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EL MUNDO se lanza contra el programa de la locutora, que lo compatibilizará con su trabajo en la COPE

Encarna Sánchez se estrena como presentadora en ANTENA 3 TV con una polémica entrevista al narcotraficante Ricardo Portabales

HECHOS

El 27.11.1990 en ANTENA 3 TV se estrenó el programa ‘Y Ahora Encarna’ presentado por Dña. Encarna Sánchez.

garcia_ar_003 D. José María García, director de ‘Súper García’ (ANTENA 3 DE RADIO).

La Entrevista estuvo a punto de causar La Salida de D. José María García en ANTENA 3 DE RADIO.

El 11.12.1990 En su Programa ‘SúperGarcía’ de ANTENA 3 RADIO, D. José María García confirmó que seguiría trabajando para la cadena de emisoras dirigidas por  D. Manuel Martín Ferrand. El Sr. García, amigo personal de D. Carlos Goyanes (Detenido en ‘La Operación Nécora’, por la declaración del narco D. Ricardo Portabales, a quien entrevistó Dña. Encarna Sánchez). Esto se producía en Un Momento en el que el Sr. García tenía una oferta del Director General de la ONCE, D. Miguel Durán para que se pasara a su grupo mediático (formado por la Cadena de emisoras ONDA CERO y el canal de televisión TELECINCO). Finalmente el Sr. García optó por quedarse en casa.

¿MALO ENTREVISTAR EN TV Y BUENO HACERLO EN PRENSA?

porta_28_6_1990 El diario EL MUNDO criticó duramente la entrevista pagada por Dña. Encarna Sánchez en ANTENA 3 TV a un ex delincuente como era D. Ricardo Portabales, pero curiosamente el diario EL MUNDO había publicado una entrevista al mismo Sr. Portabales en 1990 realizada por D. Juan Carlos Escudier que reconocería que la entrevista fue pagada.

30 - Noviembre - 1990

POPULISMO APESTOSO

Carlos Boyero

Después de introducirse emocionalmente en la terrible experiencia de la madre de un adicto y de bombardear a Portabales con preguntas tan inteligentes como: «¿usted no quiere que sus hijos se droguen? ¿Hay personas aparentemente honorables en el tráfico de drogas?» Encarna nos asegura que «ésta es la dolorosa y amarga realidad, pero menos mal que todos los momentos de la vida no son tan amargos», y casualmente aparece un spot publicitario de Azucarera Española.

El sentido del humor, algo indispensable para la supervivencia mental cuando tu trabajo te obliga a la convivencia visual y auditiva con demasiados engendros, acostumbra a abandonarme cada vez que me asalta el grimoso tono de voz y el correspondiente mensaje justiciero y moral de la patrona de los taxistas y de los camioneros honrados, de una dama en posesión de infinitos atributos raciales (los de Isabel la Católica, Agustina de Aragón y Pilar Primo de Rivera), conocida como Encarna Sánchez, Encarna la de las empanadillas, o Simplemente Encarna. Además de soportar las insaciables cuñas publicitarias de esta trascendente abanderada de la Verdad y de «al pan, pan y al vino, vino», el mareante viaje en taxi incluye el fervor militante y solidario del intelectual conductor hacia las opiniones de su musa ideológica y vital. Un horror. Me cuentan mis amigos camareros que, a pesar del trailer de ANTENA 3, asegurando que bares, calles y restaurantes se hundirían en la desolación durante la noche del martes, fecha aprobada por la Thatcher de las ondas para inaugurar su reinado televisivo, la clientela no falló a la cita nocturna. Serían rojos, drogadictos o maricones -pensarían los feligreses encarnianos- ya que la gente de bien permanecería en su casa contemplando la investigación de la comunicóloga sobre la humanidad, la gloria y los ideales de la lozana Pantoja y del pecador arrepentido Ricardo Portabales. El festin me deparó sorpresas. No a nivel estético (la presentación de Encarna Sánchez a bordo de un Mercedes blindado suponía un hallazgo exclusivamente hortera), mi a nivel comunicativo (su estilo como entrevistadora la asemeja a una execrable actriz del teatro más rancio, su declamatoria y falsa emotividad sólo pueden conmover al público de Sautier Casaseca o de Cristal) pero sí en cuanto a la infinita desvergüenza de esta señora tan preocupada por la ética. Después de introducirse emocionalmente en la terrible experiencia de la madre de un adicto y de bombardear a Portabales con preguntas tan inteligentes como: «¿usted no quiere que sus hijos se droguen? ¿Hay personas aparentemente honorables en el tráfico de drogas?» Encarna nos asegura que «ésta es la dolorosa y amarga realidad, pero menos mal que todos los momentos de la vida no son tan amargos», y casualmente aparece un spot publicitario de Azucarera Española. En el siguiente intermedio, Encarna define a Isabel Pantoja como una mujer ante la que sólo se puede exclamar: «olé», y la publicidad de la mahonesa Ybarra irrumpe con un esplendoroso: «olé y olé». Resulta más hediondo que subliminal.

