Universidad para pedir papeles con los que desmentir nuestra noticia.

“Debo significar, en todo caso, que desconozco por completo el origen y el contenido de este documento”

Falso. Salvo que la presidenta de Madrid sea la única persona que “desconozca” que ese papel lo mandó “reconstruir” el catedrático Enrique Álvarez Conde, el mismo que dijo ser “tutor” del máster de Cifuentes y que presionó a sus “discípulas” para que falsificasen ese documento, según él mismo ha confesado. También es falso que Cifuentes “desconozca el contenido”, pues lo leyó bien alto en público, en este famoso vídeo.

Cuando Cifuentes presumía –“Por cierto, saqué notable”– debía saber también que el documento era falso. Si a mí me entregan un acta que dice que soy piloto de la NASA también sabría que es mentira al primer vistazo, sin necesidad de chequear ninguna firma ni encargar un peritaje caligráfico.

Por la misma razón, ella mejor que nadie debía saber ya entonces que ese papel era falso porque nunca defendió ese máster ante ningún tribunal el 2 de julio de 2012, como han confesado ya las profesoras. Cifuentes mintió y lo hizo en reiteradas ocasiones y con todo lujo de detalles, explicando incluso cómo fue su defensa, y que “duró poco, “unos diez o quince minutos”. Unas mentiras bien gordas.

“Como alumna de este Máster, soy la primera interesada en esclarecer cualquier anomalía que haya podido existir en el proceso de obtención del mismo”

Falso. El principal interés de Cifuentes no es esclarecer unos hechos que ya están bastante claros, sino intentar sobrevivir políticamente y resistir a cualquier precio en la presidencia de Madrid.

“Con esta finalidad [esclarecer los hechos] he solicitado la práctica de diversas diligencias en la querella criminal ya interpuesta en el juzgado”

Falso. El objetivo de esa “querella criminal” contra dos periodistas de eldiario.es, contra Raquel Ejerique y contra mí, no es tampoco “esclarecer los hechos”. Cifuentes pide cárcel contra nosotros para intentar amedrentarnos y porque no tenía otra respuesta ante nuestras informaciones que esa amenaza, que anunció a través de un plasma.

“Tengo que poner de relieve, por mi parte, que en mi caso concreto me incorporé a este Máster (…) movida únicamente por el deseo de profundizar en el conocimiento de una materia de gran interés personal, como es el Derecho Autonómico”

Falso. Cifuentes se matriculó en ese título porque era imprescindible para presentar después la tesis doctoral y lograr el doctorado. Esa era su intención, que declaraba ella misma en su currículum en 2012, donde aseguraba que estaba “cursando el doctorado” en la URJC. Solo le interesaba ese título porque, si algún día dejaba la política y volvía a la Universidad, como doctora podía aspirar a regresar a una plaza de docente, y no la que tiene ahora que es como funcionaria de administración y servicios. Además, difícilmente iba a “profundizar en el conocimiento” de nada sin ir a una sola clase.

“Y me incorporé al Máster, porque inicialmente me encontraba en condiciones de cursarlo con plena dedicación, circunstancia que se vio alterada por mi nombramiento como delegada del Gobierno en Madrid”

Falso. Las clases eran jueves por la tarde, viernes por la tarde y sábado. Y Cifuentes no podría tampoco haber asistido en ese horario con “plena dedicación” porque los plenos de la Asamblea de Madrid, de la que era vicepresidenta, se celebraban entonces los jueves por la tarde. Además, es dudoso que el 28 de diciembre, cuando Cifuentes pagó su matrícula, no supiera ya que iba a ser nombrada delegada del Gobierno solo unos días más tarde. Ni tampoco es una dedicación muy plena matricularse en un curso cuando el primer trimestre ha terminado.

“Entiendo que haya personas que consideren que los requisitos establecidos no fueron suficientes, según sus propios criterios, y entiendo también que haya quien piense que mi esfuerzo no fue equiparable al suyo”

Salvo que haya aprobado el resto de su formación académica de la misma manera, Cifuentes también debería entender que a ningún alumno normal le piden unos requisitos así: sin clases, sin matrícula en plazo, sin exámenes y sin presentar el trabajo. Además, también es falso que pactase esos “requisitos” con los docentes. Una de las profesoras de ese máster ya ha explicado que nunca la vio y que nunca negoció nada con ella, menos aún un trato de favor tan escandaloso.

“A mí se me ofreció una modalidad y unos requisitos que no creo que hayan sido ni mejores ni peores que los que se hayan propuesto a otras personas en mis circunstancias”

Falso. Salvo que las “circunstancias” sean militar en el PP con un cargo importante o ser alguien cercano a Enrique Álvarez Conde. Solo así se podía lograr un título oficial en la URJC con estos inexistentes “requisitos”. Lo único que hizo Cifuentes fue pagar tarde la matrícula. Nada más ha quedado acreditado de su paso por la URJC.

