Search
El cambio se produce tras el desastre de EL GLOBO y la marcha de Javier Baviano del grupo, que será reemplazado por Javier Díez Polanco

Juan Luis Cebrián nombrado nuevo consejero delegado del Grupo PRISA, Joaquín Estefanía nuevo director de EL PAÍS

HECHOS

El 21.10.1988 en el diario EL PAÍS anunció en portada que su hasta entonces director, D. Juan Luis Cebrián, pasaba a ser el Consejero Delegado del Grupo PRISA mientras que el nuevo director sería D. Joaquín Estefanía.

La primera etapa del diario EL PAÍS, la de D. Juan Luis Cebrián como director, que había comenzado con su nombramiento en 1975, antes incluso de la salida del periódico en mayo de 1976, concluyó 12 años después con su cese – o ascenso – al ser nombrado Consejero Delegado del Grupo PRISA, grupo editora de EL PAÍS.

titular_cebrian_estefania_indep La revista EL INDEPENDIENTE dirigida por D. Pablo Sebastián, fue elprimer medio en informar del cambio en la dirección del diario EL PAÍS en su numero del 30.09.1988. La dio en portada, interpretó que la salida del Sr. Cebrián de la dirección de EL PAÍS suponía el triunfo del empresario, D. Jesús Polanco, sobre la linea editorial de su periódico y señalaba a Dña. Sol Gallego Díaz como su probable sucesora.

CEBRIÁN, DE PERIODISTA A EMPRESARIO

El Grupo PRISA, que presidía D. Jesús Polanco, gracias al éxito empresarial que suponía el diario EL PAÍS y también gracias a la adquisición de la Cadena SER, con el apoyo del Gobierno socialista de D. Felipe González, se había convertido en el grupo mediático más poderoso de España (con el periódico más escuchado y la cadena de radio más escuchada del país. El siguiente episodio para la expansión del Imperio era lograr un canal privado acabando con el monopolio de TVE. Para esos proyectos de expansión se necesitaba una nueva dirección. D. Javier Baviano había dimitido como Director General del Grupo PRISA tras el fracaso de la revista EL GLOBO. El Sr. Polanco decidió nombrar a D. Javier Díez Polanco nuevo director y decidió crear el cargo de ‘Consejero Delegado del Grupo PRISA’.  ¿Y quién mejor para tal labor que el propio don Juan Luis Cebrián? El Pacto de Sacha volvía a hacerse efectivo con su nombramiento el 20 de octubre de 1988.

A partir de ese momento todos los medios enemigos de PRISA como ABC o EL INDEPENDIENTE se esmeraron en repetir una y otra vez que para ellos el Sr. Cebrián ya no era periodista, sino empresario. En palabras del entonces director de EL INDEPENDIENTE, D. Pablo Sebastián, a La Hemeroteca del Buitre “Cebrián fue un magníficio director, lo malo es que cuando pasó a la gestión se convirtió en un enemigo del periódico, esa es la realidad. Pasó a defender los intereses ideológicos y económicos de la empresa, que iban unidos”.

ESTEFANÍA, DIRECTOR DE EL PAÍS, SIN SU NOMBRE EN LA PORTADA

Quedaba la sustitución del Sr. Cebrián como director del periódico. D. Jesús Polanco apostaba por que la sustituta fuera Dña. Soledad Gallego Díaz, que hubiera sido la primera mujer directora de un gran periódico, pero esta declinó el nombramiento. El nuevo director del periódico fue D. Joaquín Estefanía, hasta entonces jefe de economía.

Sin embargo el Sr. Estefanía no reemplazó en igualdad de condiciones al Sr. Cebrián. Durante todos los años en que el Sr. Cebrián fue director de EL PAÍS su nombre su nombre figuró en la portada, mienras que al Sr. Estefanía nunca se le permitió que su nombre figurara en la portada, al igual que a ninguno de los sucesores. (la dirección del Sr. Estefanía duraría hasta 1993).

LA NUEVA CÚPULA DE EL PAÍS

Estefania D. Joaquín Estefanía, será el nuevo Director de EL PAÍS tras el rechazo de la Sra. Gallego-Díaz.

soledad_gallego_diaz Dña. Soledad Gallego Díaz rechazó la oferta de los Sres. Polanco y Cebrián a dirigir el periódico EL PAÍS y seguirá siendo Directora Adjunta (lo es desde 1987)

Vidal_Folch D. Xavier Vidal-Folch seguirá siendo el otro Director Adjunto de EL PAÍS, en su caso en calidad de responsable de la edición catalana (ocupa el cargo desde el pasado mes de marzo).

