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El más famoso directivo de cine de animación abandonó la compañía en agosto para constituir la suya propia

‘El Rey León’ cuarto triunfo absoluto consecutivo de Disney y último de la etapa de Jeffrey Katzenberg

HECHOS

En noviembre de 1994 se estrenó la película de animación ‘El Rey León’.

 El célebre productor de televisión judío Jeffrey Katzenberg había hecho triunfar a Disney con ‘La Sirenita’, ‘La Bella y la Bestia’ y ‘Aladdin’.  ‘El Rey León’ era su último gran éxito en esa compañía, puesto que, aunque era un proyecto de su dirección, la película se estrenaba cuando ya era sabido que abandonaba Disney por discrepancias con su máximo timonel, el magnate judío Michael Eisner, para fundar su propia compañía productora de animación.

ELOGIOS EN PRENSA AL DOBLAJE EN CASTELLANO:

Críticos de cine en prensa como D. Anton Merikaetxebarría fueron muy elogiosos con el doblaje al castellano de ‘El Rey León’ por haber sabido “dar con el tono justo de la obra en tono momento”.

 D. Antonio Lara que ya dirigió para Disney la película ‘Aladdin’ con reconocido éxito, ha vuelto a ser encargado de dirigir el doblaje de una superproducción de Disney.

 D. Sergio Zamora es el encargado de protagonizar el doblaje de la película poniendo voz a Simba. El Sr. Zamora pertenece a una familia vinculada al doblaje desde hace años dado que es hija de la histórica actriz de doblaje Dña. María Luis Solá cuya voz tendrá un pequeño cameo en la película.

 D. Constantino Romero, histórico actor doblaje, presentador de televisión y locutor de radio es la voz de Mufasa, el padre de Simba.

 D. Miguel Ángel Jenner, que en ‘La Bella y la Bestia’ cantó la canción ”Que Festín” interpretando al personaje de ‘Plumier’ volverá a cantar en ‘El Rey León’ donde interpreta al jabalí ‘Pumba’ que canta Hakunna Matata.

 

12 - Noviembre - 1994

Disney vuelve a rugir

Juan Pando

El éxito internacional de El rey león, que se estrena en España el próximo viernes, ha abierto una nueva edad de oro para la factoría Disney. Paradójicamente, mientras la película se ha situado ya entre los cinco títulos más taquilleros de todos los tiempos, el estudio que la ha producido afronta una profunda crisis, creativa y financiera, que le enfrenta a un futuro incierto.

La historia moderna de Disney comenzó hace justo 10 años, cuando Roy E. Disney, «el sobrino tonto» del mítico Walt como le apodaban los directivos de la casa, tomó el control de la compañía para evitar el cierre de sus estudios de animación. Se reservó el puesto de vicepresidente y fichó a Frank Welles, de Warner Bros., y a Michael Eisner y Jeffrey Katzenberg, de Paramount, para reflotar la empresa familiar.

Tras la muerte de su fundador en 1966, Disney se había estancado artísticamente, para dedicar todo su esfuerzo a los parques de atracciones y a la comercialización de la imagen de sus personajes de dibujos. En especial, de Mickey Mouse. Fueron años en los que animadores de prestigio, como Don Bluth, y jóvenes promesas, como Tim Burton, abandonaron el estudio.

El nuevo equipo directivo reactivó, sin mucha convicción al principio, la producción de dibujos animados, con un plan para hacer un largometraje al año. Tras el tropiezo de Los rescatadores en Cangurolandia (el único título de la nueva época que no es un musical), el éxito de La sirenita, La bella y la bestia, Aladino y El rey león ha confirmado que la fuerza del estudio sigue estando en la producción de dibujos animados.

Por entonces, se pensó, sin embargo, que el gran futuro de Disney no estaba en los dibujos animados, sino en producir cine para un público adulto. A tal fin, se creó una segunda marca, Touchstone, para preservar la imagen familiar de la casa, y ese mismo año se estrenó 1, 2, 3… Splash, con una Daryl Hannah muy ligera de ropa, que recaudó 70 millones de dólares y fue el primer éxito habido en mucho tiempo.

Jeffrey Katzenberg, responsable máximo de la actividad cinematográfica de la compañía, fue el artífice de una serie de éxitos (Por favor, maten a mi mujer, El color del dinero, Un loco en Beverly Hills, Good Morning, Vietnam) que cuatro años más tarde, en 1988, habían sacado a Disney de su letargo, situándola, por primera vez en sesenta años, entre las productoras más poderosas de Hollywood.

El principal beneficiado por ese milagro fue Michael Eisner, que como responsable de la Walt Disney Company no tenía un sueldo espectacular, comparado con el de sus colegas de otras compañías, pero recibió como premio una participación en acciones, que le convirtió en el ejecutivo mejor pagado de todo Estados Unidos.

La generosidad del estudio nunca ha alcanzado al resto de empleados y colaboradores. «Si quieres ganar dinero con Disney -ha recomendado con sarcasmo el veterano actor James Earl Jones, que pone su voz al personaje del Rey León padre- compra acciones de la compañía y no pierdas el tiempo negociando un sueldo mejor».

