EL PERIÓDICO de Catalunya desvela que la Generalitat y los Mossos estaban avisados de la posibilidad de un atentado en Las Ramblas

HECHOS

El 31.07.2017 el diario EL PERIÓDICO de Catalunya informó de que Las Ramblas habían sido avisadas de un posible atentado terrorista.

31 - Agosto - 2017

Lo que hay que aclarar después de las mentiras

Luis Mauri

Qué barata sale la mentira política en este país. En el Reino Unido, un ministro dimite por haber fingido que el coche familiar lo conducía su esposa en lugar de él al ser cazado por un radar cuando circulaba con exceso de velocidad. No solo dimite, además acaba yendo a prisión. En Alemania, una miembro del Gobierno cesa al descubrirse que había plagiado su tesis doctoral. No solo cesa, también es desposeída de su título de doctora universitaria.

Aquí, las cosas no van así. En la Europa meridional, de matriz cultural católica, no se penaliza política ni socialmente la mentira como en los países del centro y el norte del continente, de raíz protestante.

No es un defecto exclusivo de los políticos tramposos que escurren el bulto pese a los escándalos de corrupción que los cubren de lodo. En el fondo, si logran seguir aferrados al cargo pese a que sus falsedades hayan quedado al descubierto es porque la sociedad lo tolera.

En este país, los ceses políticos derivados de un engaño son una excepcional excepción. Precisamente, hay un precedente en la dirección política de los Mossos d’Esquadra. Manel Prat hubo de dimitir como director general de la policía catalana después de haber negado por activa y por pasiva que ninguno de sus agentes hubiera dejado tuerta de manera totalmente gratuita a la ciudadana Ester Quintana. Prat se resistió lo suyo a dejar el cargo: antes hizo falta que un grupo de mossos mataran a golpes en la calle a otro ciudadano, Juan Andrés Benítez. Es decir, que en buena ley seguramente tampoco fue relevado por haber mentido, sino por la acumulación de escándalos policiales bajo su mandato y por la falta de sintonía política con el ‘conseller’ de Interior del momento.

Tres años después del cese de Prat, los Mossos, pese a haber realizado una brillante y celebrada gestión informativa del atentado yihadista de la Rambla, han vuelto a mentir a la ciudadanía. Para ser rigurosos, no solo los Mossos, por boca de su ‘major’, Josep Lluís Trapero, han engañado a la opinión pública al negar que hubieran recibido aviso alguno de la CIA sobre la posibilidad de que terroristas islamistas estuvieran preparando este verano un atentado en la Rambla de Barcelona. Antes que Trapero, habían hecho lo propio el presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, y su ‘conseller’ de Interior, Joaquim Forn. La cadena de mando al completo faltando a la verdad. Forn Trapero no se conformaron con eso. El primero acusó además a los periodistas de «ensuciar el trabajo de los Mossos» y el segundo les culpó literalmente de «echar mierda» sobre la policía catalana. Edificante, realmente edificante, institucionalmente edificante.

Ahora, con la nota de la CIA sobre la mesa, el Gobierno catalán y su policía deben explicar por qué han mentido reiteradamente sobre la información de EL PERIÓDICO. Por qué han denigrado el trabajo de los periodistas. Pero, sobre todas las cosas, el Gobierno catalán y su policía deben aclarar a la sociedad qué medidas de protección de la población adoptaron después de tener conocimiento de la amenaza.

01 - Septiembre - 2017

Con la seguridad no se hace política

Marius Carol

En la película El club de la lucha, Brad Pitt interpreta a un vendedor de jabones que se pregunta para qué sirve la salida de emergencias de un avión a 10.000 metros de altura. Y él mismo se responde: “Es la ilusión de la seguridad”. Nos ha tocado vivir tiempos en que la seguridad es una quimera, hasta el punto de que nos hemos acostumbrado a convivir con el riesgo. No existen los lugares sin peligro, así que cualquier fanático con una bomba, un cuchillo o simplemente una furgoneta puede causar el terror en el más bucólico de los escenarios, ya sea lo alto de un moderno rascacielos, un paseo junto al mar o un bullicioso bulevar del centro. Sin embargo, hemos de exigir que las autoridades extremen el celo en protegernos, que la policía esté atenta a los pequeños detalles y que los gobernantes no utilicen la seguridad para hacer política.

No deja de ser sorprendente que en el momento en que los ciudadanos de Catalunya se sentían más orgullosos de los Mossos haya emergido una polémica en la que parece que se cuestiona no tanto el resultado de la resolución del atentado, sino su capacidad de prever la acción criminal. Una presunta nota de la CIA dirigida a la policía catalana fue portada de EL PERIÓDICO.

