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Las cortes republicanas acababan de aprobar una moción de censura contra Emilio Castelar, el cuarto jefe de Estado en menos de dos años

El Golpe de Estado del General Pavía derriba a la I República en España tras 11 meses de inestabilidad

HECHOS

El 3 de enero de 1874 un golpe de Estado del General Manuel Pavía puso fin a las Cortes de la I República.

LA ÉPOCA

LA ÉPOCA (Propietario: Ignacio José Escobar)

5-1-1974

EL IMPARCIAL, que ha debido esperar hasta última hora para comunicar sus impresiones al público, da por vencidas todas las dificultades que se oponían a la constitución del nuevo poder ejecutivo de la república, habiéndose organizado el ministerio en el sentido en que anoche decíamos, sin más diferencia que la de entrar en el ministerio de Fomento al Sr. Mosquera en vez del Sr. Figueroa. Con este motivo EL IMPARCIAL recuerda que había circunscrito su pensamiento de un gobierno nacional a los límites de una sincera conciliación entre todos los elementos revolucionarios de septiembre, a causa, dice, de las intransigencias y exclusivismos de otros elementos no levantados en armas. Si a nosotros se refiere EL IMPARCIAL, habremos de decirle que las intransigencias y exclusivismos son de los que no han pasado un solo día sin lanzar destempladas invectivas contra la causa que honradamente defienden los referidos elementos, y si estos podían sin mengua, tomar parte en un gobierno innominado cuya exclusiva tarea fuese la defensa del orden social, la completa reconstitución del ejército y la condensación de todas las fuerzas vivas del país para poner término a las dos guerras civiles que devastan su suelo, no podían en manera alguna aceptar denominaciones que sus antecedentes y su conciencia rechazan de consuno, porque las mistificaciones no caben en su hidalgo y recto modo de apreciar la situación de las cosas.

EL IMPARCIAL ha dicho su verdadero pensamiento, el pensamiento de unir a los revolucionarios de septiembre, y precisamente en eso está la intransigencia y el exclusivismo: no en proponer, no en aconsejar, no en desear situaciones holgadas en que tengan participación todos aquellos que, revolucionarios o no, se hallan dispuesto a protestar contra el triunfo de la demagogia como contra el carlismo, contra la disolución social como contra el retroceso a instituciones que ya no pueden volver.

Por lo demás, si EL IMPARCIAL se muestra satisfecho, porque a todos los hombres que componen el poder ejecutivo los une un mismo lazo, el de la revolución de septiembre, nosotros somos bastante leales para conformarnos con el bien relativo, y si la sociedad se salva y si, como EL IMPARCIAL espera, la patria se limpia de guerras civiles, no han de ser nuestros aplausos ni los últimos ni los menos sinceros, aunque en el fondo de nuestra alma abriguemos de convicción profendísima de que la magua empresa acometida tendría más condiciones de éxito con el concurso unánime de todos los elementos conservadores, que no con la accidental y no muy homogénea inteligencia de dos partidos recientemente gastados en el ejercicio del poder y a los cuales ha visto el país devorados por incurables divisiones.

Significación del 3 de enero

EL IMPARCIAL (Propietario: Eduardo Gasset y Artime)

6-1-1874

No esperábamos, en verdad, que hubiera sido tan pasajera la explosión de férvido entusiasmo que produjo en la ÉPOCA el hecho realizado en la madrugada del célebre día 3 del actual por el señor capitán general de Castilla la Nueva, a la misma hora en que ocho años antes coadyuvada al movimiento de las fuerzas de caballería en Aranjuez, acaudillado por el ilustre y malogrado general Prim; movimientos que debía concluir dos años y algunos meses después con la dinastía de los Borbones, sobre cuya losa escribió el marqués de los Castillejos esta inscripción, sencilla al parecer, pero que no han podido borrar las inclemencias de los tiempos: ‘Jamás, jamás, jamás’.

Creíamos nosotros, dada la discreción proverbial de nuestro colega, que, ya que sus amigos más caracterizadas incurrieron en la reunión de notables celebrada aquella mañana en el Congreso, en el imperdonable desceñido de poner en relieve que pr encima de los fundamentos sociales y de la patria misma estaba para ellos la personalidad de su candidato regio, la ÉPOCA procuraría enmendar aquel yerro aparentando siquiera abnegación, desinterés y patriotismo, ya que nada de esto predominó en aquel crítico momento en los burgraves del alfonsismo.

Pero la impaciencia, que es el peor de los demonios, ha tentado también a nuestro ilustrado colega, y ya en su número de anteanoche se permitió el inocente desahogo de encabezar su primera plana con estas palabras: “Apuntes para la historia de la contra-revolución del 3 de enero”, y copiaba después, con rarísimas supresiones, lo manifestado por la prensa acerca de los sucesos mencionados.

El demonio tentador de la ÉPOCA no se dio sin embargo por satisfecho y disgustad sin duda por el modesto lugar en el que había colocado el día 4, se ha trasladado el día 5 desde la boardilla al cuarto principal, enseñoreándose del primer fondo de nuestro colega bajo la forma de canon o de definición dogmática:

La disolución de las Cortes Constituyentes dice por la guardia civil no ha sido una revolución, sino por el contrario, una contra-revolución. De lo que debe tratarse, pues, no es de una conciliación de los elementos revolucionarios, sino de los elementos contra-revolucionarios.

