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Lucio del Álamo (propuesto por La Hermandad) nuevo director de EL ALCÁZAR, frente al criterio de PESA, que había anunciado el nombramiento de José Luis Cebrián Boné para ese cargo

El Gobierno quita la gestión de EL ALCÁZAR al Opus Dei y se la devuelve a los ultras de la Santa Hermandad del Alcázar de Toledo

HECHOS

  • El 2 de octubre de 1968 el Gobierno de la Dictadura ordenó la suspensión del diario EL ALCÁZAR ante el pleito entre los titulares de la cabecera (La Hermandad del Alcázar) y la empresa editora (PESA).
  • El 7 de octubre EL ALCÁZAR reapareció el periódico editado por DYRSA con una nueva redacción.

D. Antonio Gibello (periodista de EL ALCÁZAR a partir de octubre de 1968) habla con J. F. Lamata sobre la crisis del periódico aquel año:

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D. Ramín Pi (periodista de EL ALCÁZAR hasta octubre de 1968) habla con J. F. Lamata sobre la crisis del periódico aquel año:

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En octubre de 1968 la compañía PESA, que desde posiciones aperturistas-opusdeistas había controlado los periódicos NUEVO DIARIO y EL ALCÁZAR, perdió el control de esta última. Al dar por resuelto los propietarios de la cabecera, la Hermanda de Nuestra Señora Santa María del Alcázar de Toledo, el contrato por el que daban la gestión del periódico a PESA.

El orígen del conflicto estaba en que el director de EL ALCÁZAR, D. Luis Apostua (de PESA) publicó un artículo ‘El Diario MADRID y la ley de Prensa‘, que irritó al representante de La Hermandad en el Consejo de Redacción del diario EL ALCÁZARel periodista D. Waldo de Mier. Que hizo pública su protesta mandando una carta por escrito a distintas instancias. Como respuesta, PESA acordó destituir al Sr. De Mier como miembro del Consejo.

Esa decisión llevó a la Hermandad a dar por terminado el contrato con PESA por incumplimiento. PESA negó la mayor y siguió considerando válido el contrato que les daba la gestión del periódico hasta el año 2002. El Sr. Apostua dimitió como director, PESA anunció que el nuevo director sería D. José Luis Cebrián Boné, mientras que La Hermandad anunció que el nuevo director sería D. Lucio del Álamo. Ante el pleito entre los propietarios y la empresa gestora, el Gobierno franquista suspendió el periódico EL ALCÁZAR. Y, junto a la mediación de la Asociación de la Prensa, presidida por D. Luis del Olmo, resolvió a favor de La Hermandad y en contra de PESA.

El diario reapareció, ya sin la marca de PESA una semana después y con D. Lucio del Álamo como nuevo director. En el periódico volvió a parecer, en la cabecera, la Cruz Laureada de San Fernando que PESA había quitado y la mención al General Moscardó.

PROTAGONISTAS DE LA CRISIS DE EL ALCÁZAR DE 1968:

waldo_de_mier D. Waldo de Mier, representante de la Hermandad de Alcázar de Toledo en el consejo de EL ALCÁZAR. Su destitución por parte de PESA fue la gota que colmó el vaso para romper el contrato.

 Lucio_Alamo D. Luico del Álamo, presidente de la Asociación de la Prensa de Madrid, nuevo director de EL ALCÁZAR tras el pleito entre los titulares de la cabecera y la empresa editora.

LA NUEVA EMPRESA PROPIETARIA: DYRSA (Diarios y Revistas S. A.)

