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Están acusados de una trama de corrupción: adjudicaciones a cambio de comisiones

Estalla el ‘Caso Pretoria’: Garzón encarcela al alcalde de Santa Coloma (PSC) y a dos viejos jerarcas de CiU (Alavedra y Prenafeta)

HECHOS

  • El 26.10.2009 por orden del Juzgado de Instrucción Nº5 de la Audiencia Nacional fueron detenidos cautelarmente al alcalde de Santa Coloma de Gramenet  D. Bartomeu Muñoz (PSC), al concejal de Urbanismo de la localidad, D. Manuel Dobarco Touriño, al gerente, D. Pascual Vela, D. Macià Alavedra y D. Lluís Prenafeta (ex consejeros con CiU) y D.  Luis García (PSC).

PRINCIPALES DETENIDOS:

bartomeu D. Bartomeu Muñoz (PSC), alcalde de Santa Coloma de Gramanet 

Prenafeta D. Lluís Prenafeta (CiU) ex portavoz de D. Jordi Pujol

MaciaAalavedra D. Macià Alavedra (CiU) ex consejero en los Gobiernos de D. Jordi Pujol

luisgarcia_pretoria  D.  Luis García (PSC)  

LOS TERTULIANOS DE ‘ALTO Y CLARO’ (TELEMADRID) PIDE QUE LANZEN A LOS CORRUPTOS A UN AGUJERO Y TIREN LA LLAVE: 

28 - Octubre - 2009

Garzón tira de la manta

Pilar Rahola

El azar, que tiene una mala uva considerable, ha hecho coincidir las palabras de Jordi Pujol en TV3 con la detención de dos de sus colaboradores históricamente más emblemáticos. Por supuesto, todo está por ver, todo es presunto y todo parece haber ocurrido después de su paso por la Generalitat, pero no deja de ser llamativo que Prenafeta y Macià Alavedra sean detenidos el día después de que Pujol pidiera silencio, bajo amenaza de “tirar de la manta”. ¿De qué manta hablaba Jordi Pujol? Por supuesto, él se estaba refiriendo al caso Palau, y no creo que tuviera en mente ninguna presunta vinculación de sus viejos colaboradores con mafias rusas, ayuntamientos socialistas y obras públicas. Pero algo flotaba en el aire, y no olía bien: Pujol parecía insinuar que sabía “cosas”, que estas “cosas” no eran lícitas o legales, y que solo las diría si le tocaban demasiado las cosquillas. Es decir, para justificar los incómodos vasos comunicantes entre el Palau y la Fundació Trias Fargas, el honorable president amenazaba con destapar otros putrefactos cadáveres, en los armarios vecinos. Algo parecido insinuó el presidente de la Trias, antes de que le taparan raudamente la boca. Pero la boca de Pujol habla desde más alto y aún no ha nacido quien le ponga bozal. Y así, alegremente, se plantó en el Àgora de TV3 y espetó su bonita amenaza. Y todos contentos, que en el pa amb tomàquet catalán nunca corre la sangre.

¿Nunca? Parece que este contundente adverbio empieza a perder su sentido gracias a los dos casos que están abriendo en canal las entrañas catalanas. Primero el escándalo Millet y ahora el añadido del escándalo de Santa Coloma de Gramenet, con concejales socialistas y notables convergentes de la misma manita. Esa manta que enseñó la patita con el 3% de Maragall, pero que volvió al silencio sepulcral, empieza a mostrar algunas de sus vergüenzas. Pero no la hemos tirado desde Catalunya, cuyo silencio cómplice compromete a toda nuestra sociedad, sino desde las altas instancias penales españolas. Es decir, en temas de corrupción, suerte que no somos independientes… Lo cual me retorna a Pujol y, con él, al global político: ¿qué significa que podrían tirar de la manta unos y otros? Pues tírenla de una vez, desnuden sus vergüenzas y limpien las cloacas de nuestra venerable sociedad. Basta ya de ex presidentes que enseñan la puntita para poderla esconder mejor. Basta ya de hablar del problema de la financiación de los partidos: ¡arréglenlo! Basta, en definitiva, de omertà a la catalana. En este país no hemos vivido en un sorprendente oasis de honestidad, alejados de la corrupción mesetaria. En este país hemos vivido con pinzas en la nariz, convencidos de que la patria bien valía un maloliente pantano. Hasta que, ¡oh!, llegaron de Madrid y empezaron a tirar de la manta. ¿Esto ha acabado? Ojalá esto acabe de empezar.