Declaración de Soledad Galligo Díaz a Jot Down (2012)

Una pregunta obligada: te ofrecieron la dirección de EL PAÍS y la rechazaste…

La postura esa de tener que aceptar… me molesta mucho eso de “a las mujeres les ofrecen cosas y luego no las quieren”. No sé lo que harán las mujeres, eso es lo que hice yo.

No, no te lo pregunto en ese sentido, aunque ya puestos podría ser una cuestión interesante el por qué no hay mujeres dirigiendo periódicos.

Pues ¡porque no se lo ofrecen! No es porque hayan dicho que no. Yo he dicho que no, pero el mío es sólo un caso particular.

Claro. Quería precisamente conocer tus motivaciones particulares para declinar la dirección de un periódico tan importante.

Dije que no porque en aquel momento me interesaba mucho más el manejo de la redacción, y eso lo llevan los directores adjuntos. En ese momento yo era directora adjunta, llevaba unos años manejando la redacción y eso me apasionaba. El director tiene otra serie de competencias. Además, ya había una persona que podía cumplir la función de director con la que yo estaba completamente de acuerdo, Joaquín Estefanía. Me pareció un excelente director, así que no había ningún motivo por el que me viera obligada a dejar de hacer lo que yo quería hacer por ocupar el puesto. Sinceramente, lo ocupaba una persona que tenía todo mi respeto profesional.

23 - Octubre - 1988

... pero me quedo

Juan Luis Cebrián

Propuesto por estrecho acuerdo entre Polanco y yo, fue aprobado por unanimidad, y más del 80% de los redactores le han prestado adhesión en el voto consultivo. No necesitaba Joaquín Estefanía tantos avales, puesto que su biograflia exhibe abundantes garantías de su profesionalidad, pero es satisfactorio ver que no tiene que pedir disculpas a nadie para desempeñar un puesto para el que le sobran merecimientos y en el que han de abundarle los apoyos, el mío el primero.

Corría el año 1978 cuando Francisco Fernández Ordóñez, a la sazón ministro de Hacienda de Suárez, hizo aquella declaración:”A mí, lo que me gustaría ser de verdad es director de EL PAÍS”.

Yo, que llevaba dos años en el potro, me apresuré a contestarle:

“Te lo cambio sin verlo”

De entonces acá Fernández Ordóñez ha tenido tiempo de ser, ademas, ministro de Justicia, presidente del Banco Exterior y ministro de Asuntos Exteriores. 0 sea que, me parece, he sido bastante perdurable.

Para aquellos que todo lo analizan en términos de poder, olvidándose con pasmosa facilidad de la ética, y para los que piensan que es una función intelectual mirarse el propio ombligo, resulta incomprensible. Insoportable, diría yo. ¿Cómo es posible que abandone la dirección de un diario que es, desde hace años y con largueza, el de mayor difusión del país, que ha constituido un símbolo de la construcción democrática y que ocupa un lugar de privilegio en el aprecio, la ensoñación y la envidia de tantos ciudadanos? Aquí tiene que haber gato encerrado.

A este señor le han dado la patada hacia arriba o en realidad no abandona nada, sino que ha puesto un alátere que le sirva, a fin de no tener que trasnochar mucho por culpa del cierre del periódico. Pero para quienes crean que la vida no es sólo una aventura personal, y sufran la pasión, un poco tonta aunque gratificante, de la trascendencia, todo estará meridianamente claro. EL PAÍS culmina hoy un ciclo de crecimiento y consolidación; es hora de considerarlo como una realidad pujante y no como un fenómeno sorprendente y ocasional.

Hace casi 13 años que me hice cargo de la dirección del periódico, cuya puesta en marcha se debió a la iniciativa de José Ortega Spottorno. Durante tan prolongado período, me he esforzado en hacer de EL PAÍS un instrumento de diálogo colectivo para una sociedad cambiante y abierta a toda clase de novedades, como ha sido la España del posfranquismo.

