Edmundo Rodríguez Sobrino, consejero delegado de la empresa editora de LA RAZÓN, entre los detenidos

Encarcelado Ignacio González dentro de una redada contra la corrupción en torno al Canal de Isabel II en la Comunidad de Madrid

HECHOS

El 19.04.2017 D. Ignacio González, ex presidente de la Comunidad de Madrid y ex secretario general del PP de Madrid fue detenido de manera preventiva junta a otras 9 personas dentro de una investigación de la Audiencia Nacional.

LA VINCULACIÓN DE DIRECTIVOS DE ATRESMEDIA EN LA TRAMA CORRUPTA EN LOS MEDIOS

 Casals, Rodríguez Sobrino y Marhuenda

Junto al ex presidente de Madrid y ex secretario general del PP, D. Ignacio González y su hermano D. Pablo González, fueron detenido otras relevantes figuras mediáticas que habían ocupado papeles relevantes en el Canal de Isabel II. Entre ellos D. Idelfonso de Miguel, que había sido CEO de la desaparecida cadena QUIERO TV o D. Edmundo Rodríguez Sobrino, consejero delegado de la empresa editora del diario LA RAZÓN, periódico propiedad, a través de una empresa filial, del Grupo Atresmedia. Se dio la circunstancia de que la primera parte del proceso también fueron investigados el director de LA RAZÓN (y tertuliano habitual en programas de Atresmedia), D. Francisco Marhuenda y el Presidente de LA RAZÓN (y miembro del Consejo de Administración de Atresmedia), D. Mauricio Casals.

 Los diarios EL PAÍS (enfrentado al canal de televisión del grupo Atresmedia, LA SEXTA) y el diario ABC (competidor director del periódico de Atresmedia, LA RAZÓN) llevaron a su portada el mismo día en que se informaba de la redada en prensa escrita, el 20 de abril, la imputación de D. Francisco Marhuenda y D. Mauricio Casals.

 El diario LA RAZÓN decidió no incluir en su portada la imputación de los Sres. Marhuenda y Casals en su edición del 20 de abril, en la que sólo dedicó un pequeño recuadro en páginas interiores sin nengún comentario editorial. El día 21 llevó el comentario editorial a la portada, como también lo hizo el día 26 para informar la desimputación. Eso sí, minimizando el hecho de, por contra, su consejero delegado D. Edmundo Rodríguez Sobrino era mantenido en prisión con cargos.

 Al informar de la redada ocurrida en sus programas informativos de los días 19.04.2017 y 20.04.2017 de la cadena LA SEXTA (del Grupo Atresmedia) ‘La Sexta Noticias’, ‘Al Rojo Vivo’, ‘Más Vale Tarde’ y ‘El Intermedio’ se informó de la detención del directivo Sr. Rodríguez Sobrino y de la imputación de D. Francisco Marhuenda, pero se omitió la de D. Mauricio Casals. No obstante si se informó de ella el día 21 para asegurar que los testigos desmentían los hechos y el día 25 para anunciar la desimputación del Sr. Casals junto a la del Sr. Marhuenda.

20 - Abril - 2017

Madrid, agujero negro del PP

EL PAÍS (Director: Antonio Caño)

La detención de Ignacio González hunde al PP en el lodazal de la corrupción

La detención ayer del expresidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio González, vuelve a situar bajo el foco público el inmenso lodazal de corrupción en el que se convirtió el Partido Popular de Madrid bajo la dirección de Esperanza Aguirre.
A González, ya bajo sospecha en otros casos de corrupción, se le acusa ahora de operaciones fraudulentas en dos grandes empresas públicas regionales, el Canal de Isabel II y Mercasa. Estos casos, sumados a la Gürtel y Púnica, no solo han destapado un sistema de corrupción bien engrasado que ha sentado en el banquillo o enviado a la cárcel a los más destacados colaboradores de Aguirre sino toda una gangrena de corrupción que se extendió desde los municipios madrileños hasta las más altas instancias del gobierno regional.

