Dimite como portavoz del PP y como concejala en Madrid poniendo fin a 34 años de carrera política

Esperanza Aguirre dimite de todos sus cargos y se retira de la política ante el escándalo de corrupción de su ex número 2 Ignacio González

HECHOS

  • El 25.04.2017 Dña. Esperanza Aguirre Gil de Biedma formalizó su dimisión como Portavoz del grupo municipal del Partido Popular en el Ayuntamiento de Madrid y su renuncia a su acta de concejal en el ayuntamiento de Madrid.

25 - Abril - 2017

Pacto de silencio

EL PAÍS (Director: Antonio Caño)

La dimisión de Aguirre muestra cómo el PP ha encubierto la corrupción

Justifica Esperanza Aguirre su (tercera) dimisión, hecha pública el lunes, en el reconocimiento de la responsabilidad política que debe afrontar por no haber sabido vigilar a su subordinado, Ignacio González, ex presidente de la Comunidad de Madrid, encarcelado por graves acusaciones de corrupción.

¿No supo vigilarlo? ¿O no quiso? Se trata de una pregunta legítima a la luz de los numerosos indicios existentes desde hace tiempo que apuntaban al enriquecimiento ilícito y proceder irregular de su protegido Ignacio González, cuya carrera política Aguirre promovió y protegió siempre con extremado celo. Una supuesta negligencia, la de la líder popular, que se extiende a numerosos nombramientos y casos de corrupción que afectan al tiempo en el que Aguirre ejerció de Presidenta de la Comunidad y del PP en Madrid.

Al contrario de lo que sostiene Aguirre, esa proliferación de casos de corrupción no obedece a las conductas moralmente reprobables de unas cuantas personas que buscaban exclusivamente su lucro personal, sino a la existencia de una madeja de corrupción en la que se entrelazan de manera indistinguible la financiación de las campañas electorales del PP, la corrupción de sus más destacados altos cargos y las luchas de poder entre facciones rivales en el PP de Madrid y el PP nacional.

Es un patrón recurrente en los partidos políticos que aquellos que se dedican a financiar irregularmente al partido o dejan a otros hacerlo acaben tanto corrompiéndose personalmente como valiéndose de su conocimiento de esa corrupción para ascender en la organización, forjar posiciones de poder y chantajear a sus rivales dentro del partido. Y cuando sus prácticas son expuestas, intentan forjar pactos de silencio y buscan el encubrimiento político, mediático o judicial.

El caso del PP, como atestiguan los casos Bárcenas y González, se ajusta perfectamente a este patrón y muestra con toda crudeza por qué y hasta qué punto la corrupción es una lacra que corroe y destruye a los partidos. Pero además de dañar la reputación de los dirigentes de los partidos políticos, la corrupción también mina la confianza de la ciudadanía en las instituciones, máxime cuando los partidos, por miedo a asumir el coste de la corrupción, deciden proteger a los corruptos y extender un manto de silencio o impunidad sobre ellos esperando que todo pase y que el tiempo disuelva las responsabilidades.

Es por ello que exigimos que el Partido Popular reconozca de una vez por todas la existencia de redes de corrupción y financiación ilegal dentro de su partido y acabe con los pactos de silencio que han permitido su pervivencia, pasando de denunciado a denunciante de los delitos investigados. Se lo debe a la ciudadanía y a la democracia.

 

25 - Abril - 2017

Los abusos de González en la Comunidad tumban a Aguirre

EL MUNDO (Director: Pedro G. Cuartango)

La dimisión de Esperanza Aguirre ya sólo era cuestión de elegir el momento. Era imposible aguantar la presencia en la cárcel de dos de sus más directos colaboradores por presuntos delitos de corrupción y, en especial, la de Ignacio González, su mano derecha desde hace años y la persona en la que se apoyó durante buena parte de sus años en la presidencia de la Comunidad de Madrid. La magnitud del escándalo, que se extiende además como una mancha de aceite según vamos conociendo datos de la investigación, hacía imposible la permanencia de Aguirre en la vida política. Tan vinculadas han estado sus trayectorias políticas que la bochornosa detención de González se ha acabado llevando a la vez a su mentora.

