Otras dos personas más murieron: una apuñalada por el terrorista que conducía el camión para robarle el coche y escapar y otra en otro intento de atropello masivo por compañeros del terrorista en Cambrils

El terrorismo islámico vuelve a atacar España: Una furgoneta causa un atropello masivo en Las Ramblas matando a 14 personas

HECHOS

  • El 17 de agosto de 2017 se produjo un atropello masivo en Las Ramblas de Barcelona con 100 heridos y 15 víctimas mortales. Otro atentado similar ese mismo día en Camprils dejó varios heridos y otra persona asesinada.

UNA JORNADA SANGRIENTA DIVIDIDA EN TRES SUCESOS:

Voladura de Alcanar: Muere el ‘cerebro’ del comando terrorista

 El imán de Ripoll, Abdelbaki es Satty, seguidos del grupo terrorista ISIS (Estado Islámico), había conseguido reunir en secreto aún grupo de jóvenes islámicos de entre 17 y 22 años para constituir un potente comando criminal dispuesto a atentar con bombas en importantes zonas de Catalunya como la Sagrada Familia. Sin embargo es Satty murió al estallar una bomba que manipulaban con otros miembros del comando (como Youssef Aalla). ese 17 de agosto, precipitando los sucesos posteriores.

Atropello masivo de Las Ramblas

 Younes Abouyaaqoub, de 22 años, alumno aventajado de es Satty, ante la muerte de ‘su maestro’ decidió realizar un atentado masivo de forma inmediata de acuerdo con sus compañeros. Se subió en solitario en una furgoneta y atravesó brutalmente haciendo eses la ruta que va de Las Ramblas a la Plaza de Catalunya, matando a 13 personas, entre ellas ancianos mujeres y niños.

Además Younes Abouyaaqoub logró escapar de la furgoneta en un coche tras degollar al conductor del vehículo en la que fue su víctima número 14. Finalmente Younes Abouyaaqoub fue abatido a tiros a los cuatro días cuando intentaba escapar.

Atropello masivo en Cambrils

 El resto de miembros del comando intentó realizar otro atropello masivo en Cambrils con un coche, atropellando a cinco personas que lograron sobrevivir. Volcado su coche por efectivos de la policía, salieron del vehículo cuchillo y mano atacaron a viandantes asesinando a una mujer a puñaladas (la víctima número 15). Los mossos abrieron fuego contra ellos matando a los cinco jóvenes terroristas: Moussa Oukabir,  Mohamed Hichamy, Omar Hichamy, Said Aallaa y Houssaine Abouyaaqoub.

18 - Agosto - 2017

17-A: Atentado en Barcelona

EL PAÍS (Director: Antonio Caño)

El terrorismo elige a conciencia a sus enemigos y esta vez ha escogido una ciudad que representa como ninguna otra el espíritu de espacio abierto, democrático y plural que el radicalismo intenta precisamente cercenar. El atentado que ha sacudido este jueves el corazón de Barcelona es un golpe a una ciudad emblemática, dinámica y cosmopolita que recibe el afecto y la visita de millones de personas de todas partes del mundo, motor económico y cultural europeo y mediterráneo de primera envergadura, pero también a un país —España— que libra desde el doloroso 11 de marzo de 2004 un combate enérgico y sin tregua contra el terrorismo y a un continente —Europa— que se ha convertido en primera línea del frente para un islamismo extremista que intenta acabar con sus valores.

En un atropello masivo en La Rambla de Barcelona, el conductor repartió su violencia en la zona más turística y concurrida por excelencia, segando vidas que presumiblemente pertenecerán a múltiples nacionalidades. A la espera de confirmación, las víctimas ascienden al menos a 13 muertos y más de 50 heridos en el atentado más sangriento en suelo español desde el fatídico 11-M.

España había logrado librarse desde entonces del látigo terrorista. La eficacia policial y judicial, la firmeza en la seguridad y la inteligencia empleada y la coordinación con otras fuerzas policiales internacionales habían logrado contener una amenaza que lo ocurrido este jueves nos recuerda que nunca se vence del todo.