Esta imagen cicatera está presente en cada proyecto. «Hoy -ha justificado Katzenberg-, el valor de la gente en Hollywood no se mide por el talento, sino por la fama». El principal método de abaratar costes es contratar por cantidades muy bajas y para varias películas, bien a prometedores principiantes, bien a profesionales de renombre pero con sus carreras en crisis.

En 1990, por ejemplo, una producción hecha en Disney costaba un tercio menos que en cualquier otro estudio. Si el proyecto tenía éxito, la jugada era completa, porque el estudio tenía atrapados por contrato a las estrellas del momento. Como ocurrió con Bette Midler, Nick Nolte y Richard Dreifuss tras relanzar sus carreras con Un loco suelto en Beverly Hills.

Un caso famoso fue el de Alec Baldwin, que reconcomido por el bajo salario por el que le obligó a trabajar la Disney en Ella siempre dice si, convirtió el rodaje en un infierno. Al acabar, pronunció una frase, referida a Katzenberg, que ha hecho historia: «Es el octavo enanito, Avaro».

Las anécdotas no se limitan a los actores. Un conocido guionista ha llegado a decir que está unido a la Disney por un «contrato Mandingo», en alusión a la celebre película sobre esclavos maltratados. Incluso hay quien llama coloquialmente al estudio con el apodo de «Mouschwitz». Un juego de palabras entre «Mickey Mouse» y «Auschwitz».

Lavar la imagen

«Tan poderosos como poco interesantes son sus productos», sentenciaba una revista, resumiendo la poca ambición artística de Disney. Katzenberg trató de mejorar esa imagen comprando la compañía independiente Miramax, distribuidora de películas de prestigio, como El piano, Juego de lágrimas y algunas de Almodóvar. Además, logró acuerdos con directores como James Ivory, que también benefician a Buenavista, la distribuidora de Disney.

Otros méritos de Katzenberg fueron unir la producción de las ramas de cine y televisión del estudio, distribuir programas televisivos, como Las chicas de oro, estudiar la comprar de una cadena de televisión propia, potenciar sus intereses en la industria musical y negociar con Sega para abrirse al sector juegos.

Aunque el tiempo ha demostrado que la auténtica gallina de los huevos de oro del estudio siguen siendo las películas de dibujos animados. Según cifras recientes, La sirenita recaudó 181,1 millones de dólares; La Bella y la Bestia, 349 millones de dólares, y Aladino, 485,5 millones de dólares. Las tres juntas, en vídeo, hicieron 1,4 billones de dólares.

La suerte se torció en 1994, el «annus horribilis» de Disney, marcado por la calamidad. Primero, fueron los ecos del libro Walt Disney, Hollywood«s Dark Prince. En él se presenta al genial dibujante como vengativo, antisemita, filofascista, antisindical, informador del FBI, aficionado al alcohol y los fármacos, amigo del crimen organizado y mentalmente inestable.

Los problemas

Más tarde, en el mes de abril, perdió la vida, en un accidente de helicóptero, el presidente de la compañía, Frank Welles, uno de los tres hombres claves del resurgir del estudio. Su desaparición abrió la sucesión a un puesto con el que Katzenberg soñaba hacía mucho y que consideraba que le correspondía por méritos propios.

Mientras, se agudizaba el problema planteado por el fracaso de Eurodisney, con pérdidas enormes (900 millones de dólares en su primer año). Un imprevisto que cuestiona todo el plan de expansión de parques de Disney, cuyo próximo proyecto es abrir uno en Virginia, dedicado a la historia de Estados Unidos.

En la división de películas dirigidas al público adulto las cosas tampoco han ido bien últimamente. La producción masiva de filmes de bajo presupuesto -hasta 60 al año- y escasa calidad genera más fracasos que éxitos.

La primera consecuencia fue la dimisión de Ricardo Mestres, presidente de Hollywood Pictures, tercera marca de la compañía. En apariencia, creada por Katzenberg para aumentar la producción de títulos para adultos. En realidad, nacida para resolver de forma salomónica el enconado enfrentamiento que su protegido, Mestres, mantenía con el presidente de Touchstone.

Una nueva dimisión, la de Katzenberg, el 24 de agosto, provocó un terremoto en Hollywood. Disney perdía al segundo de los tres artífices de su éxito. El dilema de Eisner fue terrible. Si no ascendía a Katzenberg, le perdía. Si le daba el cargo de presidente, de seguro no se iba a conformar con grises tareas administrativas y financieras, para no hacerle sombra a él.

«Jeffrey -aseguraba un amigo- buscaba el reconocimiento y el puesto que creía haberse ganado». No hay que olvidar que las películas producidas por el estudio durante el tiempo que él lo dirigió, con éxitos del calibre de Pretty Woman y El rey león, han proporcionado a Disney un 43 por ciento del total de ingresos de la compañía.

Otra desgracia a la vista. Michael Eisner, el único superviviente en Disney del primitivo triunvirato del éxito, sufrió una grave crisis cardiaca hace un par de meses. Recuperado, ha vuelto a su despacho para reunir los restos del naufragio.