Desde EL MUNDO hemos solicitado a Esperanza Aguirre que asumiera sus responsabilidades políticas. Las tenía por no haber sabido elegir bien a sus más directos colaboradores y también por no haber vigilado su gestión como le correspondía. La ya ex portavoz popular en el Ayuntamiento de Madrid, pues, ha cumplido con una obligación, como ella misma dijo ayer, “al no haber vigilado a Ignacio González”.

Hay que dejar claro que no está en duda la honradez personal de Aguirre. A pesar de que, como estamos viendo, la corrupción política ha campado a sus anchas en la Comunidad de Madrid durante su mandato, sobre ella no pesa ninguna sospecha en las múltiples operaciones que se investigan en los juzgados, pero no cabe duda de que su posición había quedado absolutamente debilitada tras conocerse las andanzas presuntamente delictivas de González. “Me siento engañada y traicionada”, afirmó en la rueda de prensa sin preguntas en la que anunció su dimisión. Pero como ella misma conoce tras su último paso por la empresa privada como cazatalentos, si el presidente de una empresa se deja engañar de esta forma por su consejero delegado y su director general, sus días están contados.

Es la tercera dimisión de Esperanza Aguirre. La primera fue en septiembre de 2012, cuando abandonó sorpresivamente la presidencia de la Comunidad de Madrid -la dejó en manos de González- por motivos “privados”. Estaba superando un cáncer y “acontecimientos personales de los últimos años” le llevaron a dejar la política por aquel entonces, aunque luego no cumplió su palabra. La segunda fue en junio de 2015, ya acosada por la corrupción en el PP madrileño: “No hemos dado una respuesta todo lo contundente que los ciudadanos esperaban”, afirmó entonces.

La de ayer es la tercera dimisión y será la definitiva. Se trata de un triste final para la carrera política de una persona carismática, pero que ha estado siempre rodeada de polémica. Se enfrentó a Alberto Ruiz-Gallardón en su intento de controlar el partido en Madrid y también manifestó públicamente su oposición a algunas políticas del propio Mariano Rajoy. No llegó a presentar su candidatura a presidir el Partido Popular en aquel congreso de Valencia de 2008, en el que había una velada oposición interna a Rajoy tras su derrota electoral ante Zapatero.

La tardanza de Aguirre en asumir sus responsabilidades políticas ha motivado que abandone la política por la puerta de atrás. Pero en este momento, no sería justo soslayar sus éxitos de gestión cuando ha gobernado la Comunidad de Madrid. Fiel a sus ideas liberales, que la han acompañado hasta el final, Aguirre consiguió hacer la región más próspera de España, con índices de paro siempre inferiores a la media nacional. Sus políticas de impuestos bajos y de liberalización -fue una firme impulsora de la libertad de horarios comerciales, por ejemplo- dieron sus frutos en forma de crecimiento económico y ayudaron a combatir la recesión. Aunque conviene recordar que esos afanes liberalizadores le llevaron a adoptar algunas decisiones polémicas, como la privatización de la gestión de los hospitales públicos. El control ideológico que ejerció su Gobierno en Telemadrid también fue un baldón en su carrera.

Aguirre deja la política por el escándalo de su ‘número dos’, pero no sería justo colocar a los dos en el mismo saco. González es un presunto delincuente que se valió de sus puestos en la vida pública para enriquecerse y ahora se encuentra investigado por ello. Aguirre cometió el error de convertirlo en su mano derecha y darle plenos poderes en la Comunidad para que hiciera a su antojo. El PP no quiso valorar ayer la dimisión y pretende que Aguirre sea el cortafuegos en la lucha contra la corrupción. Que lo consiga es otra cuestión.

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