Los atentados cometidos en los últimos meses en Mánchester (22 muertos en un concierto este mismo año), Berlín (12 personas muertas atropelladas en un mercado navideño en 2016), Niza (84 muertos y 300 heridos por un camión en 2016), Bruselas (32 muertos y 300 heridos en 2016) o París (130 muertos en salas de fiesta y 12 muertos en el ataque a la revista Charlie Hebdo, ambos en 2015), sumados a ataques con cuchillos, machetes y más atropellos en distintos puntos del continente, no solo reflejan que los terroristas mantienen e intensifican su agenda mortal, sino que recurren a métodos cada vez más crueles y letales como los atropellos con camiones y furgonetas.

Este crimen tiene que ser un aldabonazo que devuelva a la política catalana a la realidad

La nueva ofensiva terrorista coincide además con la extensión de un perfil más autónomo del terrorista, que solo de forma ideológica y no logística pertenece a una organización más etérea que crece en el adoctrinamiento rápido y fácil en las redes. La lucha, por tanto, es más compleja. Las derrotas del ISIS sobre el terreno en Irak y Siria, además, contamina los vasos comunicantes con sus seguidores o milicianos en Europa. Cataluña ha sido, dentro de España, un lugar de riesgo importante al ser uno de los focos de yihadismo y radicalización, junto con Ceuta, Melilla y el área metropolitana de Madrid.

Es obvio que las fuerzas de seguridad deben coordinarse al máximo para prevenir atentados como el de La Rambla. Con todo, el desafío ante el que nos encontramos no es solo policial. Un atentado como este exige una respuesta eficaz y coordinada por parte del Gobierno de la nación. La labor de las instituciones del Estado, con el Ejecutivo a la cabeza, es garantizar la libertad y la seguridad de los ciudadanos, usando para ello todos los medios a su alcance.

Celebramos, por tanto, que el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, haya decidido encabezar, junto con la Delegación del Gobierno en Cataluña, la supervisión de las operaciones de respuesta ante el ataque. Es lo mínimo que se espera ante una crisis como la que se abre en La Rambla.

Apelamos al Govern para que se ponga al servicio de los problemas reales de Cataluña

Sin embargo, pensamos que las consecuencias de este atentado deben ser de más hondo calado e ir más allá del momento coyuntural. Lamentablemente, el brutal atentado terrorista que ha vivido Barcelona coincide con un momento de máxima confusión política en Cataluña.

Un ataque de esta magnitud tiene que ser un aldabonazo que devuelva a la realidad a las fuerzas políticas catalanas que, desde el Govern, el Parlament o los movimientos por la independencia han hecho de la quimera secesionista la sola y única actividad de la agenda política catalana en los últimos años. Es hora de acabar con los sinsentidos democráticos, la violación flagrante de las leyes, los juegos de engaños, los tacticismos y los oportunismos políticos. Es hora de que nuestros gobernantes, todos nuestros gobernantes, trabajen en beneficio de los verdaderos y principales intereses de los ciudadanos.

La lucha contra el terrorismo requiere la máxima coordinación y unidad de acción entre las diferentes administraciones y fuerzas de seguridad del Estado. Esa colaboración solo puede nacer de la más absoluta confianza entre los diferentes niveles de Gobierno y sus instituciones. Hacemos por tanto un llamamiento al Govern y a las fuerzas políticas catalanas para que se pongan a trabajar en una agenda real al servicio de los problemas reales que afectan a la ciudadanía de Cataluña.

18 - Agosto - 2017

Días de luto, momentos de reflexión

EL MUNDO (Director: Francisco Rosell)

En el día posterior al brutal atentado yihadista en Barcelona y de la operación frustrada en Cambrils, la imagen de la unidad de toda la clase política tuvo sin duda algo de balsámico. Era imprescindible, y así ocurrió, que acudieran juntos a la concentración de repulsa el Rey, el presidente del Gobierno y el de la Generalitat, escenificando una unión que la ciudadanía reclama. Porque, ayer, toda España era Barcelona, y todos nos sentimos representados en el dolor por la pancarta de una joven en medio de la multitud en la que se podía leer: “Hoy canto por esas voces que habéis osado apagar”. Un hermoso mensaje que encierra una verdad incuestionable, la de que el terrorismo jamás podrá aplastar ni silenciar nuestro modo de vida, las libertades occidentales, en definitiva, aquello que somos, que es por lo que nos ha declarado su macabra guerra el yihadismo. No lo consiguió la sinrazón etarra ni sucederá ahora.

