Los dos periodistas se echan en cara mutuamente sus supuestas 'evoluciones'

Guerra de versos entre el director de PUEBLO, Emilio Romero y el columnista de INFORMACIONES, Jaime Campmany (ex ARRIBA)

HECHOS

En octubre de 1972 tanto el columnista de INFORMACIONES, D. Jaime Campmany, como el director de PUEBLO, D. Emilio Romero, se aludieron mutuamente en artículos en los que ambos utilizaban el recurso del verso para referirse al otro.

En octubre de 1972 se produjo una de las más célebres polémicas periodísticas en España. Fue entre el director del diario PUEBLO, D. Emilio Romero y el columnista del diario INFORMACIONES, D. Jaime Campmany.

campmany_romero

D. Jaime Campmany y D. Emilio Romero ya habían mantenido alguna que otra polémica cuando el primera era director del diario ARRIBA. En 1970 D. Emilio Romero calificó de ‘patético’ un artículo del Sr. Campmany asegurando que ‘la Falange’ había muerto.

Tras el despido de D. Jaime Campmany como director del diario ARRIBA de 1971, D. Emilio Romero ofreció al Sr. Campmany ser columnista de PUEBLO, según relato del Sr. Campmany, para ‘tenerle controlado’ y quedar bien con el ministro del Movimiento, D. Torcuato Fernández Miranda.

El caso es que D. Jaime Campmany pasó a escribir entonces en el diario INFORMACIONES dirigido por D. Jesús de la Serna y D. Juan Luis Cebrián y cuyos propietarios eran los bancos, liderados por el Banco Santander de D. Emilio Botín. La polémica entre los dos periodistas se produjo porque el ‘gallito’ de D. Emilio Romero en PUEBLO ironizó la ‘evolución’ del Sr. Campmany de escribir en ARRIBA “el periódico de la revolución pendiente” [en alusión a la vieja revolución falangista]a hacerlo en INFORMACIONES “el de la revolución imposible” [en alusión a la democrácia liberal que defendía el diario INFORMACIONES]

¿TERCIÓ DOMINGO MEDRANO?

En su libro ‘La Gran Esperanza’, D. Rafael García Serrano asegura que el director de El Diario de Tarragona, D. Domingo Medrano quiso jugar a meterse en la polémica entre el Sr. Campmany y el Sr. Romero, por lo que fue despachado como director, por querer jugar con dos periodistas que tenían ‘demasiado poder’. De acuerdo a esta teoría el Sr. Medrano habría intentado publicar un artículo con la frase: “Dime, Emilio Romero, por tus muertos- dime, Jaime Campmany, por tu abuela…”.

LA HEMEROTECA DEL BUITRE no logró verificar esta teoría. Puesto que el Sr. Medrano permanecería en la dirección de El Diario de Tarragona durante varios años después de la citada polémica, ¿quizás su salida del periódico catalán, perteneciente a la Prensa del Movimiento tuvo algo que ver con la llegada de D. Emilio Romero a la jefatura de la Prensa del Movimiento?

¿EXPEDIENTE A LOS DIRECTORES DE PUEBLO E INFORMACIONES?

En el libro de ‘El Gallo del Franquismo’ del Sr. Amilivia, este asegura que la polémica entre los Sres. Romero y Campmany fue parada por el Gobierno que expedientó al director de INFORMACIONES, D. Jesús de la Serna, para que no permitiera que continuara. LA HEMEROTECA DEL BUITRE consultó este punto con el Sr. de la Serna este extremo que fue absolutamente negado por el entonces director de INFORMACIONES. Este aseguró que nunca fue expedientado y que nunca dejó de publicar ningún artículo del Sr. Campmany.

17 - Octubre - 1972

POSDATA

Emilio Romero

Posdata a Jaime Campmany, lírico y artillero, amigo del alma que diría el poeta desaparecido por inmersión en la primavera política y reaparició por aspersión en el otoño incierto.

