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Pretende igualarlo con Di Stéfan (que tiene el título de presidente de honor del Real Madrid) y Sir Bobby Charlton (que lo tiene en el Manchester United)

Joan Laporta nombra a Johan Cruyff ‘presidente de honor’ del Barça a escasos días de finalizar su mandato

HECHOS

El 8.04.2010 D. Johan Cruyff fue proclamado presidente de honor del Fútbol Club Barcelona.

27 - Marzo - 2010

El último gol

LA VANGUARDIA (Director: José Antich)

Joan Laporta ha decidido dejar la presidencia del Barça de la peor manera posible: haciendo daño al club. Laporta se ha comportado en los últimos meses de una manera preocupante para el barcelonismo. No sólo ha decidido quién será su delfín, cosa que es legítima, sino que ha tenido iniciativas como si fuera él quien tuviera que elegir quién será el próximo presidente del Barça.

Laporta ha marcado ahora el que puede ser su último gol al Barça. Ha nombrado presidente de honor de la entidad a Jonan Cruyff. Y ha cometido un craso error. Cruyff es una figura clave en la historia del Barça que no debe ser utilizada de manera sectaria. En los últimos siete años, desde que Laporta es presidente, ha habido una coincidencia generalizada: la opinión de Cruyff era tenida en cuenta en el club, pero no tenía cargo alguno. ¿Por qué entonces Laporta le da un cargo, aunque sea honorífico, cuando le quedan unos meses de presidencia? Cruyff puede representar al Barça en todo el mundo, pero Cruyff es de todos los barcelonistas, no de Laporta.

Más que preguntar a quién beneficia el nombramiento de Cruyff, aquí habría que preguntar a quién cree Laporta que perjudica su designación. Es de sobras sabido que uno de los candidatos no continuistas no tiene buenas relaciones con Cruyff. Si es esto lo que ha movido a Laporta, el asunto es más que preocupante, ya que demostraría que su último gol al FC Barcelona también lo ha marcaod en fuera de juego.

11 - Abril - 2010

El símbolo Cruyff

Pilar Rahola

Perdonen, pero no compro el cromo Cruyff. Por supuesto, no me refiero al jugador y a su aportación a la historia del Barcelona. Me refiero al cromo simbólico, a esta especie de estatus áulico que acaba de concederle la junta saliente del Barça, con más precipitación que buen sentido. Y hablo de cromo simbólico porque esa es la intención, convertirlo en un símbolo definitivo del club, más allá de las voluntades que puedan surgir posteriormente. Situado, pues, el debate en los términos simbólicos obligados por la pertinaz decisión del presidente Laporta – cuya obsesión con Cruyff divertiría a Freud-,lo de Johann no es tan digerible como parece.

Primero, por un simple abecé de elegancia democrática. Es legal pero no ético tomar decisiones de este calado a pocas semanas de dejar la dirección del club, y los motivos son simples: no hipotecar a las siguientes juntas directivas, y no dar la impresión de querer blindar a los amigos. Este tipo de homenajes ad aeternum son propios de los inicios de un mandato, cuando queda todo el recorrido para imprimir carácter a una dirección, pero nunca a las puertas de dejar el poder. Y más allá de las formas, que ya resultan feas, lo de Cruyff como presidente de honor presenta más aristas. Personalmente le veo un cierto paralelismo con el histórico debate sobreJosep Pla y el Premi d ´ Honor de les Lletres Catalanes. Ni entonces, ni ahora, nadie puede discutir la categoría literaria del gran narrador catalán. Pero, ¿resultaba pertinente negarle un premio cuya dimensión honorífica traspasaba los límites de la creación artística? Recuerdo una lejana conversación con Jordi Sarsanedas, cuyos argumentos eran inapelables: “Podemos darle todos los premios literarios, pero no podemos otorgarle el ´Honor´ a alguien que defendió una dictadura que intentaba destruirnos”.

Por supuesto, Cruyff no es equiparable a aquel momento y persona, pero es equiparable el debate. Es decir, la honorabilidad del cargo que le dan, ¿casa sin problemas con su actitud respecto al catalán, por poner un ejemplo? O, ¿casa con muchas de sus declaraciones sobre Catalunya? Y tanto que sí, dirán unos, no en vano el Barça solo es un club. Pero otros recordaremos que el Barça es más que un club, y que algo tiene que ver con la catalanidad. Y entonces, algo falla. Para muestra el botón del acto. Cruyff llegó descuidado  -¿para qué ponerse corbata, si sólo se trataba de un acto “local” -, no sabía qué distinción le otorgaban  -“¿cómo se llama esto?”-, y fue incapaz de decir una sola palabra en catalán, ni un simple, triste y solitario “gràcies”. ¿Para qué, si todos igualmente le rendirán pleitesía? Incluyendo un presidente que quiere salvar a Catalunya de sí misma. Y luego exigiremos el catalán a un chico llegado en patera, lo cual será muy coherente. Al fin y al cabo, nunca fue lo mismo un senegalés pobre que un holandés rico.

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