La detención de González tiene lugar apenas 24 horas después de que los jueces, con toda justificación, llamaran a declarar a Mariano Rajoy por el caso Gürtel al entender que en absoluto puede alegar que hechos tan graves relacionados con la financiación del partido que dirige no requieran su testimonio ante un tribunal de justicia. Salta así por los aires en unas pocas horas la estrategia del Presidente del Gobierno y el Partido Popular con respecto a la corrupción, consistente en pasar página atribuyendo los hechos a un pasado lejano; señalar a algunas manzanas podridas aisladas como responsables; fiarlo todo a los lentos procesos judiciales españoles; escudarse en sus resultados electorales para evitar rendir cuentas; y centrarse en hablar exclusivamente de crecimiento y empleo.

El hecho es que bajo la presidencia de Rajoy en el PP, Valencia y Madrid se han revelado como dos pozos sin fondo de corrupción y financiación ilegal del partido. En ambas regiones, su partido ha permitido los comportamientos más abyectos, solo frenados, de forma tardía y sin la suficiente asunción de responsabilidades políticas por su parte, por las pesquisas judiciales y el dictamen de las urnas.

Tan preocupante como la detención de González resulta el oscuro papel jugado en esta investigación por el Consejero Delegado de LA RAZÓN, Edmundo Rodríguez Sobrino, detenido en la misma causa, y la investigación de su presidente, Mauricio Casals, y director, Francisco Marhuenda, por supuestas coacciones sobre la presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes, con el objeto de impedir que prosperara la investigación judicial sobre la corrupción el Canal de Isabel II que la propia presidenta había puesto en marcha.

21 - Abril - 2017

La verdad por encima de todo

LA RAZÓN (Director: Francisco Marhuenda)

En las últimas horas se ha escrito y se ha hablado con profusión sobre la denominada «Operación Lezo», que investiga la gestión del Canal de Isabel II en tiempos de Ignacio González, y en paralelo sobre la decisión del juez de la Audiencia Nacional Eloy Velasco de llamar a declarar al presidente de LA RAZÓN, Mauricio Casals, y el director del periódico, Francisco Marhuenda.

Durante toda la jornada del miércoles y de ayer mismo se incidió desde distintos medios en el silencio editorial que este diario ha guardado. Hoy, una vez cumplimentadas las comparecencias de nuestros directivos ante el magistrado, estamos en condiciones de hacer pública nuestra posición y, sobre todo, de explicarnos ante nuestros lectores, de transmitir, lisa y llanamente, la verdad. En primer lugar, decidimos no emitir juicio alguno en esos primeros momentos porque estaba pendiente el trámite testifical de Casals y Marhuenda en la Audiencia Nacional. Para nosotros, el respeto a los procedimientos judiciales ha sido siempre una máxima que, por supuesto, no pensamos vulnerar. Una vez sustanciadas las declaraciones, es hora de afirmar que desde este periódico, en palabras de su director, «nunca, nunca, nunca» se ha coaccionado o presionado a la presidenta de la Comunidad de Madrid.

Del mismo modo, «nunca, nunca, nunca» se ha inventado una información ni se ha hecho campaña alguna contra Cristina Cifuentes. «¿Quién se puede imaginar que desde un periódico se puede amenazar a alguien?». Estas palabras de Casals responden a una lógica concluyente para cualquier profesional, pero también para el lector. En este caso, como en otros, la hemeroteca es la mejor prueba de que esas acusaciones no tienen sostén alguno, pero también lo es el veredicto de nuestros seguidores e incluso la exigente auditoría diaria de los nobles competidores. Quienes han pretendido pescar en río revuelto y alentar una causa contra nuestro presidente y nuestro director han puesto de paso en cuestión la profesionalidad y la deontología del grupo de profesionales que hacemos a diario este periódico.

Los lectores deben saber, como también la opinión pública, que todo el equipo de LA RAZÓN realiza su labor de manera absolutamente ética, más allá de nuestros aciertos y nuestros errores, y que nuestro interés y ánimo sólo están guiados por poner a su disposición la mejor información y opinión posibles. Parte también de esa verdad a la que nos referíamos es la existencia de unas grabaciones con conversaciones mantenidas entre Casals, Marhuenda y Edmundo Rodríguez, consejero de la empresa editora de LA RAZÓN vinculado en su día a la gestión del Canal de Isabel II. Nuestro director explicó ayer que sólo trataba de «animar» a un amigo que «estaba muy desesperado» porque consideraba «injusta» su destitución en el Canal y estaba «obsesionado» con que se filtraran «cosas contra él» desde la Comunidad de Madrid. Una conversación de carácter informal, coloquial, entre dos amigos, a propósito de las preocupaciones y las inquietudes de uno de ellos. Como en cualquier orden de la vida, en una charla en la que el afecto está presente, se trataba de transmitir consideración y calor en un momento complicado. Son frases, en cualquier caso, entrelazadas y extraídas de un volumen mayor en minutos, realizadas en un contexto que es imposible captar y entender con esos mínimos extractos.

