El doblaje esta dirigido por José Luis Sansalvador en los estudios Sonoblok

La película ‘E. T. El extraterrestre’ de Spielberg arrasa en España con un doblaje protagonizado por el hijo de Pepe Mediavilla

HECHOS

En diciembre de 1982 se estrenó la película ‘E. T.’ el extraterrestre.

 El director de cine, productor y guionista judío Steven Spielberg, nacido en Cincinnati, en Estados Unidos, ha conseguido con ‘E. T. El Extraterrestre’ fama en el cine mundial.

LOS RESPONSABLES DEL DOBLAJE DE ‘E. T., EL EXTRATERRESTRE’:

 El doblaje ha sido realizado en los estudios de Barcelona Sonoblok que dirige D. Arsenio Corsellas que también es actor de doblaje (voz de Sean Connery).

 D. José Luis Martínez Sansalvador ha sido el encargado de dirigir la película ‘E. T., el extraterrestre’. Lo que le permite proponer a los actores de reparto. “La mía es una elección honesta y con plena libertad por parte de la empresa propietaria de los estudios de doblaje. Pero los americanos exigen que les envíe tres o cuatro voces de prueba para cada personaje, y ellos hacen la elección fina. Spielberg puso la condición de que Henri Thomas, el niño de ‘E. T.’, es tuviera realmente doblado al castellano por otro niño”.

EL NIÑO ELEGIDO: JOSÉ LUIS MEDIAVILLA, DE 11 AÑOS

La voz del niño Elliot, el niño californiano que se despide de ‘E. T.’ con un ‘te quiero’ tras haber convivido con el alienígena durante tres semanas hasta hacerle sentir sus sentimientos es José Luis Mediavilla de 11 años de edad, de Guineueta y fue seleccionado personalmente por el director de cine Steven Spielberg desde sus estudios de Los Ängeles para que doblara la versión española de E. T., esa película en la que un niño es capaz de encariñarse con un ser de otro mundo hasta el punto de olvidarse de sus propia vida.

Corría elm es de julio de 1982 cuando José Luis recibió la llamada de los estudios Sonoblok. Se daba la circunstancia de que José Luis Mediavilla es hijo de D. José Mediavilla, que lleva 18 años trabajando en el doblaje en multitud dep elículas, fue precisamente ese parentesco lo que llevó a los técnicos de Sonoblok en pensar en él para la prueba porque, hasta ese momento a los niños los solían doblar mujeres. Y lo eligieron. Era la primera vez. En declaraciones a la prensa el pequeño actor confiesa que acabó soñando con E. T. “Las secuencias más difíciles son aquellas en las que tenía que llorar. En una de las últimas, cuando E. T. está a punto de volver a su planeta lloré de verdad. Al principio el bichito me daba un poco de asco pero después le cogí cariño”. Preguntado por periodistas sobre qué secuencia le costó más, este aseguró que cuando finge llorar viendo que E. T. se recupera a través de unas margaritas “Me habían dicho que tenía que ser de susto y de alegría a la vez y como tenía que estar inmóvil, no había manera”. En opinión del director D. José Luis Sansalvador el pequeño Mediavilla “es un actor en potencia”.

LOS MEDIAVILLA, UN SAGADE ACTORES DE DOBLAJE

 D. José Mediavilla, padre de D. José Luis Mediavilla, es un conocido actor de doblaje con centenares de papeles. Uno de los más célebres es el de doblar a Robert Mirchum en ‘Campeones’. Su otra hija, Dña. Nuria Mediavilla, también trabaja en el sector, ella de 16 años de edad, acaba de protagonizar el doblaje de la película ‘Cristal Oscuro’, que según los técnicos de Sonoblok “ha sido su mejor interpretación”. En declaraciones a un periódico el Sr. Mediavilla padre ha declarado que su hijo a entrado con buen pie en el mundo del doblaje: “Todos los actores esperan esa película. Llevo 18 años en la profesión y la gente me conoce ahora por lo de mi hijo. Esto es como si en mi época yo hubiera empezado doblando ‘Lo que el viente se llevó’ como Clark Gable”.

LAS SAGAS EN DOBLAJE 

 Las sagas de actores en doblaje son muy habituales. En la película ‘E. T. el extraterrestre’ a la hermana de Elliot lo doblará la actriz Vicky Peña, que es hija del histórico director de doblaje D. Felipe Peña. Su hermano, D. Roger Peña, también es actor de doblaje. Otra destacada actriz de doblaje que empezó de niña fue Dña. Marta Angelat, que puso la voz al niño de ‘Mary Popins’ su padre D. Josep María Angelat, interpretaba al Sr. Banks en esa misma película.

