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Los familiares de las víctimas y el PSOE culpan de lo ocurrido al Gobierno Aznar y al ministro de Defensa, Federico Trillo

La doble tragedia del accidente de avión Yak-42: mueren todos los pasajeros y se identifican mal sus restos

HECHOS

  • El 26 de mayo de 2003, el vuelo UKM 4230 de UM Air se estrelló en Turquía cerca del aeropuerto de Trebisonda con 75 personas a bordo. El pasaje lo formaban 62 militares españoles, que regresaban a España tras cuatro meses y medio de misión en Afganistán y Kirguistán, todos ellos fallecieron.

29 - Mayo - 2003

Duelo y responsabilidad

Jesús Ceberio

Los 62 militares españoles fallecidos trágicamente a su regreso de Afganistán recibieron ayer unos honores sin precedentes, presididos por el Rey. El homenaje que horas antes les rindió el Congreso, a instancias de Zapatero y de Aznar, dejando para otros días sus escaramuzas parlamentarias, también estuvo a la altura de la tragedia. Ayer fue un día de luto, no sólo para las Fuerzas Armadas, sino para toda España.

Las Fuerzas Armadas españolas hace años que han dejado de ser un problema y se han labrado una nueva respetabilidad en las operaciones de paz en el mundo entero. Ese nuevo papel contrasta con los serios interrogantes que pesan sobre la falta de medios que este accidente pone en evidencia. Los fallecidos formaban parte de lo mejor que tienen las Fuerzas Armadas y la Guardia Civil. Si se les ha puesto en riesgo por unos medios de transporte deficitarios, se habrá incurrido no sólo en un absurdo, sino en una grave irresponsabilidad. El Gobierno tiene ahora la obligación de aclararlo en una investigación oficial que no deje ni un solo punto por dilucidar ni una responsabilidad por depurar.

Hasta ahora no se conoce la causa precisa del accidente, aunque lo único seguro es que ha habido un fallo humano o técnico. Sea culpa del avión o del piloto, al descartarse inicialmente otras hipótesis, las precauciones tomadas han demostrado ser insuficientes y los interrogantes abundan. ¿Por qué acudir a una empresa ucrania, de fiabilidad dudosa, a través de un intermediario contratado por una agencia de la OTAN, y no haber intentado siquiera que el servicio fuera prestado por compañías aéreas españolas o de países de la UE, además de estudiar otras rutas alternativas más seguras? ¿No sería más pertinente que Defensa tuviera medios propios para transportar a sus soldados, o en todo caso acudir a empresas fiables? Las declaraciones del ministro Trillo al defender la excelencia del avión ucranio Yakólev 42 o su polémica con la OTAN, resultan fuera de lugar y más parecen un intento de desviar las responsabilidades que de encarar el desastre.

Hay unos hechos que no tienen vuelta de hoja. España se ha comprometido a realizar misiones de paz a miles de kilómetros del territorio español, en un momento de reducción presupuestaria que afecta muy especialmente a los medios con que cuenta el Ministerio de Defensa. Nuestras Fuerzas Armadas, ya profesionalizadas, están desplazando en misión a estos países a personal especializado, que suma a su intrínseco valor humano su destacada preparación. Es razonable que sus familiares se pregunten si estos profesionales reciben el trato y la consideración que merece su esfuerzo, el riesgo y el sacrificio que hacen asumiendo disciplinadamente las tareas que les asigna el Gobierno. Tienen derecho a saberlo. Cuando se asumen compromisos militares en el mundo hay que estar a la altura de los compromisos adquiridos.

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