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El Gobierno Lerroux manda al ejército para aplastar la sedición independentista catalana y la sedición socialista en Asturias

El presidente de la Generalitat, Lluis Companys, proclama el ‘Estado’ de Cataluña en medio de la ‘Revolución de Asturias’

HECHOS

El 6.10.1934 el Gobierno de la Generalitat de Catalunya, presidido por D. Lluis Companys, proclamó el ‘Estat Catalá’, frente a la legalidad constitucional de la II República.


EL DISCURSO RADIADO DEL PRESIDENTE DEL GOBIERNO, LERROUX:

(6.10.1934)

lerroux_discurso D. Alejandro Lerroux

Españoles: A la hora presente la rebeldía, que ha logrado perturbar el orden pública llega a su apogeo. Afortunadamente, la ciudadanía española ha sabido sobreponerse a la insensata locura de los mal aconsejados y el movimiento que ha tenido graves y dolorosas manifestaciones en pocos lugares del territorio, queda circunscrito, por la actividad y el heroísmo de la fuerza pública, a Asturias y a Cataluña

En Asturias, el Ejército se ha adueñado de la stiuación, y en el día de mañana quedará restablecida la normalidad.

En Cataluña, el presidente de la Generalidad, con olvido de todos los deberes que le imponen su cargo, su honor y su autoridad, se ha permitido proclamar el Estado catalán. Ante esta situación, el Gobierno de la República ha tomado el acuerdo de declarar el estado de guerra en todo el país. En las horas de paz no escatimó la transigencia. Declarado el estado de guerra, aplicará sin debilidad ni crueldad, pero enérgicamente, la ley marcial.

Estad seguros de que, ante la revuelta de Asturias y ante la posición antipatriótica de un Gobierno de Cataluña, que se ha declarado faccioso, el alma entera del país entero se levantará en un arranque de solidaridad nacional, en Cataluña como en Castilla, en Aragón como en Valencia, en Galicia como en Extremadura, en las Vascongadas como en Navarra y en Andalucía, a ponerse al lado del Gobierno para restablecer, con el imperio de la Constitución, del Estatuto y de todas las leyes de la República, la unidad moral y política, que hace de todos los españoles un pueblo de gloriosa tradición y de glorioso porvenir.

Todos los españoles sentirán en el rostro el sonrojo de la locura que han cometido unos cuantos. El Gobierno les pide que no den asilo en su corazón a ningún sentimiento de odio contra pueblo alguno de nuestra Patria. El patriotismo de Cataluña sabrá imponerse allí mismo a la locura separatista y sabrá conservar las libertades que le ha reconocido la República bajo un Gobierno que sea leal a la Constitución.

En Madrid, como en todas partes, una exaltación de la ciudadanía nos acompaña. Con ella, y bajo el imperio de la ley, vamos a seguir la gloriosa historia de España.

Alejandro Lerroux

07 - Octubre - 1934

¡Viva España!

ABC (Director: Juan Ignacio Luca de Tena)

El separatismo catalán, agazapado y felino, balbuciendo equívocos desde la presidencia de la Generalitdad, procurando engañar al Gobierno para ir ganando días y horas, esperaba con infame ansiedad el estallido de la huelga revolucionaria y el éxito victorioso de la sublevación en Vizcaya, en Guipuzcoa y en Asturias. Su torva y criminal ansiedad no le ha permitido esperar más: las noticias de ayer, que acusaban como el Gobierno iba dominando a los insurgentes en todo el Norte, frustraban la esperanza de operar sobre la revolución triunfdante y, antes que ver restablecido el imperio del Estado y el triunfo material y juridico de sus fuerzas, la Generalidad de Cataluña ha preferido quitarse el breve antifaz – que ya apenas si le cubría el rostro – y gritar lo que llevaba dentro del alma. El propio Companys – prescindamos de tratamientos inmerecidos – el mismo Companys, que era el ‘representante del Estado español en Cataluña’, demostrando – como temíamos – que era indigno de toda confianza, porque es un hombre sin honor, ha dado el grito. Cataluña, es decir, Cataluña no: los catalanes que representa la Esquerra quieren constituir el ‘Estat Catalá’ en la República Federal (?) de España. Hasta última hora son pérfidos, ruines, cobardes y calculistas.

En este acto de Companys aparece la sospecha de la colaboración personal de Azaña, cuya presencia en Barcelona nos ha parecido nos ha parecido desde el primer momento climatérica. Allí está también el Sr. Casares Quiroga y se nos dice que en camino el Sr. Maura. ¡Excelente terceto para el grotesco melodrama!

