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Se da la circunstancia de un 25% de acciones de la cadena TELECINCO pertenece al financiero Javier de la Rosa representante en España de los intereses de Kuwait, país invadido por el ejército iraquí

Éxito de TELECINCO: Luis Mariñas logra ser el único periodista español que logra entrevistar al dictador de Irak, Sadam Hussein

HECHOS

El 26.12.1990 la cadena de televisión TELECINCO realizó una entrevista al presidente de Iraq, Saddam Hussein en su palacio presidencial de Bagdag.

D. Miguel Durán (presidente de TELECINCO en 1990) recuerda aquella entrevista hablando con J. F. Lamata:

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D. José Ribagorda (periodista de TELECINCO en 1990) habla con J. F. Lamata sobre D. Luis Mariñas:

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26 - Diciembre - 1990

Llegar hasta Sadam

Luis Mariñas

C-EKK, era nuestra clave. «Eco Charlie-Eco Kilo Kilo», terminó por convertirse en una obsesión a bordo del pequeño Falcon-20. Estas cinco letras, indicativo de nuestro aparato, era el «ábrete Sésamo» con el que teníamos que llegar a Bagdad, después de sobrevolar las zonas más conflictivas del mundo. Salimos de todas formas de Madrid con la gran incógnita de si podríamos aterrizar en la capital iraquí o tendríamos que quedamos en Amán, la capital de Jordania. Córcega y Chipre fueron las dos primeras etapas. A partir de ahí empezaba el angustioso intento de atravesar el sur de Turquía, Líbano y Siria para – poder tomar tierra en Aman. Sobre Siria el primer sobresalto; desde tierra llega una voz rotunda: «EC-EKK, permiso de vuelo y número de ese permiso». Nuestros pilotos -excelentes, por ciertoresponden que habrá que preguntar a Amán porque no tienen el número. La voz de tierra se vuelve más tajante: «repito, número de permiso; manténganse a nivel». La misma respuesta y el silencio. Cuando ya esperábamos la llegada de dos cazas nos encontramos sobre la frontera jordana. De allí a Amán sin mirar para atrás, por si acaso. En la noche oscura del aeropuerto jordano, nos ocurre el primer hecho pintoresco. Los dos árabes del camión cisterna «chalanean» a pie de avión, el precio del queroseno. La torre nos advierte al mismo tiempo que si queremos cruzar el desierto, lo tendremos que hacer sin ayuda de tierra: Bagdad nunca responde. Nos facilitan un rumbo y miramos la brújula, no podremos perderla de vista durante hora y media; será nuestra única ayuda, a la espera de que Irak nos permita aterrizar. Los minutos allá arriba se hacen eternos. Vemos una larga caravana de luces que trata de huir hacia Jordania.

Mientras, sobre el desierto, terriblemente negro, llamamos inútilmente al aeropuerto de destino. Vamos a rumbo; seguimos el rumbo que nos marcaron, pero nadie nos responde desde tierra. Empezamos a pensar que hay que dar la vuelta. El piloto me advierte que tenemos carburante para avanzar otros cinco minutos y, si no hay respuesta, tendremos que regresar. Estábamos al límite cuando vuelve a sonar la palabra mágica «Eco Charlie-Eco Kilo Kilo». Era Bagdad: hay abrazos en el atiborrado avión. Son las 3 de la madrugada cuando tomamos tierra en un moderno aeropuerto que está absolutamente vacío. Sólo nosotros y todos los misiles que, sospechamos, apuntan directamente sobre nuestras cabezas. Estamos, sin embargo, por fin, allí, en el centro matemático y logístico del conflicto. Tres horas de sueño y primera llamada. Nos va a recibir inmediatamente el ministro de Información.