En todo caso, Marhuenda sí reconoció que utilizó alguna expresión malsonante y desafortunada por la que pidió las necesarias disculpas. Es pertinente detallar, porque otros no lo han hecho en sus juicios, que las comparecencias de Marhuenda y Casals no tienen relación alguna con el fondo de lo que se investiga en la operación Lezo, es decir, el presunto desvío de fondos en el Canal de Isabel II. También es la verdad que nuestras relaciones con el gobierno de la Comunidad de Madrid, presidido por Cristina Cifuentes, han estado presididas por el respeto y la cercanía. Hay innumerables testimonios de todo tipo de esa vinculación cordial. La propia Cristina Cifuentes, los consejeros madrileños y otros de sus más estrechos colaboradores han sido invitados asiduos de los actos organizados en nuestra casa. Es público y notorio y, si hay alguna duda lo manifestamos una vez más, que hemos apoyado las actuaciones y las políticas de Cristina Cifuentes que han coincidido con nuestros principios, que no han sido pocas, como también que no hemos tenido reparos en disentir con alguna de las decisiones que no hemos compartido, como su posición en el debate sobre las primarias en la vida interna del Partido Popular. Tampoco tenemos que demostrar nuestro desprecio rotundo a cualquier práctica corrupta. Cientos de portadas y de editoriales lo prueban. Hemos sido contundentes en el reproche moral, político y judicial de los corruptos, en la necesidad de investigar hasta el final cualquier conducta sospechosa de cualquier partido y en que se depuren las responsabilidades que hubiera lugar. Y ésa es también nuestra posición en el caso de las irregularidades del Canal. Como democracia no podemos permitirnos vacilar en el compromiso con la ética pública ni en la convicción de que estamos obligados a colaborar con la Justicia. Tampoco en el deber de respetar los procedimientos, la presunción de inocencia de todos los implicados, en renegar de los juicios paralelos y de las filtraciones e intoxicaciones interesadas que tanto dañan la credibilidad y la confianza en el sistema. Los partidos políticos tienen la gran responsabilidad de atender a esos principios y de repudiar la justicia sumaria y los linchamientos. La verdad no se escribe con renglones torcidos. Los nuestros son tan rectos como nuestros lectores quieren y esperan.

23 - Abril - 2017

Oficio de Tinieblas

Pedro J. Ramírez

Cualquiera que rebobine aquella patética irrupción en la tertulia de la COPE -enero de 2014- en la que Ignacio González entró en un bucle de catorce minutos para reprocharme la falta de pruebas que avalaran la “basura” de las informaciones sobre su ático, comprobará que, aun antes de ser apartado de la presidencia de la Comunidad, era ya un auténtico zombie. Cual condenado en el corredor de la muerte, ha pasado estos tres años instalado en la rutina de quien se levanta cada mañana con la ansiedad de saber si estará amaneciendo el día de la inyección letal. Y el genio compulsivo de su Lady Macbeth, con quien también mantuve por entonces un tenso y desagradable coloquio, no ha debido precisamente de ayudarle a conciliar el sueño.

Era la manía persecutoria de un hombre y su “circunstancia”, a quienes la justicia tenía motivos más que sobrados para perseguir. Toda la saga-fuga del apartamento marbellí, del que ella se encaprichó tras visitarlo, para que luego lo adquiriera el testaferro profesional que se lo alquiló, antes de terminar comprándolo formalmente, cuando vieron el riesgo de perderlo, denota el nerviosismo chapucero de quien, al tratar de borrar pruebas, va dejando un rastro cada vez mayor.