Presidente: Teniente General D. Joaquín Aguila Jiménez-Coronado

Vicepresidente: D. José María Gibernau

Consejero Delegado: D. Dionisio Porres Gil

Consejeros: D. Lucio del Álamo, D. Antonio Gibello, D. Waldo de Mier, D. Blas Piñar López, D. Miguel Moscardó Guzmán, D. Artur Seligrat, D. Fernando Suárez, D: Arturo Seligrat, D. Vicente Taro Orti, D. Fernando Dancausa, D. Hipólito Durán, D. Rafael Ferrater, D. Antonio González Sáez, D. Francisco Lapiedra de Federico, D. Alberto Martín Gamero, D. Luis Montemayor, D. Emilio Alamán Ortega, General D. Ricardo Villalba Rubio y D. Emilio Abel de la Cruz.

POLÍTICOS QUE RESPALDARON EL ‘CAMBIO’

Rodriguez_valcarce D. Alejandro Rodríguez de Valcarce

El Vicesecretario General del Movimiento, D. Alejandro Rodríguez de Valcarce fue señalado como el artífice de la destrucción del diario EL ALCÁZAR de PESA dentro de la batalla que el sector falangista de la dictadura mantenía contra el Opus Dei. Una maniobra en la contó con el apoyo de los ministros D. Manuel Fraga y D. José Solís.

Fraga_ministra_franco D. Manuel Fraga Iribarne

El ministro de Información y Turismo, D. Manuel Fraga Iribarne, de quién dependía la Dirección general de la Prensa, respaldó las iniciativas contra PESA, entre ellas la suspensión temporal del periódico. Aunque ello suponía que un ministro aperturista, como era su caso, permitiera que EL ALCÁZAR quedara en manos de los inmobilistas, como eran los de La Hermandad. Una decisión sólo entendible en el contexto de la guerra que el Sr. Fraga mantenía con los aperturistas del Opus Dei, a cuya órbita pertenecía PESA.

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07 - Octubre - 1968

Por primera y última vez

Lucio del Álamo

En la primera página de un diario de Madrid apareció ayer o anteayer mi nombre y apellido en un titular a no menos de seis columnas. La verdad es que se trataba de informar a los lectores de que unos cuantos queridos y admirados compañeros de Pamplona me sugerían, correcta y amablemente, que presentase la dimisión. Pero aun con ese motivo, tal alarde tipográfico es siempre peligroso incitador de vanidades. Para persona tan pequeña resultaba un titular demasiado grande.

La cosa – lo sabéis todos y no es cosa de repetir historias demasiado manoseadas a lo largo de esta semana – empezó con la presencia espontánea en mi despacho de cuatro compañeros y amigos de EL ALCÁZAR. Llevaba suspendido el periódico tres días y tenían el lógico y obligado temor por su inmediato futuro profesional. Hablaban en nombre de todos sus compañeros de redacción. No les encaminé al Sindicato ni a la Dirección General de Prensa ni recurrí al trámite dilatorio de anunciar que renunciaría a la Junta Directiva. Mi deber de presidente es defender a todos los compañeros sin más especificaciones. Me puse en movimiento a cuerpo limpio. Se planteaba un posible problema laboral de periodistas, al que se unió otro de obreros de talleres. Visité a los representantes legales de las dos entidades editoriales enfrentadas. El final – creo honestamente que, en alguna parte por mis gestiones – ya es sabido: los obreros de los talleres impresores han asegurado el mismo trabajo paralizado; los periodistas han podido elegir con la seguridad de conservar sus derechos profesionales y económicos, no una empresa, sino dos. Con tal unanimidad han decidido quedarse con la empresa a que sirven desde hace seis u ocho años: Prensa y Ediciones S. A. [PESA].

Ocurrió que en el curso de las gestiones el presidente de la Hermandad de los Defensores del Alcázar de Toledo entendió que el ofrecimiento de garantía y seguridades para los redactores que en aquel momento confirmaba, debía ir correspondido en aquel momento por mi aceptación, en principio, de la dirección del periódico editado por la Hermandad. Dije que sí, y a la media hora comuniqué todo a los redactores de EL ALCÁZAR. Deliberaron y en uso de un perfectísimo derecho, estimaron que la conducta de estos años y los medios financieros de PESA les obligaban a una lealtad y decidieron seguir donde estaban. Eso es todo.

