El nuevo jefe de TVE y RNE es hermano del secretario general de UCD, Rafael Arias Salgado e hijo del jerarca de prensa del franquismo Gabriel Arias Salgado

El Gobierno Suárez nombra nuevo Director de RTVE a Fernando Arias Salgado reemplazando a Rafael Ansón Oliart

HECHOS

  • En noviembre de 1977 D. Fernando Arias Salgado fue nombrado Director General de Radio Televisión Española (RTVE), hasta ese momento secretario técnico del Ministerio de Asuntos Exteriores.

Profesionales de RTVE encabezados por la socialista Pilar Miró denuncian una ‘caza de brujas’ en el ente público com motivo de la sustitución del Sr. Ansón por el Sr. Arias Salgado. El Sr. Ansón se vio forzado a presentar la dimisión tras el escándalo por la emisión de un programa de D. Luis Prados.

EL MANIFIESTO DE DENUNCIA ‘CAZA DE BRUJAS EN RTVE’

PilarMiróTVE Los abajo firmantes, directores-realizadores de TVE, ante la actitud adoptada por los periódicos EL ALCÁZAR y ABC en sus editoriales de los días 12 y 13 de los corrientes, respectivamente, que han promovido dentro de nuestra empresa una nueva serie de acciones inquisitoriales e incontroladas, declaramos lo siguiente:Haciéndose portavoces de las «numerosísimas muestras de justificada indignación nacional», juzgan de irresponsable e intolerable la actitud de RTVE al emitir el viernes, día 11, el programa «Yo canto», dedicado a Luis Pastor. Nos resulta curioso, cuando menos, la facilidad que tiene ese determinado sector de la prensa para recabar con tal celeridad un testimonio tan mayoritario que le permite la utilización de un superlativo tan amplio como «numerosísimas». A nosotros -que trabajamos en el medio informativo de mayor difusión- ya nos gustaría obtener con tanta facilidad el eco de nuestro trabajo; para condenarlo o alabarlo. Nuestra experiencia nos señala una enorme dificultad para contactar de manera inmediata y real con la opinión de los espectadores. Envidiamos, pues, la suerte que esos órganos de opinión tienen en la comunicación «verdadera» con el público, porque ello les ha de « servir, evidentemente, para su perfeccionamiento profesional, su certera orientación y su plena realización. Algo de lo que nosotros, tristemente, carecemos.

Se acusa a renglón seguido a RTVE de «abundantes muestras de marxisitización», lo que suponemos que es simplemente un mal chiste. So pena que el editorialista padezca tina enfermedad visual tan grave que le lleve a confundir al pequeño Marco con Lenin, al inspector MacMillan con Engels y al profesor Sanchezstein con Carlos Marx. Lo que a toda luces parece evidente es que, en relación al tanto por ciento que los partidos marxistas tienen en el Parlamento gracias al consenso popular, el espacio que RTVE les dedica no es en absoluto «abundante», sino insólitamente mínimo.

Hay, además, en la argumentación de los editorialistas una muy sui generis interpretación del hecho democrático al confundir, como sinórtimos, los conceptos de mayoría y totalidad. Al parecer, que exista una mayoría de votos orientados en un sentido significa la no existencia o condena de los demás. iCómo sino se puede hacer «un ataque demoledor contra el sentir de la mayoría nacional»!… Ya se sabe: la democracia significa, al parecer, que el que gana unas elecciones, unifica, uniforma a la totalidad. Quién ha ganado en las umas puede hablar, el resto debe ser silencio. Si no es esta filosofía, ¿cuál creen los editorialistas que es la de un Estado totalitario? En base a esta inefable concepción de la democracia, no sólo RTVE, sino el propio Gobierno está actuando de manera intolerable e irresponsable, dado que continuamente hace gala de estar promoviendo el cambio democrático. Pero llegamos al objeto concreto de la irritación de los columnistas: el programa sobre Luis Pastor. «… lo definitivamente grave es la irrepetible irresponsabilidad de TV al ofrecer un programa presentado como musical -con lo que burló la buena fe de los espectadores- y resultó un mitin político. Como descarada arenga revolucionaria. Y como ataque directísimo a la Corona.»

