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El grupo destruido poseía el principal centro comercial de España, Galerías Preciados, y varios bancos

El Gobierno del PSOE aplasta al holding RUMASA: el Estado expropia a José María Ruiz Mateos todas sus empresas

HECHOS

El 23 de febrero de 1983 el Gobierno del PSOE, tras apenas dos meses de mandato, expropió todas las empresas del hulding RUMASA.

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El 23 de febrero de 1983, a los dos meses de tomar el poder, el Gobierno socialista de D. Felipe González con don Miguel Boyer como ministro económico y el visto bueno del Banco de España, cuyo gobernador era el Sr. Álvarez Rendueles y el subgobernador era don Mariano Rubio decidió la expropiación del mayor holding empresarial de España: RUMASA. Su propietario, don José María Ruiz Mateos, se había negado a que el Gobierno le sometiera a auditorias, cayó pues, víctima de la  “apisonadora socialista” o el ‘rodillo socialista’.

El holging RUMASA de un caracter muy personalista dirigido por el Sr. Ruiz Mateos (su nombre era por sus iniciales ‘Ruiz Mateos S. A.’), incluía múltiples empresas de vino, tenía un fuerte poder en la ciudad de Jerez. E incluía varios pequeños bancos en su negocio, concretamente el Banco de Jerez, el Banco Atlántico, el Banco Masaveu y el Banco Expansión Industrial. También uno de los centros comerciales más importantes de España, ‘Galerías Preciados’, que competía con ‘El Corte Inglés’ por liderar el sector.

Si analizamos los titulares observaremos que el de EL PAÍS, tiene un carácter informativo. Similar es el caso del diario YA. EL ALCÁZAR no puede evitar ironizar sobre la fecha y su titular es “23-F: Golpe Económico”. Los del grupo andaluz Joly hablan de “Conmoción” (no se puede ignorar el mazazo que suponía para Cádiz la desaparición de principal líder de explotaciones ganaderas y exportación de vinos). Pero el titular más expresivo de la jornada fue el del ABC: “El Gobierno aplasta a RUMASA”. DIARIO16 apoyó al Gobierno en aquel asunto poniendo en portada, pocos días después: “RUMASA estaba al borde de la quiebra”.

RUIZ MATEOS: “HEMOS SUFRIDO UNA AGRESIÓN SIN PRECEDENTES”

RuizMateosRumasa El presidente de RUMASA, D. José María Ruiz-Mateos dio una rueda de prensa el 22 de febrero de 1983 culpando al Gobierno y al ministro de Economía, D. Miguel Boyer, de la imagen de inestabilidad que estaba dándose a su grupo. Aseguró que Rumasa no tenía ningún problema de liquidez y de solvencia y que no necesitaba al estado para subsistir. 48 horas después lo perdía todo.

BancodeJerez Después de la intervención, todos los bancos del holding RUMASA (Banco de Jerez, Banco Peninsular…etc) permanecen cerrados.

La salida de España del Sr. Ruiz Mateos levantó toda serie de especulaciones contra el empresario. Tras ser encarcelado por su negativa a comparecer muchos creyeron confirmados los rumores de que se había producido apropiación indebida de los fondos. Uno de los periodistas que más se cebó contra el ex presidente de RUMASA fue el argentino don Ernesto Ekaizer, autor del libro “José María Ruiz Mateos, el último magnate”, en él describe toda la creación de holding como un entramado del Opus. En la presentación de aquel libro, el 11 de diciembre de 1985, al poco de que el Sr. Ruiz Mateos despidiera a uno de sus abogados – el norteamericano Sr. Teele – el  Sr. Ekaizer  comentó que este despido se debía a que “era el  único que no podía ser manipulado”. La imagen de criminal hacia aquel personaje llevó a que, tras su detención y fuga, nadie se atreviera ya a defenderle, ni tan siquiera periódicos de derechas. Los socialistas le llamaban sin tapujos desde “ladrón” hasta “delincuente”. Años después se descubriría que no hubo “apropiación indebida”, pero sí una gestión muy irregular.

