12 diciembre 1943

Guionistas, directores, críticos y actores comparten argumentos contra esta práctica artística declarada 'obligatoria' por la dictadura del General Franco

La revista cinematográfica PRIMER PLANO realiza la primera campaña contra el doblaje al castellano de películas extranjeras

Hechos

  • Durante el año 1943, en especial en sus números de octubre, noviembre y diciembre, la revista PRIMER PLANO publicó varios reportajes sobre la práctica del doblaje de películas extranjeras al castellano en España.

Lecturas

La revista está dirigida por D. Adriano del Valle y tiene a D. Alfonso Sánchez como crítico estrella.

10 Octubre 1943

¿Es un grave atentado el doblaje?

Alfonso Sánchez

Primer Plano

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Con gran oportunidad ha salido a la pública discusión la polémica sobre el doblaje. Hace tiempo que otras cinematografías revisaron sus ventajas e inconvenientes, adoptando el único fallo posible en este pleito: suprimir un sistema incompatible con el arte y que constituye un grave atentado contra la industria cinematográfica propia en beneficio de las exóticas. Simple medida que ha bastado a algunos cinemas, como el argentino, para servir de soporte a su desarrollo, pese a una competencia que, por razones de proximidad geográfica y de política comercial, parecía insuperable.

Urge hoy revisar toda las trabas que se oponen a que nuestro cinema dé un impulso decisivo para ocupar el puesto que está llamado a desempeñar en el conjunto de la cinematografía mundial. Uno de los principales títulos que puede aducir para llegar a ese puesto privilegiado es el idioma, que no puede, por tanto, enajenarse sin que el cine español acuse el quebranto comercial. Y el cinema, dada su especial índole, necesita una sólida industria para poder abordar cualquier creación artística de mediana ambición. Existen, además, otras muchas razones que aconsejan conservar en nuestras manos este arma poderosa del idioma. No olvidemos, para ello, el alto valor espiritual de las obras escritas en española. Ello es sumamente interesante en estos momentos, acaso los más propicios, para que se imponga, con la fuerza a que nuestra tradición nos da derecho indiscutible, un cinema de habla española, del que estamos llamados a ser rectores.

En medio siglo de existencia, el cinema atravesó muchas etapas marcadas por el signo de la técnica. Durante buena parte de ese tiempo estuvimos ausentes del esfuerzo porque nunca tuvimos vocación de laboratorio, que despreciamos por más altas y románticas empresas. Fijemos la atención en el momento crucial de la llegada del cinema sonoro y en la conmoción artística e industrial que su invención produjo. El idioma venía a delimitar fronteras hasta entonces inexistentes. Lo advirtió pronto Hollywood, que sobre la marcha intentó crear un cine español, lengua que se erigía en peligro rival del inglés. No fue su intención crear un gran cinema en español, sino simplemente mantener el control de unos mercados productivos. Apenas pasó el peligro de la primera desorientación, Hollywood abandonó el propósito y volvió a encomendar a sus films propios la misión de mantener la supremacía. Para ello contaba con una industria fabulosa, con muchos años de experiencia y con el reclutamiento, a fuerza de dólares, de todos aquellos elementos capaces que fueran surgiendo a lo ancho de todo el orbe. Por varios motivos no supimos aprovechar aquella gran coyuntura para imponer nuestro cinema. Bien es cierto que no estábamos preparados para tan gran tarea. Sin embargo, la ventaja del idioma permitió que muchos de nuestras producciones fueran magníficos negocios dentro y fuera de las fronteras propias y el que se produjera una cantidad cada vez mayor de películas. Este movimiento parecía destinado a desembocar en la constitución de ese ansiado cinema español. Mucho más cuando el nuevo Estado, dándose cuenta exacta de la real importancia del cinema en la vida actual, le dedicó su apoyo decidido. Más ese ritmo se ha quebrado en desventaja de nuestro cine, y una de las principales razones hay que buscarla en los doblajes.

