Un tercer infarto del Coordinador General de IU marca el fin de su carrera política

Frutos será el candidato de Izquierda Unida a la presidencia del Gobierno tras la repentina ‘indisposición’ de Anguita

HECHOS

En diciembre de 1999 el Consejo Político Federal de Izquierda Unida eligió a D. Francisco Frutos como candidato de la coalición a la presidencia del Gobierno.

El Consejo Político de IU eligió al Secretario General del PCE, D. Francisco Frutos, como candidato a la presidencia del gobierno por IU en las elecciones del 2000, el Sr. Frutos sustituye así a D. Julio Anguita, retirado por motivos de salud, que sin embargo se mantendrá como Coordinador General hasta las próximas elecciones. Frutos fue elegido con el 73% de los votos (88 a favor, 13 en contra y 17 en blanco), Frutos contaba con el apoyo del PCE y el núcleo de dirección anguitista, a parte del PASOC. En su contra, las corrientes Tercera Vía, Espacio Alternativo y también Izquierda Republicana y el CUT.

Curiosa la actitud del CUT, que consideraba que el hecho de que el Sr. Frutos fuera contrario al separatismo vasco significaba un ‘giro a la derecha’ para IU.

isabelo_herreros “El proceso de sustitución de Anguita se ha realizado mal” (Isabelo Herreros, Izquierda Republicana)

jose_francisco_mendi_3_via “Frutos es la mejor propuesta para dentro de IU, pero no para el resto de la sociedad” (José Francisco Mendi, Tercera Vía)

JaimePastor “Frutos no ha sido capaz de integrar la dirección de IU a la pluralidad” (Jaime Pastor, Espacio Alternativo)

Asamblea_Sanchez_Gordillo “La candidatura de Frutos representa un giro a la derecha de IU, porque Frutos está en contra del reconocimiento plurinacional de España” (Sánchez Gordillo, CUT)

20 - Diciembre - 1999

Frutos y Anguita

EL PAÍS (Director: Jesús Ceberio)

Es posible que el eventual trasvase de votos de IU al PSOE sea decisivo en el resultado de las legislativas de marzo. Pero no es seguro que ello dependa, como se ha especulado, de la sustitución de Julio Anguita por Francisco Frutos al frente de la candidatura, tras la enfermedad del primero. El derrumbe de IU es anterior a este episodio y no se debe principalmente a problemas de liderazgo.Contra lo que podría pensarse, el voto de IU en las legislativas es bastante estable: en torno al 10% en cinco de las siete elecciones celebradas desde 1977. Las únicas excepciones se produjeron en 1982 y 1986, coincidiendo con mayorías absolutas socialistas. En otro tipo de elecciones hay más variación. Los mejores resultados de Anguita se produjeron en las europeas de 1994. Un mes después de esas elecciones, en julio de 1994, se producía la famosa cena entre Anguita y Aznar bajo la inspiración de un célebre periodista, de la que salió la teoría de las dos orillas y la estrategia de la pinza contra los socialistas. Desde entonces, IU no ha dejado de bajar en todas las elecciones celebradas: 11,6% en las municipales de 1995; 10,5 en las generales de 1996; 6,5 % en las municipales de 1999 (y 5,7% en las europeas del mismo año).

Hasta hace poco, sin embargo, los sondeos han seguido pronosticando unos resultados de IU en las legislativas en torno al 9%. Pero los dos últimos trabajos del CIS sitúan a la coalición por debajo del 7% (6,6% en julio y 6,8% en noviembre). Es difícil que caiga más, cualquiera que sea el candidato. Tras las municipales, Anguita hizo un amago de irse, pero se quedó, tras condicionar su continuidad al mantenimiento del mismo proyecto político. Fue una ocasión perdida, puede pensarse ahora, porque el relevo en la cúpula era condición para una renovación de la línea política de la coalición, que era la verdadera causa del desgaste.

Anguita sigue siendo muy popular, incluso querido, por muchos ciudadanos, con independencia de su ideología. Pero su política la entienden mal los votantes de izquierda; especialmente ahora que se manifiesta tan claramente el estilo clásico de la derecha en los comportamientos de los gobernantes, sobre todo en su tendencia a hacer negocios privados con influencias públicas. Los votantes de izquierda no entendieron la política de alianzas a favor del PP que siguió a las municipales de 1995, y tampoco la guerra de Anguita contra los sindicatos, su incapacidad para retener a los dirigentes de Nueva Izquierda o el contraste entre su ruptura con las organizaciones de Cataluña y Galicia (por haber reivindicado éstas mayor autonomía en su política de alianzas) y su pacto con los nacionalistas vascos en Lizarra. El desconcierto provocado por esa política se hizo visible ayer mismo en la asamblea de IU del País Vasco.