EL MINISTRO BOYER EXPLICA LA EXPROPIACIÓN

24 - Febrero - 1983

La nacionalización de Rumasa

EL PAÍS (Editorialista: Javier Pradera)

Ruiz-Mateos, el hombre que hizo posible el monetarismo liberal franquista, ahora quiere hacer posible el monetarismo liberal socialista.

La expropiación por parte del Gobierno del grupo bancario de Rumasa y de todas las sociedades del holding es imposible de ser analizada con rigor y corrección en base a la escasa, por no decir ninguna, información que el Gabinete ha ofrecido hasta ahora. Es, de hecho, la primera nacionalización decidida por el Gobierno socialista, que se presentó a las elecciones con un programa calificado por los observadores de socialdemócrata y hasta de neoliberal, y que no incluía una política nacionalizadora en ningún caso. Si se considera que Rumasa, según fuentes del propio holding, controla alrededor del 1,8% del producto interior bruto y se contempla la realidad de las instituciones financieras españolas, puede llegarse a la conclusión de que con esta medida el Estado se convierte en el primer banquero del país. Y empresas tan dispares como Loewe, las Mantequerías Leonesas o las chocolatinas de la Trapa, para no hablar de las bodegas y los hoteles de Rumasa, son desde hoy propiedad pública.Desconocemos a la hora de escribir este comentario las características del decreto nacionalizador. Parece que afecta a todas las empresas del grupo, pero no se saben las condiciones de la expropiación, la indemnización y la concreción de la titularidad estatal de la propiedad y gestión de lo expropiado. Fuentes gubernamentales aseguran que habrá una oferta a la iniciativa privada para que recupere algunas de las empresas, pero es preciso decir que al habitual desprecio por la información diáfana que el actual Gabinete viene demostrando se ha sumado en esta ocasión el silencio por motivos de estrategia política y económica. Eso ha hecho que los propios directivos del holding se enteraran de la decisión gubernamental al mismo tiempo que el resto de los españoles, a través de las cámaras de televisión. Este detalle, que podría ser nimio o anecdótico, no lo es si se contempla la inaudita batalla emprendida hace unos días por el ministro de Economía y Hacienda contra el grupo presidido por Ruiz-Mateos, al comentar públicamente sus dificultades y amenazar con enviar a los inspectores del Banco de España si Rumasa no reemprendía las auditorías. Lo insólito de la actitud ministerial, que ha tenido que servir inevitablemente para hacer crecer la desconfianza entre los depositantes de los bancos de Rumasa, no paró ahí. La petición hecha pública por el propio Ruiz-Mateos, y no desmentida por Boyer, de que la firma de auditorías Arthur Andersen enviara informes al Banco de España directamente, sin la presencia del cliente auditado, habrá dejado atónitos a todos los expertos en finanzas. Nada de eso significa que el Gobierno no tenga razones que avalen la medida, pero la eventual corrección de la misma no exculpa lo irregular del comportamiento del ministro. Otros detalles no deben pasar inadvertidos, como el hecho de que Boyer hablara en nombre del Banco de España, cuando no puede hacerlo, pues éste goza de una legislación de autonomía. Pero el Gobierno tendrá que explicar en cualquier caso qué ha sucedido en los últimos cuatro días que le haya llevado a tomar ahora, y no antes, esta decisión. Sin discutir por eso lo oportuno o no de la misma, pues desconocemos sus características, es preciso señalar la incómoda sensación de que este acto de autoridad, de consecuencias todavía difícilmente previsibles, viene enmarcado en un desafío público a uno de los ministros más representativos del Gobierno y en medio de una arbitraria política financiera dictada, según todos los indicios, no por el gobernador del Banco de España, sino por el subgobernador, Mariano Rubio, que aparece como el hombre fuerte en las decisiones de la política económica del Gabinete.

