Las memorias de Segismundo Casado causan una gresca del diario PUEBLO contra Ricardo de la Cierva y EL ALCÁZAR

HECHOS

En octubre de 1967 tanto el diario PUEBLO como el diario EL ALCÁZAR publicaron fragmentos de las memorias del Coronel Segismundo Casado sobre su papel durante la Guerra Civil.

30 - Octubre - 1967

Chupar rueda

PUEBLO (Director: Emilio Romero)

Cinco años lleva residiendo en España el coronel Casado, jefe del Ejército del Centro en la zona republicana durante la guerra civil. Nuestros redactores Bueno y Segura le localizaron, y PUEBLO convino con el famoso militar una exclusiva de sus memorias. Era un verdadero acontecimiento periodístico, porque al coronel Casado le correspondió protagonizar uno de los episodios más sobresalientes de la guerra, como fue el de negociar la rendición con el Ejército Nacional e impedir el asalto comunista a Madrid. El coronel Casado, hasta el momento – después de veintiocho años de aquello – no había hablado.

Exactamente a las cuarenta y ocho horas del comienzo de esta exclusiva mundial de PUEBLO, nuestro colega EL ALCÁZAR sin el respeto tradicional en estos casos a un tema resucitado por otro periódico, hace un recomposición de aquellos episodios y ofrece un descarado remedo del asunto. Afortunadamente para nosotros nuestros textos son las memorias, inéditas, del propio coronel Casado, con quien personalmente hemos contratado su publicación en rigurosa exclusiva.

Esta conducta rompe los hábitos seguidos hasta la fecha entre profesionales, y cuando alguien comete esta prueba de impotencia profesional que es la falta de originalidad y se imita lo que hacen otros, los deportistas nos han legado una estupenda calificación que se llama ‘chupar rueda’.

Nosotros lamentamos que tanta juventud innovadora como se declara que se tiene y tanta arrogancia profesional como se exhibe ofrezca el pobre testimonio de ‘chupar rueda’ ante el sentido de anticipación de los demás, que es, en nuestro mundo periodístico, uno de los atractivos más fuertes.

31 - Octubre - 1967

Las ruedas de la historia

Luis Apostua

Debido a imprevistos y graves dificultades administrativas, por completo ajenas a nosotros, el catedrático de Historia don Ricardo de la Cierva no puede proseguir en nuestras páginas su colaboración titulada ‘Revisiones de Historia Contemporánea”.

Lamentamos mucho tener que prescindir de una serie muy interesante y largamente preparada y meditada para nuestras páginas, en cuya elaboración ya se habían consumido más de dos meses en la tarea de aportar material gráfico inédito y resumir coherentemente la ya larga obra de este joven historiador.

Pero, una vez puesta buena cara a la adversa fortuna, EL ALCÁZAR honra el compromiso contraído con sus lectores y presenta en estas mismas páginas el primer capítulo de la obra de nuestro redactor don Mariano del Mazo Zuazagoitia, también muy de antiguo instigador de los hechos de nuestra guerra y poseedor de un cúmulo de datos que harían las delicias de no pocos historiadores profesionales.

Aclarada la causa de la sustitución del ‘espada de turno’, mediante estas líneas insertas en la cabecera de la página como manda el reglamento, pasemos a otro capítulo tratando de nuestro colega PUEBLO, único depositario de todas las éticas que en el mundo han sido y, posiblemente, de alguna más aún no escrita.

¿Oyeron ustedes hablar de la supresión del Santo Oficio?

Era el organismo encargado de denunciar errores, condenar desviaciones, perseguir herejes y anonadar a díscolos. Pues si oyeron hablar de que tan antiguo oficio fue suprimido, apunten en sus agendas el hecho de que parece haber trasladado sus cartapacios a Huertas 73, en la ciudad de Madrid, distrito postal número 14.

En consecuencia, nadie se atreve a moverse por donde PUEBLO se ha movido, ni a decir dónde PUEBLO lo ha copiado; nadie se atreve a tratar un tema genérico si ese día PUEBLO ha dispuesto lo contrario; nadie se atreve a denunciar los errores de una historia vieja de treinta años ni a presentar otros testimonios si el pequeño ‘santo oficio’ de la calle Huertas se cree en posesión de la verdad.