Cabe felicitarse igualmente por la comparecencia conjunta de Rajoy y Puigdemont tras la reunión del gabinete de crisis en el que trabajan codo con codo -aunque sea haciendo de tripas corazón- todas las administraciones. El clima de unidad sólo se vio ensombrecido por abracadabrantes declaraciones como las de la CUP señalando al terrorismo como un “fruto del capitalismo”, o la barrabasada deAlberto Garzón al referirse al atentado como “un atropello”. Tampoco tardó Podemos en arrojar un jarro de agua fría, al volver a rechazar su integración en el Pacto Antiyihadista.

El rápido descuelgue de la formación de Pablo Iglesias nos sitúa ante una desgraciada realidad que ya hemos vivido antes. La de que, en cuanto pasa el duelo, vuelven las desavenencias políticas y se olvidan con rapidez las enseñanzas que cabe extraer de esta masacre contra la principal ciudad turística española, igual que del resto de atentados sufridos en suelo europeo estos últimos años.

Y no por repetida deja de ser fundamental la lección de que la guerra que libran los yihadistas exige para su combate absoluta unidad. Y del mismo modo en que siempre hemos reclamado a los Veintiocho mayor coordinación de los servicios de Inteligencia nacionales y avances en la integración policial para luchar contra esta lacra, hoy debemos demandar que no haya ninguna fisura en la actuación de los distintos cuerpos de Seguridad del Estado. Por desgracia, sabemos bien que, a pesar de que en momentos como éste la armonización de los Mossos y de la Policía Nacional y la Guardia Civil sea real, la política de coordinación entre las diferentes policías difícilmente puede establecerse cuando hay desconfianza y deslealtad creciente al estar embarcada una de ellas -por mandato de sus más altos responsables- en un proceso independentista y en abierto desacato de la Constitución. De hecho, aún es pronto para poder evaluar posibles errores. Peroestamos ante una célula del IS integrada por al menos 15 individuos, con acceso a explosivos, que durante meses han planeado atentados, de lo que cabe concluir que algo no ha funcionado bien.

De ahí que no quepa sino rechazar las declaraciones del presidente de la Generalitat, que, con nula sensibilidad, se apresuró a subrayar que “los atentados no van a cambiar la hoja de ruta del procés“. Puigdemont calificó con desfachatez de “miserable” el hecho de que se mezclen sus planes independentistas con la digestión de los atentados. Pretende así zafarse de la necesidad de que el Govern abandone sus delirios estériles, y empiece de una vez a trabajar al servicio de los problemas reales de Cataluña, siendo la concentración de bolsas de musulmanes altamente radicalizados uno de los más graves.

Hoy no podemos olvidar cómo el nacionalismo ha ido cebando una verdadera bomba al favorecer la llegada de inmigrantes de países musulmanes frente a los de países hispanohablantes, como parte de la estrategia de ruptura de España. Así, se ha contribuido a convertir Cataluña en uno de los centros neurálgicos para grupos salafistas. Nada de ello explica por sí solo un acto de barbarie. Pero los responsables políticos están obligados a reflexionar y a actuar en consecuencia.

20 - Agosto - 2017

Podemos defendernos

Salvador Sostres

Nos matan los asesinos pero morimos por nuestro buenismo relativista, por nuestro complejo por donde el mal se filtra, por la funesta corrección política como una jornada de puertas abiertas para el crimen, cuando ella misma no constituye el crimen más abyecto. “No podemos hacer nada contra este tipo de ataques” es lo que más he escuchado estos días. Por supuesto que podemos hacer. Israel, rodeada de enemigos y de enemigos que junto a los comunistas son los mayores asesinos de la Historia, ha tenido que lamentar “sólo” 11 muertos en lo que llevamos de año. Algo estará haciendo bien si los que querrían lanzar a todos judíos al mar han tenido que conformarse con una cifra tan escasa -entendiendo que la única cifra realmente escasa es el cero. Tal vez hoy, y a la luz de los últimos acontecimientos barceloneses, su muro no nos parece tan racista, ni tan fascista, y al fin somos capaces de entender que la vida es un deber y sobrevivir tiene un precio.