De acuerdo con esta información, los Mossos recibieron el 25 de mayo un aviso de los servicios de inteligencia de Estados Unidos que advertía de un posible atentado en la Rambla. La nota, que la policía catalana asegura que nunca recibió, habla de “una información no corroborada de veracidad desconocida”. Fuentes de la lucha terrorista se reafirmaron en su conocimiento por parte de los Mossos. Todo pareció un episodio más de esta tensión creciente entre Barcelona y Madrid. Pero alguien debería recordar que el yihadista de la Rambla no pensaba atropellar a nadie en este paseo, sino poner tres furgonetas bomba por la ciudad. La explosión del chalet de Alcanar le hizo cambiar de planes y esto no lo tenía previsto ni la CIA.

01 - Septiembre - 2017

Operación desprestigio

Pilar Rahola

Hicieron demasiado bien su trabajo. A pesar de que la tragedia nos había helado el corazón, la sociedad elevaba el grito de la vida, y nuestra policía, esos Mossos tan a menudo vilipen­diados, hacían demasiado bien su trabajo. Durante una semana, que debió de parecer una eternidad en los aledaños del poder central, ese que se alimenta del orgullo sobreactuado, el Estado no existió en Catalunya, porque el otro ­Estado, el que aspira a serlo, demostró arrojo y eficacia. Y cuando la eficacia se marida con la seguridad, en tiempos del miedo y la incertidumbre, se reviste de prestigio.

Los Mossos, pues, hicieron bien, demasiado bien, su trabajo, y en pocos días se detectó a toda la célula, se neutralizó el peligro y se cerraron los flecos po­liciales de la tragedia, con una rapidez insólita en un atentado de esa natura­leza. Y así, ese sonsonete cavernario de un Govern inepto, incapaz de resolver los problemas ciudadanos, se quebró de golpe, porque el aplauso fue general. Catalunya era capaz de gestionar con categoría una crisis con decenas de víctimas, y la mirada internacional lo elevaba a noticia de titular. Hicieron tan bien su trabajo, que lo hicieron de­masiado bien, y el adverbio hizo arder Troya.

Había que reaccionar. El 1-O está a las puertas, la Diada se atisba masiva y aunque el ruido usa palabras gruesas, nadie sabe cómo parar la marabunta catalana. La determinación de votar está intacta, arrecian las voluntades, casi a punto la logística, y sólo parece posible pararlo a las bravas. Pero ¿quién quiere la imagen de un Estado enviando a la policía a perseguir urnas? O, también nefasto, ¿quién está dispuesto a forzar la legalidad hasta el punto de ilegalizar al Govern? Sólo faltaba que los Mossos hicieran demasiado bien su trabajo.

Y así empezó el ruido. Primero fue un susurro…, sí, bien, pero la Guardia Civil no está contenta, lo de Alcanar fue una chapuza, había que poner bolardos, prever mejor… Era cierto: Barcelona estaba en la diana, tanto, que yo misma he escrito artículos afirmándolo, en este espacio. Era cierto: salíamos en los papeles yihadistas. Era cierto: los servicios de inteligencia internacionales observaban de cerca. Y porque todo era cierto, estábamos en alerta 4 y ya se había conseguido frustrar posibles atentados. ¿Y si hubiéramos blindado la Rambla? Habrían atacado en el paseo de Gràcia. Y, además, ni ellos habían previsto ese lugar para el atentado. Pero era igual, porque el ruido había empezado y ­arreciaba en micrófonos, en papeles, en declaraciones. Y no se trataba de ­informar mejor, sino de embarullar, contaminar, crear un atisbo de duda. Lo de los buenos abogados con los jurados populares. Es decir, se trataba de en­suciar el buen nombre que los Mossos habían conseguido, inesperadamente, porque habían hecho demasiado bien su trabajo. Nada, dicen que hacen ­periodismo. Pravda también lo ase­guraba.