El hecho de que PUEBLO plagie descaradamente no tiene Importancia. Que, para no ir más lejos, PUEBLO reproduzca como propio el día 13 de este mes de octubre un articulito titulado ‘Lo que no podrá hacer la hija de Dean Rusk’ sin tomarse la molestia de decir que eso lo ha traducido al pie de la letra de la revista francesa ‘Cándide’ no tiene importancia. Pero si lo hubiera hecho cualquier otro periódico, ¡qué gran tizonazo hubiera llevado de los celosos guardianes del cartapacio del ‘santo otificio’!

Puesto que arrieros somos y en camino andamos, dejémonos tranquilos unos a otros y demos a nuestros respectivos lectores lo que cada uno en su estilo – y en las fechas en que le dé su españolísima real gana – crea más conveniente. En un negocio público  como éste de los periódicos, sólo los libérrimos lectores tienen la palabra; y si la legión de lectores de EL ALCÁZAR aumentó el sesenta por ciento – según las estadísticas públicas de la OJD – en el primer semestre de 1967 respecto al segundo semestre del año anterior, por algo será.

Y ese algo, desde luego, no es ‘chupar rueda.

Luis Apostua Palos

01 - Noviembre - 1967

Carta del Coronel Casado

Segismundo Casado

Don Segismundo Casado, cuyas memorias inéditas está publicando PUEBLO en rigurosa exclusiva mundial, dirige a nuestro director la siguiente carta con fecha 31 de octubre.

Estimado amigo: Con profundo desagrado he tenido ocasión de leer en el diario EL ALCÁZAR el anuncio de una serie de reportajes en el que se incluyen los papeles y el album del coronel Casado, según dice textualmente el citado periódico en la primera página de su edición de ayer. A este respecto, me veo en la obligación de aclarar:

  1. 1) Que yo no he entregado ni una sola línea de mis memorias a nadie, excepto a PUEBLO.
  2. 2) Que tampoco he entregado ningún album a nadie. Mal podía entregar un albun de fotos cuando nunca lo he tenido.
  3. 3) Que bajo ningún concepto EL ALCÁZAR ha solicitado mi opinión absolutamente necesaria, atendiendo a las más elementales normas de cortesía y de respeto a la intimidad ajena, respecto a la publicación de una nota mía en la que exponía la situación de los pasos dados ante las autoridades españolas para obtener los derechos pasivos. Entiendo que este es un asunto personal e intransferible y que EL ALCÁZAR debió solicitar mi autorización antes de sacar a la luz pública un documento privado.

Esperando que mi carta aclare definitivamente esta enojosa situación, le saluda muy atentamente y queda a su disposición.

Segismundo Casado

01 - Noviembre - 1967

Abuso

PUEBLO (Director: Emilio Romero)

Firmada por su director, don Luis Apostua Palos, EL ALCÁZAR de anoche intenta una réplica a nuestra nota del pasado día 30 titulada ‘Chupar rueda’. El señor Apostua comienza diciendo: “Debido a imprevistas y graves dificultades administrativas, por completo ajenas a nosotros, el catedrático de Historia don Ricardo de la Cierva no puede proseguir en nuestras paginas su colaboración titulada ‘Revisiones de la Historia’ contemporánea”.

¿Qué le ha ocurrido a EL ALCÁZAR? ¿Cuáles son esas graves dificultades administrativas? La carta del coronel Casado que publicamos en la primera página de hoy es clara en cuanto a los documentos que el frustrado cronista de EL ALCÁZAR aportaba en su primer trabajo: Nadie le pidió permiso para dar a la luz pública unos documentos privados. ¡Cómo obtuvo esos documentos EL ALCÁZAR? Es muy sencillo y muy lamentable: Resulta que su colaborador, el Sr. De la Cierva, es un funcionario en la Dirección General de Información del Ministerio de Información y Turismo. ¿Y a qué se dedica este ilustre funcionario en el Ministerio? Pues el señor De la Cierva tiene a su cargo la sección de la Cruzada Española, que cuenta con un equipo de investigadores por él coordinado, para la elaboración de una Historia de la Guerra Civil Española. Este trabajo que se realiza con el dinero de los españoles es el que ahora pretendía explotarse en beneficio de una empresa privada: EL ALCÁZAR.