Ahora se ve la razón con que una y otra vez pedíamos que se despojara a Companys de la representación del Estado, que ostentaba y ejercía indignamente, con desdoro y con designio traidor. Ahora se ve el fundamento con que reiteradamente denunciábamos todos los síntomas sospechosos que señalaban el rumbo indiscutiblemente separatista de la Generalidad y de sus hombres, con delito de lesa Patria. Suponemos que el suceso no cogerá de sorpresa a nadie y que ante él tendrán que enmudecer, ya que no avergonzados, porque el cínico nunca se avergüenza, a lo menos convictos, los comentaristas y jaleadores de mala fe que en ciertos periódicos y en otras partes negaban el separatismo catalán y lo juzgaban un mito inventado por las derechas para envenenar el problema.

El veneno estaba allí y en los españoles traidores que entregaron Cataluña a los separatistas. Todo estaba previsto por nosotros. Desgraciadamente hemos acertado.

Hoy, nosotros, como el Sr. Lerroux, según se despdrende de las nobles palabras que acabamos de oírle por la ‘radio’, también por encima de nuestros ideales, por encima de nuestros sentimientos y de nuestros deseos, ponemos a España. Hoy no hay monárquicos ni republicanos. No hay más que españoles y traidores que merecen dejar de serlo. ¡Viva España!

07 - Octubre - 1934

Día triunfal

INFORMACIONES (Director: Juan Pujol)

Como era seguro – y de ello no habíamos dudado ni un instante – la Generalitat de Catalua, compuesta de maleantes, lo peor de aquella hermosa y querida región – declaró anoche la independencia de Cataluña, alzándose en abierta sedición armada contra el Estado español, contra la Constitución y contra la República. Y como era seguro, también, pocas horas después los malhechores estaban presos, en poder del Ejército de España habiéndose rendido a él luego de ocasionarle muchas víctimas y de haber, por consiguiente derramado la sangre de los hijos de España en su intentona criminal. En ese crimen de alta traición que desde hace mucho tiempo se venía preparando han sido colaboradores no sólo los separatistas catalanes, cuya tiranía estupida y cruel tenía aterrorizados a los propios hijos de Cataluña, sino otros del tipo del repulsivo Miguel Maura, como el siniestro Azaña, como el cobarde y sádico Casares Quiroga y por supuesto como los directivos socialistas sin excepción, que para encubrir el robo que han hecho a las sociedades obreras de sus fondos – robo que alcanza a la suma de dieciocho millones de pesetas invertidos, según ellos, en la compra de armas – no han vacilado en sumarse a esa obra de traición. Un clamor de indignación ante esa tentativa, de entusiasmo patriótico y de adhesión al Gobierno ha brotado de todo el ámbito nacional. En las pocas horas que el conflicto duró – y que han servido para poner de manifiesto el ‘valor militar’ de los sublevados, el Poder público ha recibido el estímulo, el aliento y las ofertas de millones de españoles. La satisfacción que hoy muestra Madrid, libre de esa pesadilla de un Gobierno autonomo enemigo, se completa por la certeza de que es compartida por lo más numeroso, ás valioso y más honrado de la propia región catalana. Y sobre todo porque haya sido un general catalán – el general Batet – a quien algunas veces, acicateados por nuestra impaciencia, hemos dirigido reproches por la que nos parecía extremada paciencia suya, quien ha dominado en pocas horas la rebelión, aprisionando a los traidores y actuando así, al proceder con fidelidad a las banderas de España, un magnífico servicio a Cataluña, cuyo afecto y cuyo concurso nos son precisos y a las que ha añadido un nuevo timbre de lealtad. Triunfo de España, de toda España, incluso de la Cataluña de los hombres de bien.

07 - Octubre - 1934

Ahora, España se impone

EL DEBATE (Director: Francisco de Luis)

Companys ha proclamado el Estado catalán independiente. Y está ahí claro el objetivo de la compleja maniobra; ya tiene sentido la incoherencia de los que rompieron toda solidaridad con el Estado español; ya se ve lo que se pretendía con los horrores revolucionarios de estos días. Todos iban unidos con el único fin de apuñalar por la espalda a la Patria; lo hemos advertido un día y otro; tal vez algunos han dudado. La traición está consumada; no es ya posible la duda.

