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Se consolida su condición de mano derecha del dictador en el régimen español

Franco nombra a Carrero Blanco nuevo Vicepresidente del Gobierno

HECHOS

  • El 27.07.1967 D. Agustín Muñoz Grandes cesó como Vicepresidente del Gobierno de España.
  • El 20.09.1967 D. Luis Carrero Blanco fue nombrado nuevo Vicepresidente del Gobierno por designación de D. Francisco Franco, Presidente del Gobierno y Jefe del Estado.

De acuerdo a la versión oficial, el General D. Agustín Muñoz Grandes quiso dimitir como vicepresidente del Gobierno por motivos personales (presumiblemente de salud) y el General Franco decidió nombrar al Almirante Carrero Blanco, por tanto no había escogido a ningún representante claro de las familias de la derecha española, sino que había escogido a alguien de su entorno más próximo. Como ministro subsecretario el Almirante había actuado como ‘la eminencia gris’ del dictador.

28 - Julio - 1967

Elogio a un hombre honrado

EL ALCÁZAR (Director: José Luis Cebrián)

La ley orgánica del Consejo del Reino, en el párrafo III del artículo cuarto preceptúa quiénes serán Consejeros natos por razón de su cargo. En sus apartados b) y c) especifica que lo serán el capitán general y el general jefe del Alto Estado Mayor, circunstancias ambas que se acumulan a don Agustín Muñoz Grandes. El artículo catorce de la misma ley declara la incompatibilidad del cargo de Consejero del Reino con el de miembro del Gobierno. Las disposiciones legales que acabamos de extractar explican suficientemente el cese de don Agustín Muñoz Grandes como vicepresidente del Gobierno. La ley no admite excepciones, aunque se trate de personalidades de tanto relieve y de historia tan cargada de servicios y laureles como la del ilustre militar.

El cese, debido a imperativos legales insoslayables, no desplaza la figura de Muñoz Grandes del centro político y militar de la vida nacional. Por sus altos cargos militares y por su vinculación al Consejo del Reino, cuya función ha sido notablemente reforzada por la ley recientemente aprobada en las Cortes, Muñoz Grandes continúa su nunca interrumpida carrera de servicios a la patria.

Uno de estos servicios es el de aceptar siempre con modestia y espíritu de disciplina el puesto que los intereses superiores de la nación le asignan. La carrera política y militar de Muñoz Grandes ilustra sobreabundantemente la ejemplaridad de su conducto: la sobriedad de su vida, su espíritu de sacrificio, su sencillez proverbial, la rectitud de conciencia y el valor mil veces probado en las guerra y en la paz en defensa de las causas justas.

22 - Septiembre - 1967

Lealtad y continuidad

EL ALCÁZAR (Director: Luis Apostua)

EL nombramiento de Luis Carrero Blanco cubre la vacante dejada por don Agustín Muñoz Grandes. Con ello se garantiza la necesaria continuidad en los cargos públicos, cuyas dilaciones en nombramientos entorpecen el clima político.

Los artículos 13 y 16 de la Ley Orgánica del Estado mencionan la figura del vicepresidente del Gobierno en la constitución del consejo de ministros y en la sucesión interina del presidente.

España va a vivir momentos importantes de su polítiica. Pronto se celebrarán elecciones y es posible una reorganización del Gabinete. Del mismo modo, en el aspecto internacional los próximos hechos requieren la más firme atención. Las iniciaciones de negociación con el Mercado Común, el comienzo de la campaña electoral norteamericana, las diversas crisis de los países africanos, etc, constituyen motivos suficientes para que los puestos principales del Gobierno se provean con un relevo automático.

Siguiendo la línea ya clásica en el desarrollo de la política española, el nombramiento del almirante Carrero Blanco representa una designación lógica. Hombre de confianza de Franco, ha permanecido a su lado desde 1939. Casi treinta años de lealtad y servicio riguroso a la obra iniciada en 1936 le hacen el hombre idóneo para ocupar este importante cargo.