Todos los demás indicios se acumulaban luego: una primera residencia muy por encima del sueldo y posibilidades de un político sin otro oficio ni beneficio; una red más que sospechosa de conexiones con el mundo de las constructoras y las empresas de seguridad; el control férreo y caprichoso de un instrumento de compra de voluntades mediáticas como el Canal de Isabel II; la descabellada expansión sudamericana de una empresa que teóricamente debería estar centrada en el suministro de agua limpia y barata a los madrileños; el episodio del espionaje en torno al trasiego de bolsas de plástico durante el viaje del propio González a Colombia; las denuncias con detalle y números, al parecer incompletos, de la cuenta suiza entregada a Rajoy… Si andaba como un pato, nadaba como un pato y hablaba como un pato, lo normal era que fuera un pato.

Veremos si al final ha caído por el saqueo del Canal, las comisiones del campo de golf, las del tren de Navalcarnero pagadas por López Madrid, la financiación ilegal del PP, el blanqueo en connivencia con su esposa y otros familiares o por una mezcla de todo ello, tal y como vienen diseccionando con precisión quirúrgica en EL ESPAÑOL Carlota Guindal, Dani Montero y Alex Requeijo. Pero la detención, puesta a disposición judicial y prisión incondicional, camino del banquillo, de Ignacio González era un itinerario tan predecible como los inexorables ciclos de la luna. Sólo faltaba saber el cuándo y si arrastraría -como finalmente ha ocurrido- al compi-yogui de la Reina, especialista en chapotear en todos los charcos.

Si andaba como un pato, nadaba como un pato y hablaba como un pato, lo normal era que fuera un pato

La corrupción del expresidente madrileño, como la de su enemigo y émulo Francisco Granados, responde al tópico del hombre sin más atributos que la ambición y la codicia, a quien la política catapulta hasta un escaparate de suculentas tentaciones. El verdadero misterio es cómo uno y otro pudieron mantener la confianza de alguien como Esperanza Aguirre, que no era como ellos y cuya trayectoria, en muchos aspectos brillante, queda empañada para siempre por esta asociación con forajidos.

¿Por qué desoyó Aguirre todas las advertencias, algunas difusas, otras bien concretas, de quienes repetimos hasta la saciedad que el Nacho de sus entretelas era, como decimos en La Rioja, un mangarrán de tomo y lomo? Probablemente por soberbia, frivolidad y sentido utilitario a partes iguales. González era el hijo de puta de Aguirre, como Haldeman fue “el hijo de puta de Nixon”. Todo le estaba permitido con tal de que sirviera perrunamente a su mentora. Estremece pensar que lo de Blesa y Rato hubiera sido una broma, si Aguirre hubiera logrado su desquiciado propósito de encaramarle a la presidencia de Cajamadrid: en vez de tarjetas black, habría repartido directamente ganzúas y antifaces.

Hasta aquí podríamos decir que esta película ya nos la sabemos. Las recientes declaraciones judiciales de Bárcenas y Correa, o no digamos de Maciá Alavedra y Prenafeta, han servido para corroborar que en España el robo de altos vuelos no es sino una derivada de la política. En otras democracias hubieran bastado un par de casos de esta índole para desarrollar una anafilaxis colectiva frente a la corrupción que obligaría a abandonar el escenario a cualquiera remotamente asociado a ella. Aguirre no hubiera podido sobrevivir a la podredumbre de sus alfiles; pero tampoco Rajoy a la elocuencia de unos SMS que regurgitan ahora en la decisión del tribunal de citarle como testigo del trasiego de maletines con que se financiaban, desde el piso de abajo, las campañas que él dirigía desde el de arriba.

Si Aguirre hubiera logrado su desquiciado propósito de encaramarle a la presidencia de Caja Madrid: en vez de tarjetas black, habría repartido directamente ganzúas y antifaces
Pero en España la corrupción se salda no ya con la pena de telediario que, en definitiva, implica guardar unas formas, sino con la mucho más zafia pena de tertulia televisiva. O sea, lanzando a las fauces de los chacales de turno a todos los juguetes rotos que el núcleo duro del poder necesita ir sacrificando, en función de la marcha de las pesquisas judiciales o del nivel de sed de los diosecillos que disfrutan con estos linchamientos rituales.