01 - Septiembre - 2017

El fin no justifica los medios

OKDIARIO (Director: Eduardo Inda)

Enric Hernández se ha pasado de frenada en su intento de reanimar a un muerto viviente del periodismo como es EL PERIÓDICO. Los lectores vienen como resultado al trabajo duro y los temas propios, no de las mentiras. Pensar que inventando un documento falso iba a situarse en el candelero periodístico es tomar por tonta a la audiencia y, lo que es peor, frivolizar con un asunto tan serio como los atentados de Barcelona y Cambrils. Una tragedia que ha dejado por ahora 16 muertos y más de un centenar de heridos, por no hablar del estado de conmoción en el que ha quedado Cataluña y, por extensión, toda España. El propio portal Wikileaks, experto en filtrar documentos secretos, le ha enmendado la plana a Hernández tras la publicación de este supuesto confidencial de la CIA, donde han detectado numerosos errores. Ni siquiera han sido rigurosos a la hora de vender la falacia. La Agencia Central de Inteligencia (CIA), no se comunica directamente con los Mossos, sino que lo hace con el CNI y, en este caso particular, también el Centro de Inteligencia contra el Terrorismo y el Crimen Organizado (CITCO).

Por muy cierta que fuera la información, no se puede manipular un documento y venderlo como una nota oficial porque, además de no tener valor periodístico alguno, elimina para siempre la credibilidad de una publicación que, por otra parte, ya estaba herida de muerte. Hernández ha hecho rizas con su comportamiento los códigos elementales de la profesión. El texto inventado, además, estaba repleto de faltas de ortografía, demostrando así que quien lo hubiera escrito tenía un nivel de inglés muy por debajo del exigible a un nativo. Por poner algunos ejemplos en el texto aparece Irak y no Iraq, que es como se escribe correctamente en inglés. También utiliza el acrónimo ISIS (Estado Islámico), término propio del entorno periodístico en lugar de ISIL que es como lo nombran desde los servicios de inteligencia. Tampoco está bien enunciada la fecha de notificación y el lenguaje del escrito, en general, es de un coloquialismo impropio de un texo oficial… En definitiva, un despropósito que carece de justificación alguna.

02 - Septiembre - 2017

Periodismo frente a la propaganda

Enric Hernández

Ante lo visto, oído y leído estos días en algunos medios de comunicación, resulta inevitable rescatar la certera sentencia de George Orwell: “Periodismo es publicar lo que alguien no quiere que se publique; lo demás son relaciones públicas”. Es decir, propaganda.

Desde el jueves, cuando EL PERIÓDICO difundió la fecha y el texto del aviso de la CIA sobre un posible ataque terrorista en la Rambla, Catalunya ha dedicado muchas horas de radio y televisión -tinta, más bien poca- no a aclarar la actuación previa al atentado de todas las fuerzas de seguridad del Estado, incluidos los Mossos d’Esquadra, sino a someter a un juicio sumarísimo a este diario para desacreditar la información que había desvelado. Propaganda oficial disfrazada de lecciones de periodismo.

Conviene recordar que la función democrática de la prensa es arrojar luz sobre la verdad y fiscalizar al poder. Y hoy, dos semanas después del ataque yihadista, la opinión pública conoce cinco datos que hasta ahora las autoridades españolas y catalanas habían mantenido ocultas:

1.- Que el 25 de mayo las fuerzas del Estado y los Mossos recibieron una alerta sobre un posible atentado de Estado Islámico en la Rambla este verano.

2.-Que lo evaluaron por separado y, conjuntamente, acordaron descartarlo por su escasa fiabilidad.

3.-Que la lucha antiterrorista española admite que esa información procedía de la CIA.

4.-Que los Mossos reconocen haber recibido exactamente la misma información que el Estado, y en idéntica fecha, pero sostienen que la suya no procedía de la CIA, sino de otras fuentes no especificadas.

5.-Que el 21 de agosto, cuatro días después del ataque, el mando antiterrorista de EEUU, que coordina entre otras agencias a la CIA, confirmó por escrito a España que el 25 de mayo envió la alerta a los Mossos.

Boicots y amenazas

Estos son los hechos, sin insinuaciones ni juicios de valor. Y la responsabilidad social del periodismo era ponerlos en conocimiento de la opinión pública. Sin reparar en las consecuencias políticas. Molestase más o menos a políticos o uniformados. Pese a las campañas de descrédito, los intentos de boicot e, incluso, las amenazas.

01 - Septiembre - 2017

Ataque a la libertad

EL PAÍS (Director: Antonio Caño)

Confunden la Generalitat y la dirección de los Mossos los papeles que desempeñan las fuerzas de seguridad y la prensa en la sociedad. El de los cuerpos policiales es claro y lo recordó ayer el jefe de los Mossos, Josep Lluís Trapero: la seguridad de los ciudadanos. El de los periodistas, debería saber, es arrojar luz sobre las zonas oscuras en asuntos de relevancia pública como los atentados del 17 de agosto. Aunque incomode, aunque moleste o aunque contradiga las informaciones oficiales en las que los ciudadanos tienen el derecho de poder confiar con máxima credibilidad.