La crisis de Rumasa es la número treinta de las crisis bancarias declaradas en este país desde que en 1978 el Banco de Navarra fuera intervenido por el de España. Puede decirse que ni una sola ha recibido tratamiento igual o paritario, y que el aparente ensañamiento -hasta en las relaciones personales- con que se ha comportado en este caso, al margen los contenidos estrictos de la medida, contra esta con la delicadeza habida, incluso en período electoral, con temas como el de Banca Catalana o la peculiaridad de la solución dada al asunto Urquijo Hispano.

Todo esto no empaña la sospecha de que por otra parte Rumasa se haya venido comportando de manera cuando menos heterodoxa, lo mismo en sus relaciones con el Banco de España que en el desarrollo y crecimiento del grupo. Lo que el Ejecutivo tendrá que demostrar hoy con pruebas, y no apelando simplemente a la fe en sus capacidades, es si la repuesta dada a las eventuales irregularidades del holding es la adecuada y la prudente, y si no se ha establecido un trato discriminatorio. También merece la pena preguntarse por las repercusiones en el exterior. Y en todo caso es incomprensible e innecesaria la prepotencia formal con que la propia expropiación se ha llevado a cabo. No era preciso añadir a la dureza de la medida la del gesto.

De lo que declaren hoy los responsables económicos del Gabinete podrá deducirse, por lo demás, si la medida es acorde con el marco socieconómico constitucional y con el programa electoral del propio PSOE. Sólo si son convincentes a la hora de probar que esta era la única manera de defender los puestos de trabajo y de evitar daños a terceros, y que había motivos de verdadera utilidad pública, podremos saber que la decisión no es, al menos en parte, fruto de la fuga hacia delante de un ministro que no podía seguir siendo ministro sin intervenir Rumasa después de sus declaraciones del viernes pasado. Y, sobre todo, después de la propia fuga hacia delante de Ruiz-Mateos en su reciente conferencia de Prensa. La incómoda sospecha de que el principio de autoridad pueda haber primado a la hora de tomar decisiones económicas que merecen alguna templanza sólo puede ser despejada por el propio Boyer. Si logra hacerlo, habrá que convenir que el Gabinete de Felipe González ha tomado una decisión discutible pero valiente. Tan valiente que, si no logra justificarla, habrá sembrado la semilla de descrédito y desconfianza empresarial más grande que se recuerda en la reciente, y no tan reciente, historia económica de este país.

24 - Febrero - 1983

Ruiz Mateos

Francisco Umbral

Lo que yo digo, o sea, sin pasarme (no como los editorialistas, que se desmadran porque no firman: la firma es un bozal del columnista), es lo que ya dije el otro día (hay que repetirse, porque la repetición hace el estilo, el género, y el género es el hombre), lo que yo digo, y a ver si me explico de una santísima vez, es que, en los últimos sesenta, un señor de chaqueta a cuadros blancos y negros, menuditos, fue a verme al Gran Café de Gijón, y me llevó al Hotel de Suecia para allí comerme el tarro con inminencias judiciales, sólo porque yo había citado en un artículo a Rumasa.O sea que, con unos quince years de anticipación, uno había previsto la auditoría, al señor Boyer, al señor Andersen (que ha corregido las fantasías del otro Andersen mediante los números implacables), y hasta la abeja de portada, que es una cosa lírica. Ruiz-Mateos, que hace pocos años le dijo, en el colorín de este periódico, a la gran Rosa Montero lo trabajador que él era, hoy parece que levanta suspicacias entre los auditores internacionales y los boyeres nacionales. Nunca se sabe. Yo sé que la abeja de Rumasa, que es el espíritu de la colmena (no previsto por el genial Erice en su peli) saldrá adelante, y me alegro. Lo cual que el catedrático Varela, que me aplica misiva en este periódico, debiera haber escrito a otro matutino, o sea, el que publicó, haciéndoselo decir a él, que con Larra hay un maleficio, que nadie ha conseguido terminar un libro sobre Larra (salvo el suyo) y que incluso algún desventurado autor (los otros se morían), perdía su original, y tenía que andar buscándolo por las alcantarillas.