07 - Diciembre - 1982

El encuentro

José María de Areilza

¿Venimos los humanos del fondo de los espacios o procedemos del tiempo terrenal? La polémica sigue abierta en torno a las dos hipótesis en lucha: o hubo millones de años de evolución biológica en nuestro planeta hasta llegar a la especie erecta y razonante, o hubo una semilla caída en nuestra Tierra, procedente de lejanísimos astros y culturas. Al hombre de hoy, en todo caso, le fascina la cuestión.Muchas veces en la historia conocida ocurrieron encuentros entre distintas culturas. Momentos decisivos. Uno piensa en Colón al pisar el suelo de Guanahaní. En los primeros romanos que tropiezan en la Península con el celtíbero. En el papa León, que mantiene inmóvil en una entrevista inexplicable, junto al Po, al feroz Atila, con sus escuadrones listos para acabar con Roma. Al jesuita renacentista Mateo Ricci, que hace cuatro siglos deslumbró con su sabiduría a la dinastía de los Ming. Al gran Alejandro, enfrentado con los hindúes y sus paquidermos en las orillas del río Hidaspe.

El genio fílmico de Steven Spielberg ha compuesto ahora un cuento-para mayores, que enajena por igual a niños y adultos. Su extraordinario largometraje relata la historia del primer extraterrestre que llega, en gigantesca nave espacial, al suburbio de una ciudad norteamericana y es abandonado allí por descuido de sus tripulantes. Es una criatura razonante y sintiente, de traza reptilesca y piel viscosa. Tiene faz de batracio, cuello de tortuga y mirada a la vez pícara y triste. Respira con dificultad en nuestra atmósfera y emite gruñidos y gritos, aunque, finalmente, llega a repetir nuestros vocablos. Posee fuerzas desconocidas para actuar a distancia, levitar su cuerpo y comunicar su pensamiento. Es, desde el punto de vista de nuestra estética, un ser repulsivo, que incita al horror y al miedo. Tropieza con un muchacho de diez años que tarda poco en trabar amistad y ofrecerle secreto alojamiento y comida. No se inmuta el mozo ni se alborota ante la aparición, sino que lo encuentra todo natural y verosímil. Los adultos, en cambio, rastrean los contornos después del aterrizaje de la gran máquina del espacio, que fue visible a todas luces. Detectan la emisión de las hondas de ignota frecuencia del pequeño ser espacial. Y van cercando su escondite para darle caza.

El mito de la infancia soñadora y superrealista vuelve a encarnar ahora en el extraordinario encuentro del viajero estelar con el adolescente californiano.

El milagro de este filme está en su mensaje secreto. Su código cifrado de fraternidad y complicidad entre dos seres radicalmente diferentes, capaces, sin embargo, de camaradería y amistad, sin poseer apenas canales de comunicación entre sí. La intuición de la mocedad de nuestro tiempo -electrónica e informatizada- logra vencer rápidamente las barreras de la incomprensión. Es la alquimia de la ternura, como la ha llamado un gran crítico francés. Es decir, la apelación a un tipo de sentimiento profundo que subyace en nuestro yo, aunque se amontonen sobre su espontánea vigencia toneladas de prejuicios de respetos humanos y de instintos destructores y las brutales circunstancias aniquiladoras de la sociedad moderna.

ET-1, que casi muere a manos de la ciencia médica de vanguardia, empeñada en curarle después de su captura policiaca, apela a los suyos extraterrestres para que vengan a rescatarle. Y se lo llevan después de mil peripecias los muchachos amigos hasta el ingenio volador. La despedida es patética y recuerda a los grandes encuentros de la historia. “Ven con nosotros”, le dice el extraterrestre a su amiguete humano. “Quédate conmigo”, le contesta Elliot al que vino de tan lejos. Es como un símbolo de los diálogos no siempre pacíficos entre las culturas rivales. Los viejos mitos que pueblan el jardín de la infancia de Grimm, de Andersen y de Selma Lagerlof se enriquecen ahora con un nuevo dúo de personajes, Elliot y ET-1. La fuerza de sugestión de este imaginario visitante es precisamente su humilde fealdad. No es ni arrogante, ni poderoso, ni apolíneo como los supermanes. Sino deforme, estrábico, balbuciente, y aparentemente infrahumano. Su inmensa comprensión y su oferta de generosa convivencia hacen olvidar para siempre su encuadramiento en los cánones rutinarios de nuestra estética al uso.

Unamuno, en sus recuerdos de niñez y mocedad, decía que eran los años de la primera experiencia vital aquellos en que las lecturas se hacían carne. Ahora son los filmes y sus personajes quienes se integran en el espíritu de nuestros hombres de mañana con la fuerza de su imaginaria personalidad. El homúnculo del espacio que se quedó unos días, por error, entre nosotros, traía un mensaje de paz y de convivencia desde las remotas galaxias separadas por el frío y el silencio. Toda especie de vida racional que pueda existir en el universo ¿latirá acaso con un mismo sustrato de esperanza?

