La Junta de Andalucía calcula en 1,8 millones de euros el desvío irregular de fondos para un destino diferente para el que fueron destinados

Francisco Fernández Sevilla, segundo jefe de la UGT de Andalucía que tiene que dimitir por el caso ‘Cursos de Formación’

HECHOS

El 5.12.2013 D. Francisco Fernández Sevilla presentó su dimisión como secretario general del sindicato Unión General de Trabajadores (UGT) en Andalucía.

29 - Noviembre - 2013

UGT tiene que actuar

EL PAÍS (Director: Javier Moreno)

Los sindicatos, como cualquier institución que recibe fondos públicos, deben regirse por unos criterios de transparencia que prácticamente no han existido hasta la fecha. Un manto de relativo silencio ha protegido su funcionamiento económico, pero esa situación resulta cada vez más insostenible no solo frente a políticos o empresarios, sino, también, de cara a los sectores sociales afectados por la crisis. Cándido Méndez y el equipo que le rodea tienen que poner todo su peso orgánico al servicio de una rápida y completa clarificación, en vez de envolverse en “la historia de la organización y de las generaciones de sindicalistas que han dedicado su vida a la defensa de la clase trabajadora”, como hizo ayer el Comité Confederal de UGT, o de esgrimir la paupérrima excusa de que se le ha abierto una “causa general”.

Las informaciones apuntan principalmente a la federación andaluza de UGT, sospechosa de haber endosado facturas falsas o infladas a la Junta de Andalucía, sean para financiar a la organización, pagar actividades del día a día o costear simples caprichos u obsequios a los participantes en un congreso. La Administración andaluza ha abierto 17 expedientes para revisar ayudas al sindicato por 7,5 millones de euros. Tras examinar dos de esos expedientes, la Junta estudia reclamar 1,8 millones por dos ayudas utilizadas de forma irregular. De confirmarse, tales conductas constituyen un abuso del dinero público y la central sindical debe reintegrar lo recibido de manera irregular o injustificable.

Por el momento, la dirección andaluza de UGT pretende enfriar el escándalo. No facilita los resultados de su investigación interna y se toma con demasiada calma las aclaraciones y exigencia de responsabilidades, aplazando seis semanas (hasta el 9 de enero) las explicaciones de la dirección regional, encabezada por Francisco Fernández Sevilla como secretario general de la UGT andaluza.

Cándido Méndez, que ha dado muestras de preocupación, no debe conformarse con paños calientes. Porque las sospechas más documentadas afectan a la federación andaluza, pero la organización ugetista en su conjunto difícilmente escapará al impacto. La juez Alaya investiga las facturas falsas de la UGT andaluza, mientras la Fiscalía Anticorrupción sopesa una denuncia del seudosindicato Manos Limpias contra UGT por presunta desviación de fondos destinados a la formación para el empleo.

Las siglas no tienen la culpa de nada, pero sí las personas que hacen lo que no deben al amparo de aquellas, y cuyas andanzas sirven de pretexto a los que desean el hundimiento de las estructuras sindicales como resortes de una resistencia social identificable y a cara descubierta. La dependencia de los sindicatos respecto de la financiación pública les hace vulnerables y puede haberles acomodado a corruptelas o prácticas ilegales. El crédito de UGT como organización sindical depende de que afronte este asunto con rigor y arroje luz sobre sus cuentas.

30 - Noviembre - 2013

UGT: dimisión necesaria pero muy insuficiente

EL MUNDO (Director: Pedro J. Ramírez)

TRAS convocar un comité extraordinario para dentro de cinco semanas y asegurar hace 48 horas que no tenía intención alguna de dimitir, Francisco Fernández Sevilla, secretario general de UGT Andalucía, renunció ayer a su cargo.

La decisión fue adoptada después de que Cándido Méndez reclamara al líder andaluz la asunción de responsabilidades como consecuencia de las revelaciones de El MUNDO, las últimas de ellas referidas al pedido de 700 bolsos falsificados en Asia y al cobro a la Junta de una cena de los piquetes del sindicato como gastos de “negociación colectiva”.

Fernández Sevilla declaró ayer que se va por “un ejercicio de responsabilidad” y que no ha sido presionado por nadie, lo cual es inverosímil. El desarrollo de los acontecimientos demuestra que Méndez le ha obligado a dimitir como cortafuegos de un escándalo que ha ido creciendo hasta causar un gravísimo daño a la imagen del sindicato.

Fernández Sevilla había sustituido solamente hace siete meses a Manuel Pastrana al frente de la organización. Intentó restar importancia a las primeras revelaciones de EL MUNDO en julio, achacándolas a una campaña de la “prensa de derechas” e incluso llegó a asegurar que la contabilidad de UGT Andalucía era “un modelo” tras un simulacro de investigación interna que, en realidad, pretendía descubrir a los filtradores. Pero ha tenido que renunciar al cargo pese a que todas las irregularidades denunciadas por este periódico se produjeron en la etapa de Pastrana, que hasta ahora se ha salvado de rendir cuentas.

Méndez, que había comparecido anteayer ante los medios para reafirmar “la honorabilidad” del sindicato, no tenía probablemente otro remedio que forzar la renuncia de Fernández Sevilla, dado que buena parte de lo publicado por este periódico afectaba a UGT Andalucía.

Ayer mismo, el consejero de Presidencia de la Junta cuantificó en 1,7 millones de euros la cantidad defraudada por UGT Andalucía mediante “el bote” y facturas falsas que encubrían fiestas, regalos y comidas que eran endosados como gastos de formación o negociación colectiva, como nuestro periódico ha ido informando entrega tras entrega.

Pero los indicios de financiación irregular no sólo se centran en la federación andaluza, ya que EL MUNDO reveló también que el sindicato se quedaba en toda España con un margen del 19% en los cursos de formación a través de su fundación IFES y de una red de empresas que hace negocio con esta actividad. Y aquí estamos hablando de muchos millones de euros.

Todo ello está por investigar y aclarar a la opinión pública, que desconoce a estas alturas cómo se financia UGT, cuáles son sus ingresos y cuáles son los sueldos de sus directivos, algo insólito en una institución que recibe cuantiosos fondos públicos de subvención. Por tanto, la dimisión de Fernández Sevilla no basta. Era necesaria pero es insuficiente. Méndez debería ordenar una auditoría interna de las cuentas de UGT, hacerla pública y establecer todos los controles necesarios para garantizar el buen uso del dinero que administra el sindicato.

Si, como afirma, UGT es una organización honorable, debe demostrarlo con una transparencia que hasta la fecha no ha existido.

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