Vayamos por partes: ¿Quién ha sido engañado? Los recitales de Luis Pastor están autorizados, sus discos se venden, y no poco. Hay un gran sector del público que esperaba «ese» Luis Pastor. Quien no lo conocía pudo hacerlo a través del programa. No se anunció a Julio Iglesias o a Karina, se anunció a Luis Pastor; y él canta y es así. ¿Dónde está la burla? ¿Que sus canciones son políticas? ¡Pues claro! ¿Y qué? ¿Todas las canciones tienen que hablar exclusivamente de pañuelos tirados

al río, o amores que se olvidaron como flores de un vaso en cada esquina? Un artista debe expresar lo que siente, no lo que alguien quiera que exprese. Claro, que como «coreografía del espectáculo musical» había banderas rojas y alguna tricolor! El articulista debía saber que la mayor parte del programa se rodó en un mitin del PSP durante la campaña electoral. Y esas banderas estaban allí, y por cierto, que no fueron utilizadas por el realizador de manera especial, preponderante o fundamental. ¿Es eso «un ataque directísimo» a alguien o a algo? En ese caso, ¿qué tienen que decir los españoles que a lo largo de más de cuarenta años se sienten molestos al tener que soportar otros símbolos e imágenes no gratos para ellos? La cuestión es bien clara: la convivencia civilizada, la democracia, consiste en el respeto a todo. Tan simple como eso. Exhibir unos símbolos no es atacar. Atacar conlleva en sí mismo una actitud violenta. Y, desde luego, ninguna violencia hubo en el programa que nos ocupa. Utilizar instituciones tan respetables como la Corona, de manera frívola y usando una vieja y grandilocuente retórica, como telón de fondo y pretexto para solapar las rabietas personales, no es un comportamiento digno. Es cuando menos, mezquino y peligroso. Un solo punto «nos estremece de preocupación y nos indigna», al igual que a nuestros editorialistas, «que lo ilegal y lo ilegítimo sea promovido por el propio Estado, a través del antidemocrático monopolio de la televisión». Porque nosotros, profesionales del medio, lo hemos venido padeciendo desde siempre. Y aseguramos que esa aspiración de que RTVE sea un organismo controlado democráticamente, es nuestra de manera fundamental. Queremos y exigimos la defensa de cada uno de los profesionales de RTVE, de su trabajo, sin que el ataque o la crítica de un sector de la opinión repercuta frustrante y a veces irremediablemente en nuestra profesión. Queremos y exigimos que actitudes como las de El Alcázar y ABC sobre el programa «Yo canto» no determinen a quienes ostentan el Poder a actitudes inquisitoriales e incontroladas, de caza de brujas, de supresión de programas o de petición de cabezas responsables, sin más. Queremos y exigimos que el control democrático se ejerza ya mismo. Y aseguramos que las centrales sindicales y los movimientos de opinión independientes en RTVE lucharán por defenderse de actitudes despóticas, impidiendo que su empresa se convierta en campo de Agramante de manipulaciones soterradas. Porque para nosotros eso es lo legal y lo legítimo. Nos preocupa que el recién nombrado Consejo Rector esté compuesto en su mitad por representantes del Gobierno y que un 30% del resto lo ocupen representantes de UCD -habida cuenta de que UCD y Gobierno es lo mismo-, y para nada se haya contado con los profesionales de RTVE en cuanto tales. Nos preocupa sufrir una televisión gubernamental y no verdaderamente nacional. Nos preocupa, en fin, que el nuevo Consejo Rector no vaya a ser sino una junta más de las que hemos venido padeciendo hasta la fecha, y que no han hecho sino pellizcar el deteriorado presupuesto de RTVE. Y para terminar, lamentamos que sectores de opinión ideológicamente diferentes a EL ALCÁZAR y ABC, que habitualmente exigen a RTVE un contenido distinto en su programación al de épocas pasadas, no sean capaces de romper una lanza en favor de aquellos que intentan llevar a cabo, precisamente, lo que ellos desean. Es una incoherencia incomprensible y peligrosa que puede acarreamos a los profesionales de RTVE, a todos los espectadores, una situación de estancamiento y aun de retroceso.