La Generalidad ha estado en comunicación continúa con el Gobierno ayer y antes de ayer; se ha mostrado sumisa, sobre la conservación del orden público, ha prometido el envío de fuerzas a los puntos en que eran reclamadas por Compañías ferroviarias… Ha mentido, porque ahora durante todo ese tiempo preparaba la incomunicación de Cataluña y se apercibía para la perpetración del crimen. Lleva pues la actuación de este, todas las características de cobardía que acompaña a los delitos de los pistoleros. Companys sabe bien su oficio.

Se ha querido paralizar la vida en toda España, se ha pretendido sembrar el terror en algunas comarcas, se ha intentado utilizar la intimidación de algunos poderes. Los sindicatos profesionales han sido movilizados para esto. Para esto recibían órdenes de declararse en rebeldía al unísono con los esclavos de la obediencia masónica. Todos y sólo para cercenar parte del territorio nacional. El crimen es monstruoso; los delincuentes son perfectamente conocidos.

El Gobierno ha declarado instantáneamente el estado de guerra. Y para ahogarse en sangre y desolar toda la región catalana, la Generalidad manda por ‘radio’ a todos los pueblos catalanas que vayan en armas sobre Barcelona. ¿Qué le importa a Companys ni a las personas entre quienes siempre ha vivido que, engañados, sucumban millares de españoles? Es precisamente la Guerra Civil lo que buscan. La habían decidido y la estaban esperando los hombres de la Generalidad y los que no son de ella, pero en ella han intervenido siempre y se encuentran desde hace días en Barcelona. Carentes de sentido moral, de las normas de conducta corrientes entre personas que fuera de toda sociedad legal, se dejan llevar de sus instintos y proceden según sus costumbres.

Pero España es todavía una Nación, porque así lo sienten y quieren los españoles. Los que no estaban todavía persuadidos de los designios traicioneros de ciertos hombres y partidos, saben ya desde hoy a qué atenerse.  Llega la crisis al momento culminante, la reacción saludable comienza, España se recobra rotundamente su voluntad de ser y perdurar. Eliminados todos esos elementos ponzoñosos que la degeneran y empiecen y amenazan con aniquilarla, y a pesar de la coalición todas las fuerzas antinacionales, España continuará.

Ya no hay aquí más partidos que el de los españoles y el de los enemigos de España; el de los que en la entraña del alma y en el fondo del corazón sienten el orgullo  y el deber solidario con los españoles pasados y con los españoles de por venir. Los que no quieren pasar por el deshonor de haber heredado una Patria unificada y de trasmitirla disminuida y rota, y el de quienes no tienen sensibilidad para los llamamientos de raza, sino que se desdicen de ella, ni bríos para defender el nombre, sino que se empeñan en mancharlo.

España tiene un Gobierno como cumple a una nación civilizada.

08 - Octubre - 1934

¡Responsabilidades!

LA ÉPOCA (Director: Alfredo Escobar, marqués de Valdeiglesias)

Contra un Gobierno tiránico que violaba la propia Constitución que él mismo había inspirado y hecho votar, escarnecía los sentimientos populares y dividía a la Patria, se levantaron un 10 de agosto un grupo de ciudadanos irritados. El movimiento fue dominado en pocas horas. No causó baja alguna entre los encargados de defender al Estado. Ello, no obstante, la represión que se ejerció llegó a tal extremo, que se creyó necesario, no para reprimir – que ello quedó hecho inmediatamente – sino para castigar hasta los más lejanos simpatizantes, con el movimiento salirse abiertamente de los cauces señalados en las leyes.

Se ha llevado a cabo en los actuales momentos un Gobierno que, júzguese como se quiera, encarna estrictamente la Constitución, un movimiento de mucha mayor envergadura que aquel del 10 de agosto.

Lo han llevado a cabo los mismos que en aquel 10 de agosto detentaban el Poder, Azaña, Prieto, Casares, Fernando de los Ríos… Alegaron primero un falso título formal, para justificar su derecho a gobernar, a imponer, mejor dicho, su criminal voluntad al país que en un momento de inconsciencia les había permitido el encumbramiento. En aquellos tiempos nada contaba, sino la voluntad de aquella mayoría, reclutada entre la ley de España. Ninguna ley moral sobre aquella voluntad. Y en nombre de esa doctrina, expresamente defendida una y otra vez por Azaña, se llevaron a cabo aquellos ignominiosos atropellos a la conciencia nacional y se excedieron abiertamente todas las leyes para castigar al o que, en nombre de esa conciencia nacional, se levantaron una mañana contra aquellos tiranos.