Claro que podemos hacer algo. Y lo primero es recordar que somos superiores, que hay una sola Civilización y que fuera de ella todo es barbarie. Somos superiores y tenemos que ejercer nuestra superioridad entendiendo el valor de nuestra libertad y defendiéndola. Cualquier pasividad es culpable. Y tenemos por supuesto que ser generosos pero desde el principio indiscutible de que la pervivencia de nuestra Civilización es la única manera de ayudar a los demás, dentro y fuera de ella, porque sin tensión espiritual y una ética por encima de las leyes que escriben los hombres sólo hay extravío y horror. El laicismo es una cloaca y el mal espera a que tires de la cadena.

Podemos proteger nuestras calles tal como hemos aprendido a proteger nuestros aviones, podemos poner bolardos y levantar muros si es necesario, y si el mal encuentra nuevos modos también nosotros encontraremos otros modos de defendernos y de ir a por ellos: porque junto con nuestra superioridad tenemos que entender, de una vez por todas, que la paz no es un empate sino que les derrotemos. Harán falta muchas y muy diversas guerras para lograr la paz que los más estúpidos creen que consiste en desarmarnos. Dos bombas nucleares nos trajeron el siglo pasado la paz más duradera y fértil que jamás la Humanidad ha conocido. Tendrá que correr mucha sangre todavía -e incluso sangre nuestra, por desgracia- para que la paz en nuestras ciudades y en nuestras vidas sea algo más que la ofensiva cursilería de soltar palomas cada vez que guardamos un minuto de silencio en homenaje a las víctimas del islamismo.

Somos cristianos, somos católicos, somos libres y por eso nos matan. Y nos matan los islamistas en nombre de una religión que nunca ha propiciado ninguna sociedad abierta ni libre. Claro que podemos hacer algo. Podemos reconocer que estamos en guerra y librarla. Podemos dar sentido a nuestra generosidad protegiendo el precioso legado de nuestra libertad en lugar de tratar a nuestros verdugos como si fueran víctimas. El odio y el ansia nunca son la solución y no tenemos que odiar ni a los que nos asesinan. Pero tampoco a nosotros mismos y nuestro pacificismo multiculturalista es repugnante porque se basa mucho más en el odio al orden vertebrado, a los Estados Unidos y a Israel que en ningún afecto sincero: y nunca está dispuesto a pagar el precio.

Nadie podría estarnos haciendo tanto daño sin la necesaria y desesperante complicidad de los que incluso esta noche, cegados de resentimiento y de oscuridad interior, creen que el gran peligro es la islamofobia sin darse cuenta que también a ellos quieren eliminarles por lo que somos y que el arma preferida del mal es la palanca que puede hacer con los idiotas.

19 - Agosto - 2017

Independentismo e islamismo

Ramón Pérez Maura

«Nos hemos levantado consternados, pero también determinados a ganar la batalla al terrorismo y hacerlo con la mejor arma que tiene la sociedad: la solidaridad, la convivencia, la libertad y el respeto». Lo declaró Carles Puigdemont ayer, junto al presidente del Gobierno. El intento de aparentar un empeño común que ambos presentaron quedaba descalificado con esa declaración. Rajoy sólo había pedido una cosa: unidad. Puigdemont se cuidó muy mucho de hacer la menor referencia a tan peligroso concepto –al menos para él–.