Firman el manifiesto: D. Antonio Giménez-Rico, Dña. Pilar Miró, D. Luis Sánchez Enciso, D. Alfonso ungria, D. J. García Dueñas, D. Carlos Serrano, D. Juan Mediavilla y D. Pedro Amalio López.

18 - Noviembre - 1977

Una dimisión digna de ser aceptada

EL PAÍS (Director: Juan Luis Cebrián)

POR SEGUNDA vez en muy pocas semanas, Rafael Ansón, director general de Radiotelevisión Española, ha puesto el cargo a disposición del Gobierno. La población televidente ignora a qué espera el Gobierno para aceptar esta dimisión.La realidad es que tras la actitud existe una trastienda, buena o mala para el dimisionario. Se puede dimitir por humildad, por honradez, por incompetencia o hasta para acceder a escalones superiores los televidentes no deben ignorar que tras la constitución de unconsejo rector de RTVE (36 miembros), en el que están proporcionalmente representados los partidos parlamentarios, éstos han de elegir un presidente que, por la lógica del reparto de escaños en el Congreso, será un hombre de confianza de Unión de Centro Democrático, coalición de partidos que detenta el poder bajo la jefatura del presidente Suárez. Nada estaría más dentro de la lógica de la política -y hasta de la lógica matemática- que un hombre de Suárez, un hombre con las espaldas curtidas en servicios a la coalición gobernante, resultara elegido presidente del todopoderoso consejo rector de RTVE. Tampoco sería motivo de extrañeza que el auriga radiotelevisivo de la campaña ucedista en las elecciones de junio resultara elegido presidente del Consejo Rector de RTVE.

Permítasenos decir que para esas dimisiones y esos viajes hacen falta escasas alforjas. Porque algunos ven venir el ascenso del señor Ansón a la presidencia de dicho Consejo.

La permanencia del señor Ansón al frente de RTVE, y en una peana sobrealzada, es, no obstante, contraria a los intereses ciudadanos por una larga sarta de motivaciones, que pasaremos a enumerar:

No se recuerda desde hace mucho que la programación de RTVE alcanzara tan bajos niveles de calidad, de comercialidad (son términos conjugables) o de competencia. Llegan a emitirse conciertos sinfónícos o eventos deportivos a la misma hora y en las dos cadenas; algún altísimo responsable del medio televisivo pretende a estas alturas descubrir y comprarla serie dejim West, ha tiempo televisada; la programación política ya dejó de ser tendenciosa para admitir el calificativo de banal y confusa. A este respecto basta recordar que, ahora mismo, el señor Ansón está recibiendo severas críticas desde órganos de expresión de ultraderecha por alguna de las programaciones de Prado del Rey. Baldón que le conviene políticamente, pero que no oculta la verdad del desconcierto que reina entre los directivos de aquella casa.

La gestión económica de RTVE encuentra en el Boletín Oficial de las Cortes de ayer un dato revelador: la concesión de un crédito extraordinario por más de 2.000 millones de pesetas para la liquidación de «ejercicios anteriores». Resulta paradójíco que un medio de comunicación tan extensivo como RTVE nohaya disipado informativamente por sus propias antenas la gran sospecha que pende sobre Prado del Rey respecto a su financiación: nóminas fantasmas, inexplicados compromisos con casas discográficas, política sobre derechos de autor, trabajos y nórnínas impagados, y el incontestable argumento de que RTVE es, presumiblemente, la única gran empresa de ámbito estatal que jamás ganó un juicio ante una Magistratura de Trabajo.

Este es un país con dos escándalos descomunales: las cuentas de la Seguridad Social (de las que el ex ministro Fernando Suárez llegó a decir, en vida de Franco, que no las destapaba so crisis regimental), y las de Radiotelevisión Española.

Rafael Ansón -o sus iguales políticos- dimitirán, en suma, una y mil veces. Pero RTVE seguirá sin encontrar su auténtico rumbo democrático.

Una comisión parlamentaria debe, sin duda, controlar tan importante órgano de expresión. Pero RTVE debe ser cultural y periodísticamente administrada por los profesionales que la realizan; que deben quedar al margen de las decisiones del ministro de turno e, igualmente, lejos de un director tan arbitrario como el actual, duplidimisionario y public relations del presidente.

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