Y lo he hecho desde el convencimiento, que me acompaña desde que tengo uso de razón en el periodismo, de que los diarios se deben a sus lectores, son de sus lectores, y en la búsqueda de su independencia han de guardar fidelidad a éstos antes incluso que a quienes los escriben, los dirigen o los gerencian. EL PAÍS ha jugado, así, el papel de referente intelectual que demandaba esta sociedad en momentos en que se sentía perpleja. Y en esa tarea colectiva, en la que yo he disfrutado el raro privilegio de ser el primero y hasta ahora único director, ha visto empeñada su existencia un grupo humano de enormes proporciones. Hemos tenido que pagar después el precio del éxito, que entre españoles es siempre mucho más elevado que el del fracaso; pero hemos sentido, también, el apoyo y la solidaridad de cientos de miles, de millones de lectores, que son en realidad los hacedores de esta historia.

No estoy cansado. No puede uno cansarse de tanto goce profesional. Ni,contra lo que algunos quisieran, se me han agotado las ideas. Las que tenga, torpes o correctas, quizá hasta brillantes, voy a seguir diciéndolas en estas mismas páginas mientras disfrute mi pluma de la benevolencia del nuevo director. Ni siquiera estoy triste, aunque soy consciente de la nostalgia que me acecha en el futuro, a la que no pienso resistirme. Estoy fundamentalmente satisfecho de ver que mi periódico es capaz de cumplir lo que predica. Es capaz de difundir el poder, de hacer que éste no se convierta en una obsesión esclavizante de quienes lo ejercen, de abrirse paso a las nuevas generaciones, de escapar a los mitos y sucumbir únicamente a la razón. Y, sobre todo, estoy contento al contemplar la madurez de una obra humana que es capaz de cambiar y controlar su cambio.

Exactamente eso es lo que pretendemos. En un mundo como el de la comunicación, en el que cada vez es más evidente la presión del dinero y la internacionalización de actitudes, hay que moverse si no quiere uno enfermar. La vocación europea de esta casa necesita ser algo más que un montón de frases en un puñado de editoriales. Y el hecho de que la empresa editora de EL PAÍS, con los excedentes que ha generado el periódico, haya podido comprar la gran mayoría de acciones de la cadena SER viene depositando en nosotros desde hace tiempo la responsabilidad de representar al mayor grupo de comunicación español. Para hacer frente a esta responsabilidad, para desarrollar sus potencialidades, para devolverle a la sociedad la confianza que ella misma nos entrega, necesitamos transformar nuestra estructura. Fue en principio ideada para fabricar un periódico de elites, y hoy tiene que responder a las demandas de millones de ciudadanos.

Creo que merece la pena resaltar el hecho de que el Consejo de Administración de PRISA confíe en el equipo profesional del periódico estas tareas de desarrollo. Durante 26 años de mi vida he sido simplemente un periodista. No poseo otros títulos académicos, y mis colegas saben en qué poco aprecio tengo el libramiento de carnés que faculten para el ejercicio de la profesión. Pero siempre he creído que es misión de los periodistas, y no de ningún otro colectivo, la de administrar el derecho a la información de los ciudadanos, que es por su propia naturaleza un derecho ajeno, de los otros, y que emana de una libertad siempre frágil y amenazada. Por lo demás, mi mejor especialización para hacer frente al encargo que recibo ahora proviene del hecho de haber trabajado estrechamente durante 13 años con Jesús de Polanco, quien me precedió como consejero delegado en los inicios del periódico y cuya presidencia ocupa desde hace un lustro. A su lado he aprendido el humanismo que encierra el mundo de la empresa y de la economía, algo demasiado desconocido para los españoles, castigados durante décadas por el capitalismo feudal y agrario, víctimas hoy del éxito de los especuladores financieros, y huérfanos del espíritu saintsimoniano que ha facilitado el desarrollo industrial y tecnológico de tantos países. Con Polanco, y con Javier Baviano -cuya decisión de abandonar el barco de EL PAÍS para adentrarse en otras singladuras no le evitará la gloria y el martirio de haber sido principal protagonista de ésta-, he sufrido y he gozado lo indecible en estos 13 años. Y si en el capítulo de los agradecimientos tendría que ser tan extenso que no me lo permitirían los lectores, no me puedo permitir yo mismo el ser tan breve que no cite el nombre de Augusto Delkáder, actual director de la SER, que durante casi una década rigió con admirable capacidad profesional los destinos de la Redacción de este periódico. Me siento, así, como el director de una orquesta que ha terminado su primer concierto de la temporada y que invita a saludar a los solistas y a los patrocinadores del acto. En cualquier caso, éste se realiza hoy ante un vastísimo auditorio, y sería una tontería que no dijera que mí placer es mayor porque esta despedida se produce coincidiendo con la fecha en que nuestro suplemento del fin de semana alcanza una tirada superior al millón de ejemplares. Ante este millón de países, que constituye para nosotros la mejor ovación que podamos recibir, saludan hoy los triunfadores de la noche: una Redacción numerosa y variopinta, a la que más que a nadie tengo que agradecer su ayuda, y de la que surge el nuevo director del diario. Propuesto al consejo de administración por estrecho acuerdo entre Polanco y yo, fue aprobado por unanimidad, y más del 80% de los redactores le han prestado adhesión en el voto consultivo al que tienen derecho los periodistas de EL PAÍS. No necesitaba Joaquín Estefanía tantos avales, puesto que su biograflia exhibe abundantes garantías de su profesionalidad, pero es satisfactorio ver que no tiene que pedir disculpas a nadie para desempeñar un puesto para el que le sobran merecimientos y en el que han de abundarle los apoyos, el mío el primero. Con él y con su equipo directivo, que es el mismo que ha permanecido hasta ahora al frente del diario, la continuidad de la línea editorial y la potenciación de EL PAÍS quedan más que aseguradas. Pretendo, finalmente, no ser cansoso en los elogios, que al cabo no ahuyentarán nunca la insidia de los tontos. Trato sólo de explicar con esto el significado de una decisión tomada e instrumentada colectivamente por un equipo humano cuyo mayor capital es la fe en su propio trabajo.