Y no pueden entender la necesidad de unidad porque no se dan cuenta de que estos ataques van contra todos nosotros, porque para esos asesinos todos somos igual de enemigos. Los independentistas, los de la CUP y los de la Vega de Pas estamos en el mismo barco. Y así lo entendió el mundo entero cuyos medios de comunicación seguro que tuvieron más dificultad en encontrar un traductor del catalán para las palabras del consejero de Interior y del presidente de la Generalidad que si se hubiera empleado la lengua española. Pero con la sangre corriendo por las Ramblas, lo importante no era denunciar ante el mundo lo que habían hecho unos criminales. Lo relevante era marcar el hecho diferencial ante los extranjeros. Y con esa actitud, es evidente que resulta imposible conseguir unidad frente al enemigo.

No queda más remedio que recordar cómo en tiempos de Jordi Pujol se favoreció el asentamiento de musulmanes en Cataluña con aquella teoría de que con ellos sería más fácil promover un Estado independiente. Así hemos llegado a que hoy haya en Cataluña 400.000 musulmanes, el 20 por ciento del total que hay en España y que el excelente análisis del Citco que ayer citaba Pablo Muñoz en estas páginas estime que Cataluña es hoy el punto de mayor riesgo de radicalización islamista de España.

En los trece años transcurridos desde la barbarie de Atocha el islamismo no había podido atentar en España. La impresionante labor del CNI y de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado ha sido un gran éxito universalmente reconocido. Se detienen tantos potenciales terroristas que el hecho ya casi no es noticia en los medios de comunicación. Un breve en las páginas de los diarios y poco más. Las lecciones que aprendimos del 11-M nos enseñaron que los islamistas se aprovecharon entonces de la división de los españoles frente a la guerra en Irak para interferir en sus elecciones con un éxito arrollador. Ahora han visto una nueva oportunidad de éxito con el proceso secesionista de Cataluña. En la situación de inseguridad que vive Europa todas las democracias despliegan el ejército por las calles para garantizar la seguridad de los ciudadanos. Acabo de pasarme días en Biarritz haciendo kilómetros entre soldados que vigilan las playas armados con metralletas. Números sorprendentes de militares ayudando a cuidar del orden público. Pero los islamistas saben que no van a tener que enfrentar ese problema en Cataluña. Porque en Cataluña hablar de un despliegue de las Fuerzas Armadas españolas para proteger a la población y a los turistas es anatema. Ya vimos a Colau agradeciendo la intervención de la Guardia Civil en la huelga de El Prat sin mentar al benemérito instituto. Pues imagínense tener que desplegar soldados con la bandera de España por las calles de Barcelona o Cambrils.

Somos muy débiles y ellos saben que lo somos y se aprovechan. Es lógico. Y cuando han visto que los aliados de Ada Colau han puesto en marcha unaturismofobia sin parangón en el mundo entero han dicho: «Hagámosles un favor. Acabemos nosotros con su turismo como en Túnez, Argelia, Libia…». Y en esas estamos.

19 - Agosto - 2017

Alar­ma inú­til

Hermann Tertsch

Alar­ma en Eu­ro­pa en días de ve­rano. Tras los dos aten­ta­dos de Bar­ce­lo­na, que hoy sa­be­mos pu­die­ron ser mu­chí­si­mo peo­res, lle­gan no­ti­cias de dos muer­tos y va­rios he­ri­dos en Tur­ku en Fin­lan­dia y otro ase­si­na­to en ple­na ca­lle cer­ca de Düs­sel­dorf en Ale­ma­nia. Alar­ma en ve­rano, cier­to. Y da­do el do­lor in­men­so y el dra­ma­tis­mo de los he­chos se tien­de a creer que es­te ca­so es es­pe­cial. No lo es.

Nos po­de­mos re­mon­tar en el tiem­po ha­cia aten­ta­dos del pa­sa­do, con mu­chos más muer­tos, con el mis­mo te­rri­ble do­lor. Eu­ro­pa tu­vo los mis­mos de­ba­tes, las mis­mas pro­cla­mas, las mis­mas so­fla­mas, los mis­mos pro­gra­mas ahí­tos de emo­cio­nes en las ra­dios y te­le­vi­sio­nes y el mis­mo in­te­rés in­ne­ce­sa­rio por de­ta­lles de víc­ti­mas, ver­du­gos y tes­ti­gos. Has­ta el has­tío. Y has­ta la evi­den­cia de la im­po­ten­cia en los re­pe­ti­dos ri­tua­les y le­ta­nías de los po­lí­ti­cos li­mi­ta­dos a aca­ri­ciar sen­ti­mien­tos de una po­bla­ción trau­ma­ti­za­da y asus­ta­da con ra­zón.