07 - Diciembre - 1982

Yo también quiero mi extraterrestre

Diego Galán

Spielberg no es un gran inventor, pero sí un inteligente manipulador de ideas ajenas. Los niños que ocultan a un ser excepcional de los ojos de los adultos tienen en el cine numerosos precedentes geniales. E. T. recupera la misma situación dramática para conducirla hábilmente por los caminos de la comedia y el melodrama, de la fantasía y el espectáculo brillante, de forma que cualquier recuerdo de películas anteriores debe quedar marginado, sin comparación. Spielberg se dirige hacia caminos nuevos utilizando fragmentos de obras conocidas, pero el resultado de E. T tiene tal frescura narrativa que puede considerarse completamente original.El monstruo extraterrestre que, por error, permanece en la Tierra no se parece a otro: puede recordarnos en ocasiones al desamparado Frankenstein o a los repelentes enanos de Blancanieves; en el primer caso, su desvalimiento se deformaba por el terror y, en el segundo, la bobería reemplaza a la auténtica ingenuidad. La ternura, la soledad y la inteligencia de E.T. emociona al espectador, entre risas y una ligera complicidad en la tristeza. ¿Quién no ha sentido su mismo miedo, tan lejos de casa, tan frágil? Allá arriba, en su hogar, están quienes le entienden y le quieren: es igual a ellos. No debe temer, no puede morir.

T. El Extraterrestre.Director: Steven Spielberg. Guión: Melissa Mathison. Fotografía: Allen Daviau. Música: John Williams. Intérpretes: Henry Thomas, Peter Coyote, Dee Wallace, Robert MacNaughton. Norteamericana, 1982. Aventuras fantásticas. Local de estreno:Palafox, Arlequín y Cristal.

Es fácil cautivarse a sí mismo con el niño protagonista, protector de ese monstruo, amigo incondicional que penetra en sus emociones, porque ese niño puede levantarnos la vieja ilusión de lo imposible, de la amistad que supera barreras y frustraciones. Desde La isla del tesoro a la leyenda de Peter Pan alguna vez hemos soñado en la aventura heroica que nos releve de la programada mediocridad de cada día. ¿Quién no ha querido proteger a, un ser único en el que poder reflejarnos? ¿Quién no ha querido tener un secreto que nos diferencie, una razón privada en la que volcar los afectos que no se expresan en la realidad?

Spielberg ha construido un guión que sabe hacer progresar la acción intercalando la sorpresa, la sonrisa y la lágrima, sin que el espectáculo decaiga; ha fabricado un muñeco cuya fealdad se humaniza con expresiones y giros asombrosamente perfectos; ha sabido ilustrar el peligro de que los adultos interrumpan la entrañable amistad de niño y extraterrestre con el apunte sutil de que sólo en ellos reside la destrucción… Los últimos momentos de la película alargan sensibleramente las despedidas; Spielberg era consciente de ello cuando, en el festival de Cannes, anunció la posibilidad de reducirlas. No le ha hecho falta.

Ese éxito transforma E. T. en un dato sociológico que supera los límites de una película. Serán muchos los que aportarán sus interpretaciones tratando de saber qué hay en el interior de este brillante espectáculo que tanto nos conmueve. Es evidente que fuera de la industria norteamericana no cabría un proyecto como éste, y ello quiere decir también que, sin su capacidad publicitaria, E. T. no hubiera obtenido el reconocimiento de todos. Pero en este caso, hay algo más que mucho dinero, y justo es reconocerlo así. E. T. es una película impar, capaz de apasionar a públicos muy distintos. Por primera vez en muchos años los críticos y los espectadores se han aunado en el entusiasmo. Cada uno de ellos ha podido desear en la intimidad ser alguno de los personajes centrales de la película.

10 - Abril - 1983

Canto al doblaje

Manuel Martín Ferrand

Imaginaos por un momento a Jesús en Tierra Santa. Recoge con la mano izquierda los pleigues de su túnica, levanta los ojos al cielo, dirige después la vista a quienes le rodean y les falgela con una mirada. Se sosiega y dice:

“Hypocrita, eice primum trabam de oculo tuo et tunc videbis elcere festucam de oculo fratis tui”.
Para los enemigos del doblaje ahí terminaría la historia. Todo más, mientras el Maestro dirige la palabra, peude salir San Pedro, en cuclillas, con un cartelito en que pueda leerse: “Hipócrita, saca primero la viga de tu ojo y entonces verás para sacar la mota del ojo de tu hermano”.

Cierto es que, para los amigos del doblaje mientras habla Jesús, mientras mueve sus labios, no debe emitir sonido alguno y, por detrás y disimuladamente, San Mateo, en correcto castellano, enfaitzando lo que conviene, debe recitar: “Hipócrito, saca primero la viga de tu ojo, y entonces verás para sacar la mota del ojo de tu hermano”.

Todo se arreglaría si todos supiéramos latín, pero no es así. Latín ya no saben ni los curas y además y para ser exactos, Jesús hablaba en hebreo.

Los dobladores son, a pesar de lo mucho que les vituperan los cinéfilos pedantes y quienes presumen de entender, sin problemas, a Richard Burton, intemrediarios del entendimiento. El chico le dice a la chica “te amo” y , gracias a los dobladores, entienden la frase en Banyolas, en Alisabeba y en Pekín.

Basta que alguien susurre por detrás el ‘t´estimu’ o el ‘I Love’ que requiere el caso. Nos quedamos con ello, sin conocer los sonidos de los mitos del Siglo XX, pero alcanzamos a conocer sus ideas y sus pensamientos. Tampoco es cosa de magnificar tanto los sonidos a no ser que no se crea de verdad la majadería esa según la cual una imagen vale más que mil palabras.

Manuel Martín Ferrand

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