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Por primera vez desde la creación del Estado de Israel, el Partido Laboralista quedará fuera del Gobierno

Elecciones Israel 1977 – Vuelco histórico: el Likud de Menahem Begin vence al Partido Laboralista de Simon Peres

HECHOS

Las elecciones legislativas celebradas en Israel 18.05.1977 convirtieron al Likud en el primer partido del país.

¿UN ANTIGUO TERRORISTA LLEGA AL CARGO DEL PRIMER MINISTRO?

En 1943, Menahem Begin participó en la fundación del movimiento terrorista Irgun. que se opone no sólo al ocupante británico.de Palestina sino también a los habitantes árabes, e incluso a otra organización de resistencia judía, La Hagana, de objetivos más limitados. En 1947 rechazó el plan de partición de Palestina. aprobado por las Naciones Unidas, que preconizaba el establecimiento de dos Estados, uno árabe y otro judío. Begin abogaba por un Estado israelí sobre ambas orillas del Jordán.

EL GRAN DERROTADO

SimonPeres1 Cuando asumió el cargo de líder del Partido Laboralista ante la dimisión de su antecesor Isaac Rabin, Simon Peres ya sabía que afrontaba unas elecciones con unas perspectivas más complicadas que ningún otro líder, pero no se pensaba que la caída sería tanta como para perder el Gobierno al ser derrotado ante Begin.

20 - Mayo - 1977

Los fantasmas que vuelven con Menahem Beguin

Antonio Alferez

El dictamen electoral de poco más de dos millones de ciudadanos de uno de los países más pequeños del mundo ha provocado una conmoción casi planetaria. La reacción se explica fácilmente: Israel está en el cruce de caminos de los grandes intereses políticos, diplomáticos, económicos – y emotivos – de gran parte de la Humanidad.

De cualquier manera resulta prematuro aventurar la política que pueda poner en marcha la derecha israelí cuando forme Gobierno en los próximos días. Los políticos prometen en las campañas electorales programas que luego olvidan cuando se sientan en el Poder. Esta es la postura adoptada ayer por el Departamento de Estado norteamericano, que prefiere suspender por el momento cualquier juicio sobre lo que pueda significar la victoria de Menahem Beguin. Con todo, también se comprenden sin dificultad los temores que inspira – en Occidente y de forma muy especial en el mundo árabe – la victoria del fanático fundador del Irgun, el hombre que ordenó actos tan brutales como la voladura del hotel Rey David (con 91 víctimas entre turistas y diplomáticos) y la masacre de Deir-Yassin (254 hombres, mujeres y niños) posiblemente los dos estigmas más sombríos en la historia de la independencia de Israel.

Para intentar un análisis de estas elecciones habría que distinguir los dos planos sobre los que se mueve la situación israelí. A los dos niveles, el resultado ha supuesto un cataclismo: el fin de un sueño sionista en el plano interno y el comienzo de una pesadilla (a nivel internacional).

El sueño perdido

Estas elecciones no las ha ganado el Likud (derecha) sino que las ha perdido el laborismo, que ha visot reducido en casi la mitad su número de diputados. El Partido Laborista era más que la formación que batalló por la independencia del nuevo Estado y posteriormente gobernó en el país de forma ininterrumpida; el partido de los legendarios padres de la patria: Ben Gurión, Levi Eskol, Golda Meir, etc. EL laborismo era, sobre todo, la encarnación de ese ideal mesiánico que el sionista Ben Gurión hablaba de hacer de Israel la ner la Goyin, la luz de las naciones de la Tierra, la prosecución de un ideal de vida socialista la vuelta a la Tierra y sus valores espirituales, la tecnificación humanizada el servir de canal del progreso para las naciones subdesarrolladas del Tercer Mundo eran objetivos de ese nuevo ideal. El laboralismo cubrió importantes etapas: ilusionó a medio mundo con instituciones tan sorprendentes como el kibut, creó una sociedad ingualitaria, alumbró un nuevo ciudadano judío (el sabra, nacido en Israel) ganó guerra tras guerra. En su debe, el laboralismo no acertó a ganar ninguna paz (casi ni lo intentó) y con el paso del tiempo se fue gastando. Al final, los sucesores de Ben Gurión han dejado al país cargado de deudas, inflación, criminalidad callejera, burocracia administrativa y escándalos en el Gobierno.

El electorado israelí se ha vuelto en parte hacia la derecha (algunos adjuntos de Beguín califican al kibutz de institución anticuada y a sus miembros de aldeanos catetos) y especialmente al nuevo Partido del Centro para el Cambio (donde han ido a parar los votos de la nueva burguesía moderna con un sentido por la reforma, pero alejada de los ideales de los padres fundadores. Las elecciones del martes han reflejado algo más que el final de la época laborista, ha marcado sobre tod, el final de un sueño.

Nacer en Jerusalen

Si Israle fuera un país más, la llegada al Poder de Beguin, con todas sus implicaciones, difícilmente podría haber alarmado tanto en las cancillerías de todo el mundo al igual que los centros financieros del mundo occidental. Lo que dramatiza estos resultados es que Israel representa la clave del conflicto que más globalmente afecta al mundo en estos momentos.

En Israel no se puede hablar – en política exterior – de halcones y palomas. En líneas generales predomina la instransigencia y es muy difícil encontrar un líder de relieve – el caso de Allon es casi insólito – con ideas generosas de cada a una negociación con los árabes. Pero una cosa es ser ‘duro’ (Rabin, Peres…) porque hay que ir contacto de cara al electorado, y otra muy distinta es ser la personificación de la intransigencia (Beguin). Alguien ha comentado que descubrir formulas reconciliadoras ha sido siempre una tarea dejada a las generaciones venideras cuando la pasión se ha enfriado’. Paradójicamente los israelíes han elegido como gobernante al hombre que personifica lo peor, lo más oscuro y vergonzante de sus relaciones con los árabes.

Cuando Beguin justifica su política de no concesiones ante los árabes suele repetir invariablemente: “Todos hemos nacido en Jerusalén”. Beguin restringue el alcance de ese ‘todos’ a los judíos cuando en realidad todos, todos, hemos nacido en Jerusalén.

La historia depara paralelismos sorprendentes: el Haganah judío es hoy la OLP palestina y el Irgun de Beguin era una primera versión de Septiembre Negro. Al parecer a Beguin los israelíes han puesto al timón del país a la última persona en el mundo capaz de comprender este paralelismo.

Antonio Alferez

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