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Era autor de algunos de los reportajes sobre las irregularidades de Banca Catalana, entidad de la que Pujol era principal accionista

Jordi Pujol nombra al periodista de EL PAÍS, Alfons Quintá, primer director de la televisión pública catalana TV3

HECHOS

En agosto de 1982 D. Alfons Quintá fue designado director del primer canal de la Corporación de Medios Audiovisuales de Catalunya.

 

bancacatalana222 D. Alfons Quintá, como delegado de EL PAÍS en Catalunya había publicado informaciones sobre las irregularidades de Banca Catalana de la que D. Jordi Pujol era el principal accionista.

Juan Luis Cebrián

Primera Página

Jordi Pujol, accionista temprano de EL PAÍS y con quien nuestras relaciones fueron bien diferentes muchos peores, para decirlo a las claras, que con su predecesor en el palacio de Sant Jaume. Los conflictos comenzaron tan temprano como en abril de 1980 cuando Alfons Quintá, nuestro corresponsal en Barcelona a sugerencia de Antonio de Senillosa, public´la primera crónica de una serie sobre el caso Banca Catalana. La entidad financiera había sido presidida por Pujol antes de que llegara al poder de la Generalitat. Acabó en bancarrota y sus gestores serían años más tarde objeto de una querella criminal por parte de la fiscalía durante el Gobierno de Felipe González. El artículo de Quintá causó estragos. Recibí la llamada, lo mismo que Polanco, de Francisco Fernández Ordoñez, entonces apartado brevemente del a vida pública y titular de un bufete de abogados junto con Antonio Eraso, compañero del rey Juan Carlos en sus estudios de bachillerato. Paco nos convocó a una comida en el restaurante Zalacaín, el más lujoso de la ciudad, al a que sorpresivamente acudieron no menos de cinco representantes de Jordi Pujol, todos altos funcionarios de la Generalitat y algún diputado al Parlament. Defendieron abiertamente la tesis de que el caso era una invención destinada a minar el crédito político del molt honorable y perjudicar la causa nacionalista. Entre amenazas y lisonjas pidieron que no continuara la publicación de la serie. La presión, a la que se sumó sin reparos el propio Polanco fue tal que me vi obligado a ceder. El segundo y tercer artículos que habíamos preparado nunca vieron la luz, ni dimos tampoco explicación alguna al respecto, salvo al autor de la serie, que no me pareció ni sorprendido ni compungido por mi decisión. Esta es, creo, la mayor pifia que cometí durante mis años al frente del diario y constituyó un crimen de leso periodismo.

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