Desde ese momento, compañeros de Pamplona, de Logroño, de Barcelona y de Madrid – no me importa contar su número ni conocer sus nombres: son periodistas y ya es título sobrado para mí – han telegrafiado sugiriéndome la dimisión. Soy hombre de humor apacible, tímido y sentimental. Sería tontamente pueril enredarme en una guerra de telegramas ni hablar de los que hayan podido llegar. Lo único cierto – y esto lo digo con cierta solemnidad pudorosa – es que yo llegué a la presidencia por elección, para servir a la unidad de todos los periodistas. He dicho todos. Y lo he logrado a lo largo de quince meses que se han consumido casi por entero en lograr el reconocimiento legal y salarial de la especialidad de la tarea periodística; en el montaje del Servicio Nacional Asistencial y de los seguros complementarios de fallecimiento y veteranía o en obtener los recursos financieros para la erección de una pequeña ciudad de los periodistas de Madrid. A cambio he recibido afecto y consideraciones fraternales. Nadie pensará, por todo ello, que voy a prestarme a servir de bandera de escisiones o de enfrentamientos entre los míos. No me importa si hay mil quinientos compañeros a mi lado y trescientos en contra o al revés. Me importa que por mí – que soy bien poca cosa – no ha de romperse la unidad entre vosotros. Por ello acabo de cursar mi dimisión como presidente de la Asociación de la Prensa de Madrid y de la Federación de Asociaciones, que será efectiva y quedará rubricada ante el Consejo directivo de la Federación y la Junta general de Madrid. Quede bien claro que lo anterior es una noticia y que para mí el asunto queda cerrado. Hablo de él por primera y última vez. Y permitidme que subraye que no hay mal talante ni reticencia ninguna en esta libérrima decisión: hay alivio y alegría de poder servir con el sacrificio de la vanidad de unos cargos, a la hermandad de todos los periodistas en España.

En cuanto al ofrecimiento de la dirección del periódico, hay algo que exige seriedad: la fidelidad a la palabra empeñada y a la oportunidad gozosa de poder servir – durante unas horas o unos años – desde mi pequeña y humilde parcela, a unos ideales que llevó en el hondón del alma. Por ello, en cuanto acabe esta nota pediré que se me deje firmar el reglamentario contrato. Y lo haré – como los futbolistas que han perdido velocidad con los años – ‘en blanco’. Porque no hay pago como la conciencia de la propia estimación.

Me alegra de verdad volver a lo mío: soldado de filas en el batallón de los periodistas de España. Y quedo debiendo a todos – con telegramas y sin ellos – afecto hondo y emocionada gratitud. Ahí va – sin una reserva, sin una excepción – mi ancho abrazo de despedida.

Lucio del Álamo.

08 - Octubre - 1968

PESA ante la salida de EL ALCÁZAR

Prensa y Ediciones S. A.

Prensa y Ediciones S. A. ante la sorprendente salida de EL ALCÁZAR editado en esta ocasión por la Hermandad del Alcázar, y en un futuro según noticias aparecidas en la Prensa, por sociedad todavía no desconocida por estar en constitución, quiere hacer saber a sus lectores.