Ese periodismo a lo Fernández y González, folletinista/folletonista de la mejor Prensa del XIX, es el que tenía que haber desmentido al día siguiente el señor Varela, porque desmerece su dedicación científica, erudita, catedrática y estudiosa. Pero no lo ha hecho. Yo leo toda la prensa y la leo todos los días. Sus hagiógrafos le han perdido, por poner literatura a la literatura. Cuando aquello de los ucedeos (que nos quedan ya tan lejanos como los aqueos), el señor Varela, aparte de catedrático en Madrid, fue rector, o como se llamase la prebenda, de una universidad fantasma improvisada en Ciudad Real (ciudad que se merece una real universidad). En el Parlamento hubo movida, que yo estaba en la tribuna de Prensa, y Varela tuvo que dejar su regiduría manchega. Entre tantos títulos, tiene también el de haber sido el primer incompatible de España. Eran los tiempos en que el Opus (al que no pertenecen Varela ni Ruiz-Mateos) creaban banqueros y catedráticos de la nada, como en el Génesis, porque la derecha/derecha española quería, para después de Franco, no una reforma ni una transición ni un cambio, sino un Génesis, que hubiese quedado más escriturístico y habría galvanizado a los de siempre con los mismos cuerpos y almas que tuvieron. César Alonso de los Ríos, eterno compa, me envía Mirador de la Complutense, revista universitaria que dirige y donde los catedráticos/ensayistas de cuando entonces parece que tienen menos mano que en Escorial y aquellas cosas. O que en Atlántida, revista muy fina que se sacó Pérez Embid y de la que recuerdo firmas y cátedros que hoy vuelven donde solían o donde pueden.

Ruiz-Mateos, el hombre que hizo posible el monetarismo liberal franquista, ahora quiere hacer posible el monetarismo liberal socialista.

Un ejemplo, o sea: el hotel Corona de Aragón, que se quemó hace pocos años, como ustedes recuerdan, ha sido botín impensado de Rumasa, que compra, recicla, derriba o vende por cornucopias los viejos hoteles de toda España. Es lo que se llama comprar a la baja. Yo estoy esperando de un día para otro al señor de la chaqueta de cuadritos.

Francisco Umbral

25 - Febrero - 1983

“Holding”

Fernando Chueca Goitia

Esta palabra es hoy de plena actualidad en virtud de operaciones de Gobierno seriamente preocupantes. No descubrimos nada si decimos que proviene del verbo inglés to hold, que quiere decir sostener y más indirectamente soportar o acoger. Por consiguiente holding es un conjunto de entidades que están sostenidas por otras, acogidas entre sí y posiblemente protegidas por el propio concurso de su trabazón mutua. La palabra holding se ha universalizado de una manera cada vez mayor y en verdad que no tiene una traducción castellana que recoja perfectamente la acepción inglesa. Si se habla de grupo de empresas no estamos lejos del concepto de holding, pero sin completarlo y agotarlo como sería de desear. Puesto que el decir grupo no quiere decir sostenimiento de este grupo por alguna ley o traba y el grupo puede ser de cosas eminentemente dispersas y heterogéneas.

Es cierto que el holding que ahora nos ocupa a todos los españoles es un holding de lo más heterogéneo, en cuanto que las empresas que en él se reúnen no pueden ser más diversas, desde un Banco de crédito a una boutique de moda femenina. Pero no es esto lo que holding quiere decir, puesto que esta heterogeneidad puede sin embargo, verse agrupada por una especie de cemento financiero que no ha trabado, repetimos, semejante conglomerado.

Nadie piensa un holding de antemano. Esto se va haciendo por circunstancias diversas, movimientos extensivos o reductivos, operaciones de conveniencia o de oportunidad, relaciones muchas veces insospechadas, que el propio proceso va fundiendo.

