El candidato perdedor, Egibar, protestó por la filtración por parte del equipo de Imaz de que había mantenido pactos con el grupo parlamentario de Sozialista Abertzaleak (Batasuna) para perjudicar a su candidatura

Josu Jon Imaz nuevo presidente del PNV tras derrotar a Egibar

HECHOS

La Asamblea del PNV celebrada en diciembre de 2003 eligió nuevo presidente del EBB a D. Josu Jon Imaz, frente a la candidatura de D. Joseba Egibar.

UNA VOTACIÓN POR UN SÓLO VOTO DE DIFERENCIA:

Por primera vez en la historia del Partido Nacionalista Vasco dos dirigentes competían por el puesto de presidente de su Ejecutiva, EBB, lo que obligaba a un proceso de votación en cada una de la junta municipal. El complejo sistema del PNV suponía que el que el candidato que ganara la votación de cada una de las juntas sel llevaba todos los votas de la misma aunque fuera por sólo un voto. Una de las batallas clave fue por la juntas municipales de navarra, un sólo voto de diferencia en Pamplona dejó la diferencia de 7 a 4 a favor del Sr. Imaz, que habría sido al revés.

Votación en Vizcaya:

  • – 112 juntas municipales a favor de D. Josu Jon Imaz
  • – 85 juntas municipales a favor de D. Joseba Egibar.

Votación en Navarra:

  • – 7 juntas municipales a favor de D. Josu Jon Imaz
  • – 4 juntas municipales a favor de D. Joseba Egibar

Votación en Álava:

  • – 12 juntas municipales a favor de D. Joseba Egibar
  • – 6 juntas municipales en favor de D. Josu Jon Imaz

Votación en Guipuzcoa:

  • – 55 juntas municipales en favor de D. Joseba Egibar
  • – 45 juntas municipales en favor de D. Josu Jon Imaz

RESULTADO FINAL:

170 juntas en favor de D. Josu Jon Imaz.

156 juntas en favor de D. Joseba Egibar

EL OTRO DERROTADO:

arzallus_1998 El Presidente del EBB del PNV, hasta aquella votación D. Xabier Arzallus, fue derrotado moralmente en aquel proceso, puesto que no había ocultado su identificación con la candidatura de D. Joseba Egibar, mientras que D. Josu Jon Imaz era visto como el candidato más próximo al lehendakari D. Juan José Ibarretxe.

20 - Diciembre - 2003

El sucesor de Arzalluz

EL PAÍS (Director: Jesús Ceberio)

Lo más concluyente de la elección de Josu Jon Imaz, portavoz del Gobierno de Ibarretxe, como nuevo presidente del Consejo Nacional del PNV es que ya no estará al frente de ese partido Xabier Arzalluz, su líder indiscutible durante más de 20 años. No podría decirse lo mismo si hubiera ganado el otro candidato, Joseba Egibar, expresamente apoyado por Arzalluz, quien comparte por ello la derrota. La victoria de Imaz no tendrá de momento efectos visibles, pero puede tenerlos si embarranca el plan Ibarretxe.

La dura pugna interna -que deja heridas abiertas- evidencia que no había tongo en el enrevesado sistema electoral interno que culminará en la asamblea de enero. No sólo no ha habido designación digital, sino que los afiliados han tenido oportunidad de elegir directamente entre los dos candidatos y de hacerlo sin atender las indicaciones del líder saliente. Sin embargo, para sostener que se trata de un partido más democrático que los demás habría que olvidar que es también el que dispone de mayores facilidades para cortocircuitar desde el primer nivel de la pirámide asamblearia cualquier intento de debate político. Como el que quiso suscitar Emilio Guevara, en defensa del Estatuto de Gernika, antes de que lo echaran.