Las muer­tes en Ale­ma­nia y Fin­lan­dia han si­do tam­bién con cu­chi­llos. Co­mo en Cam­brils. Se ve­rá si hay vo­lun­tad te­rro­ris­ta pa­ra com­pli­car las elec­cio­nes del 24 de sep­tiem­bre a An­ge­la Mer­kel. En to­do ca­so, na­die ofre­ce otra so­lu­ción que el lu­to y el la­men­to. Y en oca­sio­nes, co­mo en Es­pa­ña, el in­sul­to de sim­pa­ti­zan­tes de otros te­rro­ris­tas ejer­cien­do de pla­ñi­de­ras.

Tan so­lo en al­gu­na cró­ni­ca des­de Ma­rrue­cos se ha­bla­ba ayer de al­go de in­te­rés real. Pa­ra que la alar­ma no sea to­tal­men­te inú­til. El go­bierno allí de­man­da ma­yor control en las mez­qui­tas. Por­que hay ca­da vez ma­yor inci­tación a la vio­len­cia, di­cen.

Pe­ro aquí na­die se atre­ve a de­cir­lo. Ni a ha­blar de de­por­ta­cio­nes ni exi­gen­cias de con­tro­les y li­mi­ta­cio­nes a los agi­ta­do­res. Ni de edu­ca­ción ni de au­to­ri­dad ni de integra­ción obli­ga­to­ria exi­gi­ble a quien lle­ga voluntariamen­te a la so­cie­dad eu­ro­pea.

Na­die se sa­le de la le­ta­nía de que el is­lam no es el proble­ma. El ve­cino del sur, cu­yo rey es des­cen­dien­te del pro­fe­ta, nos di­ce que al­go ten­drá que ver el is­lam cuan­do so­lo de él par­te la gue­rra con­tra inocen­tes.

19 - Agosto - 2017

Publicar fotos terribles es nuestro deber

Iñaki Gil

Ésto es una columna de opinión. Y voy a dar la mía. Es lícito publicar fotos terribles de un atentado. Se puede y hasta se debe. Está en el Adn y en la deontología del periodismo. Periodismo es, básicamente, contar lo que pasa. Una fotografía de prensa es un material informativo, no estético. Por ejemplo, la que publicamos ayer en portada. Todo el horror, en una imagen: los cuerpos tendidos sobre las baldosas de Las Ramblas, los policías empuñando sus armas. Era terrible, sí. Pero es que lo que pasó fue terrible: un asesino segó 13 vidas.

Algunas acciones humanas son sangrientas, despiadadas, desagradables. El terrorismo, la guerra. ¿Por qué hay que sustraer al lector esa visión? ¿En nombre de qué principios? ¿Quién es el árbitro de lo admisible y del mal gusto? Yo defiendo que más allá de lo establecido por el Código Penal y de la contención para no añadir sufrimiento a las víctimas, no debe de haber límites. Eso sí, cada uno es libre de opinar sobre el trabajo y los criterios de los demás. Los medios, faltaría más, también podemos y debemos estar sujetos a escrutinio público. Si he entendido bien, nos reprochaban afán de lucro o notoriedad. Peor aún, falta de respeto a las víctimas.

Según este sarpullido de escrúpulos, los soldados que liberaron el campo de exterminio de Buchenwald, donde fueron asesinados 56.000 personas, no deberían haber difundido las escalofriantes imágenes. Y, menos, obligar a los vecinos de la cercana Weimar a contemplar las pilas de cadáveres. Menos mal que no había Twitter y se pudo dar testimonio de la barbarie. Según la moralina del momento, una de las fotos emblemáticas de la Guerra de Vietnam nunca debió publicarse. Pero Nick Ut documentó todo el dolor en aquella niña del napalm que huye gritando por la carretera. Facebook la habría censurado, es una menor y está desnuda. Por cierto, el reportero la llevó a un hospital donde sólo aceptaron atenderla cuando mostró su acreditación de prensa. Le salvó la vida y siguen siendo amigos 45 años después.