Después de dar una bonita coba a Gabriel Cisneros, porque debe ser la nueva ruta o derrota (en lenguaje marinero) que se lleva, escribe refiriéndose a la moda de los seudónimos en los periódicos ‘ Locierto es que la costumbre de los apodos ha llegado a tanto, que hasta Emilio Romero para escribir en esta etapa se firma con el ilustre seudónimo de ‘Emilio Romero’.

Comprendo con humildad, que es un ejercicio dificil el de renunciar, mediante el seudónimo al lucimiento y al riesgo – si los hubiera – del nombre propio, en la época propicia. Por otra parte un buen seudónimo nunca encubre. Me remito a Figaro o a Azorín. Lo verdaderamente meritorio es haber firmado con el propio e ilustre nombre ‘Jaime Campmany’ artículos en ARRIBA (el periódico de la revolución pendiente’) y escribir ahora artículos en INFORMACIONES (el periódico de la revolución imposible). A este comportameinto de imaginación política, y de movilidad periodística no podré llegar nunca. Por eso oculo, con pudibundez profesional, en el seudónimo de ‘Emilio Romero’ lo que con tanta esplendidez está en riesgo de desdecirse, y de olvidarse Jaime Campmany con su propio nombre.

Emilio Romero

20 - Octubre - 1972

CARTA A EMILIO ROMERO

Jaime Campmany

Como en tu posdata censoria me llamas lírico y artillero, aquí me tienes, querido Emilio, sin decidirme a coger la pluma como quien toma un lirio o como quien enciende la mecha. No sé si salir a tu encuentro con e lramo de malvas de Juan Ramón Jiménez o con el racismo de obuses de Agustina de Aragón. Debo escoger entre la lira leve o la artillería gruesa, porque no es cosa de intentar una sintesis anarquista, al estilo de Mateo Morral, y enviarte una bomba entre un manojo de dalias. Prefiero la sintesis retórica, al estilo de don Francisco de Quevedo, que se defendía con andanadas de sonetos. Déjame que te devuelva en verso, la broma de tu prosa

Dime, Emilio Romero, por tu vida
cuál será hogaño el sol que más caliente
cuál el ministro más longuipotente,
cuál el árbol de sombra más tupida.
Dime como conjugas a medida
el pasado, el futuro y el presente;
cómo llevar, al que entra, la corriente;
cómo espolonearle a la salida.
Conservador tenaz, progre, fecundo
anteayer liberal, hoy socialista,
mañana reaccionario en un momento.
Emilio: cuando dejes este mundo,
no habrá perdido España un periódico
¡España habrá pedido un parlamento!

Me acusas, compañero del alma (el poeta dijo ‘compañero’ y no ‘amigo’ como tú copias, quizá porque no sabía que somos las dos cosas), de imaginación política y de mudanza profesional, porque antes dirigía ARRIBA y hoy escribo en INFORMACIONES, como si por ello tuviese que desdecirme y olvidarme aquí de las palabras que allí dejé dichas. No sería esta muy grave acusación, primero, por venir de ti, y después, porque es achaque frecuente en quien escribe sobre cosas mudables, como son las políticas, y bajo nombres movibles, como son los políticos. Pero es que yo no he tenido esa necesidad ni he corrido ese riesgo, ni me ha asaltado esa tentación. Más bien he sentido la necesidad contraria: la de no escribir en obsequio de otros, palabras que desdijeran las mías de siempre. Mi moral de periodista es bien sencilla: lo que escribo, yo me lo pienso, yo me lo escribo y lo ody a quien quiera publicarlo. Si alguna vez tuviese que decir algo sobre mi Patria y sobre mi pueblo, y no encontrara periódico donde decirlo, intentaría escribirlo hasta en las paredes.