Como ven nuestros lectores, la ÉPOCA, adversario formidable contra nosotros de la idea del Gobierno nacional, defensora entusiasta de las Cortes disuelta, por ser en su concepto la única legalidad existente, intenta nada menos que definir la significación del hecho de fuerza realizado por el general Pavía con el unánime concurso del ejército y el asentimiento de la opinión pública, determinando a la vez la trascendencia que este suceso tiene en el porvenir de la nación española.

¿Y en qué circunstancias?

Pues bien: como no es presumible que el señor general Pavia no ha dicho aun públicamente y en auténtica forma las causas que han determinado su proceder, aunque sea fácil adivinarlas por la noble conducta que ha seguido inmediatamente después de consumado el hecho de fuerza; cuando el Gobierno que en él se ha originado no se ha servido aún manifestar al país los títulos de su autoridad, ni su sentido político. Cuando el poder ejecutivo, en fin, se ocupa de redactar nota diplomática que ha de dar a conocer lo mo y lo uno y lo otro al mundo civilizado.

Pues nosotros, que no hemos tenido para el señor general Pavía los aplausos fervientes que la ÉPOCA y los demás diarios alfonsinos, no le haremos jmás la injusticia de creer que en su pecho ha tenido cabida ni por un instante el conato de faltar a la confianza que en él había depositado el Sr. Castelar al conferirle un puesto como la capitanía general de Castilla la Nueva.

No: el señor general Pavía no se hubiera rebelado nunca, seguros estamos de ello, contra el Sr. Castelar y la República que este representaba y retamos a la ÉPOCA a que ponga si quiera en tela de juicio esta afirmación nuestra que hacemos sin consultar al señor capitán general de Castilla la Nueva.

Pues aquí está la clave para descifrar lo que significa el hecho del 3 de enero.

Ese hecho no ha ido contra la revolución de Septiembre, ni contra la democracia, ni contra la República española, ni siquiera contra los republicanos que apoyaban la política del señor Castelar, sino que es, por el contrario, la sanción que esa República, que esa democracia y que esa revolución de Septiembre recibían del ejército que acaba de reorganizarse y era el único núcleo de fuerza en aquel decisivo momento para la nacionalidad española.

Si el señor general Pavía hubiera querido variar la forma de gobierno establecida, lo hubiera expresado así lealmente, ya al ponerse al frente de las fuerzas de su mundo, ya al presentarse ante los personajes políticos reunidos en la presidencia del Congreso; y esto no ha sucedido..

Por el contrario, una vez disuelta las Cortes, el capitán general de Castilla la Nueva declaró que consideraba terminada su misión lo cual evidenciaba que su propósito se redujo a separar con la punta de su espada el obstáculo legalmente insuperable que se oponía a la causa del órden, de la libertad de la integridad y de la honra de la patria, sin crear por ello nueva legalidad, nuevas instituciones, nuevas formas de gobierno.

Por eso ha sido lógico cuanto ha ocurrido después, por más que nosotros, monárquicos de toda la vida y que habíamos defendido la idea de un Gobierno nacional prescindiendo de las palabras República y Monarquía, hubiéramos podido desear que el alzamiento del 3 de enero tuviera la trascendental sentido como ese.

Pero había una Constitución vigente y nadie había pedido su derogación; había una República establecida y nadie había gritado ‘muera la República’, ¿cómo ni a virtud de qué podía prescindirse ni de la una ni de la otra, cuando nuestro pensamiento de Gobierno nacional fue combatido en su primer término y con verdadera furia por los periódicos alfonsinos y aun por algunos revolucionarios de septiembre?

Si en tiempo oportuno, al iniciarse en la prensa el debate sobre el Gobierno nacional, hubiéramos convenido, como nosotros deseábamos, en que una vez separado el obstáculo de la Asamblea se formase aquel con la representación de todos los elementos políticos no levantados en armas, para que una vez restablecido el orden material y moral hiciese un llamamiento al país y éste decidiese definitivamente de sus destinos, comprometiéndonos todos a someternos a su fallo, el hecho del 3 de enero, aunque no hubiese sido0 una contra-revolución, hubiera tenido más trascendencia que la que ralmente tiene; pero todo lo que se declamó entonces contra las internidades en favor de D. Alfonso de Borbón, que era la interinidad más larga, ha resultado en favor de la República.

Resígnese, pues, LA ÉPOCA, como nos hemos resignado nosotros, a que el 3 de enero no signifique más que el triunfo del orden y la derrota de la anarquía, y en vez de consagrarse a dogmatizar como lo hace anoche, estudie este suceso los inconvenientes que tiene el oponerse sistemáticamente, por espíritu estrecho de secta y de partido, a soluciones inspiradas en los móviles más nobles, más desinteresados y más patrióticos, que son siempre las únicas que resuleven definitivamente las grandes crisis porque atraviesan los públicos.

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