Nos acusan de exhibicionismo pero yo sostengo que la difusión en ‘Elmundo.es’ del vídeo que muestra cómo fue abatido el quinto terrorista de Cambrils es relevante. Y por lo tanto, periodísticamente pertinente. Para que cada cual forme su opinión.

Y los gatitos, a su rincón.

24 - Agosto - 2017

¿Unidad frente al terrorismo?

J. F. Lamata

Estos días en los medios de comunicación en España hemos escuchado con cierta frecuencia que el país ha mostrado ‘unidad frente al terrorismo’ (‘todos unidos’, ‘sociedad civil’, ‘partidos políticos’…etc.). Incluso en algunos digitales hemos leído que España ‘ha aprendido a no repetir los errores del 11-M’, en referencia a la desunión política mostrada en aquellos días de 2004.

Resulta difícil ver mérito en políticos por aguantar las 72 horas posteriores a una masacre sin zaherirse, básicamente porque en esta ocasión, al no haber elecciones, los políticos no se jugaban lo que entonces, que es aquello que más valoran: el poder.

Así que aplausos pocos (también hemos visto aplausos por esos cartelitos ‘soy musulmán y no soy terrorista’, cuando dado que ‘no ser terrorista’ tampoco debería ser un mérito parecería más recomendable sloganes que dijeran ‘soy musulmán y estoy comprometido contra el terrorismo o variantes).

¿Sociedad unida contra el terrorismo?

Si hubiera alguna plasmación de la ‘unidad’ sería la que durante al menos un pequeño periodo de tiempo se hubiera sido capaz de aplazar odios, maldiciones y filias de cada uno. Los políticos, a través de la CUP, algún edil y algún eurodiputado ya han demostrado no ser capaces de hacerlo. ¿Pero qué han hecho los sectores que dicen representar la voz del pueblo? De WhatsApp y Twitter mejor no hablar. ¿Pero y los medios de comunicación? ¿Ha estado la unidad por encima de los odios? O sigue habiendo muchas ganas de odiar y maldecir. Veamos cuatro ejemplos:

A) “¡Malditos anticatalanes!”

Un puñado de tuiteros critica a un consejero catalán por hablar en catalán (uno de los idiomas oficiales del Estado español). No hablamos de ningún tuitero famoso, ni concejal a lo Zapata, ni diputado a lo Alberto Garzón. Son tuiteros de la categoría ‘@zampomuchoguay’ o @gordopedo3. Pero sin embargo demasiados tuvieron ganas de difundirlo, entre ellos el digital de José Antich.

El mismo día del atentado, el misma tarde del 17, El Nacional.cat del ex director de ‘La Vanguardia’ ya tenía publicado un reportaje para dar máxima importancia a las cuentas de unos tuiteros anónimos como si se tratara de la de Donald Trump. Parece que era más importante para algunos priorizar la animadversión contra ‘los anticatalanes’ que la unidad.

B) “¡Malditos periodistas fachas!”

Aún era 17 de agosto, el mismo día del atentado y el diario Público.es que dirige Ana Pardo de Vera ya tenía publicada una tribuna contra ‘los miserables’ comentarios de Alfonso Rojo y Hermann Tertsch, al primero por osar vincular el atentado con el islamismo y al otro por decir que un atentado en el que murieron turistas era turismofobia (tampoco faltó Menéame para airearlo).

No habían pasado ni 24 horas del atentado y ElDiario.es de Ignacio Escolar ya tenía otro reportaje contra Rojo y Tertsch. Por las redes sociales se puso en marcha ipsofacto una campaña de esas de Change.org pidiendo firmas en las que se animaba a ‘los cuerpos de seguridad del estado’ a actuar contra Tertsch y Rojo.