Naturalmente, esas imprevistas y graves dificultades a que alude ayer el director de EL ALCÁZAR no podrán ser otras que la intervención del Ministerio de Información ante la osadía del señor De la Cierva y EL ALCÁZAR que conculcan el orden jurídico vigente al hacer uso indebido de unos documentos que son propiedad de todos los españoles, quienes pagan, espléndidamente por cierto, al señor De la Cierva y su equipo. Este equipo tiene a sus servicios el enorme arsenal de libros sobre la Guerra Española, fotocopias, archivos mecanógrafas, etc. Parece claro que se ha faltado al principio de fidelidad a la Administración.

Este es, en resumen, el affaire de EL ALCÁZAR. PUEBLO no se siente ‘depositario de todas las éticas que en el mundo han sido’, como dice nuestro colega. PUEBLO salió al paso de la descarada falta de estilo de EL ALCÁZAR poniéndose a la rueda de una limpia exclusiva obtenida por PUEBLO y sirviéndose por añadidura, como ahora se descubre de un material que es propietario del Estado, es decir, patrimonio de los españoles.

Al hilo de su intento de respuesta, el director de EL ALCÁZAR aprovecha también para acusarnos de plagiarios, porque ‘sin ir más lejos’, el pasado día 13, en esta misma página, se publicó un pequeño recorte en el que se recogía un articulito de ‘Candice’ sin citar la procedencia. Esta omisión, que reconocemos, fue del todo involuntaria y se explica fácilmente a cualquiera que conozca lo que es de verdad un periódico diario en su interior donde los ‘fantasmas’ de la imprenta amenazan por doquier. Así debieron comprenderlo incluso los del propio ‘Candice’ que ni siquiera reclamaron. Pero ahora – ¿a santo de qué? – viene a reclamar por ellos EL ALCÁZAR, periódico del que ‘sin ir más lejos’, hemos recogido en ocasiones párrafos de sus editoriales y artículos, citando siempre, como en los demás casos, la procedencia, y olvidando en cambio las reverberantes pasiones que provocan en el rotativo eso destemplados artículos contra PUEBLO, faltos de razón de estilo y de gracia literaria.

Por otra parte, ahí están los archivos de dos meses para demostrar que el proceder de Mesa de Redacción ha sido siempre, cuando menos, limpio y respetuoso con los demás, y nunca ha tratado de atribuirse como propias cosas que son de otros o que son de todos. Actitud esta no tan común como pudiera pensarse. Porque ‘sin ir más lejos’ y hablando de plagios, podríamos recordar a EL ALCÁZAR la historia aquella del buen cura que escribía bellos cuentos en un vespertino de Madrid, y luego resultaba que los cuentos – ¡oh, escándalo, oh dolor! – en ocasiones no eran suyos. Y es que ya saben ustedes: unos crían la fama…

03 - Noviembre - 1967

Carta del ministerio a PUEBLO

Joaquín Juste

Mi distinguido amigo: en la página tercera del número del miércoles primero de noviembre del diario PUEBLO se publica un artículo titulado ‘Abuso’, en el que se formulan graves acusaciones contra don Ricardo de la Cierva, jefe de la Sección de Estudios sobre la Guerra de España, sección que depende de esta Secretaría General Técnica y no de la Dirección General de Información, como en ese artículo se dice.

En relación con dichas imputaciones, me complazco en poner en su conocimiento lo que sigue.

  1. Ninguno de los documentos aducidos por el Sr. De la Cierva en otro diarios vespertino de Madrid forma parte del material existente de la sección de la que dicho señor es jefe, ni de ninguna otra del Ministerio de Información y Turismo. La sección de Estudios sobre la Guerra de España que contiene abundantes fondos bibliográficos, carece casi completamente de fondos documentales.

 

  1. La utilización por parte del Sr. De la Cierva de los fondos de su sección no hubiese constituido en ningún caso un hecho punible y ni siquiera indelicado. Los fondos en cuestión se hallan a la disposición de todos los investigadores que desean hacer estudios sobre las materias a que los mismos se refieren. Entre las muchas entidades y personas a las que se ha facilitado ayuda para sus trabajos históricas figura, precisamente, uno de los dos redactores de PUEBLO que elabora la actual serie de reportajes dedicada al último periodo de la guerra de Liberación.