Ahora hay un cambio de liderazgo, pero la ponencia que se discutirá en la asamblea de enero lleva la huella de Arzalluz (del último Arzalluz) y viene a ser un intento de garantizar la continuidad del giro antiautonomista producido, sin debate previo, a partir de Lizarra. Es posible que el talante de Imaz, mucho más abierto en todos los sentidos, acabe generando una política diferente, pero a corto plazo es improbable que pueda hacer algo más que intentar cerrar las heridas y esperar. Ayer habló de la necesidad de participación de “nacionalistas y no nacionalistas” en un proyecto “de convivencia”, pero al mismo tiempo reafirmó su fe en el plan Ibarretxe.

Son dos ideas difícilmente conciliables. La posibilidad de que Imaz pueda impulsar una política de alianzas diferente (como la de Ardanza, por ejemplo) pasaría por la retirada del plan Ibarretxe. Pero ese plan es ahora el horizonte que mantiene unido al PNV, por lo que es improbable que haya cambios inmediatos. Lo único que puede adelantarse es que no es lo mismo que el previsible fracaso del plan Ibarretxe, cuando ocurra, se produzca en un PNV dirigido por Imaz, lo que facilitaría una rectificación, que si el vencedor hubiera sido Egibar. Aunque no sea para mañana, es una razón suficiente para que el conjunto de los vascos -que, según un sondeo publicado ayer, preferían a Imaz- contemplen el resultado con alguna esperanza.

20 - Diciembre - 2003

Imaz, sucesor

EL CORREO vasco (Director: Ángel Arnedo)

La apurada victoria alcanzada por Josu Jon Imaz para presidir el EBB atestigua que el PNV, que Arzalluz deja tras una etapa marcada por su indiscutido liderazgo, es un paritd en el que conviven sensibilidades y talantes distintos cuyo desigual arraigo territorial augura una complicada tarea para su nueva dirección. El alambicado proceso electoral culminará en la Asamblea que definitivamente elija a una parte del EBB y a su presidente los próximos 17 y 18 de enero. El resultado de las votaciones del jueves acabó siendo tan reñido que es lógico pensar en que se produzcan intentos de integración y unidad de cara a la mencionada asamblea. En el caso de que estos no se den o no fructifiquen, cabría pronosticar la reapertura de hostilidades en la posterior elección de las direcciones provinciales del PNV.

Todo proceso electoral intento suscita en un partido un clima de endogamia y ensimismamiento que acaba generando la sensación de que no existe nada en su exterior. En el caso del PNV, que se encuentra comprometido en una estrategia unilateral contestada abierta y radicalmente por el no nacionalismo, dicha tendencia se convierte en un peligro para el futuro de la propia sociedad vasca. Es cierto que el sistema democrático requiere de la existencia de partidos a la vez cohesionados y transparentes. Por eso mismo, resultaría preocupante que los afiliados del PNV acabarán viviendo sus tensiones domésticas o sus esfuerzos para buscar un nuevo equilibrio interior de tal forma que la distancia respecto al no nacionalismo se viera aumentada.

Especialmente en los últimos años el nacionalismo ha tratado de explicar su política imputado la responsabilidad sobre sus actos a los ‘incumplimiento de Madrid’ primero, a su inmovilismo después, para más tarde denunciar lo que a su modo de ver representa un involución en el terreno de las libertades operada desde La Moncloa. De esa forma, ni la dirección jeltzale ni el lehendakari Ibarretxe se hacen responsables de sus decisiones, sino que éstas obedecen a reacciones ineludibles frente a la ‘bota de Madrid’. Es esta lógica autoexculpatoria la que ha propiciado la paulatina radicalización de las bases nacionalistas. Hasta el punto de que nadie en el seno del PNV osa cuestionar, siquiera parcialmente, ni la idoneidad ni la oportunidad del plan Ibarretxe. La existencia de ése lubrifica la fricción interna, hasta el punto de unanimidad. Es este el hecho que reduce a su mínima expresión las esperanzas respecto a una eventual rectificación del rumbo nacionalista por parte de la nueva dirección jeltzale.

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