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Con más del 60% de los votos

Elecciones Bolivia 2009 – Evo Morales reelegido por amplia mayoría frente al ex ministro Samuel Doria

HECHOS

Las elecciones de Bolivia de diciembre de 2009 dieron el triunfo al Movimiento al Socialismo (MAS) de Evo Morales.

07 - Diciembre - 2009

El monopolio de Morales

ABC (Director: Ángel Expósito)

El boliviano Evo Morales está siguiendo al dedillo el proceso de su aliado venezolano Hugo Chávez y se dispone a consagrar una posición de monopolio en el panorama político de su país al frente de su Movimiento al Socialismo (MAS). Si hay algo que no se le puede reprochar es que nunca ha ocultado cuáles son sus intenciones; al contrario, Evo Morales ha advertido de que con el respaldo que esperaba obtener de la elección presidencial de ayer pretende reformar nuevamente las estructuras institucionales del país con el único objetivo de perpetuarse en el poder y poner en marcha esa llamada revolución bolivariana que ya está arruinando a un país inmensamente rico como Venezuela.
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Morales será en las formas un presidente electo, pero también es innegable que está instrumentalizando los mecanismos democráticos y abusando de su poder para dividir y anular a la oposición o silenciar a la prensa, de manera que cada paso por las urnas -como se ha visto en otros países del mismo entorno «revolucionario»- aumentan los rasgos totalitarios del ejercicio presidencialista. La democracia no es solamente un mecanismo aritmético para la elección de los mandatarios, sino también un juego de equilibrios y contrapesos benéficos para que la sociedad pueda defenderse de un poder arbitrario. Con las tesis abiertamente racistas de Morales, Bolivia está en ese inquietante camino en el que la libertad y la unidad empiezan a estar en peligro.
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Morales debería utilizar el respaldo que ha recibido en las urnas para fomentar la cohesión de la sociedad boliviana y concentrar esfuerzos en la solución de los graves problemas que pesan sobre la vida de los ciudadanos. Debería usar la experiencia de los últimos años para huir de fórmulas utópicas que ya han demostrado que no resuelven esas dificultades, sino que las agravan. Y tendría que reflexionar sobre la necesidad de equilibrar sus alianzas internacionales en lugar de profundizar en la dependencia prácticamente orgánica de Hugo Chávez. Pero, por desgracia, lo más probable es que Morales considere estos resultados una licencia para seguir conduciendo a Bolivia hacia el desastre.
08 - Diciembre - 2009

La hora del cambio

EL PAÍS (Director: Javier Moreno)

El indiscutible triunfo -cerca del 63%, según los sondeos- de Evo Morales y de su partido, el Movimiento al Socialismo (MAS), en las elecciones del domingo en Bolivia le otorga la mayoría suficiente para poner en marcha, sin necesidad del apoyo de la oposición, las profundas reformas que incluye la última Constitución, aprobada en referéndum en enero de este año. El proyecto de un Estado plurinacional, con varios niveles de autonomía, y en el que la mayoría indígena puede ver confirmadas algunas de sus reivindicaciones históricas, como la justicia comunitaria, podría dejar de ser una entelequia populista -al estilo del socialismo bolivariano de Chávez- para convertirse en una realidad que tendrá que desarrollarse en leyes concretas. Morales, sin embargo, ha de medirse al complejo desafío de construir un Estado plurinacional sobre un país que sigue partido en dos.

Y es que a pesar de la pobre campaña -sostenida en el rechazo a Evo- de la candidatura de Manfred Reyes, ex gobernador de Cochabamba, la oposición ha vuelto a triunfar en los departamentos de Santa Cruz, Beni y Pando, que le hicieron la vida imposible a Morales durante sus primeros cuatro años en el poder. La buena situación económica ha sido esencial para escorar el voto de un sector no desdeñable de la clase media hacia la candidatura oficial.

La democracia boliviana llegó a las elecciones en estado calamitoso -sin Tribunal Constitucional y con la Corte Suprema, la Fiscalía General y el Banco Central con mandos interinos- y la corrupción es allí un mal endémico. La tentación autoritaria del régimen indigenista es innegable y pareció confirmarse el domingo, cuando Morales habló de presentarse a un tercer mandato, posibilidad aparentemente desestimada ayer. Con un proyecto económico centrado en el control de los sectores energéticos y mineros y sin planes concretos para estimular el entramado industrial, no parece haber una alternativa viable -salvo la de los subsidios- a los apaños informales que permiten sobrevivir a la mayoría de los bolivianos.

Los retos de Morales son demasiado grandes para quedarse en mera retórica populista. Tiene razón cuando habla de responsabilidad histórica: no es fácil que coincidan un apoyo electoral tan amplio y una economía tan relativamente boyante en un país pobre como para no afrontar reformas estructurales que favorezcan de verdad a los más necesitados.

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