No era un change.org para alguna medida que apoyara más a las víctimas o para pedir más controles. Para las 300.000 personas que firmaron era más prioritario exteriorizar su fobia a esos ‘periodistas fachas’ que la unidad.

C) “¡Malditos fotógrafos morbosos y racistas!”

También el 17 de agosto 2017 se estaba pidiendo la pira contra los medios que osaran publicar fotos duras de la tragedia. Parece lógico debatir la conveniencia o no de publicar fotos crudas. Nada nuevo a los que nunca olvidaremos las imágenes en portadas y telediarios de la madre destrozada de Irene Villa o del cadáver de Manuel Zamarreño. Y se han visto debates serenos en figuras como Iñaki Gil o Carmen Rigalt.

Pero lo que en redes se lanzaba era una denuncia con una sentencia: los periodistas que difundieran fotos crudas no eran gente que quería informar acertada o erróneamente, sino una panda de facinerosos que sólo pensaban en vender morbo. Y hasta Juan Carlos Monedero dedicaba un artículo en Público.es el día 18 a decir que difundir fotos de niños muertos en Las Ramblas era ‘racista’, ‘xenófobo’ y equivalente a difundir el odio. Lo publicaba en el mismo rincón en el que publicó la foto del niño muerto Aylan en las costas de Europa.

¿La diferencia? El columnista lo aclara: la fotos del niño eran útiles porque servían para denunciar las guerras que han causado Europa y los ‘criminales Aznar, Bush y Blair’. Dejando aparte el peculiar razonamiento de que la sensibilidad de las fotos cambia según la autoría (si son fotos de horrores culpa de ISIS, malo, no las publiquemos, si son fotos de horrores culpa de EEUU o Europa, entonces sí), es llamativo que para columnistas fuera más prioritario exhibir ese odio a las 24 horas del atentado.

D) “¡Malditos curas!”

Y no podía faltar el ingrediente ridículo. La Sexta lleva tres días emitiendo el fragmento de la arenga del cura que leyó de memoria en una homilía los argumentos del editorial de ABC del domingo (el periódico en el que dicho cura colaboraba antaño). Si ya es patético que un cura no pueda contener sus filias durante su sermón, lo supera la sobredimensionada repercusión que le han dado La Sexta Noticias y ‘Al Rojo Vivo’ sólo explicable en su filia a lo que el cura representa para ellos.

Era curioso ver a Atresmedia dando la misma importancia al tal cura (confundiendo su ubicación, dicho sea de paso) que a cargos públicos como la alcaldesa de Barcelona. La propia Cristina Pardo ponía al mismo nivel las palabras del cura con el numerito de las CUP al entrevistar a Xavier Domenech, permitiéndole al político centrarse en el cura y evitar hablar mal de los camaradas.

Y, naturalmente, raudos todos tertulianos pidiendo sanciones contra el susodicho y criticando la ‘blandura’ del arzobispado con una vehemencia – ‘¡fascista!’, dijo Manuel Rico – poco habitual en ellos cuando las declaraciones se producen en otra dirección.

Aquí se ha hablado de unidad y se ha pedido, con acierto, que no haya odio contra la comunidad islámica y la religión musulmana. Pero desde los mismos sectores en que se pedía que no hubiera ese odio se han pasado una semana mostrando odio contra todo lo demás: contra el idioma catalán, contra los anticatalanes, contra los ‘periodistas fachas’, contra los ‘fotógramos morbosos’, contra los ‘podemitas’, contra los cristianos, contra Ada Colau, contra los americanos , contra el capitalismo, contra Arabia Saudí (por socia de Occidente, no por islámica) y hasta contra el Rey y el Obispo Omella (léase la tribuna del día 22 del periódico ‘El Punt Avuí’ titulada ‘Jo dic No’, o mejor aún, no se lea).

Teniendo en cuenta que esta semana termina con el cruce de comunicados de SUP, AEGC y Mossos, en la que hemos visto peleas desde por los bolardos hasta por como se configuraba una manifestación, resulta curioso seguir escuchando que los españoles hemos dado una gran muestra de unidad como sociedad. Puestos a fantasear cuénteme una de elfos y duendes que me gustan más.

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