Después, siguiendo las revisiones de la Ley de Sucesión el nombramiento de presidente significará también una importante reactivación de las posibilidades políticas del país.

Don Luis Carrero Blanco, que hoy accede a la vicepresidencia del Gobierno, es un hombre que ha demostrado una gran experiencia política a través de largos años en la Presidencia del Gobierno. Vocado a los estudios humanísticos, consiguió el premio nacional de literatura en 1947.

Su nombramiento significa una clara continuidad del régimen, que pronto iniciará nuevas etapas en su proceso de desarrollo.

22 - Septiembre - 1967

El almirante Carrero

Emilio Romero

Antes de que tuviéramos la Ley Orgánica del Estado, la figura de un vicepresidente del Gobierno cubría, principalmente, la preocupación sucesoria. Todos recordamos el momento en que estableció esta Vicepresidencia. El Caudillo acaba de tener un accidente en una cacería, y el pueblo español, habituado a la solidez del Régimen, y a la salud de Franco, vislumbró con tempor que el poder – que es una realidad más fuerte que cualquier mecanismo sucesorio – podría ser asumido no por una sola competencia, sino por varias. La creación de un Vicepresidente despejó esta incógnita: el poder estaría ya definitivamente asumido por el Gobierno. El textor de la Ley Orgánica, aprobada en referéndum establecía otros resortes más complejos de orden y de seguridad: la posibilidad de una Presidencia de Gobierno, y las Vicepresidencias convenientes. Pero hace menos de dos meses que cesó el capitán general Muñoz Grandes en su función de VIcepresidnete del Gobierno, y entre esa fecha y la designada de un presidente de Gobierno – si ello se produjera – estaríamos en la situación anterior a la creación de aquella Vicepresidencia. Era un asunto que empezaba a plantear de nuevo las preocupaciones antiguas. El Jefe del Estado lo acaba de resolver. Hay un nuevo vicepresidente del Gobierno, el almirante Luis Carrero Blanco. ¿Qué significa esta designación? Para este comentarista, no se trata de cubrir meramente una vacante, sino que acaba de abrirse la crisis de Gobierno sin que esto quiera decir que sea ni inmediata, ni próxima. Pienso que esa crisis no deberá plantearse hasta después de constuirse las Cámaras, si antes no se produjeran acontecimientos que aconsejaran apresurar los cambios. Por el momento, no veo esos acontecimientos.
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La actividad del nuevo vicepresidente será distinta a la del anterior sin amnejar más que una razón que me parece suficiente. El almirante Carrero Blanco hace muchos años es una pieza básica en el engranaje de la Presidencia. Hasta ahora era subsecretario de ella, mientrass que el capitán general Muñoz Grandes estaba fuera del marco administrativo presidencial.
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Por el momento, el nombramiento de un nuevo Vicepresidente va a solar el andamiaje del Consejo de Ministros, un poco quebrantado por le hecho de saberse que es un Gobierno que tiene su vida condicionada a la culminación de todo el proceso desencadneado por la Ley Orgánica del Estado, y ese proceso está alcanzando su final. Los ministros, en general, venían atendiendo el trámite ordinario, pero tenían disminuida la capacidad de iniciativa; e incluso el propio trámite ordinario podría ser perezoso. El nuevo Vicepresidente producirá una reanimación de actividades para afrontar los cambios en una situación más normalizada, al tiempo que hay problemas de auténtica envergadura que ha de afrontar un Gobierno dimitido de criterios y la energía.