  • 1 – Que la redacción de EL ALCÁZAR que desde 1949 ha venido escribiendo las páginas del periódico no ha colaborado en el que acaba de salir.
  • 2 – Que Prensa y Ediciones S. A., no se hace responsable de ninguna de las opiniones que el nuevo periódico recoja.
  • 3 – Que no conoce con exactitud la identidad del nuevo periódico. Únicamente puede informar de los siguientes extremos:
  1. El director es don Lucio del Álamo Urrutia, hasta ahora presidente de la Asociación de la Prensa y de la Federación de Asociaciones, cargo del que ha dimitido según una nota publicada en LA HOJA DEL LUNES por habérselo sugerido compañeros de Pamplona, Logroño, Barcelona y Madrid.
  2. El subdirector es don Antonio Gibello, redactor jefe de Pyresa y editorialista de ARRIBA.
  3. Imprenta: Rotopress, S. A.
  4. Local de redacción y administración provisional: Barquillo, 13. Pertenece a la Delegación Nacional, Prensa y Propaganda, que lo ‘ha prestado generosamente por unas semanas’ según indica el saludo que encabeza el periódico.
  • 4 – Prensa y Ediciones S. A. ha presentado ante los tribunales de justicia demanda interdictal contra la Hermandad de Nuestra Señora Santa María del Alcázar y la Administración General del Estado, por entender que ha sido despojada de la pacífica posesión de la cabecera del diario EL ALCÁZAR, de la que venía disfrutando desde el año 1949, en virtud de contrato civil celebrado de mutuo acuerdo con la citada Hermandad, y elevado a escritura pública en el año 1967.

El juzgado al que, por turno ha correspondido ha admitido a trámite dicha demanda.

José María Molero, CEO de PESA.

07 - Octubre - 1968

A cada uno lo suyo

Emilio Romero

Primero- Los redactores de EL ALCÁZAR vieron un día suspendido su periódico.

Segundo- Los redactores de EL ALCÁZAR, en paro, constituyeron en seguida, por su situación, un problema laboral.

Tercero- Los redactores de EL ALCÁZAR recibieron la invitación de trabajar en el nuevo EL ALCÁZAR, que, según se dice, saldrá esta semana. Asunto laboral resuelto.

Cuarto- Pero los redactores de EL ALCÁZAR rechazaron este ofrecimiento de trabajo, y decidieron continuar sin periódico con la empresa que editaba el viejo EL ALCÁZAR.

El espectáculo conmueve por lo valeroso, por lo decidido, por lo raro, por lo generoso, por lo consecuente, por muchas cosas más. Pero uno, que ve el panorama dese el puente, contempla con tristeza la admirable profesión periodística a la que pertenece y reflexiona.

REFLEXIÓN INTERROTAGIVA

Los compañeros de EL ALCÁZAR, según se ha informado, mostraron curiosidad por saber quienes eran los accionistas de la nueva empresa. ¿Pero mostraron curiosidad alguna vez por saber quiénes eran los accionistas de la empresa donde trabjaban? Quería saber mis compañeros de EL ALCÁZAR, razonablemente, quiénes eran los que podrían dirigirles políticamente si pasaran a trabajar al a nueva empresa. ¿Pero sabían quién dirigía políticamente, y con qué móviles, la empresa en la que estaban?.

REFLEXIÓN PATÉTICA

Hasta ahora en nuestro país la empresa tiene un propietarios, bien privados, o representantes de corporaciones. Todos estos propietarios tienen cosas que defender, y por eso tienen periódicos: defienden ideas o intereses. Solamente los redactores son asalariados. Defienden, exclusivamente su pan y aman su oficio. Si sus ideas coincidieran con la empresa, pues muy bien, todos contentos. Pero si no coincidieran, o tienen que escribir lo que les digan, o tendrán que marcharse. Y a este oficio se le exige juramento y tiene tribunales de ética y principios morales de la profesión, y se le puede echar encima el Código Penal y otros códigos. (…)

REFLEXIÓN AMARGA

Los compañeros de EL ALCÁZAR son en estos momentos el único y colosal instrumento de agitación. Son como la triste y conmovedora carne de cañón de las viejas guerras, donde la tropa es incoente. Sobre mis heróicos compañeros de oficio y sacrificio se va a estar haciendo la más recusable de las demagogias, la demaogia de la ética. Ellos que no son propietarios de nada, ellos que no figuran en ningún ayuno de presión, ellos que no crean la estrategia de asalto al poder, a la influencia o a las finanzas, ellos que hacen el periódico y crean la opinión pública, y al final son solamente trabajadores por cuenta ajena, comprendidos en el Reglamento Nacional del Trabajo en Prensa, son como un inocente dinosaurio del idealismo y de la honrades, asomado a nuestra sociedad de consumo.