A ninguna política planificadora de carácter estatal se le hubiera ocurrido planificar un holding como Rumasa, puesto que la planificación pediría otra serie de motivaciones y otra serie de racionalismos que no entran en el proceso espontáneo que ha conducido a la existencia de Rumasa.

Por lo tanto sería un verdadero disparate que un órgano planificador planificara Rumasa.  Y esto es lo que a nosotros nos preocupa, el hecho de que el Estado asuma algo que de ninguna manera es producto de ninguna panificación estatal. Al suceder esto la constelación de empresas de Rumasa me parece que puede romperse como si se produjera una especie de explosión sideral que destruyera un orden establecido por una secuencia o, si se quiere, por un proceso que ya es irrepetible. Va a faltar, por lo tanto, el fundente, el cemento, l oque ligaba, lo que coordinaba, lo que hacía posible una existencia conjunta y tan dispar de elementos heterogéneos.

El Gobierno dice, y lo reconoce taxativamente, que es tal la unidad de Rumasa por la intersección de unas empresas con otras, los compromisos de unas con otras, los nexos financieros que las envuelven que no podía hacerse una nacionalización parcial, sino que había que asumir el todo, dada la estrecha ligadura de las partes. Pero esa estrecha ligadura estaba sostenida por una estructura humana determinada y era consecuencia de un proceso histórico de veinte a veintitantos años y al cambiar esa estructura humana y al prescindir de esa historia todo se puede venir abajo, con daño no sólo para los interesados, que sus pecados tendrán, sino con daño grave para el Estado español y para la economía en términos generales.

Yo, que evidentemente es sabido de todos, no soy economista y que por lo tanto me atrevo a hablar de estas cuestiones desde un plano nada dogmático ni técnico sí soy, por el contrario, arquitecto y creo que, según las leyes de Vitrubio un edificio obedece a una armonía. “Armós” quiere deicr en griego relación de las partes con el todo, y cuando se dice que un edificio es armónico es porque existe una determinada relación de estas partes con el todo, que según el propio Viltrubio y luego tratadistas del Renacimiento, se rompe en cuanto extraemos o alteramos alguna parte. Puede darse el caso de que con esta incautación y expropiación de Rumasa, que parece protegernos a todos y de la que tan felices resultados anuncia el Gobierno socialista, lleguemos a esta temida explosión sideral y las estrellas de Rumasa, cuyo fulgor no voy a discutir ahora, se vayan apagando y enfriando del todo. Porque pienso que no es fácil a la empresa pública el gobernar, repito, estas entidades tan diversas y tan singulares.

Por otro lado, si se destruye una parte del holding, se destruye todo, se destruye la armonía y esa armonía es muy delicada, especialmente teniendo en cuenta que en cualquier empresa existen dos tipos de personas: las que son el motor, la iniciativa, el talento, la imaginación, el entusiasmo por el trabajo y por el éxito y las personas que son piezas inertes, aunque respetables, burócratas atentos a su deber, funcionarios que cumplen correctamente con su horario, pero que carecen de otro tipo de fuerzas motoras. Entonces se puede destruir algo muy sutil y como digo las estrellas pueden empezar a palidecer.

Es también otro problema el que se pierda la confianza en determinadas instituciones. Me temo que los responsables de Rumasa han podido cometer muchos errores y han podido lanzarse en pos de aventuras audaces y no lo suficientemente meditadas. Pero yo no sé is mucha gente va a distinguir estos problemas y va a pensar que son los Bancos, como instituciones de crédito y de depósito, los que en términos generales están fallando y si se empieza a destruir la confianza en determinados Bancos podemos acabar por destruir la confianza en el Banco como sistema financiero y económico.