Pasaron aquellos tiempos. La ola creciente de la repulsa popular desalojó de sus puestos a aquella siniestra cuadrilla.

Vino otro Gobierno en virtud del juego de las mismas leyes que Azaña y sus cómplices y su coro de genizaros habían votado. Pero resultó que este Gobierno no era del agrado de los que se habían creído que España era un feudo del que podían disponer a su antojo. Y decidieron organizar contra ese Gobierno – de cuyo legítimo entronque con la legalidad del 14 de abril no era posible dudar – un movimiento mil veces más condenable en todos aspectos que aquel del 10 de agosto.

Sus consecuencias han sido también bastante más graves. No han dudado aquellos miserables para lograr sus torpes fines en llegar hasta el delito de traición a la Patria, procurando la rotura de su unidad. Han buscado las más sórdidas y viles alianzas para desencadenas sobre nuestro país un cataclismo que lo ahogara en torrentes de sangre. Y si no ha llegado la importancia de la catástrofe a la medida de sus deseos, ha ocurrido, sin embargo, numerosas y sensibles víctimas.

Una vez dominada – como ya puede considerarse, por fortuna – la rebelión ¿podrá detenerse el castigo en sus meros ejecutores? Ciertos estamos de que no, pero también lo estamos de nacernos eco de un inmenso clamor nacional al pedir – ¡al exigir! – el más duro castigo de los principales responsables de esos sucesos.

Ese funesto Azaña, el que mandó asesinar en Casas Viejas, preparó desde el Poder la revolución en Portugal y ahora tenía preparada, de acuerdo con el pistolero Companys, la desmembración de la Patria: sus compañeros de equipo entre los que destacan el feroz Casares Quiroga y el triduo Prieto, Largo, De los Ríos; los demás directivos socialistas, sin olvidar la criminal labor llevada a cabo por su periódico, esos miserables coadjutores, Miguel Maura, arrastrado por sus ruines despechos, Martínez Barrio, servil a las consignas de la internacional marxista… ¿a qué seguir la lista?

Todo el pueblo español conoce a los verdaderos culpables de lo sucedido y pide su inmediato castigo.

08 - Octubre - 1934

Que se cumpla al pie de la letra el bando sobre la declaración del estado de guerra

LA NACIÓN (Director: Manuel Delgado Barreto)

Sin que se entibien en lo más mínimo nuestras convicciones de siempre, tenemos que reconocer – y lo reconocemos – que el Gobierno de la República, presidido por el Sr. Lerroux ha prestado un gran servicio al orden social desarticulando el movimiento revolucionario, y otro gran servicio a la Patria española aplastando, de una manera fulminante, la víbora separatista de Cataluña.

Pero nosotros tenemos a la vista el bando del digno general don Virgilio Cabanellas, acerca del estado de guerra. Bando lleno de previsiones admirables y de órdenes concisas y enérgicas. Que el bando se aplique. Porque todos los Gobiernos anteriores fracasaron escandalosamente por amargar y no dar, es decir, por anunciar sanciones y no ejecutarlas luego. Nosotros lo que pedimos es esto: que la Ley Marcial se aplique.

Estamos en las postrimerías de la inquioetud. Ya se ha visto que los desalmados no presentan batalla, sino que por el contrario se dedican a un paqueo inmundo. Pues bien: con ese paqueo acaba la dignísima autoridad militar desde que las órdenes a sus subrodinados sean terminantes. Pocos tiros, pero sobre blanco. Ni un solo tiro al aire. No hay que facilitar la huída ni la dispersión nada más que en los sitios públicos, cuando existan aglomeraciones de gente pacífica, que además no se conciben porque ya se sabe que la autoridad ha prohibido los grupos de más de tres personas. Y a esas órdenes será necesario atenerse en absoluto.

Nos importa recordar que por los sucesos del 10 de agosto fue condenado a muerte el glorioso general Sanjurjo.

Sanjurjo se levantó al grito de ¡Viva España! E incluso al grito de ¡Viva la República española! Y no cayeron víctimas de la fuerza pública, ni se mantuvo la inquietud una sola hora después de sofocado el movimiento. Fue, sin embargo, condenado a muerte.

Aquello pudo tener, quizá, carácter político, pero lo cierto es que se enderezaba contra los propios monstruos que ahora es preciso extirpar de la sociedad española.