Mi imparcialidad para decir todo esto se basa en que, con todo el respeto y admiración de los símbolos que titularizan la empresa propietaria del título EL ALCÁZAR – La Hermandad de Nuestra Señora Santa María del Alcázar – ese grupo me huele, en algunas personas, no en todas, a inmovilistas, a sacrosantos, a ortodoxosos, a custodios de la fe, a cruzados (aunque personalmente respetabilísimos) y no están por todo ello en mi rumbo, que es fiel con el tiempo, sin dejarme tirar de él, y mudo, no porque sea uno sabio, sino porque no aspira a ser fósil. Confío en que hagan el sencillo ejercicio que hay que hacer para dirigirse a la opinión pública, que es asomarse a la calle. Esto es saludable. El nuevo director es apacible, experimentado y realista.

Y también con todo respeto a quienes empujaron EL ALCÁZAR, y a quienes fundaron NUEVO DIARIO, estoy muy lejos de ellos por razones epidérmicas, que es casi siempre una frontera del hombre para admitir o rechazar a alguien. Por el momento, a esas personas las tengo detenidas en la epidermis. ¿Para qué más razones? Me lo denuncia la piel.

Una vez probada la imparcialidad, ello no quiere decir que se me desmedule la fe en la convivencia y en el pluralismo. Acudo al beneficio de la libertad de opinión para salvaguardar mi independencia.

La cosa es que como no voy a dar satistacción ni a unos ni a otros, y entre ellos hay personas que considero y estimo, tengo garantizado el encono de los dos. Pero como pienso que ninguno exhibe razones completas, me dispongo a dormir tranquilo, con la conciencia a punto, que es quien me dicta mis actos.

Emilio Romero

14 - Octubre - 1968

Periodismo, secreto no oficial

Miguel Ángel Gozalo

Se han cumplido dos semanas de la suspensión de EL ALCÁZAR y el eco de este confuso asunto – aunque algunos se esfuercen en verlo claro, normal y propio de un Estado de Derecho – no se ha apagado todavía. No puede apagarse; hay unos compañeros en paro, a los que se les echa en cara la lealtad, como si fuese un defecto que inhabilita para ejercer este oficio; hay una intervención sorprendente de la Administración en algo que estaba ‘sub judice’, según no se cansan de explicar a diario, en algunos periódicos no comprometidos, especialmente en la ciencia del Derecho; hay un mediación igualmente extraña por parte del presidente de los periodistas madrileños, que – cosas del centralismo – lo es también de la Federación Nacional de Asociación de la Prensa; hay ‘otro Alcázar’ en la calle y un nuevo director, que se brindó a serlo, en principio por solucionar un problema laboral, y después ha confesado que aspira a defender también unos ideales que lleva en el hondón de su alma; y telegramas por medio y comentarios y notas, y chismes, y confusión por todas partes. ¿Cómo se puede pretender que los periodistas y la opinión pública no nos ocupemos de este asunto? Los jueces hablarán al final por todos y darán la razón a quien la tuviere: ésa es su alta misión, la que los coloca por encima de nosotros. La nuestra es contar lo que pasa. Y ayudar, entre todos, a encontrar la claridad. A que, si es posible, la verdad nos haga libres.

Pero de todo este complicado asunto de la suspensión de EL ALCÁZAR lo que más le choca a un profesional no alineado, a un periodista mondo y lirondo que se limita a juntar noticias todos los días y a recibir a cambio unas monedas – que eso es el periodismo verdaderamente independiente – es la actitud del llamado Consejo directivo de la Federación Nacional de Asociaciones de la Prensa. Y no porque la Federación Nacional de Asociaciones de Prensa no tenga derecho a mostrar más simpatía por unos que por otros, o a tomar partido por la Administración, por la Hermandad de Defensores de Alcázar o por don Lucio del Álamo, en nombre de la abnegada, y paciente, y unida tropa periodística. Sino porque la Federación, a través de once firmas de admirados compañeros, nos recomienda, lista y llanamente, que no saquemos al aire de la calle nuestros asuntos, que es lamentable que el caso de EL ALCÁZAR se haya salido del cauce natural y propio de la Federación, y que lo que tenemos que hacer es no discrepar porque familia periodística que no discute, familia periodística que vive unida…