De ahí que la gran novedad de la Operación Lezo no esté en su dimensión más obvia -la corrupción de otro político y sus compinches- sino en la infamante implicación, con el pleonasmo de la buena justicia poética, del principal muñidor de ese guiñol compensatorio que sirve de válvula de escape a la frustración del vulgo. Me refiero a Mauricio Casals, presidente de LA RAZÓN, consejero de Atresmedia y faro que guía, por delegación de la familia Lara, la línea editorial de ANTENA 3, LA SEXTA y ONDA CERO. O sea, la persona que decide quién sale y quién no sale en esos medios, incluido por supuesto el programa de Ferreras.

He ahí la clave de que punzantes investigadores se vuelvan romos ante esta parte de la red de corrupción y opinadores de gatillo tan rápido con los demás, parezcan tenerlo encasquillado cuando toca hablar de este trujimán. No vaya a ser que unos y otros se queden sin cortar el cupón de las tertulias y terminen vetados como EL ESPAÑOL, que en dos años de vida no ha sido invitado ni a un solo programa de ese grupo. Por algo será.

Aunque Podemos añada la efigie de este segundo González a su galería rodante de iconos de “la trama” corrupta o corruptora, ese autobús seguirá siendo un ‘bromabús’ mientras no incorpore también la de Mauricio Casals. Porque para “trama”, esta en la que un “soldado” de Casals -el tal Edmundo Rodríguez- simultaneaba los puestos de alto directivo del Canal y consejero delegado de LA RAZÓN, facilitando así el vigorizante trasvase hídrico de un bolsillo al otro; y en la que la necesidad de proteger a “uno de los nuestros” llevó al gran capo a movilizar al director Marhuenda, bajo amenaza de destitución, para que “diera de leches” a Cristina Cifuentes con noticias verdaderas o “inventadas”, hasta que dejara de colaborar con la justicia; y, no contento con eso, le hizo transmitir la amenaza de que la presidenta de Madrid se las vería también con ANTENA 3, LA SEXTA y ONDA CERO.

Teniendo en cuenta que el dinero del Canal es público y las lucrativas concesiones de esos medios audiovisuales también, ahí tiene Pablo Iglesias la cadena de montaje completa de cómo se manipula el interés general en beneficio propio, con un saldo favorable de más de 120 millones anuales. Si los líderes de Podemos no han puesto ni pondrán el énfasis en ese aspecto de la investigación judicial es porque ellos son los grandes favorecidos en un teatro de marionetas que, para legitimar al PP como refugio de sensatez, les encumbra cada día a la condición de alternativa, o más bien de espantajo, en detrimento del PSOE y Ciudadanos.

Si los líderes de Podemos no han puesto ni pondrán el énfasis en ese aspecto de la investigación judicial es porque ellos son los grandes favorecidos

Casals mantiene en definitiva un circo con tres pistas: en la de ANTENA 3 da satisfacción y respetabilidad a la España conservadora, en la de LA SEXTA otorga proyección a quienes aspiran a destruirla y en la de LA RAZÓN pasa la factura por no permitir que esto suceda, aplicando técnicas similares a las del presidente de Ausbanc y sus secuaces.

Hay una única gran diferencia entre el recorrido de Pineda y el de Casals: el nivel de protección obtenido tanto en el ámbito político como en el judicial por este confidente de Rajoy, inmortalizado por Alberto Lardíes como El hombre que susurraba a las vicepresidentas. Sólo faltaba la expresión “amiga de la casa”, empleada por Casals para explicar a González cómo una magistrada de la Audiencia Nacional les dio el soplo en noviembre de que tenían los teléfonos pinchados, para que todo adquiera los contornos de la peor mafia siciliana.

Algo que ya percibimos cuando Casals apareció como intermediario entre la jefa de gabinete de Soraya y Bárcenas para manipular un informe policial en favor del tesorero y cuando este le visitó “una docena de veces”, según reconoció Marhuenda, para tratar del asunto en la sede del periódico, transformada en lonja de todos los ludibrios.

Son estas maniobras orquestales en la oscuridad las que han merecido a Casals el sobrenombre de Príncipe de las Tinieblas, sin que nadie haya reparado hasta ahora en que, a mayor abundamiento, nada describe mejor la actividad de este individuo, encaramado al altar del duopolio, como la propia liturgia del Oficio de Tinieblas, en el que el celebrante va encendiendo y apagando las velas del candelabro de quince brazos o tenebrario, hasta dejar solo una viva.