Reconocer —como han hecho el conseller de Interior y el propio Trapero— que a finales de mayo sí recibieron una alerta de un posible atentado en la Rambla, aunque de fuentes distintas de la CIA o el Centro Nacional de Contraterrorismo de EE UU, aporta una información nueva y relevante al puzzle que aún está pendiente de completarse. Cuando EL PERIÓDICO de Catalunya publicó esta afirmación el propio día del atentado, Puigdemont, el conseller del Interior y Trapero la negaron con toda contundencia. Repasar ahora sus declaraciones de esos días permite llegar a la conclusión de que tergiversaron o mintieron. El president aseguró que “la policía se relaciona con otros cuerpos policiales y no existe una relación directa entre agencias de inteligencia y los Mossos”. El conseller aprovechó el desmentido para cargar contra la estrechez de competencias: “Desgraciadamente, como no somos Estado, no podemos tener relación con los servicios de inteligencia de otros países. Estaríamos encantados”. Y Trapero abundó en la valoración, sobrepasando con mucho sus competencias exclusivamente policiales: “Si ya tenemos problemas en el ámbito internacional para relacionarnos porque no es la competencia que nos reconoce el Estado, todavía menos relaciones con servicios de inteligencia”. Tal vez deberían comprender que hubiéramos entendido el silencio, pero nunca la mentira.

Ayer, después de que EL PERIÓDICO se reafirmara y aportara la textualidad de la alerta, el Govern no tuvo más remedio que reconocer que esta sí había existido, aunque procedente de otras fuentes, y que no la juzgaron creíble. Lo que Trapero calificó de mentira no era tal.

Pero no es el posible fallo policial lo que ahora está en cuestión, y que deberá dirimirse en un futuro próximo en una investigación de amplio espectro que abarque a todas las fuerzas de seguridad implicadas, sino la embestida de las autoridades catalanas contra la libertad de expresión y contra quienes les lleven la contraria, a los que atribuye una falaz campaña de desprestigio contra los Mossos. Trapero llegó a acusar personalmente al director de EL PERIÓDICO de que “su prioridad es desprestigiar a los Mossos y dar una exclusiva”. El viejo recurso de cargar contra el mensajero funciona de nuevo. Es el mismo método que utilizaron cuando EL PAÍS reveló los contactos entre la policía de Bélgica y los Mossos sobre el imán de Ripoll.

La Generalitat y la autoridad policial se revuelven contra los medios para tapar sus propios errores, en una huida hacia adelante que no repara en los daños que causan a sus instituciones y a la sociedad civil. Sin percatarse de que lo que desprestigia a los Mossos no es la información periodística, sino negarse a rendir cuentas como si un cuerpo policial democrático estuviera por encima de la obligación de responder a las legítimas preguntas de la sociedad. En este periódico no tuvimos dudas en elogiar a los Mossos cuando, en los primeros días, su actuación nos pareció diligente. Tampoco tenemos dudas ahora de la necesidad de investigar a fondo su trabajo y el de otros cuerpos policiales —preferentemente mediante una comisión parlamentaria de investigación— ante los múltiples y graves errores detectados desde entonces.

El atentado se está convirtiendo en nuevo campo de batalla como lo fue el del 11-M

Comparar esa investigación con un intento de desprestigio es uno más de los síntomas de autoritarismo de los que está haciendo gala la Generalitat.

Tanto el conseller Forn como Trapero repitieron una y otra vez que la alerta fue desestimada “por el Estado”, arrojando a Madrid la responsabilidad y el reconocimiento que tanto les cuesta contemplar cuando se trata de gestionar los logros.

España tuvo la desgracia de contemplar cómo el peor atentado de su historia, el 11-M, se convirtió en campo de batalla político. Conjurar ese peligro debería ser una urgencia ineludible y una responsabilidad de primer orden que no se vislumbra, sin embargo, en la actuación de la Generalitat. El peor atentado desde entonces, el cometido el 17 de agosto, comienza ya a convertirse en nuevo campo de batalla para librar esta vez la guerra de los independentistas contra todos los demás. La lección, por desgracia, no fue aprendida. Muchas instituciones y medios han elogiado a los Mossos en un determinado momento. Ahora el Govern debe comprender que sus aciertos en algunas circunstancias no les eximen en ningún caso de rendir cuentas en los capítulos en los que parece claro que se ha obrado mal. Y este lo es.

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