¡Esto sí que es bueno! El alto senado del periodismo nacional, los representantes de esta profesión extrovertida y cordial recomendando silencio. Al final, igual que todos: secreto para todo lo que a nosotros nos afecte. Losas de silencio para nuestros problemas, para nuestras dudas, para nuestras dificultades y nuestras diferencias. ¿Por qué ese afán en uniformar criterios y proscribir la discrepancia? Yo creo sinceramente que los periodistas estamos unidos y nos entendemos muy bien. Estamos unidos en aquello que nos preocupa a todos: la libertad, el ejercicio de esta profesión en un clima favorable, las mejoras salariales, el deseo de servir. ¿Qué importa que unos entiendan que Lucio del Álamo debe dimitir – como ha hehco rápidamente en cuanto algunos compañeros se lo han solicitado – y otros deseen que se quede de presidente? Es la última instancia, es la Junta general de la Asociación de la Prensa de Madrid la que debe decidir si su renuncia se acepta o no, como ha recordado YA. Y después, todos contentos. Es el juego. Es la política. Es, de alguna manera, una aspiración de democracia. Juego en cuyas reglas todos debemos estar de acuerdo, porque si no no es juego.

Pero en lo que yo, con el respeto debido, deseo públicamente discrepar es en eso de que las cosas de los periodistas no deben salir a la calle. Cuando lo que va en el envite es la seguridad de todos, la entraña misma de esta profesión, y el que el hecho de cerrar periódicos empiece a convertirse en rutina, todos tenemos derecho a pronunciarnos. Notas como la del Consejo directivo de la Federación, a base de adjetivos y epítetos impetuosos y hasta vejatorios para quienes libre y democráticamente quieren influir en su destino profesional, no son más que actos totalitarios y – eso sí ‘juego estéril y nocivo’ ansia oculta de declarar secretos, por supuesto no oficiales, los problemas de los periodistas.

Miguel Ángel Gozalo

06 - Octubre - 1968

La Fundación de EL ALCÁZAR

Manuel Fal Conde

  • Mariano del Mazo – Don Manuel, usted fundó el diario EL ALCÁZAR ¿No es así?

  • Manuel Fal Conde – Es así. Yo fundé el diario EL ALCÁZAR en Toledo. El mismo día en que entramos, los primeros, en la capital. A las seis de la mañana del 28 de septiembre de 1936 subíamos por las gloriosas ruinas de aquella heroica fortaleza. Por las tardes salió el primer número del periódico.

  • Mariano del Mazo – Entonces. ¿Lo dundo usté?

  • Manuel Fal Conde – Lo fundé, juntamente con Aurelio González, De Gregorio y Julio Muñoz Aguilar. Fue un día terrible. La noche anterior no habíamos cenado, esperando la caída inmediata de la capital. Yo tenía una disnea atroz. La cercanía de la ciudad, junto con el Alcázar, nos tenía emocionados de tal forma que ni dormíamos ni podíamos hacer otra cosa que pensar en el momento de la liberación.

  • Mariano del Mazo – Y ¿cómo pudo imprimirse el periódico tan rápidamente?

  • Manuel Fal Conde – Porque la imprenta de EL CASTELLANO, diario de Toledo, estaba a nuestra disposición con su personal. El periódico era propiedad de la Mitra, y en seguida fue puesto a disposición de los requetés que llegamos allí.

  • Mariano del Maz – En realidad, ¿quién hizo el primer número?