Al frente de la división de películas para adultos ha puesto a Joe Roth, responsable de éxitos como Solo en casa y Sra. Doubtfire cuando era el máximo responsable de la 20th Century Fox. Los dibujos animados quedan a cargo de Roy Disney, actual vicepresidente de la compañía, cuya intervención en 1984 fue decisiva para salvar los estudios del cierre. No obstante, se le relaciona con Tarón y el caldero mágico (1985), uno de los escasos fracasos que ha tenido Disney en el campo de la animación.

Los planes de producción prevén seis nuevos títulos de dibujos animados de aquí a 1998. Los primeros, Pocahontas, para el próximo verano, y El jorobado de Notre Dame, para la Navidad de 1995. Para entonces, se sabrá si Roy Disney tiene la intuición de Katzenberg, que convertiró Aladino y El rey león en éxitos sin precedentes.

Katzenberg ha interpretado el último acto del drama de Disney. En octubre, anunció que va a crear un nuevo estudio con Steven Spielberg, cuya asignatura pendiente son los dibujos animados, y David Geffen, mentor de grupos musicales como Nirvana.

19 - Noviembre - 1994

El Ciclo de la Vida

Anton Merikaetxebarria

La factoría Disney ofrece con El Rey León una nueva clase magistral del hechizo cinematográfico

El inmenso continente africano sirve de marco a El Rey León. Una emocionante película de dibujos animados, centrada en las aventuras de cachorro de león, Simba, obligado a exiliarse de las tierras de su reino tras la muerte de su padre, el rey Mufasa. El depredador Scar, su pérfido tío, tratará de hacerse dueño y señor de las vastas praderas, mientras Simba crece en la selva rodeado de sus amiguitos: el jabalí Pumba, el diminuto suricato antropoide Timón, la leona Nala y el sabio mandril Rafiki. Al fin, Simba aprenderá lo que es el ciclo de la vida, el delicado balance que mantiene unidos a todos los animales de la naturaleza.

Si te sientas en la butaca del cine y unos minutos después de haber comenzado la proyección comprendes que te han sumergido en el hechizo, saes que desde ese momento todo va a marchar entre tú y la película. El ‘Rey León’ tiene ese poder de encantamiento, como lo tienen muchas películas entre las unánimemente consideradas clásicas. Así, está joyita puede llegar a deslumbrar tanto como ese astro rey que surge majestuoso sobre la gran sabana, donde el ansia por devorar una nueva aventura sucede un ligero pesar por abandonar la anterior, llena aún de recovecos inexplorados. De esta manera, inmerso el espectador en un viaje mágico, se siente igualmente conmovido por su dinámica vertiginosa.

Lección de Ética

Al tiempo, El Rey León da una lección de ética, de responsabilidad ante la vida. Un bien precioso que debe ser transferido a las sucesivas generaciones. Un momento crítico de la existencia – esa especie de línea de sombra de la que hablaba Joseph Conrad – que supone el paso de la niñez a la edad adulta. Y los deberes que ello conlleva. Algo que es muy feliz y positivo, pero que también puede producirse en situaciones dramáticas, como es la vivida por el valiente Simba. No hay que derrotarse nunca ante la adversidad – viene a decir esta producción – sino que es necesario asumir toda situación, por conflictiva que sea y madurar: algo que van a entender perfectamente los reyes de la vida.

Conviene precisar que el 32 largometraje de los Estudios Disney no se basa en ningún cuento de hadas o relato infantil, como ocurría en otras memorables producciones de la casa, sino que se trata de un relato original que adopta la forma de una alegoría dramatizada. De ahí que la alternancia de situaciones festivas con otras de índole dramática, e incluso trágica, proporcione a El Rey León resonancias casi shakespearianas. Aquí vamos a romper una lanza en favor del meritorio equipo español de dobladores que en todo momento han sabido dar con el tono justo a las diversas escenas que componen la obra. Mención especial merece la labor del niño Marc Pciello, que presta la voz al pequeño Simba.

Pero conviene no perder de vista que las secuencias chispeantes abundan, sobre todo cuando los desternillantes Pumba y Timón deciden marcarse una danza hawaiana para distraer a un grupo de hienas que merodean con aviesas intenciones. Escenas generadas en muchos casos por ordenador en síntesis armoniosa con los dibujos hechos a la manera tradicional, especialmente en la configuración de una selva rebosante de vida, junto a la vibrante descripción de una espectacular estampida de antílopes. Imágenes a a que acompaña una sugerente banda sonora en la que se incluyen motivos del folclore africano.

En efecto, la visión de El Rey León tiene una gracia hipnotizante, a la que contribuye el estilo fluido, la sucesión inesperada de peripecias, la intensidad de los ambientes y, sobre todo, la alternancia de sus secuencias, que pasa de situaciones rápidas a otras lentas, contemplativas, de momentos alegres y brillantes a otros de inconfundible melancolía, contemplación o tristeza. Y a pesar de esta sucesión de ‘tempos’, el filme nunca pierde el equilibrio entre la frescura y el encanto. En definitiva, un atracón de magia y ensueño al que podrán sumarse sin sentirse defraudados tanto el espectador infantil como el público adulto.

 

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