Por lo demás, como Neruda en sus poemas de amor, me voy … pero me quedo. Mi nombre va a seguir apareciendo en la mancheta de EL PAÍS, en diferente situación jerárquica y con otras responsabilidades. Espero en el futuro disfrutar, desde ahí, tanto como lo he hecho en el pasado. Y a una periodista a la que hurté el otro día respuestas cuando me preguntó al micrófono si era feliz, hoy le contesto, en esta confesión de parte a la que tenían derecho mis lectores: “Sí, soy feliz. Lo soy en lo personal, y en lo profesional: tengo el trabajo que quiero, lo hago con la gente a la que quiero. Y no me sale mal del todo”.

Juan Luis Cebrián

02 - Octubre - 1988

Victoria Station

Luis Ángel de la Viuda

El grupo editorial PRISA – EL PAÍS y la SER, muy principalmente – arrojó en 1987 unos beneficios auditados de cerca de cinco mil millones de pesetas. Ese admirable y reconocido éxito ha estado basado en tres personas muy distintas y con un objetivo muy armónico. Jesús de Polanco, Juan Luis Cebrián y Javier Baviano, jugando cada uno su propio papel, habían constituido un triunvirato envidiable y totalmente exitoso. Sin embargo, durante los meses de este inmediato verano ha planeado sobre la empresa y sobre los gustos y las opiniones de sus primeros ejecutivos una historia inhóspita e ingrata, que respondía al nombre de EL GLOBO.

La primera decisión empresarial del consejo de PRISA, todavía con los sofocos de un verano prolongado, se concretó en el cierre definitivo del frustrado semanario, en el momento que todavía se discutía sobre su supervivencia e incluso sobre su potenciación.

La siguiente decisión en esta abierta y precipitada historia ha sido la dimisión de Javier Baviano, desapareciendo de su puesto de director general y abriendo una nueva situación de consecuencias no solamente empresariales, sino también editoriales y periodísticas.

El asegurado nombramiento de Juan Luis Cebrián como consejero delegado de PRISA ahondado en sus preocupaciones y quehaceres gestores sin abandonar la tutela de la redacción, implica en primer lugar una relativa y determinante novedad en el panorama de las empresas editoras españolas, que casi siempre han mantenido una apriorística separación – cuando no enfrentamiento – entre gestores y periodistas.

En todo caso, la tajante decisión de Baviano rompe un equilibrio, que él mismo se empeñó en mantener cuando hace unos meses decidió no aceptar el puesto de consejero-delegado en aras de una mejor armonía entre los polos activos de un medios periodístico como son la administración y la redacción.

Los siguientes pasos de esta edificante historia marcarán no sólo las claves de lo que ahora estamos viviendo, sino el destino futuro de este gran trasatlántico de la comunicación española, que asiste a las inevitables y necesarias pruebas de resistencia de su casco.