Pilar Rahola

30 - Octubre - 2009

El bolso de Pilar Rahola

Salvador Sostres

No desitgem el conflicte però quan arriba, com a mínim, pots fer net d’agenda. Cada dia coneixem més gent i cada dia, per tant, tenim menys estona. A propòsit de les detencions dels meus amics, he esborrat dos números de la meva agenda telefònica. Un d’ells és el de la Pilar Rahola. Aquesta senyora que dimecres es va permetre d’escriure un article menyspreant els senyors Alavedra i Prenafeta i demanant-li al jutge Garzón llum i taquígrafs, tot dient que sort que no érem independents perquè si no aquestes coses mai no s’investigarien. Em causen espant l’interior dels bolsos de les dones però n’hi ha un que conec perfectament i no és pas el de la meva esposa sinó precisament el de la Pilar Rahola, per la descripció que en feia el Lluís, que l’havia vist tantes vegades. Aquesta Pilar convertida ara en moralista d’anar per casa, es presentava a Palau quan Lluís Prenafeta era el secretari general de la Presidència a exigir boniques sumes de bitllets en nom d’una presumpta fundació catalanista. Obria el bolso fins que li omplien. Era aquella Generalitat que sentia com un deure ajudar tota iniciativa cultural o política en favor de la nació. Al final, però, tothom va poder comprovar com d’escassa fou l’activitat d’aquesta fundació comparada amb la voracitat de la seva recaptadora. Aquesta Pilar Rahola del “usted no sabe con quién está hablando”. Aquesta Pilar Rahola que quan va marxar d’Esquerra s’endugué l’acta i el sou de tots els càrrecs públics que en nom del partit ocupava en una demostració de pirateria insòlita fins llavors a la política catalana. I la Pilar del bolso és qui gosa donar lliçons d’honradesa a dos polítics dels quals coneixem un impressionant full de serveis al país, cosa que hem de dir que mai no hem conegut d’ella. Encara no sabem de què s’acusa els senyors Prenafeta i Alavedra ni quina solidesa tindran aquestes acusacions, en cas que arribin, venint del jutge que vénen. En canvi sí sabem qui ets, Pilar, i amb qui estem parlant, i la teva llarga llista d’indecències

Pilar Rahola

26 - Octubre - 2009

La corrupción empieza a ahogar la democracia

EL MUNDO (Director: Pedro J. Ramírez)

La corrupción salpica toda la geografía española, como una fiebre contagiosa de la que no se libra ninguna comunidad ni ningún partido político. El viernes pasado, era detenido el alcalde de El Ejido, anteayer, el alcalde y tres concejales de Castro de Rei (Lugo) y ayer, siete personas relacionadas con una trama de blanqueo de dinero y especulación inmobiliaria en Santa Coloma de Gramanet y otros municipios de Barcelona.

Entre los detenidos, destacan dos viejas glorias de CiU, Macià Alavedra y Lluís Prenafeta, importantes colaboradores de Pujol y hombres clave en el Gobierno de Cataluña en los 80. Otro de los implicados es Bertomeu Muñoz, alcalde del emblemático feudo de Santa Coloma desde 2002 y miembro del Comité Federal del PSOE.

La trama de Cataluña tiene la peculiaridad de que la corrupción es transversal: afecta tanto al PSC como a CiU. Queda de manifiesto que, por encima de las ideologías, la corrupción puede unir a alcaldes, concejales, empresarios y conseguidores sin escrúpulos, dispuestos a cualquier cosa con tal de enriquecerse.

El portavoz del PSC, José Zaragoza, prometió ayer que expulsarán a los militantes que sean acusados por el juez Garzón. Pero ello no basta. El partido debería haber detectado antes esos comportamientos. Ahí está el lujoso tren de vida de Bertomeu Muñoz, uno de los capitanes del PSC, que no vivía en Santa Coloma sino en el elitista Turó Parc de Barcelona, lo cual resulta insólito.

Alavedra y Prenafeta ya habían sido imputados en diversas causas, que siempre se habían archivado. Pero tenían una turbia reputación en el oscuro mundo de los negocios en Cataluña, en ese oasis donde también ha aparecido el charco del Orfeó Català, caso en el que Félix Millet estafó unos 20 millones que repartió entre sus propios bolsillos y los de sus amigos de todos los partidos.

Ya Pasqual Maragall amenazó en 2005 con tirar de la manta del famoso 3% que echó en cara a Artur Mas, pero ni el PSC ni CiU estaban interesados en investigar porque las miserias afectaban probablemente a los dos partidos por igual. Jordi Pujol, partidario de no mirar debajo de las alfombras, advirtió el lunes: «Si hay que entrar, entramos». Toda una filosofía que explica lo que está sucediendo.

Ya no es suficiente llevarse las manos a la cabeza y expresar repudio por el latrocinio consumado. Hay que realizar reformas legales y extremar los mecanismos de control para que estos hechos no se repitan. Ayer todos los partidos aprobaron en el Congreso un endurecimiento de las penas de los delitos de corrupción, una iniciativa insuficiente pero que va en la buena dirección.

Los partidos no han sido capaces de atajar hasta ahora esta lacra, con casos tan recientes como Gürtel, Mercasevilla, Benidorm, El Ejido, Palma y Unión Mallorquina, en el que María Antonia Munar ha tardado años en ser imputada -a pesar de sus continuos desmanes- gracias a la impunidad que le proporcionaba su alianza con Antich. El espectáculo es desolador, mientras cunde el descrédito de una clase política que utiliza los escándalos para minar al adversario pero que mira para otro lado hasta que la Justicia actúa cuando el cohecho está en sus filas. No hay una solución fácil a esta desvergüenza. Pero si los partidos tienen voluntad de combatir el mal, podrían llegar al acuerdo de crear una comisión parlamentaria que acometiera las reformas legales en todos los órdenes -desde el Código Penal a la legislación en urbanismo- para erradicar estos comportamientos.

O la democracia acaba con la corrupción o la corrupción acabará poco a poco con la democracia. Los líderes políticos tienen que elegir cuál es la opción por la que se decantan.

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