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El nuevo cardenal está considerado un obispo conservador

El obispo Ángel Suquía ascendido a cardenal por el Papa Juan Pablo II

HECHOS

En abril de 1985 se hizo público que el Papa nombraba nuevos cardenales al arzobispo de Madrid, D. Ángel Suquía y al nuncio de El Vaticano en España, D. Antonio Innocenti.

Con el nombramiento de monseñor Ángel Suquía ser´an cinco los cardenales españoles (junto al primado arzobispo de Toledo, D. Marcelo González Martín, el arzobispo de Barcelona D. Narciso Hubany, el obispo emérito de Madrid, D. Vicente Enrique y Tarancón y el obispo emérito de Sevilla, D. José María Bueno.

25 - Abril - 1985

El cardenal Suquía o los vientos de Roma

Abel Hernández

La elevación del arzobispo de Madrid, Ángel Suquía, al cardenalato se veía venir. No es una sorpresa. Hace tiempo que Roma había señalado con el dedo a este obispo de origen vasco, acérrimo defensor de la estabilidad familiar, contrario a la teología de la liberación, espiritualista, muy eclesiástico, y que tiene fama de llevarse bien con grupos católicos como el Opus Dei. Este nombramiento confirma que monseñor Suquía sintoniza bien con el talante del actual Papa.

En 1980 fue uno de los miembros del Sínodo nombrado directamente por el Papa. Era la primera señal visible de que Suquía estaba destinado a altas misiones dentro de la Iglesia española. Cuando Juan Pablo II legó a Santiago de Compostela, en su primera visita a España, tuvo la deferencia de almorzar a solas con él, en un comedor reservado, aparte del resto de los obispos españoles. Poco después era trasladado a Madrid como sucesor del cardenal Tarancón. El estilo de uno y de otro, en un delicado momento de la vida nacional, no podía ser más diferente.

Pasó después una larga temporada en Roma, donde tomó contacto con las altas esferas de la Iglesia. En los ambientes eclesiásticos españoles existía entonces el convencimiento de que el Vaticano señalaba claramente a Suquía con el dedo como máximo dirigente de la Iglesia española, ocupando también en la Conferencia Episcopal el puesto de Tarancón. Sin embargo, los obispos españoles creyeron más oportuno reelegir al arzobispo de Oviedo, Gabino Díaz Merchán, considerado mucho más progresista y ‘taranconiano’ como presidente del episcopado. La Iglesia española estaba dispuesta a mantener un diálogo abierot tanto con los sectores más progresistas de la comunicad católica como con el Gobierno socialista.

Ahora, al conceder al arzobispo de Madrid el capelo cardenalicio, el Papa reafirma, sin duda, una línea eclesiástica y demuestra el aprecio que siente por Ángel Suquía. Los sectores católicos más comprometidos han recibido la noticia con cierto disgusto. Por el contrario, grupos católicos más tradicionales como el Opus Dei, están, sin duda, satisfechos.

Por lo demás, el hecho de que este año se celebre el centenario de la diócesis de Madrid-Alcalá, y la importancia de esta diócesis, exigían o al menos aconsejaban, el cardenalato. Suquía para Roma, no podía ser menos que Tarancón, ahora ya se sabe cuál es la dirección del viento del a Iglesia.

El hecho ha venido precedido del nombramiento de tres obispos auxiliares de Madrid, dos de ellos de claro talante conservador. Un grupo de sacerdotes madrileños había enviado una carta a monseñor Suquía expresando su contrariedad por la orientación de estos nombramientos y de toda la pastoral diocesana. Unos doscientos sacerdotes madrileños han expresado su apoyo a este escrito, que es muy crítico. “De los tres obispos – dice la carta – dos de ellos pertenecen a un grupo que se caracteriza entre nosotros por ser minuritario, exclusivista y cerrado en sí mismo desde hace tiempo, con gran conciencia mesiánica y afán de poder.”

Abel Hernández

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