En el cargo desde el Bréxit los sondeos la daban como absoluta favorita frente a un laborismo de Jeremy Corbyn que parecía muy débil

Elecciones Reino Unido 2017: Theresa May (Partido Conservador) pierde por sorpresa la mayoría absoluta y gobernará en minoría

HECHOS

El 8 de junio de 2017 se celebraron elecciones al Parlamento Británico en la que el Partido Conservador fue la fuerza con mayor representación.

LÍDERES POLÍTICOS BRITÁNICOS

 El Partido Conservador de Theresa May ha ganado las elecciones con 318 escaños. Sin embargo su triunfo queda muy reducido si se tiene en cuenta que el objetivo era ratificar su mayoría absoluta.

  El Partido Laborista de Jeremy Corbyn ha quedado en segundo lugar con 262 escaños. Una derrota que es un éxito moral si se tiene en cuenta que las encuestas le daban resultados mucho peores.

 El Partido Nacional Escocés de Nicola Sturgeon padece un bajón electoral al quedarse con 35 escaños. Una bajada electoral que dificulta su deseo de repetir un referendum.

 El Partido Liberal Demócrata de Tim Farron logra una subida hasta los 12 escaños, un éxito pero que aún está lejos de los buenos tiempos de los liberales.

 El anti-europeo UKIP (Partido de la Independencia del Reino Unido) máximo defensor de la salida del Reino Unido de la Unión Europea no ha rentabilizado electoralmente el ‘brexit’. El UKIP ha sido el gran derrotado al quedarse fuera del parlamento británico. Su líder Paul Nuttall ha presentado su dimisión.

10 - Junio - 2017

La derrota de Theresa May

EL PAÍS (Director: Antonio Caño)

El aventurerismo cortoplacista de la primera ministra británica, Theresa May, ha terminado su recorrido en las urnas en la primera ocasión en que la mandataria sometía su candidatura al escrutinio público. Si May adelantó, como aseguró repetidamente, las elecciones celebradas ayer para obtener un respaldo electoral claro de cara a la crucial negociación para Reino Unido sobre su salida de la UE, el resultado obtenido ha sido diametralmente opuesto. Si lo hizo, como todo parece indicar, para solucionar sus problemas de autoridad y legitimidad en el Partido Conservador, puede hablarse sin rodeos de un fracaso absoluto.

La insuficiente victoria de los conservadores no resuelve ninguna de ambas cuestiones y deja inquietantes interrogantes abiertos tanto para la estabilidad política de Reino Unido como para el tránsito adecuado de la negociación del Brexit. El desplome de la libra en los mercados internacionales en el momento en que, bien entrada la madrugada, la tendencia del escrutinio confirmó que la victoria conservadora era insuficiente y no podrá gobernar en solitario, es solo un primer aviso de la gran desconfianza existente en torno a la capacidad de May de pilotar la nave durante los próximos cinco años. Y el que algunas voces dentro de su partido ni siquiera esperaran a la adjudicación final de escaños en la Cámara de los Comunes para pedir su dimisión augura un período de inestabilidad.

En pocos meses, May ha conseguido en el exterior enrarecer extraordinariamente el ambiente con Europa y en el interior lograr la recuperación del hasta hace unos meses cuestionado líder laborista Jeremy Corbyn. El laborismo, con un mensaje sin bandazos, experimenta una importante subida y vuelve a ser una fuerza con la que es necesario contar.

Hay que destacar el hundimiento absoluto del populista UKIP, artífice de la salida de la UE. El electorado parece haberse sacudido finalmente el demagógico discurso ultranacionalista. Lástima que no lo hiciera antes de referéndum del Brexit.