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La designación del almirante Carrero Blanco para la Vicepresidencia apenas ha sorprendido. Es una biografía unida, acaso como ninguna a la actividad de gobernante del Generalísimo en sus aspectos más dinámicos, más de despacho diario y, por supuesto, más reservados y confidenciales. En mi artículo del 27 de junio, en el que glosaba en un párrafo su discurso en las Cortes, con motivo de la presentación del proyecto de Ley sobre la Familia, digo entonces del Ministro Subsecretario de la Presidencia que era uno de esos políticos de quienes un día se escribirían libros completos, mientras que andaba por la política de puntillas, con encomiable discreción y fabulosa eficacia’. Efectivamnete, la personalidad del almirante se ha venido afianzado a lo largo de los años, en virtud de unas condiciones políticas no muy comunes en nuestro pueblo. Es un Ministro sobre alfombras, no sobre tribunas. Hubo una temporada en que escribía en los periódicos con un seudónimo, y eran artículos llenos de una gran energía dialéctica. Es también autor de libros. Ha administrado, como pocos, la noticia de su actividad, y en esto ha llegado a discreciones tremendas. Ha tenido siempre un gran papel en la vida política y apenas se ha notado. Ha sido considerablemente eficaz en su función, pero no ha hecho alarde ninguno de ello. A través de su larga vida política ha estado en muchos de los grandes acontecimientos políticos nacionales, y ninguno le ha significado, sacando por ello la ventaja de no resultar otro día descalificado o inactual. Mientras algunos políticos de estos últimos años lucían de esplendor de sus días de alza o de éxito, el almirante Carrero Blanco parecía como si vegetara burocráticamente en ese palacio, de corte restauracionista, de la Castellana. Algunos, torpemente, creían que era una pieza técnica en el aparato presidencial, cuando era, de verdad, un político con esategia naval, que es la más difícil y brillante, porque está obligado a ocultarse en el océano, y a aparecer de improviso y ser contundente.
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Desde su promoción a ministro – no hace muchos años – esta personalidad reservada, cautelosa y discreta, empezó a brillar más intensamnete, pero en ningún momento dejó de hacer exactamente lo que venía haciendo, como es la renuncia al ruido, en favor de una poítica de fines. Se sabe que el almirante Carrero, aunque él nunca lo dice, ha ayudado a realizarse muchas vocaciones políticas, y cuando podía envanecerse de ello, se desdibuja y se repliega en su condición de hombre que obedece, de hombre que inspira, de hombre que cumple. Pero en una poderosa vocación política, y estamos ante un hombre enérgico, seguro de sus creencias, y firme en su decisiones. Es un obedientísimo colaborar de Franco. Pero es tanbién un jefe. Que no se olvide esto.
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Cualquiera sabe el destino que Dios reserva a cada hombre. Pero lo verdadero es que la huella de político y de gobernante del almirante Carrero Blanco – en el marco de sus opiniones – está llena de una tenacidad y de una perseverancia asustantes. Su nombramiento es un hecho más, entre los que van a producirse este año, que disipa confusión y arroja claridad. Concretamente, este nombramiento puede figurar como una de las definiciones de la política española para el tiempo verdadero.

Emilio Romero

Al Almirante Carrero Blanco se le considera el creador del SECED, el primer centro de inteligencia del país, que más tarde pasaría a llamarse CESID y, posteriormente, CNI.

El Análisis

EL ENCARGADO POR FRANCO DE PILOTAR LA TRANSICIÓN

JF Lamata

Por contra de lo que dirán décadas después determinados propagandistas, el Almirante Carrero Blanco nunca tuvo la misión encomendada de reemplazar al General Franco como Jefe del Estado español y, por tanto, cabeza de la dictadura. El dictador tenía claro que a su muerte, la jefatura del Estado pasaría a un Rey, siendo el principal aspirante desde el principio el príncipe D. Juan Carlos de Borbón (hijo mayor del Conde de Barcelona), aunque también aspiraban al sillón su primo D. Alfonso de Borbón y Dampierre (hijo del Duque de Segovia), o D. Carlos Hugo de Borbón (carlista).

El objetivo era que el Almirante Carrero Blanco pilotara la Transición una vez él ya no estuviera y se encargara de ser el ‘asesor’ o ‘consejero’ del futuro rey para que todo saliera ‘atado y bien atado’ como quería el General Franco. No podría ser. Una bomba se cruzaría en esa misión.

J. F. Lamata

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