Estas maniobras orquestales en la oscuridad las que han merecido a Casals el sobrenombre de Príncipe de las Tinieblas

Cristina Cifuentes tuvo el jueves en sus manos la oportunidad de contribuir decisivamente a la regeneración de este país. Si hubiera ratificado ante el juez su versión de los hechos, reiterada en privado, la fiscalía habría pedido -y obtenido- medidas cautelares fulminantes contra los coaccionadores. Pero su propensión a nadar entre dos aguas, o tal vez una indicación desde lo alto, le aconsejaron ponerse de perfil, vaciando así de parte de su contenido penal las éticamente inapelables grabaciones de la UCO.

No se lamente pues la presidenta madrileña si, más pronto que tarde, siente una mañana el mismo soplo helado en la nuca que apagó cirios tan altos como los de la incombustible Rita Barberá, el engreído José Manuel Soria o su ingenuo homólogo murciano. Porque el único margen de duda que alberga este Oficio de Tinieblas es si esa última vela que iluminará el templo electoral desde el tenebrario candente volverá a salir con barba, como San Antón, o sin ella, como la Purísima Concepción de Santa María.

23 - Abril - 2017

El agua, Foster Wallace, Marhuenda y la Virgen de los Desamparados

Juan Cruz

Había que ver cómo nadaba en ‘LA SEXTA Noche’ Francisco Marhuenda. En su elemento. Él lo dijo. Es su cadena. Como ONDA CERO, como LA RAZÓN, su periódico, ¿como el PP? Como el PP. Trabajó con Rajoy, anoche también lo dijo. Da clases, está también en otras tertulias. Es un pez en salsas favorables. Un hombre para todas las estaciones, y es, también, la Virgen de los Desamparados.

Un pez en el agua. Decía Foster Wallace en un texto famosísimo: “Había una vez dos peces jóvenes que iban nadando y se encontraron por casualidad con un pez más viejo que nadaba en dirección contraria; el pez más viejo los saludó con la cabeza y les dijo: ´Buenos días, chicos. ¿Cómo está el agua?` Los dos peces jóvenes siguieron nadando un trecho; por fin uno de ellos miró al otro y le dijo: ´¿Qué demonios es el agua?”

Está tan acostumbrado a burlarse de la realidad que cree que el agua es suya; sus respuestas a Hilario Pino, a Nativel Preciado y al conductor del programa, Iñaki López, quisieron ser de mesa camilla. ¿Qué me dicen, si el agua es mía? El PP, Cristina Cifuentes, Ignacio González, su jefe Mauricio Casals… En ese enjuague él es un buen soldado, como la Virgen de los Desamparados. Llevaba un mamotreto, el que le dio al juez, para que viera que en su periódico la buena amiga de años Cristina Cifuentes había sido una reina. Apabulla Marhuenda con su papel. ¿Y las llamadas telefónicas? Ah, eran para alentar a un amigo desamparado. ¿Y el dinero que le pagaba a Ignacio González como columnista? Ah, también lo encontró desamparado. “No tenía dinero”. Vaya por Dios… y por la Virgen.

Nadaba en el agua del PP: nunca le haría daño a esos amigos. Él abraza a los que caen en desgracia: Tomás Gómez, Ignacio González. Hay que estar a bien con todos, le enseñó Ansón. ¿Y qué talento de columnista tiene Ignacio González? Eso no importa: Marhuenda no dirige un periódico, hace beneficencia. Entonces, dígannos, Marhuenda, le dijo Nativel, a la que el conductor del programa le permitió que se prolongara sólo veinte segundos (“veinte segundos”, que Iñaki tenía una entrevista imprescindible con Jesús Cintora)… Dígannos, Marhuenda, ¿por qué siendo padre de dos hijas es tan duro con una colaboradora de Cifuentes a la que llama zorra y aún peor?

Ah, Marhuenda lo llevaba ensayado, como todo. Como esa frase que ha ensayado ante el espejo con espuma de cinismo: en las redacciones se habla así, “¡dale un baja a ese cabrón!” A qué redacciones irá este hombre, se preguntarán los estudiantes de periodismo.