09 - Junio - 2017

Theresa May pierde la apuesta

Felipe Sahagún

Por segunda vez en un año un dirigente conservador británico se la ha jugado en las urnas y ha perdido. David Cameron lo hizo el 23 de junio del año pasado con el referéndum sobre el Brexit y Theresa May lo hizo ayer con unas elecciones anticipadas. Confiaba en una victoria aplastante y ni siquiera ha retenido la mayoría absoluta que tenía.May se presentó para obtener un mandato claro en la negociación con la UE y no lo ha obtenido. Posiblemente hizo bien en buscar la legitimidad de la democracia representativa que no tenía el resultado de la democracia plebiscitaria utilizada para salirse de la UE, pero le ha salido mal. Hasta el dirigente de UKIP, Nigel Farage, admitía esta mañana la posibilidad de que Gran Bretaña ofrezca a Bruselas ahora seguir en el mercado interior.Que nadie espere un cambio radical o rápido en las negociaciones sobre el Brexit. Activado el artículo 50 del Tratado de Lisboa desde el 30 de marzo, Bruselas esperaba iniciar las negociaciones formales el próximo día 19 y concluirlas en dos años, pero estas fechas podrían modificarse.Sin mandato para un Brexit duro y casi obligados a aplazar la apertura de la gran batalla diplomática entre el Reino Unido y la UE, podrían cambiar los plazos, pero el de dos años exigiría la ratificación por los 27 miembros de la UE. En todo caso, pocos esperaban avances antes de las elecciones en Alemania de septiembre y la formación de nuevo gobierno en Berlín.El proceso, con estos resultados, queda en el limbo, pero las elecciones de ayer confirman una vuelta al bipartidismo en el Reino Unido y ninguno de los dos grandes partidos, que juntos obtienen unos 26 millones de votos, se plantean dar marcha atrás en la retirada de la UE.Otro resultado importante ha sido la pérdida de 21 escaños de los independentistas escoceses (SNP) y, sobre todo, que los conservadores, laboristas y liberal-demócratas, juntos, superan a los independentistas en Escocia. Se aleja, pues, la posibilidad de un segundo referéndum. May podrá seguir en Downing Street tras pactar con otras formaciones pero, en un partido históricamente dado a “asesinar a sus dirigentes” en revueltas internas como la que acabó con Thatcher en 1990, el futuro de May se presenta tan sombrío como el de Gran Bretaña. Recién coronada como dirigente del partido, si no dimite por su propia voluntad es improbable que la primera ministra sea destituida a corto o medio plazo y ya ha dicho que está dispuesta a seguir. El Partido Unionista Democrático del Ulster ha ofrecido a May sus 10 escaños para que los conservadores sigan gobernando, pero ese apoyo tendrá un precio en política interior y exterior que agravará las ya profundas divisiones en las filas tories.Años de austeridad, la inseguridad creciente, la falta de un horizonte claro tras la ruptura con la UE, la personalización de la campaña por May, sus bandazos en cuestiones claves como los beneficios sociales para los jubilados y su mediocridad como candidata explican en parte los resultados.La coherencia de Jeremy Corbyn, su agenda centrada en los problemas económicos y sociales que más preocupan a la mayoría, y la arrogancia personal de May hicieron el resto. El factor decisivo, sin embargo, ha sido el voto de los jóvenes. Según YouGov, sólo el 29% de los votantes de 18 a 29 años votó a favor del Brexit.No se puede comparar un referéndum con