Justo es reconocer que la técnica del doblaje ha sido notablemente mejorada, hasta dar a una gran masa la sensación de cosa auténtica. Mucho tiempo antes de que el doblaje se implantase sistemáticamente en nuestras salas, buena parte de la producción norteamericana era doblada en España y enviada luego a la América de habla castellana, con lo que aumentaba su calidad para dar la batalla a nuestra producción. Ello era grave, pero no decisivo. Lo es, en cambio, el que el doblaje se haya convertido en habitual dentro de nuestras fronteras. Por dos razones principales, que en realidad una es consecuencia de la otra.

Existe una gran masa de público, cliente de una cantidad considerable de salas de proyección, que no puede seguir cómodamente la visión de una película hablada en idioma extraño con la simple ayuda de títulos en español. Como la única preocupación de esos espectadores al existir un cinema es la de llenar unas horas de ocio, eligen necesariamente aquel espectáculo que les es más asequible, y en la alternativa preferirán siempre una película que entiendan cómodamente a aquellas que les ofrezca dificultades. El idioma obra así de poderoso elemento clasificador. Y los beneficios económicos que ello produce tienen carácter decisivo para el saneamiento de una industria cinematográfica propia. No cabe duda que si desaparece este elemento del idioma, al igualar la producción española con la extranjera, nuestras películas tendrán que dar la batalla de la competencia en condiciones de suma desventaja y sin contar con el apoyo más eficaz en su favor. Porque es ilusorio pretender que nuestro cine está ya en condiciones de competir a cuerpo limpio con las principales cinematografías extranjeras. Nos llevan muchos años de ventaja y cuenta con una industria poderosa que permite situarse siempre en mejores condiciones. Cada película producida por esas cinematográficas cuesta una cantidad fabulosa de dinero, con el que se han reclutado el mejor equipo artístico y técnico posible, y como el mercado español es tan sólo una parte de todo su ámbito comercial, esa película se ponen en explotación en España por una cantidad inferior al coste de una mediana película española. Es inútil pretender que, por mucho que sea la calidad y el entusiasmo de nuestros artistas y técnicos, puedan producir una película idéntica categoría con una cantidad veinte veces inferior y con unos elementos que no llegan a la centésima parte de los puestos al servicio de la extranjera. Sí, además a esa película se le dota de un doblaje en español, con lo que planteada así la situación nuestros productores basan su negocio en la explotación de la película extranjera y sólo utilizan la española como elemento de transacción mercantil, cortando de raíz toda ambición artística. La simple desaparición del doblaje, daría supremacía al film español y le convertiría en objetivo principal, ya que se aumentaría en proporciones enormes la profundidad del mercado, lo que permitiría un mayor presupuesto en nuestras películas con las consiguientes ventajas en todos los órdenes.

Aun es más monstruoso el atentado que el doblaje comete en el aspecto artístico. Asombra el que gentes que ejercen el oficio de directores de cine aduzcan el argumento de que ir contra el doblaje es como censurar la traducción de novelas o comedias. Argumento estúpido, ya que el problema no es de ‘traducción’, sino de ‘interpretación’. Poco importa el que los diálogos sean más o menos correctos: ello se resuelve encargando las adaptaciones a escritores de calidad. Una novela o una comedia puede conservar íntegras sus calidades en cualquier idioma: pero la emoción no es la misma cuando se trata de uno u otro intérprete. Hoy el actor de cine necesita de muchas buenas condiciones, y una de las principales es ‘saber decir’ y poseer una voz agradable. La emoción estética provocada por la misma escena varía profundamente según los actores encargados de interpretarla. Hay una estrecha relación entre gesto y palabra que no puede romperse impunemente de una manera artificial. Recuérdese como la llegada del sonoro sumió en el olvido a la mayor parte de los magníficos intérpretes del mudo por no ‘saber decir’, y, en cambio, abrió el camino a muchos otros. Ahí está para demostrarlo el caso concreto de William Powell convertido de ‘malo’ en actor de máxima categoría, simplemente por la gracia de su dicción. Y el hecho de que los norteamericanos, maestros en estos menesteres del cinema, jamás doblen a un intérprete en el extranjero contratado por sumas exorbitantes y esperen pacientemente a que aprenda el inglés. La emoción de la voz es decisiva y no puede arrebatarse. Ocurre, además, que casi todos los doblajes, por impericia o ahorro económico, suprimen o sustituyen un elemento emotivo tan importante como es la música y los ruidos de fondo. Es decir, que toda la banda sonora, elemento de trascendental importancia en la película, se ve perturbada por el doblaje. No hay, pues, ninguna razón seria comercia, o artística que actúe a favor del mantenimiento de un sistema que tan catastróficas consecuencias tiene para el porvenir del cinema español, que es lo que a nosotros debe preocuparnos. Nos preguntamos, pues ¿es un grave atentado el doblaje?