Lo recordamos, dejamos al lector y al Gobierno los comentarios.

Unas palabras de advertencia a las clases de orden y al propio Gobierno. Este, o sus delegados, se obstinan en no aceptar valiosas ofertas de concurso, y nosotros decimos que no cumplen el deber, la obligación de cachear con la insistencia y la eficacia que hace falta, ni se practican los registros domiciliarios con la intensidad que se necesita, sobre todo tratándose de sospechosos.

Resumen:

Que se aplique el bando de la autoridad militar.

Que se ejecute el bando.

Que se cumpla el bando sin contemplaciones, porque mientras los forajidos no adviertan que se hace efectiva, vigorosa y rápidamente la coacción del Poder público hasta en sus más graves extremos, no depondrán su actitud alarmista.

26 - Octubre - 1934

Cataluña enferma

Agustí Calvet 'Gaziel'

Ya está sofocada en Cataluña la pasada revuelta. Materialmente, todo ha concluido. Sólo falta pacificar los espíritus. Y aquí empieza lo grave.

El alzamiento revolucionario no ha sido nada en comparación del rastro que dejó tras de sí. Hemos tenido una increíble fortuna en las horas trágicas. La de Cataluña ha sido la más tenue, la más barata de las revoluciones posibles. Nadie, ni el más empedernido optimista, podía imaginarse que un estallido de esa índole sería tan breve y tan relativamente maligno. Pero ahora se nos presenta otro problema: ¿saldremos tan bien librados de la convalecencia que se anuncia, como del grave ataque de ayer?

Un arrebato de locura se tiene fácilmente. Lo arduo y difícil es mantener la sensatez. No obstante, lo que distingue a los políticos auténticos – que en esto se parecen mucho a los buenos médicos – es precisamente el ver claro donde el vulgo y la mayoría de los curanderos ven turbio. Y el caso actual de Cataluña es tan diáfano, que no se necesitan luces extraordinarias para tratarlo magistralmente. Ya quisiera yo ser político y que me confiasen ese enfermo, para ganarme bonitamente una gran fama de clínico.

Voy a exponer los principios que me guíarían en mi diagnóstico y mi terapéutica. En primer lugar, el acceso que ha padecido Cataluña es algo que entra de lleno en el cuadro archiconocido de su clásica anormalidad. Cataluña está enferma desde hace siglos. Es el tumor de España, que a veces dormita y a veces estalla. Y el de ahora es un estallido conforme del todo con la idiosincrasia catalana, con su historia, su tradición política, su querencia anárquica, su entraña rebelde. Ha sido ni más ni menos que una de esas crisis suyas, tan características, como tantas otras que experimentó en el pasado y hasta en nuestros tiempos. De suerte que sería un gravísimo error tomarse a lo trágico como algo único e inexplicable, el caso de ahora, y sobre todo hacerse la ilusión de que un cirujano genial o atrevido sería capaz de transformar completamente, en un abrir y cerrar de ojos, la constitución organiza y el funcionamiento de este pobre país haciendo de él algo nuevo y nunca visto, al revés de lo que hasta ahora fue siempre. No: Cataluña es como es, y si algún remedio tiene su manera de ser – cosa en extremo problemática – no se hallará más que por vía natural, con muchísimo tiempo e infinita paciencia.

Cataluña, por otra parte, no ha caído en bloque, no es un organismo totalmente enfermo . Y esto es muy importante. La fatalidad de su absurda constitución autonómica al disponer que el partido político mayoritario [Esquerra Republicana de Catalunya], no solamente gobernase Cataluña – cosa justa – sino que además tuviese como en acaparamiento la representación exclusiva y suprema del país, la presidencia de la Generalidad – cosa monstruosa- ha hecho de que el desastroso hundimiento del partido mayoritario pudiese aparecer, a los ojos inexpertos del vulgo y bajo la perspectiva amañada por los maliciosos como un hundimiento global, de los catalanes todos. Y no es así. Si Cataluña se hubise levantado en peso, entonces sí que habríamos tenido una incalculable tragedia. Si la revolución catalana ha sido tan inverosílmente barata, como decíamos antes, ello fue debido a que sólo se sublevó oficialmente, de boquilla nada más, el partido político mayoritario, y prácticamente en realidad, sólo una partícula infinitesimal de los partidarios de dicho partido. Luego, ¿cómo atribuir a la inmensa mayoría de Cataluña lo que se abstuvo expresamente de hacer? ¿Cómo castigarla por lo que no hizo? ¿Y cómo privarla de que sea ella misma la que levante y recoja del suelo, lo que en el suelo abandonó, al rendirse o al huír, el ínfimo número de los rebeldes?