En el fondo, todo el país, o por lo menos en el aspecto económico, es un inmenso holding y todo está entrelazado de una manera íntima y compleja. Por supuesto que me refiero a una economía de mercado. Si se piensa lo fácil que ha sido con independencia de las razones existentes, el que de la noche a la mañana un grupo bancario de la envergadura del que estaba vinculado al holding Rumasa pasa de sus fundadores y propietarios al Estado, puede cundir el pánico entre muchas gentes hasta del propio Banco en el que tradicionalmente han tenido sus depósitos y ha gozado de su confianza. Esto supondría el volver a tener que guardar el dinero en el calcetín y debajo de un ladrillo retrotrayéndonos a épocas bien de un primitivismo receloso, bien de un estado de inseguridad pública.

No creemos, evidentemente, que la cosa llegue a tanto, pero sinceramente nos hubiera gustado que si había una necesidad de esta operación quirúrgica, que se ha llevado a cabo, se hubiera preparado al enfermo debidamente y con tiempo, se hubieran tenido las consultas de doctores que hubiera sido necesario y se hubieran podido ensayar antes de llegar al quirófano fórmulas terapéuticas menos drásticas. Ya digo que no soy, ni mucho menos, economista, pero todo esto deja en mi ánimo una inquietud y una ansiedad que no puedo reprimir. ¿Era necesario llegar a esto por un golpe de sorpresa o era posible buscar y aplicar otras soluciones menos traumáticas?

Fernando Chueca

25 - Febrero - 1983

Y en esto llegó Boyer

Pedro Rodríguez

Salieron de madrugada, sin haber amanecido el 23 de febrero. Se fueron en cocheso scuros, casi todos callados, apenas dos aplausos. No había ni un grupo, ni una pancarta, ni un himno: la vieja derecha, la vieja dama negra, reconocía su derrota; el golpismo español, el vicio nefando de una raza, había muerto. Antes que acabara el 23-F minutos antes, unas furgonetas roderaron una manzana de la plaza de Colón. Y entonces llegó Boyer.

A los ochenta días había dos ministros camino de la enfermería malheridos, casi de ‘corpore insepulto’. Fernando Morán había tenido que hacer la tira de kilómetros para conseguir tan espectacular deterioro. Como Phileas Phogg había dado la vuelta al caos en ochenta días. Miguel Boyer se había suicidado tirándose desde lo alto de una torre de Rumasa. El lunes, la gente no se lo creía en Europa: un ministro de Hacienda/haciendo que cundiera el pánico en 18 Bancos era como un médico que inoculara una epidemia . El miércoles había colas en telégrafos de Jerez, colas de trabajadores para saludar al Gobierno por la brillante idea de poner en peligro sus puestos de trabajo. Boyer estaba muerto de pie, y Paco Ordoñez se vestía de corto: tenía al alcance de la mano la cartera, ese oscuro objeto del deseo. Y entonces ocurrió. Lo que no estaba en los libros de Keynes, ni de Samuelson, ni de Friedman: un ministro en apuros por haberse ido de la lengua en una comida, exactamente igual que si estuviera en las elntejas de Mona Jiménez, arrasó de un puñetazo un imperio económico. Sin avisar. Ni al Parlamento, ni a las instituciones, ni al dueño del invento que estaba viendo el Teledario. Hombre: cuando en un minuto con nocturnidad, te despojan de veintitantos hoteles, y de Galerias Preciados, y de buques, y de 18 bancos, y de 77 inmobiliarias, y yo qué sé, siempre se agradece que te ponga “atentamente”. No hay que perder las formas. No le dejaron a Ruiz Mateos ni el Calmante Vitaminado para la jaqueca. Tampoco debía ir tan mal Rumasa cuando de su nómina cobra todos los meses la esposa de un alto cargo – al menos una – socialista. Hombre, lo raro en la ciencia económica es que un ministro de Hacienda envíe los inspectores. Pero Miguel Boyer quedará en los anales por mandar los guardis. Por algo quería ser ministro de Defensa.