No sé si la lectura de los veinte folios del discurso de Blas Piñar y de ‘El ocaso de las ideologías’ te habrá dejado tiempo para hojear la Apología. Hipias, oynedo hablar a Sócrates, le dijo en son de burla: ‘Así que tú, Sócrates, ¿todavía estás diciendo aquellas mismas cosas que yo una vez te oí decir hace no sé cuanto tiempo?’. A lo cual Sócrates respondió: ‘Y lo que es todavía peor que eso, Hipias, que no sólo digo siempre las mismas cosas, sino además acerca de los mismos temas dices las mismas cosas’. Si te hubieses dado una vuelta por el ágora, querido Emilio, como se la dio Jenofonte, allí me habías encontrado escuchando a Sócratates y sonriéndome burlonamente de los ‘saberes’ de Hipias.

Pero volvamos al siglo, sin salir de lo que estamos. Recuerdo haber leído en alguna de tus Cartas a un príncipe la cita de una frase que dice más o menos: lo más importante de un escrito político no es lo que se dice, sino lo que se calla. Y añadías tú: Por eso yo digo todo lo que se me ocurre, no sea que lo que vaya a callar fuera lo importante. Tú sabes bien, a lo que veo, que en esta profesión nuestra lo más grave, a veces no es desdecirse de las palabras, sino avergonzarse de los silencios. ‘Lo peor no es tener que vender la verdad; lo peor es vender el silencio’, decía don Miguel de Unamuno. También don Miguel debía de estar con Sócrates, porque decía siempre las mismas cosas y se repetía mucho, hasta en reconocer que se repetía. Está claro que don Miguel no era precisamente aquello que Larra llamaba un escritor ministerial.

Eso que dices que yo me haya mudado del periódico de la revolución pendiente al de la revolución imposible, no lo veo muy claro, sino es en la intención, que esa sí que salta a la vista. Parece mentira que a personas de tu perspicacia se le haya pasado el aviso de que no hay una revolución más imposible que aquella que estuviese pendiente durante cuarenta años. después de ese tiempo, la revolución, si es que hubiese que hacerla, ya sería otra. Esa revolución pendiente se apellida ‘sindicalista’ y tu periódico la debe tener tan pendiente o tan imposible como el primero. Pero, en fin, ya sabes que los que hablan de revolución (así, sin dejarle caer la erre) lo mejor que dicen es que ‘en eso estamos’. Por otra parte siempre hay una revolución que hacer, y para algunas de ellas, yo no dejaré de ser nunca un revolucionario. Por ejemplo, para ayudar a traer más luz, que la luz, como decía Marañón, es la revolución de las cucarachas. Ojalá y que en la luz, nos encontremos.

Ya vez que contesto con una larga epístola a tu breve posdata. No te quejarás de mí por falta de correspondencia a tu mención y a tu afecto. Ya termino, pero no sin antes preguntarte como se te ha venido a la cabeza presentarte vestido con el adjetivo de pudibundo. ¡Al diablo se le ocurre! ¿Venir tú con extremosidades y remilgos en la modestia y en el recato? ¡Ay, Emilio, que me temo que eso no se lo va a creer nadie, ni siquiera en el Sindicato de Serafines! POr mucha imaginación política que un otenga y por muchos tumbos profesionales que uno dé, no te reconoceré nunca bajo el seudónimo de Emilio María Goretti Romero y Gonzaga.

Un abrazo fuerte. Y la paz.

(Posdata: Esto no es un escrito político. Por eso me callo lo más importante)

Jaime Campmany

24 - Octubre - 1972

IMPRUDENCIAS, OCURRENCIAS Y ALGUNAS BURLAS EN VERSO

Emilio Romero

Un escritor de Murcia, que ha obedecido y servido desde distintos puestos a muchas personalidades diferentes y antagónicas, y estoy seguro que con ejemplar lealtad y con la serenidad, paciencia y capacidad de adaptación de un rumiante, me dedica desde el periódico de los banqueros, en donde ahora escribe, sin perjuicio de ser admirador antisonante del poeta comunista Miguel Hernández, el siguiente soneto:

Dime, Emilio Romero, por tuvida,
cuál será hogaño el sol que más caliente,
cual el ministro más longuipotente,
cual el árbol de sombra más tupida.
Díme como conjugas a medida
el pasado, el futuro y el presente;
como llevar, al que entra, la corriente;
como espolonearle a la salida.
Conservador tenaz, progre fecundo,
anteayer liberal, hoy socialista,
mañana reaccionario en un momento.
Emilio: cuando dejes este mundo,
no habrá perdido España un periodista,
¡España habrá perdido un Parlamento!