Estaba en el agua de su cadena, toda la semana él y Casals han estado en el agua de su cadena; la vida, en general, le parece al profesor, al jurista, al historiador Paco, agua en la que puede sobrenadar sin mojarse. Bromeó, more Marhuenda, con su carácter de imputado. “¡Como la Pantoja, jajaja!” Se ríe de su sombra porque él se cree sombra, no se siente parte del agua que baja turbia. Nada, y le dejan nadar. Él no sabe contra qué agua va su corriente ni de qué lado está, en su caso, la Virgen de los Desamparados.

24 - Abril - 2017

La “zorra” de Marhuenda y las toallas de Ignacio González, esos grandes malentendidos

Berna González Harbour

Con un poco de buena voluntad por nuestra parte seguro que, en cuanto nos lo expliquen bien, lo entenderemos

Es bien sabido que si uno viaja a un lugar playero como Cartagena de Indias necesita un montón de toallas que suele llevar en pesadas bolsas de plástico de acá para allá, y que cualquier parecido con un botín de dinero negro es mera coincidencia. Nos pasa a todos. El entonces vicepresidente de Madrid Ignacio González fue grabado en 2008 en compañía de Edmundo Rodríguez Sobrino, hoy consejero de la empresa editora de LA RAZÓN y entonces hombre de confianza en Canal de Isabel II. Hablaban de paraísos fiscales pero eso es lo de menos.

Todo ello es bien sabido, como también que cuando un hombre alude a una mujer como “esa zorra” en realidad no quiere decir lo que estáis pensando, por Dios, qué mal pensados. Francisco Marhuenda, director de LA RAZÓN, llamaba así a Marisa González, la jefa de Gabinete de Cristina Cifuentes, en una conversación con su presidente, Mauricio Casals, en la que se jactaban de presionar a la presidenta de Madrid para que frenara la investigación. Por cierto que esta grabación es judicial y no de espías.

El hombre que nos da tantas lecciones desde las televisiones nos dice que, en fin, “hablando por teléfono hay palabras que se pueden entender mal”. Palabra de Marhuenda tras declarar como imputado por coacciones ante el juez Velasco. Su presidente, Casals, nos lo explica con claridad: “Eran formas de hablar. Quién se puede imaginar que desde un diario se puede presionar”. ¿Aclarado, pues? Es obvio, las conversaciones grabadas a la cúpula de LA RAZÓN, como las toallas de González, son solo algunos de los grandes malentendidos de nuestro tiempo. Con un poco de buena voluntad por nuestra parte seguro que, en cuanto nos lo expliquen bien, también podemos entender las lágrimas de Esperanza Aguirre y su gran talla como conocida cazatalentos de nuestra era, las conversaciones de Ignacio González y Zaplana sobre la conveniencia del nombramiento del fiscal Moix al frente de Anticorrupción, e incluso el soplo a esta pandilla tan sensata de que estaban siendo investigados. Nos puede pasar a cualquiera.

Aclarados ya estos puntos, vayamos a otros que aún no hemos podido esclarecer, ni con buena ni con mala voluntad: Por qué desde que se ha renovado la cúpula fiscal acumulamos estos episodios de difícil comprensión: el fiscal Anticorrupción quiso impedir algunas diligencias de esta Operación Lezo; el fiscal general quiso frenar que la causa contra Pedro Antonio Sánchez relacionada con la trama Púnica fuera a parar al Tribunal Superior de Justicia de Murcia, como proponían las fiscales y así lo consideró finalmente el juez; y el mismo fiscal Anticorrupción ha querido rebajar la consideración del asunto Lezo eludiendo las palabras “organización criminal”. Etcétera.

Que esto suceda en la cúpula fiscal es más difícil de entender que lo de las toallas y la zorra de Marhuenda. Que el Gobierno y la oposición permitan que ocurra escapa a cualquier capacidad de comprensión. Pero que no decaiga el ánimo: nos queda la perplejidad y esa nadie nos la va a quitar.