Será una larga entrevista para este cuerpo agotado que se anima cuando Latif Nusayef me anuncia que «el Presidente» me recibirá rápidamente. Tenemos que esperar, sin embargo, cuatro larguísimos días en el hotel. Siempre preparados y siempre controlados por funcionarios del ministerio. Varias veces -por la mañana, por la tarde, por la noche- creemos que el momento ha llegado. Pero no es así. Esperamos: un botellín de whisky cuesta 2.500 pesetas; la ceiveza autóctona e insabora casi 300 pesetas; comer, unas ocho mil pesetas por cabeza. Pasan los días sin poder dormir, entre tensiones y largas esperas. El hotel se llena de kuwaitíes que huyen de la zona de guerra. Ninguno quiere hablar. La prensa de Bagdad sólo habla de la «dignidad» y de la «unión del pueblo». Un taxista me dice que después de ocho años de guerra contra Irán no le asusta la posibilidad de un nuevo conflicto. Creo que, en sus palabras, hay también resignación. Sobre la guerra sólo se habla en voz baja. Llevo cuatro días insomne, cuando llega la sorpresa: vienen a buscarnos «los de presidencia». Están en camino. Ahora todo son prisas. No nos permiten llevar nuestros equipos. Sabemos que hay cuatro o cinco estudios en salas idénticas, en diferentes lugares, por motivos de seguridad. Subimos a los coches, conducidos por militares, e iniciamos un auténtico rallye por Bagdad. Ni los conductores saben a dónde se dirigen. Las marcas están en los cruces. Son coches normales con el intermitente puesto que nos indican hacia dónde girar. De repente aparecen dos coches de frente con las luces encendidas. Llegan al tiempo que nosotros a la puerta de un chalet que abre un hombre enfundado en un mono azul lleno de grasa. Entramos a toda velocidad. Nos hacen vaciar todos los bolsillos. Ni relojes, ni anillos, nada. El registro a mi equipo es tan minucioso que alguno acaba con risa nerviosa. A mí . sólo me cachean. A ellos, además, les hacen lavar las manos en un líquido que definen como «extraño». Cuando creemos que va a ser allí, nos hacen subir; de nuevo a los coches y nueva carrera. Llegamos ante un Palacio, un soldado saca los pinchos del suelo y abre la puerta. Allí va a ser. A mi traductor le impiden trabajar; tendrán que ser los suyos. Son un hombre y una mujer, que van a traducir por primera vez al Presidente. Están nerviosos; lo notaré más en la entrevista, lo que dice Sadam Husein me llegará entrecortado. Tendré que interpretar a los intérpretes.

Llega Sadam, alto, mirada dura, hierático. Me invita a hablar con él antes de la entrevista. Tres disciplinados amanuenses apuntan todo lo que dice. Hasta es posible cortar la tensión entre taconazos y reverencias. La entrevista es larga; hace calor y manda abrir las ventanas. La traductora suda, se le ponen ojeras según avanza la entrevista; es mi única referencia para saber el tiempo que llevamos allí. Iniciamos la entrevista con mucha tensión, miradas fijas a los ojos; trata de llevarme en la conversación y decido que no hay cuestionario que valga; es preciso dar varios golpes de timón. A los 15 minutos ya estamos centrados. Estamos rodeados de gentes con uniformes. Tienes que olvidar todo lo que te rodea para mantener la calma. Creo que sólo con sosiego puedo sacarle algo de lo que piensa. Sadam habla con mucha lentitud y justo detrás de mi cabeza está el ministro de Información que le sirve de referencia. Los sillones están hechos a su medida, al igual que el solemne ambiente. Enumero mentalmente las noticias que me ha dado; alguna es muy importante. Concluimos y quiere seguir hablando pero ya en privado. Creo que es un hombre astuto, que sabe lo que quiere y considera que tiene los medios para conseguirlo. Es, al menos, lo que transmite, aunque pienso también que sería un excelente jugador de poker. Cuando salimos de Bagdad pienso en la «mil y una» peripecias. Esto es sólo una parte, la gruesa esta noche en TELECINCO; el resto para mis nietos. Espero contarles entonces cómo su abuelo ahora paró la guerra.

El Análisis

¿QUE NO HABÍA INFORMATIVOS EN TELECINCO?

JF Lamata

Uno de los tópicos que han querido lanzar siempre contra los inicios de TELECINCO es que era un canal en el que no había informativos y sólo había ‘mama-chichos’, lo cuál supone una falta de respeto a todo el equipo de los informativos que encabezaba D. Luis Mariñas (que había sido presentador del telediario de TVE, de donde salió por un célebre desencuentro con el entonces director de Informativos, D. Enrique Vázquez).

TELECINCO consiguió la entrevista al ‘malo’ del momento, al dictador Saddam Hussein, no lo consiguió ni EL PAÍS, ni EL MUNDO, ni TVE. Fue TELECINCO y fue D. Luis Mariñas. Era un contexto polémico si se tiene en cuenta que el financiero D. Javier de la Rosa – el representante de los negocios de Kuwait en España, vía KIO – era accionista de TELECINCO con un 25% y estaba representado en la dirección del canal por D. Alfredo Fraile como Vicepresidente. Pero para compensar, inmediatamente después de la entrevista TELECINCO emitió una tertulia en la que se criticó duramente la entrevista, entre los tertulianos, D. Carlos E. Rodríguez, director de la revista PANORAMA, del Grupo Zeta, donde también era accionista D. Javier de la Rosa.

J. F. Lamata

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