En la noche del 23-F-83, el socialismo español ha cruzado el punto-sin-retorno. No lo ha hecho por profundas convicciones doctrinales, sino por salvar la cabeza de un ministro indiscreto. Por la tarde, el tema era o Boyer o Ruiz Mateos. O Calviño o la Prensa. “No cedáis, que se envalentonan”. La gente de este país no es tontita. Acaban de ver rapar las barbas del vecino. Por el artículo 33, un ministro metido en apuro se incautará con unas furgones y la Constitución, de un periódico, de una casa o de una mercería. Hemos entrado en la política sauvage, y estos chicos de Jarvard queman sus naves y parten hacia la ruptura. El terror ha penetrado la noche de este 23 de febrero en el delicadísimo dispositivo que ha mantenido  a la democracia española: el sistema financiero. Se ha apretado irreversiblemente las palancas de alta tensión. Los banqueros y empresarios, puestos en pie, aclamando en el Meliá al presidente González, son ya un cuadro tan viejo, tan cuarteado, tan irrepetible como un fresco medieval. “Algunos de los que aplaudimos en el Meliá estaremos antes de un año en Carabanchel o en el exilio”. El lunes, Miguel Boyer dio una hora de plazo a Ruiz Mateos para comrpometerse por escrito a que la auditoría encargada, que cuesta una pila de millones y que paga Rumasa, fuese entregada directamente por la empresa auditora al Gobierno. Cuarenta y ocho horas después, la Policía entró en lo que hasta este 23-F se entendía por un edificio privado y lo tomó. No aparecieron ni el Defensor del Pueblo ni el líder de la oposición. Sólo, la niebla.

Pedro Rodríguez

25 - Febrero - 1983

El Oso y la Colmena

Jaime Campmany

Ya han dado los pájaros en trigo. Y lo que te rondaré, morena, porque el comer y el rascar, todo es empezar y estos vienen con ganas de las dos cosas. Decía yo ayer que, al final, el gallo para Esculapio se lo quedan los socialistas. Estos tíos se quedan con el gallo de Esculapio, con la abeja de Rumasa, con el buey Apis, con la vaca sagrada, con la burra de Balaam, con el león de San Marcos, con el águila de Hispona, con el cerdo de Epicuro, con el Gato con Botas, con el perro del hortelano y con la madre del cordero. Estos tíos se quedan con el caballo de Calígula, con la tortuga de Zenón, con el cisne de Leda, con la mula Francis, con el lobo de Gubbio, con los toros de Guisando y con la paloma del Diluvio. La izquierda de este país siempre ha dicho que España era una finca de las clases pudientes. Si la izquierda era andaluza, como ésta, decía que España era un cortijo. Bueno, pues se quedan con la finca y ponen una granja. Don Miguel Boyer, boyero, nos unce a la carreta. Se ve venir.

Ya suenan las palabras terribles de la revancha, del regreso a la preguerra y a la guerra civil: incautaciones y depuraciones. Esto no es el cambio; es la voltereta. Ha empezado el drama, cuyo desenlace sobrevendrá cuando por la televisión de don José María Calviño se nos anuncia que se ha echado el telón. El telón de acero. Señores pasajeros: estamos sobrevolando Bulgaria. Esperamos tomar tierra dentro de pocos meses. Abróchense los cinturones.

El señor ministro de Economía, Hacienda y Comercio, a pesar de rumiar tanto las palabras, ha dicho algunas cosas muy significativas en su rueda de Prensa radiada y televisada. Ha dicho que el Gobierno, antes de tomar la decisión de expropiar las empresas de Rumasa, había estudiado todos los medios legales y no legales. No nos ha explicado cuáles ministros habrán sido encargados de estudiar los medios no legales. En todo caso, don Alfonso Guerra en uso del habitual desparpajo de su oratoria política, habrá podido decir: “Venga, que informen los shorisos”.