unas elecciones, pero ayer un porcentaje aún mayor votó a los laboristas, que les prometieron matrícula gratuita en las universidades públicas, ayudas importantes para guarderías e inversiones masivas en sanidad, educación y otros programas sociales. La austeridad desde 2008 se ha cebado en los salarios y en el empleo de la población menor de 40 años y apenas ha castigado a los pensionistas. Las elecciones británicas han confirmado la brecha generacional como la división principal en el país, mucho más importante que la clase social. Es una tendencia claramente perceptible en otros países europeos, pero mientras en Italia ha beneficiado al Movimiento Cinco Estrellas y en España a Podemos y a Ciudadanos, en el Reino Unido, sin una izquierda o un centro liberal que hagan sombra a los conservadores, el gran beneficiado ha sido el laborismo. Se confirmó el cambio de tendencia que venían anunciando casi todas las encuestas en las últimas semanas y, sin que sirva de precedente, la encuesta a pie de urna publicada nada más cerrarse las urnas clavó los resultados finales. Los conservadores han logrado más escaños que ningún otro partido, pero May adelantó estas elecciones para reforzar la mayoría de 17 escaños recibida de Cameron y poder negociar el Brexit desde una posición de fuerza, con mayor margen de maniobra, y no sólo no ha salido reforzada, sino que ha perdido la mayoría que tenía.Corbyn, el gran vencedor En política las expectativas y la imagen son más importantes, casi siempre, que los votos y la realidad, y el gran vencedor de las elecciones ha sido el dirigente laborista, Corbyn, de 68 años, que, como escribió anoche en un tuit el director del Spectator, Fraser Nelson, “con más de un 40% de los votos ha hecho por el laborismo más que ningún otro dirigente desde Atlee en 1945″.Cameron anunció antes de su derrota en el referéndum que no dimitiría aunque perdiera y, en pocas horas, había cambiado de opinión. ¿May podría seguir sus pasos? Es una de las preguntas que se hacen hoy todos los observadores.”Está acabada”, dijo Steve Fielding, profesor de historia de la Universidad de Nottigham, en el New York Times. “Es cuestión de tiempo… Pidió un mandato, esperaba un respaldo fuerte, así que su posición queda totalmente cuestionada”.”La dura realidad es que, aunque sólo pierda seis escaños, perdería la elección y Jeremy Corbyn estaría negociando con los presidentes, primeros ministros y cancilleres de Europa”, escribió la primera ministra, hija de un vicario de la iglesia de Inglaterra que se creyó Thatcher, en el Daily Mail en vísperas de la votación.Los laboristas iban ganando 29 a las 10 de la mañana de este viernes y los conservadores iban perdiendo 12, pero insistió en aferrarse al poder. En su primera reacción a los resultados utilizó el mismo argumento que el del 18 de abril para adelantar las generales, cuando las encuestas le daban una ventaja de 21 puntos: “Gran Bretaña necesita estabilidad”.Lo más probable es que, cuanto más débil sea el Gobierno británico, más rehén será de los halcones del Brexit y más dura su posición en las negociaciones. Aumenta, pues, el peligro de que la negociación se empantane antes de empezar.La gran paradoja es que los partidos que pueden permitir a May seguir en el 10 de Downing Street habrían preferido seguir en la UE y prefieren flexibilidad a la firmeza o terquedad abanderadas hasta hoy por May frente a Bruselas.