Alfonso Sánchez

12 Diciembre 1943

Voces que no quieren ser dobladas ni doblegadas

José Luis Sáenz de Heredia

Primer Plano

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Para dictaminar conclusiones definitivas sobre el doblaje, hay que estar mucho más al tanto de lo que yo estoy del aspecto comercial del ramo de ‘exhibición’.

Yo únicamente puedo asegurar sin miedo a proceder alegremente que el doblaje perjudica a nuestra producción. Entre otras muchas razones, ya esgrimidas, es indudable que una película doblada se sostiene más tiempo en los carteles

Así, pues, y no sólo por esto, soy un convencido del perjuicio; y como me falta elementos de juicio para aconsejar a rajatabla la supresión total del doblaje, es mi parecer que el asunto debe estudiarse con cuidado por los organismos competentes y reglamentar sobre el problema, para lo cual puede muy bien servir de base la conducta observada por otras naciones.

Sáenz de Heredia

19 Diciembre 1943

El Doblaje, voz de Esopo

Carlos Macias Burgos

Primer Plano

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Sólo unas mentes simplistas pueden creer en el milagro de un cine español carente de toda protección e inerme en la lucha contra otras cinematográfías técnicamente adelantadas. Y este primitivo ignaro y milagrero llega a ser bobería cuando, además, a esa competencia se le prestan las propias armas de la lucha. Es ignorar, sin duda, qué complejas relaciones, qué barreras protectoras instauró ese cine que nos llega de fuera, vigoroso y fácil. Y es desconocer que el cine – aventura económica de muchos millones – exige, a la par que el esfuerzo y el genio de su creación, una estructura nacional que se manifieste en medidas de legítima defensa. No propugnamos una aldeanía estrecha de lo cinematográfico y estamos lejos de todo robinsonismo. Creemos que la alta escuela de la cinematografía extranjeras es útil y todavía necesaria. Pero también sabemos que no será posible realizar ciento cincuenta películas españolas anualmente mientras no impongamos las medidas de autoprotección que comenzó por practicar ese mismo cine que hoy llega a nuestras pantallas como un alarde de facilidad. En el principio fue, literalmente, el verbo. Y afuera, pues, el doblaje.

Nada hay más peligroso, y a la larga más perjudicial, para la prosperidad de una industria cinematográfica, para la cinematografía nacional, que la concesión gratuita de su idioma a lo extranjero. Bien está en un período de transición. El doblaje no es un ideal realizado e inmutable, sino un mal, a veces necesario, como ha sucedido hasta ahora. Pero una cosa es la etapa anormal en que una cinematográfia tantea sus caminos y realiza su aprendizaje, y otra el prolongamiento indefinido, nocivo y complaciente, de esa etapa con merma de la plenitud propia.