  • Manuel Fal Conde – Periodísticamente hablando lo hizo Ramírez, que firmaba ‘Claramunt’, y por este nombre es conocido en la historia del periodismo carlista. En todas las gestiones estuvo con nosotros José María Sanz de Diego, defensor del Alcázar, y redactor de las hojas a ciclostil que se hicieron en la fortaleza durante el sitio. Tengo que decir, aunque hiera su pudor, que Sanz de Diego fue otro ángel del Alcázar. Cuando avanzábamos hacia la fortaleza, Sanz de Diego me reconoció y gritó: “¡Viva España!”, “¡Viva Fal!”. Nos abrazamos, y con Moscardó, bajamos por entre las piedras y cascotes. Aquello era un espectáculo impresionante. Los defensores, hambrientos y pálidos, aún tenían bríos para gritar vivas sin descanso. A mí me había encargado el cardenal Gomá, entonces primado, que rescatase sus libros, su archivo… Yo puse inmediatamente un guardia a la puerta del Palacio Arzobispal. Por la noche recibí la triste noticia de que el requeté que custodiaba la puerta principal había caído muerto por un disparo.

  • Mariano de Mazo – ¿Qué relación tenía el periódico EL ALCÁZAR con el otro Alcázar que se hizo en la fortaleza?

  • Manuel Fal Conde – Una relación sentimental, Sanz de Diego era uno de los redactores. No se trataba de un periódico, sino de unas hojas a ciclostil, unas hojas informativas a modo de orden del día, en la que se insertaban comentarios patrióticos. No era Prensa.

  • Mariano del Mazo – Entonces, ¿la propiedad del título?

  • Manuel Fal Conde – El periódico impreso en EL CASTELLANO era ni más ni menos que la continuación de EL CASTELLANO que por motivos patrióticos se convirtió en EL ALCÁZAR. Como homenaje a la hoja de los heróicos sitiados se enlazó con su numeración. La propiedad en un principio fue, lógicamente de EL CASTELLANO de la Mitra.

  • Mariano del Mazo – Entonces ¿La Hermandad?

  • Manuel Fal Conde – La Hermandad no existía en aquellos días. Luego formamos una sociedad acciones, por cierto, aún conservo un paquete de acciones…

  • Mariano del Mazo – Que ahora valdrán un dineral. Por cierto ¿quién se las abonará, PESA o la Hermandad…?

  • Manuel Fal Conde – Para mí tienen un valor más grande. Son un pedazo de Historia.

  • Mariano del Mazo – ¿Primer director?

  • Manuel Fal Conde – Primer director periodístico, Joaquín Valdés, fino escritor que ahora tiene grandes empresas periodísticas.

  • Mariano del Mazo – ¿Qué más?

  • Manuel Fal Conde – Yo viví en Portugal y otros testigos podrán informarte de la continuación de la película. Esa es ya otra historia…

El Análisis

UN NUEVO EL ALCÁZAR, QUE DEJARÍA HUELLA

JF Lamata

Por las mismas fechas en que reaparecía en los quioscos el diario MADRID, tras un periodo de suspensión, desaparecía para siempre EL ALCÁZAR de PESA, para ser reemplazado por EL ALCÁZAR de DYRSA. La nueva empresa, controlada en su mayoría por ancianos combatientes de la guerra civil, impondría a EL ALCÁZAR una línea editorial genuinamente inmovilista de pleitesía total al general Franco. Incluso cuando, tras la muerte del dictador, el resto de la prensa se apresure a borrar todo vínculo con el franquismo y a presumir de antifranquistas, el diario EL ALCÁZAR – bajo la batuta de D. Antonio Gibello y D. Antonio Izquierdo – se mantendrá fiel en la defensa del régimen anterior. Ya nadie se acordaría más de aquel EL ALCÁZAR de PESA y los liberales opusdeistas, EL ALCÁZAR sería a partir de ese momento y ya para siempre, el diario ‘ultra’ por excelencia de España.

J. F. Lamata

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