Hasta este momento, PRISA había superado arbolados vientos de popa en forma de su frustración radiofónica con RADIO EL PAÍS y un fuerte mar de fondo con la difícil singladura de EL GLOBO. De cualquier manera, se trataba de fenómenos exteriores, de exógenas condiciones adversas. Ahora, estas condiciones afectan a los mandos de la nave, de un barco poderoso y fuertemente combatido, que presenta la fortaleza de sus éxitos y el riesgo inherente de su propio triunfo.

Mientras se espera, desmayada y escépticamente, la llegada de los nuevos canales de televisión privada – ¿quién? ¿cuándo? ¿cómo? – el relato de los pormenores y de las claves de historias como ésta interesan no sólo a los profesionales de la información, sino a un público cada vez más avisado, que sabe que en una sociedad democrática como la española la libertad de expresión no es sólo un derecho a elegir, sino, sobre todo, a saber. Y, entre todos, cada vez vamos sabiendo más cosas.

Luis Ángel de la Viuda

Primera página

Juan Luis Cebrián

Casi dos meses antes del cierre de EL GLOBO había almorzado con Polanco en un local cercano a su casa. Hicimos a pie el trayecto hasta el restaurante y durante el paseo me hizo una sugerencia que en su boca sonó a mandato: “Hay que seguir desarrollando el grupo, pero yo no tengo tiempo ni voluntad para dedicarme a ello. Necesitamos un consejero delegado; después de darle muchas vueltas pienso que la mejor solución eres tú”:

Traté de disuadirle. No me sentía preparado ni motivado para una tarea así, aunque por otro lado llevaba ya más de doce años al frente del periódico, cuya trayectoria se había identificado totalmente con la mía personal. Eso perjudicaba tanto al diario como a mí mismo. Queríamos hacer de EL PAÍS una institución y su enrocamiento con la figura del director era del todo pernicioso. También para mis intereses particulares. Henry Grunwald, que fue director de Time Magazine, me aseguró un día que un editor in chief no debía permanecer en el puesto más de ocho años. Según él, a partir de esa fecha comenzaba a adquirir hábitos y rutinas que empañaban su capacidad de decidir. No podía estar más de acuerdo.

 

Me seducían las nuevas aventuras del grupo, en especial nuestra especulación sobre la posibilidad de adentrarnos en operaciones televisivas. Jean-Luc Lagardere, presidente del gigante francés Matra, nos había encandilado con la posibilidad de participar en un consorcio que él encabezó para acudir al a privatización de la primera cadena gala. Aunque de forma muy minoritaria, formamos parte del grupo, que fracasó en su empeño, y en el que también estaba involucrado LE MONDE.

Dueños como éramos de la primera emisora de radio y del primer periódico españoles, la fortaleza del grupo comenzó a infundir serios temores en los sectores más reaccionarios, pero también en el gobierno socialista y en la oposición de izquierdas. Creían unos y otros que nuestra influencia en la vida política era excesiva y los numerosos ataques que desde el comienzo de nuestro éxito se habían cerrado en mí como director se dirigieron a partir de entonces contra Jesús Polanco. La campaña acabaría siendo casi letal cuando optamos por una licencia de televisión.

El Análisis

UN PERIODISTA DE CONSEJERO DEL EMPERADOR

JF Lamata

Don Juan Luis Cebrián ya era el periodista más poderoso de España desde mucho antes de ser nombrado Consejero Delegado del Grupo PRISA, pero su nombramiento confirmaba su condición de mano derecha del Sr. Polanco. Parece lógico que un empresario cuyo negocio fuerte ya eran el periodismo quisiera tener a un periodista fuerte de número dos. Bien es verdad que eso sólo sirvió para que a partir de entonces, y ya para siempre, el Sr. Cebrián fuera linchado por la jauría que le acusaba de ‘traicionar al periodismo’, aunque probablemente muchos de esos críticos envidiaban el poder alcanzado por el Sr. Cebrián, un poder que ya hubieran deseado para ellos.

El otro que podía darse por satisfecho era el Gobierno de D. Felipe González, que tenía el control de RTVE (con la única televisión existente hasta ese momento) y un grupo periodístico ‘independiente amigo, con la radio y el periódico más leído.

J. F. Lamata

by BeHappy Co.