Ahora llega el momento de las medidas revolucionarias. ¿Estamos ante la mayoría de edad de nuestro cine? Nuestra industria ¿puede llegar a un máximo de tensión en su esfuerzo, y este esfuerzo ha de traducirse en un cine como el que queremos todos, auténtico e informado por nuestra alma, por nuestro sentir, para las almas de los dos lados del Atlántico? Entonces no basta con que la política económica y cinematográfica nacional se restrinja a un ritmo lento de producción y a un doblaje de las cintas extranjeras. Manteniendo este proceso limitativo, acabará por enflaquecer, por empeorar de claridad nuestra propia producción. Es más económico – y a veces más productivo, al menos en sus consecuencias inmediatas – traer una cinta de fuera y traducirla aquí al idioma español, que es mulltitudinario. ¿Quién duda que sea así? Pero esto es el suicidio de nuestro cine y la dependencia de España en espíritu y económicamente, de cinematografías extrañas,

Todos los Estados que se han planteado el problema en sus raíces más puras, las de una política para el futuro y las de una garantía espiritual sobre las masas, han comenzado por suprimir o restringir esas concesiones internacionales en la tela blanca de las pantallas. Que venga cine de fuera. Pero con su idioma. Sacrifiquemos la facilidad inmediata y aparente, la bobería de poner nuestro castellano al servicio del centelleante gesto de cualquier Rebeca. No pedimos sino las medidas que ese mismo cine ha utilizado para formarse e imponerse, simplemente. Y lo hacemos pensando que es el paso definitivo que al cine hispano, con la profundidad y extensión del vocablo, reclama para ser o no ser. Que un cine español en el mundo – con nuestro espíritu, como módulo de un pueblo – sea posible en breve lazo sólo depende de nosotros mismos, en el espejo del ejemplo ajeno.

No más doblaje. No más ese absurdo económico y espiritual por el que atacamos nuestros propios intereses. En legítima defensa de la Cinematografía nacional alzamos nuestra voz. Y si para aquellos resabiados que crean que esto es encerrarse en un aldeanismo cinematográfico, les ofrecimos en nuestro número anterior las opiniones del os más relevantes cinematográfistas españoles hoy traemos aquí las de técnicos, guionistas, críticos y directores extranjeros que se han manifestado igualmente contra el doblaje en diversas ocasiones.

Vayan pensando en esta coincidencia de aquellos para los que el cine es la preocupación de cada día, aquellos para los que las películas dobladas son la voz prestada de Esopo cada tarde, de aquel fabulista que fue el precursor del doblaje al hacer hablar y menitr su voz humana a toda la animalia, por ejemplo, que salvó Noé en su Arca.

Carlos Macias Burgos

26 Diciembre 1943

Los números cantan en el micrófono del doblaje

Alberto Garcilópez

Primer Plano

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El doblaje – esa invención del demonio – pone al cine español en trance de ser o no ser. Hemos aducido aquí razones de alto símbolo espiritual que están por encima de toda matemática. Pero también los números cantan. Y esto número son lo de la industria cinematográfica española. Un capital que podemos fijar por encima de los cien millones de pesetas constituye la estructura naciente de nuestra cinematográfica, que aspira, como es lógico – y es legítimo – a una incrementación y a un honrado desenvolvimiento. Las actuales corrientes de dinero, favorecidas por la coyuntura económica, se orientaban hacia el cine. Nuevos estudios, con palpitación de sistole y diástole de una creciente actividad brotaban sobre la glacinematografía española. Un feliz augurio, unos éxitos, un horizonte optimista en competencia con lo que viene de fuera… Pero contra lo que no se puede luchar es ocntra el absurdo antieconómico, antivital, de prestar las propias armas al contrario. Hoy hay índices de perplejidad. De alarma incluso. Sabemos hasta qué punto una industria cinematográfica, que arriesga limpiamente su dinero – muchos millones – está en condiciones de inferioridad contra una industria de doblaje, que no arriesga nada. Esa onda de esperanza del cine español late con la angustia de esta amenaza. Si queremos las ciento cincuenta películas españolas que movilicen dinero español, contribuyan a dar dinero a los artistas españoles que movilicen dinero español, contribuyan a dar dinero a los artistas españoles y rindan a la Hacienda española, hay que restringir inexorablemente el doblaje de las películas extranjeras, bonito negocio en que no se arriesga nada y España no se beneficia en nada. Ni económicamente. Ni, por supuesto, espiritualmente.

El doblaje, como sistema, es monstruoso. Pero, además, es el suicidio de nuestro cine.

Alberto Garcilópez