11 - Junio - 2017

Enseñanzas para políticos españoles del fiasco inglés

Iñaki Gil

Líder conservador serio y sin empatía. Jefe de la oposición populista y reñido a muerte con el aparato del partido. Centrista cargado de razón pero perdido. Nacionalista que no se quita de la boca la palabra referéndum.Cuatro figuras de una baraja inglesa: Theresa May, Jeremy Corbyn, Tim Farron y Nicola Sturgeon. ¿Qué pueden aprender los cuatro reyes de la baraja española -Mariano Rajoy, Pedro Sánchez, Albert Rivera y Carles Puigdemont- de sus semejantes británicos? Mucho, sobre todo de sus errores y de sus necedades.No parece que Rajoy vaya a caer en el fallo de principiante de May. Disolver el Parlamento para aprovechar el mal momento de la oposición en las encuestas. Los conservadores aventajaban a los laboristas en 20 puntos cuando May convocó elecciones. En las urnas, en dos puntos y medio. Gran fiasco. Estas disoluciones anticipadas no gustan al electorado. Son ventajistas. Y difíciles de explicar. May, que había heredado el poder de James Cameron, buscaba un mandato de cinco años y la legitimidad de las urnas. Camufló sus intenciones reclamando un liderazgo “fuerte y estable” para negociar el Brexit. Pero, luego no tenía nada que decir del Brexit. Resultado: una campaña desastrosa. Además, se ha mostrado fría y ha marginado al partido. Se afilan los cuchillos.No es la economía, estúpidos. Puede parecer injusto, pero los electores no van a las urnas con la sensación de estar en deuda con los gestores que salvaron al país de la crisis. Unos pocos, los más generosos, piensan que los gobernantes están para eso. La mayoría cree que ha salido perjudicado por el reparto de la factura de la crisis. En el Reino Unido, el paro está en mínimos históricos pero los estudiantes se han movilizado por el viejo Corbyn y sus viejas recetas de más impuestos a los ricos y nacionalizar el ferrocarril.El miedo a la crisis ha sido sustituido por el resentimiento. Contra las élites. Contra Londres. Contra Bruselas. Contra los extranjeros. Contra los cosmopolitas. Macron fue capaz de rebatir ese pesimismo. Corbyn ha surfeado la ola. May se ha dejado arrastrar con un discurso de brazos caídos. Ceder no siempre paga dividendos. Rajoy debiera prestar atención al entreguismo ideológico.La política (también) está ya en la era de la desintermediación. Como la prensa, el turismo, la música, etc. Los partidos -y no digamos los aparatos de los partidos- pueden ser esquivados por un líder con hilo directo con las bases. Corbyn, como Sánchez, ha sobrevivido al ataque despiadado del aparato del Labour y de una prensa mucho más agresiva que la española. Ambos han sobrevivido y han sido campeones morales… pero no han conquistado el poder.Tener razón en el pasado no se traduce en votos. Los liberales fueron los únicos que defendieron en su día con convicción la permanencia del Reino Unido en la Unión Europea. Pero se equivocaron al anclar su mensaje electoral en proponer otro referéndum tras el acuerdo de divorcio. Rivera necesita para crecer algo más que la firmeza en Cataluña frente al nacionalismo.Los liberales ya dejaron claro que en esta ocasión no formarían ninguna coalición. Salieron escaldados de su Gobierno con Cameron. Su líder de entonces, Nick Clegg, ha perdido esta semana su escaño. A la vista de la experiencia, hace bien Rivera negándose a entrar como socio minoritario en ejecutivos del PP. La murga de los referéndums puede cansar, incluso a los más entusiastas. Los nacionalistas escoceses que creyeron ver en la salida del Reino Unido de la UE la oportunidad de volver a plantear una consulta sobre la independencia salen de estas elecciones con 19 escaños menos. Dudo que Puigdemont y sus compañeros de viaje a ninguna parte tomen nota de nada a estas alturas, pero harían bien.El futuro del Reino Unido se presenta sombrío. Un país dividido. Con una clase política que merece un suspenso colectivo.Gran Bretaña, tras el sarampión demagógico de los referéndums de Escocia y del Brexit, se ha descosido. Hay una brecha entre jóvenes y viejos. Otra, entre habitantes cosmopolitas de las ciudades y nostálgicos de las zonas rurales y de las pequeñas urbes. El Ulster se ha polarizado entre las formaciones más extremistas de las dos comunidades. Escocia está desgarrada por el nacionalismo. Y sus políticos, a la deriva. Una premier en la que no confían ni sus partidarios. Un Gobierno en minoría en manos de los unionistas de Irlanda que están a la derecha de la derecha. Un parlamento más dividido que nunca. Un líder de la oposición que ha sobrevivido gracias a un programa que se hacía eco de todos los descontentos pero que no serviría para gobernar. Y el reloj del Brexit, imparable. Y el terrorismo, al acecho. En la cuadrilla estamos tristes. Pero no perdemos la esperanza. Albión siempre ha sabido resurgir.

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