Carlos Boyero

06 - Diciembre - 1990

CRUEL ENCARNA

Rafael Torres

No, Encarna puede hacer en su programa lo que quiera, que para eso tiene un público adicto que Hipa con ella. Pero no puede, y en esto sí que podrían intervenir los obispos, apuñalar moralmente ante las cámaras a un sabio español.

Encarna Sánchez puede hacer en su programa de ANTENA 3 lo que quiera, introducir publicidad en sus con versaciones con los invitados, impartir doctrina, impostar la voz hasta la teatralidad más infumable o mostrarse como la Evita que nos salvaría, pero lo que no puede hacer, y sin embargo lo hizo la otra noche, es llevar a su programa a un hombre desconsolado para robarle las pocas ganas de vivir que le quedan. Encama Sánchez debe creerse que la sensibilidad consiste en decir que se tiene mucha sensibilidad, en poner caras de mucho romanticismo y en entregarse sin reservas al pastiche sentimentaloide. Y punto. Sin embargo, basta haberla visto masacrar al anciano doctor Severo Ochoa para deducir que se gasta una sensibilidad enteramente de armario de cocina. Ochoa, como saben, es un hombre casi suicidado desde que murió la mujer con la que compartió medio siglo de su vida. Más de una vez ha expresado su poco entusiasmo por seguir viviendo, y Encama, cual ave rapaz que se lanza en picado contra el pajarillo vulnerable, empleó toda su munición para que el sabio llorase, escarbando con el grosero dedo de la curiosidad en sus heridas abiertas. Pocas veces ha visto uno tan cerca, en la televisión o en la vida, tanta y tan gratuita crueldad. Como Ochoa no lloraba (demasiado gime por dentro como para complacer por fuera a las locutoras), Encarna recrudecía las alusiones a su infortunio, hasta que, casi al final, no pudo reprimir el preguntarle directamente si iba a llorar o estaba ya llorando. No contenta con la tortura psicológica que le estaba administrando al doctor, todavía se permitió el lujo de explicarle lo que es el amor verdadero, a él, al que ha amado tanto, y, para rematar la faena, le habló de dulzor y salió el anuncio de Azucarera Española. Nunca, ya digo, había visto uno ni tanta crueldad ni tanta degradación en la pequeña pantalla. Encarna quería exhibir en su programa a un hombre destrozado, y, por si las moscas, procedió a destrozarle todo lo que pudo, no fuera a quedarse sin personaje en mitad del espacio. Su violencia enmascarada bajo el disfraz del lirismo más barato, su completa falta de respeto por el dolor ajeno, su rotunda y deliberada ignorancia sobre el alma humana se estrellaron, menos mal, ante la integridad y la calidad moral de Severo Ochoa, pero los minutos que duraron esas sevicias quedan para siempre inscritos en los más negros anales de la televisión. No, Encarna puede hacer en su programa lo que quiera, que para eso tiene un público adicto que Hipa con ella. Pero no puede, y en esto sí que podrían intervenir los obispos, apuñalar moralmente ante las cámaras a un sabio español.

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