26 - Abril - 2017

Siempre hemos dicho la verdad

LA RAZÓN (Director: Francisco Marhuenda)

El magistrado-juez del Juzgado Central de Instrucción número 6, Eloy Velasco, ha dictado la desinvestigación, sobreseimiento provisional y archivo de las diligencias previas que había incoado respecto al presidente de LA RAZÓN, Mauricio Casals, y el director del periódico, Francisco Marhuenda. El juez explica en su auto de desimputación que, una vez practicadas las diligencias esenciales de investigación, ninguno de los supuestos indicios recogidos en el trámite avalan las sospechas que dieron lugar al procedimiento. Se ha cumplido, pues, un acto de justicia y se ha hecho dentro de unos tiempos razonables. Podríamos argüir que hubiera sido mejor que «esas diligencias esenciales de investigación» se hubieran llevado a cabo previamente a la imputación de unos delitos que son de una enorme gravedad para quienes se dedican al Periodismo –hubiera sido suficiente con preguntar a los supuestos perjudicados– pero nada tenemos que reprochar a la actuación del magistrado ni de la Fiscalía por cuanto han cumplido exactamente con las previsiones de nuestro ordenamiento jurídico, que estableció la figura del imputado –ahora «investigado»– como una garantía de defensa añadida a la propia presunción de inocencia que ampara a todos y cada uno de los ciudadanos. Por supuesto, ni Mauricio Casals ni Francisco Marhuenda habían cometido delito alguno, pero sin las previsiones de la Ley de Enjuiciamiento Criminal respecto a la figura del «investigado» y su exquisita aplicación por parte del juez Velasco, la confluencia de la verdad de los hechos con la verdad judicial se habría demorado, incrementando notablemente los perjuicios sufridos.

Y si hablamos de perjuicios sufridos es porque sería absurdo negar lo evidente. Como hemos apuntado antes, la naturaleza de la acusación, rápidamente aventada por algunos medios de comunicación y las redes sociales, –en algunos casos, con deformaciones en el relato que revelan espurias intenciones, cuando no, pura maledicencia y afán de difamación– es de los peores reproches que se pueden hacer a unos profesionales que han hecho de la búsqueda de la verdad y de la opinión informada su razón de ser.

Por ello, el restablecimiento de la verdad debía producirse de una manera clara, diáfana y sin reservas como así ha sido. Todos los extremos planteados en su momento por Mauricio Casals y por Francisco Marhuenda han sido recogidos por el juez en un auto de desimputación que, intencionadamente a nuestro leal entender, se extiende en sus razonamientos jurídicos y relata pormenorizamente las circunstancias actuantes para no dejar espacio alguno a la duda. Primero, confirma el juez Velasco que ni la presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes, ni su jefa de Comunicación, Marisa González, se sintieron coaccionadas en momento alguno –además de que no lo hubieran tolerado– por parte de los entonces imputados, para, a continuación, aceptar como válidas y verosímiles las alegaciones de Casals y de Marhuenda, apoyadas por las correspondientes evidencias documentales respecto al contenido de las conversaciones intervenidas a Edmundo Rodríguez, uno de los principales acusados en la operación «Lezo» y con quien nuestros directivos mantenían una antigua amistad.

En este sentido, no elude el magistrado los problemas de interpretación de las interceptaciones telefónicas, al reconocer en el auto que las conversaciones así grabadas, una vez contextualizadas, no tienen otra lectura que la que dieron nuestros directivos, la de un apoyo emocional a un amigo en unos momentos de tribulación. En definitiva, lo que era la pura y simple verdad: frases entrelazadas y extraídas de un volumen mayor en minutos, en un contexto que es imposible captar y entender en su verdadera intención con esos mínimos extractos.

De todo este asunto es preciso destacar una primera consecuencia, más señalada si cabe en la actual situación de la vida judicial española: que una justicia que funcione con razonable celeridad es la mejor garantía para todos los ciudadanos. Procedimientos de instrucción que se eternizan, dando pábulo a juicios paralelos y a todo tipo de filtraciones interesadas, dañan la credibilidad del sistema y pueden causar daños de difícil reparación a las personas implicadas, sobre todo en el mundo actual de las nuevas tecnologías de la comunicación, donde los linchamientos políticos toman carta de naturaleza. Pero, también, es preciso recalcar que el respeto a la Justicia, a los jueces y magistrados y a sus procedimientos, que siempre han guiado el proceder de nuestro periódico, no puede ser opcional, como así lo han demostrado, de manera impecable, Mauricio Casals y Francisco Marhuenda. Confianza en la Justicia y respeto a la verdad por encima de todo.

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