“Hay que tener muy en cuenta, en este sentido, que el máster no me ha otorgado una titulación de la que yo no esté en posesión, y ello por dos razones. En primer lugar, porque mi Licenciatura de Derecho ya se corresponde con el nivel del Máster”

Falso. Cuando Cifuentes se matriculó, en 2011, ese máster era imprescindible para cursar el doctorado. Fue después, en el año 2014, cuando el Ministerio de Educación cambió las normas y permitió a los que ya tenían la vieja licenciatura de cinco años –en lugar del grado de cuatro– saltarse el máster para acceder al doctorado.

Además, desde 2014, también habría necesitado acreditar 300 créditos de investigación y formación para acceder al doctorado. Parte de esos créditos de investigación se los podría ahorrar igualmente con ese máster, por lo que aprobarlo era mucho más útil de lo que ahora quiere asegurarnos. Sí le aportaba una titulación que no tenía.

“En segundo lugar, yo ya contaba con un título de Máster en Administración Pública, cursado en 1999-2000 en el Instituto Universitario Ortega y Gasset”

Falso. Ese título no es un máster equiparable al que después recibió por la cara. No le valía para el doctorado y por eso Cifuentes tuvo que matricularse en la URJC. Ni siquiera se llama máster, sino “Curso Superior en Administración Pública”. Es de agradecer, al menos, que esta vez no lo llame “Máster en Administración Pública y Dirección de Empresas”, como asegura falsamente el currículum oficial de la presidenta.

“Quiero reiterar que siempre he actuado conforme a la legalidad y dentro del margen académico establecido en mi caso por la Universidad Rey Juan Carlos”

Falso. El único marco en el que se desenvolvió Cifuentes no fue el establecido por la Universidad, sino por los apaños del catedrático Enrique Álvarez Conde. En cuanto a la legalidad, pues ya veremos. Dependerá de cómo evolucione la investigación de la Fiscalía. Además, lo relevante en este caso no es si Cifuentes acaba o no imputada. Es que recibió un trato de favor por ser una política importante, que recibió un máster regalado en una Universidad pública, que mintió cuando eldiario.es descubrió ese abuso, que se defendió usando papeles falsificados y que sigue mintiendo cada día. No debería hacer falta nada más para asumir responsabilidades políticas.

“En ningún momento pretendí sacar ventaja entonces de ese Máster, ni pretendo sacarlo en el presente ni en el futuro, por lo que comunico formalmente mi decisión de renunciar a la utilización de ese título”

Falso. Cifuentes puede esconder su título pero no borrar su existencia. Y no puedes devolver algo que nunca fue tuyo.

18 - Abril - 2018

Alguaciles alguacilados

OKDIARIO (Director: Eduardo Inda)

Si Francisco de Quevedo fuera cronista político en el siglo XXI personalizaría susalguaciles alguacilados en las figuras de Javier Ramos y Pilar Charro. A tenor de la correlación de los hechos que les desmenuza en exclusiva OKDIARIO, la actuación del rector de la Universidad Rey Juan Carlos y de su guardiana de las actas  es cuanto menos llamativa. Si el máster era falso —como todo hace indicar— Cristina Cifuentes tendrá que asumir responsabilidades. No obstante, no puede ser la única, ya que Ramos y Charro aún tienen que dar muchas explicaciones. Sólo cuando Cifuentes ha expresado su deseo de que se esclarezca una posible violación de la Ley de Protección de Datos ha reaccionado Pilar Charro. 

Hasta entonces nadie sabía que la secretaria general de dicha Universidad había denunciado el robo de su ordenador el día previo a que saltara toda la polémica con los estudios de posgrado de la presidenta de la Comunidad de Madrid. Llama mucho la atención que dicho robo fuera denunciado apenas 24 horas antes de la publicación de la noticia. Si de verdad se produjo la sustracción de una información tan sensible, se entiende que la denuncia fue inmediata. Dando eso por hecho —que sería lo normal— resulta muy difícil de creer que esos datos acabaran siendo parte de un producto informativo con tan poco tiempo para comprobarlo y contrastarlo. Una serie de dudas que también rodean al rector Javier Ramos. 

Denota una actuación poco creíble el hecho de que mandara un acta falsa a Cristina Cifuentes por correo electrónico y 19 minutos después abriera una investigación sobre la falsedad de esa misma acta que él acababa de mandar como auténtica a la regidora autonómica. Un hecho revelador si tenemos en cuenta que la propia Cifuentes basó toda su versión en la fiabilidad de la misma. Algo que habla del estilo y del modus operandi de Javier Ramos. Esta manera de proceder exige explicaciones pormenorizadas de los dos trabajadores de la Universidad Rey Juan Carlos. Al final, tanto daño le está haciendo el celebérrimo máster a la institución como las dudas que genera el comportamiento de sus propios dirigentes.

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