Hay que reconocer que don Miguel Boyer ha acogido con serenidad y serenidad las preguntas que le han dirigido los periodistas. Sólo una ha estado a punto de hacerle perder la compostura y loes estribos. El Gobierno y las autoridades financieras venían viendo con preocupación la compra de empresas por parte de Rumasa. Habían comprobado altas cuotas comprobado altas cuotas de riesgo patrimonial y de efectos en la gestión. Y en vista de eso el Gobierno, a través del Banco Exterior de don Francisco Fernández Ordoñez, vende a Rumasa, ayer no más, la empresa Vitrocerámica. Y a lo mejor, si se lo hubieran comprado, también le vende el INI, o al propio señor Fernández Ordoñez, que es un político deficitario. Pues está bien. Es este un buen invento socialista. Hoy te vendo y mañana te incauto.

Todos los informes que nos han dado sobre este terremoto de RUmasa y la caza de la laboriosa abeja están destinados a convencernos de que don José María Ruiz Mateos es un mal empresario. No porque se hunda, sino porque se arriesga. O sea, que lo que tienen que hacer los empresarios españoles es no arriesgarse y por lo tanto no invertir. Así nos va a lucir el pelo. De esa manera tendrá que invertir sólo el Estado, y ua estaremos empezando a entrar en el socialismo marxista. Yo no sé si será o no buen empresario don José María Ruiz Mateos, que se ha distinguido hasta ahora por ganar dinero en sus empresas y reinvertirlo en otras nuevas. Pero sé que hay un empresario peor que él: el Estado. Y mucho más con estos administradores. Es muy posible que no todo sea néctar en la rosa socialista. Lo que me parece menos probable es que para proteger una colmena haya que traer al oso, y que le dé un zarpazo. Aquí hay tomate. Las avispas han vencido a las abejas.

Jaime Campmany

28 - Febrero - 1983

La metástasis

Vicente Verdú

Ya no existe consuelo ni en el sosegante tedio de la cena de los viernes. Cena de matrimonios, se entiende. La faz de Boyer apaisada en la bechamel, Ruiz-Mateos circulando en el vertido del paternina y Arthur Andersen presentándose con su porte adusto en la factura de la camarera. Todos los comensales hablan del enigma.El público ama el misterio y, por si faltaba poco, kilos y kilos de documentos han sido carbonizados o transportados en la nocturnidad, que viene a ser lo mismo. El secreto no sólo existe, pesa ahora convertido en resmas de papeles ocultos; y esta intriga es, más que otra la vigorosa herencia emocional que deja Rumasa para sostén del espectáculo en vivo. Las autoridades políticas, económicas y judiciales se aproximan con su instrumental a la bestia expropiada. Harán la autopsia: investigarán, justipreciarán, apartarán los restos sanos de lo enfermo en un cuerpo que creció con la voracidad del cáncer. ¿Alcanzarán, sin embargo, tales instancias a revelarnos el secreto de esa abrumadora metástasis de riqueza?

La intención gubernamental de grabar su acción con caracteres protectores y ejemplarizantes tiene un indudable valor moral, pero nadie ha de discutir el tono plomizo que adquieren, en general, los argumentos morales (y más si son indubitables). Con frecuencia nos hemos salido del cine antes de que dieran la extremaunción al antagonista o le abandonara literalmente la novia honesta. Todo eso parece conocido de antemano.

Lo que continúa siendo atractivo reside ahora en conocer no el estado de la agonía de Rumasa, sino en cómo se hizo (y se hace) para llegar a este taumatúrgico final. Es decir, ¿cómo se puede pasar, por ejemplo de un capital de 300.000 pesetas a facturar, en veinte años, 350.000 millones? O también, cómo se pueden deber a Hacienda 20.000 millones sin que a uno le embarguen el coche y la lavadora.

El misterio nimba el corazón de los telespectadores. Y, ciertamente, hasta que el Estado no aparezca con el secreto brillando entre sus dientes, el mito de Rumasa puede ser, cena tras cena, superior a su pecado.

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