No es que Francisco Frutos, un ortodoxo que nunca duda, no haya tenido actitudes sectarias, pero en algunos de esos pleitos ha sido más prudente que Anguita. Ahora se verá si también es más realista a la hora de negociar acuerdos sin que la mayoría tenga que adoptar el programa de la minoría. El problema no es de liderazgo, sino de política. En España hay en torno a un millón de votos que pueden ir a IU, a la abstención o al PSOE, según la actitud de la dirección de IU en el eje derecha / izquierda. Veremos, de todo ello, qué cambia con la nueva cara electoral.

19 - Diciembre - 1999

El futuro en un bypass

Pedro J. Ramírez

No es de extrañar que Jaime Mayor tenga estos días problemas de insomnio. A la tensión acumulada por el equívoco fin de la tregua etarra, se ha sumado la semana pasada el pronóstico electoral de uno de sus asesores, José Luis Astorqui, más conocido como el brujo de Interior. Astorqui es un técnico que ya trabajaba para el Ministerio con el PSOE y que ha venido labrándose una aureola de fiabilidad en sus pronósticos, basados en complejas fórmulas de análisis matemático, superior a la del CIS o las empresas privadas de sondeos. Pues bien, a menos de cien días de las elecciones su diagnóstico es que el PP obtendrá entre 157 y 159 diputados frente a los 156 actuales, y que el PSOE subirá de los 141 actuales a una horquilla entre 150 y 153 escaños.

La dirección del PP cuestiona esos datos en base a muy recientes sondeos regionales que le garantizan entre 163 y 165 escaños -tampoco como para echar cohetes, pero ya cerca de la anhelada mayoría suficiente- y subraya que la verdadera especialidad de Astorqui no es el pronóstico previo, sino su habilidad para clavar el resultado final apenas escrutadas las primeras papeletas, tal y como, por ejemplo, demostró la noche de los comicios europeos. El propio Mayor Oreja va a veces más lejos y, alentado por el sólido arraigo popular de su política respecto al País Vasco, cree tener al alcance de la mano la mayoría absoluta.

Esa pugna permanente entre el pesimismo de la inteligencia y el optimismo de la voluntad ha quedado, sin embargo, desequilibrada de improviso por la eliminación de Julio Anguita de la lid electoral. Lo que no pudieron los quintacolumnistas desleales ni las dagas tipográficas, lo han logrado unas oclusiones arteriales. Espero que algún día se valore con justicia la aportación del aún coordinador de IU a la ética de nuestra vida pública, pero entretanto hay que constatar que su ineludible retirada supone un significativo vuelco a las expectativas electorales.

Según un sólido estudio que hoy publicamos, realizado el mes pasado por el politólogo José Luis Sanchís, bastaría un trasvase hacia el PSOE del 30% de los votos que IU obtuvo en el 96, para que Almunia y los suyos arrebataran al PP catorce diputados. Es obvio que esos catorce escaños, muy difíciles de compensar con votos centristas que pasen del PSOE al PP, supondrían el puente, el bypass político, que conduciría a los socialistas a su quinta victoria en unas generales.

La desafortunada designación de Frutos como nuevo cabeza de cartel de IU hace ese escenario más que verosímil. En lugar de buscar el no hay mal que por bien no venga de la situación, convirtiendo la campaña en rampa de lanzamiento de un hombre nuevo -la víspera de su operación Anguita me dijo que él apuesta por Gaspar Llamazares-, el consejo de ancianos de IU reaccionó con un inaudito miedo a la libertad, propio de las endogámicas células comunistas. En menos de un mes podía haberse consumado un proceso de primarias que, tras lo ocurrido en el PSOE, habría dado al candidato de IU el atractivo de haber sido el único elegido por las bases. Primero habría habido división y banderías, pero luego cierre de filas en torno al vencedor. Lo que de esta manera se garantiza es una unidad postiza alrededor de casi nada, pues IU corre el riesgo de bordear la marginalidad a la que Carrillo llevó al PCE en el 82. Que me perdonen Carlos Robles Piquer y su familia, pero la designación de Frutos, en calidad de hermano político de Anguita, equivale a que en el 89 Fraga hubiera elegido candidato a su cuñado -y no a Aznar- como garantía de continuidad y baluarte de la ortodoxia conservadora.