A esta endecha, muy del siglo XIX, de tanta delicadeza poética como de emocionante compañerismo, no tengo otro remedio para no pecar de descortés que contestar con este otro soneto y el obsequio de un estrambote:

Oye, Jaime Campmany, si no sabes
todo lo que antecede en un minuto.
puedes estar seguro que no vales
ni para hacer la o con un canuto.
Seguro que no estás en tus cabales
queriendo hacer la mezcla en tu macuto
con el poker, el whisky, editoriales
camisa azul y algún puñal de Bruto.
Antes has de pensar, que herir en vano
con el verso y el arte escatológicos,
mirarte a tus fracasos antológicos.
Nadie te va a creer que, con buen fin,
escribas con el arma en cada mano,
sirviendo a España, al Cielo y a Botín (*)

Estrambote:

Deja ya de enviarme madrigales;
así no serás nunca un académico,
acaso vate de los Tribunales.

(*) Famoso banquero que tutela con magnanimidad y entusiasmo la existencia de INFORMACIONES.

CAMPMANY NIEGA HABERSE CAMBIADO DE CAMISA

agosto1975_arriba En una entrevista en el diario ARRIBA en agosto de 1975 el Sr. Campmany negó haberse ‘cambiado de camisa’.

La respuesta a quienes me acusan de haberme cambiado de camisa es muy fácil. Que comparen las cosas que yo escribía cuando tenía dieciséis en el periódico “Línea” de Murcia, cuando tenía veintitantos en los del Seu, cuando tenía treinta, o en ARRIBA, o las que he escrito después en INFORMACIONES o en ABC. Si se entiende por ser falangista el porvenir de una doctrina basada en José Antonio – esas cosas son eternas, como el respeto a la libertad – entonces soy falangista y moriré siendo falangista.

D. Jaime Campmany, ARRIBA, 28-8-1975

 

El Análisis

PARALELISMOS ROMERO - CAMPMANY

JF Lamata

Es interesante analizar la evolución de D. Jaime Campmany y D. Emilio Romero, ambos tuvieron mucho poder durante el franquismo, ambos fueron procuradores en las Cortes franquistas y ambos intentaron ‘reciclarse’ durante la democracia. Es más, durante la democracia, ambos insistieron en que el fondo siempre habían sido demócratas y que se habían peleado mucho con los franquistas (como si ellos no lo hubieran sido). Es una actitud típica en toda dictadura, aunque quizá en el caso del Sr. Romero llegaría a un extremo difícil al intentar convencer al personal de que siempre había sido socialista e intentar alinearse con la izquierda mediática, ni siquiera su discípulo D. Juan Luis Cebrián podía hacer olvidar el historial franquista del gallo.

En lo que se refiere al Sr. Campmany, su apoyo a la política del Sr. Carrillo en el PCE en 1978 desataría la indignación de muchos de sus compañeros franquistas como D. Antonio Izquierdo o D. Rafael García Serrano, pero a pesar de que le consideraran un traidorzuelo, en el fondo los periodistas franquistas mantendrían cierto respeto al murciando, puesto que no en balde, partía de sus filas. Naturalmente, ni que decir que la izquierda nunca se cansó de recordar el pasado franquista del Sr. Campmany siempre que tuvo ocasión, un pasado del que, probablemente, nunca se avergonzó el Sr. Campmany.

J. F. Lamata

by BeHappy Co.