Para curar a Cataluña, no piense nadie que sea posible ni indicada la cirugía de urgencia, ni tampoco esa otra clase de expediente que consiste en recurrir a la ortopedia, encerrando al organismo enfermo en un aparato de articulaciones artificiales y apreturas extrañas. Por esos procedimientos sólo se obtendría la extensión incalculable del malestar actual, porque a las grandes zonas sanas del organismo, que son aún la mayoría, los cortes quirúrgicos les harían el efecto de tremendas, irreparables heridas, y el aparato ortopédico se les antojaría una camisa de fuerza. El único método para sanar a Cataluña – si su curación es posible – en todo caso no puede ser otro que el empleo de las autovacunas, buscando en el propio organismo catalán u extrayendo meticulosamente de sus mismas entrañas las antitoxinas capaces de renovarlo. No estoy seguro de que este sistema sea infalible. Quizás falle también. Lo que digo, con profunda, con irreducible convicción, es que a las alturas en que estamos no hay otro. Todo lo demás sería catastrófico curanderismo.

Finalmente, yo dejaría obrar a la naturaleza. Es el médico por excelencia. Ahora saldrán a relucir – ya están saliendo – en torno al cuerpo exánime de Cataluña, todas las teorías, todos los métodos de pseudocuración, viejos y nuevos. Un caso como el nuestro diríase que atrae irresistiblemente a los galenos públicos, desde el cirujano más reputado, hasta el más turbio curandero. Cada uno de los vencedores de específicos proclamará la incomparable excelencia del suyo. Cada fabricante de aparatos ortopédicos ofrecerá uno más complicado. Las escuelas y los doctrinarismos sostendrán que de ellos depende exclusivamente la salvación del enfermo. Pero, si yo fuese el médico de cabecera, apartaría con suavidad todas las teorías, todos los charlatanismos, todos los artificios, con los inconfesables intereses que los acompañan siempre, y me atendría serenamente a estimular con tacto extremo el natural proceso de restablecimiento. La vida nunca falla. Sólo se necesita, en ciertos casos, que se le dé la mano, para que ella misma pueda reincorporarse.

El batacazo de Cataluña ha sido tremendo. Yace ahora en el suelo, con varios miembros destrozados. Da lástima verla. Pero vive, ¡qué duda cabe, y vivirá indefinidamente. Sus entrañas esenciales continúan intactas. Mañana mismo se pondrá de pie, como si tal cosa: los pueblos son así. Y nos haremos cruces de ver como habrá sido posible un tan rápido recobramiento. Dentro de muy tiempo, este cuerpo, ahora exánime, reirá, cantará, irá de un lado para otro y dará más juego que nunca. Cuidado, pues, con lo que se hace con él, en estos momentos en que está a merced de practicantes y clínicos. La enfermedad es un mal. Pero el mal peor son todavía, cuando desbarran y yerran, los médicos y sus medicamentos.

El Análisis

SÍ, ERA CONTRA ESPAÑA...

JF Lamata

Cuando en 1931 el Sr. Maciá proclamó por primera vez la independencia de Catalunya, la prensa ‘azañista’ se esmeró en convencer a la opinión pública de toda España de que todo era culpa de la Monarquía de Alfonso XIII. De que en realidad los de Esquerra Republicana de Catalunya lo que quería no era separarse de España sino separarse de Alfonso XIII, por lo tanto, una vez eliminado Alfonso XIII y establecida la II República el problema estaría solucionado.

Pero llegó el octubre de 1934 y en el peor momento posible para el sistema republicano con la sedición socialista de Asturias, el líder de Esquerra Sr. Companys empujado por los radicales del Sr. Dencas y empujado por los agitadores proclamó nuevamente la independencia de Catalunya. El presidente del Gobierno republicano D. Alejandro Lerroux (una de las figuras que durante más años había luchado por el republicanismo, pero también férreo defensor de la unidad de la patria) mandó aplatarla. El catalanismo se vengó de él por generaciones consiguiendo que el término ‘lerrouxista’ fuera sinónimo de ‘anti-catalán’. Eso sí, quedó claro que las maniobras de Esquerra no eran contra un sistema concreto de España, eran  contra España. Una España que (sin Catalunya) dejaba de existir como tal.

J. F. Lamata

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