Será la última vez que me refiera a ello antes de las elecciones, pero previamente al percance de Anguita ya estaba quedando muy claro que Aznar cometió un error garrafal al no disolver las Cortes a finales de agosto. Tal y como argumentamos algunos, los hechos demuestran que el más que notable impulso político de un gobierno con una base aritmética tan precaria había alcanzado su cénit y ya en las municipales, autonómicas y europeas empezaba a dar síntomas de agotarse. Tras lo ocurrido en el Congreso del PP y en las elecciones asturianas, sólo una remodelación a fondo podía haber relanzado la acción de un gabinete en el que el vicepresidente político únicamente lo es de iure, mientras que quien ejerce de facto parte de sus funciones las simultanea, sobrecargado de trabajo, con la portavocía y el Ministerio de Industria. Al mismo tiempo, en contra de lo que Aznar pronosticaba, el PSOE había tocado fondo y no podía sino iniciar una vacilante recuperación. A toro pasado siempre es fácil acertar, pero a buen seguro que el presidente habrá empezado a añorar ya esa singular conjunción astral de mediados de octubre sin inflación, sin Ley de Extranjería, sin efecto Maragall y sin stock options de Telefónica, pero con tregua de ETA y con Anguita funcionando a velocidad de crucero.

Es evidente que caminamos hacia un bipartidismo casi total a nivel nacional y que eso convierte automáticamente al PSOE en favorito, pues de los cuatro nacionalismos periféricos con fuertes expectativas en las urnas, los tres más potentes -CiU, PNV y Coalición Canaria- inciden en el espacio sociológico del PP y sólo el menos fuerte -el Bloque Gallego- lo hace en el del PSOE. En países con mayor madurez democrática, y por lo tanto con mayor movilidad del voto, la valoración de una gestión tan positiva como la de Aznar y su equipo podría claramente con el prejuicio ideológico, pero eso aún está por ver que suceda en la sociología política española en beneficio del centro-derecha.

Aznar encara de esta manera una dramática cuesta de enero y febrero porque, de repente, la derrota se ha convertido en una hipótesis verosímil. Para él y su partido supondría un golpe terrible y para España la probable interrupción del actual ciclo de prosperidad y el seguro aborto de toda posible regeneración de la vida pública. El felipismo continúa sin admitir sus graves culpas -el desmarque de Almunia del trío de Interior al que con tanto entusiasmo homenajeaba no ha mucho, es sólo una añagaza para succionar votos a IU- y si recupera el poder volverá a convertir en verdades oficiales lo que son mentiras clamorosas. A su lado tiene, como acaban de poner de relieve las manipulaciones de que han sido víctimas Piqué y Arias Salgado, la más eficaz e implacable máquina de fabricarlas. Qué curioso -¿verdad?- que los más acosados sean siempre los altos cargos con competencias sobre el negocio de las telecomunicaciones…

Frente a ese conglomerado político-mediático que pretende volver a exprimir lo más monopolísticamente posible todas las ubres de lo que Jesús Cacho ha bautizado con precisión como «el negocio de la libertad», el Gobierno eficaz, austero y decente de Aznar es al día de la fecha la única garantía cierta de la libertad de todos ante el negocio de unos pocos. Su cabreo cósmico con las stock options de Villalonga indica que sigue siendo una persona con los pies en el suelo que entiende claramente la distancia que separa lo que se puede de lo que se debe hacer. Su trayectoria política nunca ha sido fácil y, un tanto injustamente, afronta ahora un envite a cara o cruz. Lo trabajosamente cuadrado durante cuatro meritorios años puede descuadrarse ahora en cuestión de semanas. Tal y como están las cosas, más vale que la catarsis suceda cuanto antes. Si es posible en febrero, mejor que en marzo.

El Análisis

¿ALGUACIL ALGUACIGADO?

JF Lamata

La versión oficial es que, como en los tiempos del bloque del Este, D. Julio Anguita era apartado como candidato de Izquierda Unida – y como integrante de las listas – por su mal estado de salud. Y, ciertamente, el ‘califa’ había tenido tres anginas de pecho. Sin embargo internamente todo el mundo asumió que D. Julio Anguita había sido defenestrado por el ‘núcleo del PCE’ que había aprovechado la primera oportunidad que tuvo para apartarle con la excusa de su salud.

Esa teoría queda reforzada a que la caída del Sr. Anguita en IU se produjo poco después de que hubiera cedido el liderazgo del núcleo del PCE a D. Francisco Frutos en el congreso de 1998. Y más tarde quedaría acreditado cuando, en la siguiente asamblea de IU, el ‘califa’ no apoyara precisamente a la candidatura respaldada por el ‘núcleo del PCE’, aunque eso le supusiera tener que soportar que su informe de gestión recibiera una fuerte contestación.

J. F. Lamata

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