 

  1. La razón por la que se ha prohibido al señor De la Cierva continuar la colaboración iniciada es otra. En efecto, las normas contenidas en el capítulo VII del título III de la ley articulada de Funcionarios Civiles del Estado, de 7 de febrero de 1964, prohíben que en determinadas circunstancias los funcionarios publiquen artículos firmados sobre materias relativas a su trabajo oficial sin previa autorización expresa de la superioridad. La ausencia de este requisito puede y debe ser considerada como una falta leve de carácter puramente administrativo, que no pone de ninguna manera en entredicho la honorabilidad ni el buen nombre de don Ricardo de la Cierva, catedrático de la Historia y funcionario del que sus jefes, en general, y el secretario general técnico, en particular, tienen un excelente concepto,, y cuyo nombramiento para este cargo se debió precisamente a su anterior especialización en el tema de la guerra de España.

 

  1. Parece necesario, por último, señalar también que las remuneraciones percibidas por el Sr. De la Cierva y por sus colaboradores son las legalmente establecidas e iguales a las de los otros funcionarios del ministerio que ocupan puestos de similar categoría. Creo que sería injusto, desgraciadamente, calificarlas de espléndidas.

 

Mucho le agradeceré, señor director, la publicación de estas líneas, que rectifican la imagen, sin duda equivocada, que se daba de la personalidad del señor De la Cierva en el artículo a que me refiero al comienzo de esta carta.

Le saluda atentamente su afectísimo amigo.

 

Joaquín Juste

03 - Noviembre - 1967

Nota de Redacción

PUEBLO (Director: Emilio Romero)

  • – Don Ricardo de la Cierva era jefe de Estudios sobre la Guerra de España del Ministerio de Información y Turismo – cosa que nadie había negado – y que pretendía publicar unos reportajes de estos asuntos en el periódico EL ALCÁZAR, cosa igualmente harto evidente.
  • – Que el Ministerio de Información y Turismo prohibió al señor De la Cierva la publicación de estos artículos ‘aunque ahora se nos dice que solamente en función de no haber pedido permiso a la superioridad”.
  • – Que es verdad que el señor De la Cierva percibe por sus trabajos de estudios sobre la guerra de España unas remuneraciones que son las legalmente establecidas para los funcionarios del Ministerio (aquí ya se omite lo de la ‘espléndida remuneración’).
  • – Que ‘por lo demás’ el diario PUEBLO ‘no ha hecho ninguna acusación y está seguro de la honorabilidad de don Ricardo de la Cierva”.
  • – Que en el fondo el Ministerio de Información ‘ha coincidido con PUEBLO’.
  • – Que no deja de sorprender a PUEBLO la naturalidad con que se acpeta que quien está al frente de un servicio oficial colabore, utilizando los medios a su alcance en razón del cargo, con una entidad particular.
04 - Noviembre - 1967

Palabras finales de EL ALCÁZAR

EL ALCÁZAR (Director: Luis Apostua)

PUEBLO creyó descubrir muy astutamente que el Sr. De la Cierva era un funcionario del Ministerio espléndidamente remunerado por sus estudios sobre la guerra civil española. Aunque el referido Ministerio de Información y Turismo le comunica oficialmente que el Sr. De la Cierva no utilizó en ningún momento materiales de la Administración para preparar su colaboración en nuestro periódico, olvida este pequeño detalle y se da por muy satisfecho con su hallazgo y por la defensa que hace de los intereses de los bienes de la comunidad española. Tampoco le interesa recoger de la carta del secretario general técnico la afirmación según la cual estos documentos se hallan a disposición de todos los investigadores. Todo esto no ratifica las tesis de PUEBLO que, por lo visto, tiene, además, una singular opinión sobre lo que es acusar sin razón a una persona o entidad. Tras haber dicho en letras de molde que se ‘conculcaba el orden jurídico vigente’ y se ‘faltaba al principio de fidelidad a la administración’. PUEBLO pretende ahora no haber hecho ninguna acusación. Punto de vista peregrino que no casa precisamente con el aludido ‘orden jurídico vigente’.

Con lo dicho y con la carta del Ministerio queda cerrado por nuestra parte este capítulo. Ni EL ALCÁZAR utilizó jamás un material de procedencia dudosa, ni PUEBLO – que debe saber mucho de estas cosas – tiene por qué dar lecciones sobre la utilización de lo que sea ‘propiedad del Estado, es decir, de los españoles”.

PUEBLO inició todo este alboroto con un símil deportivo. También nosotros queremos terminar, deportivamente, recordándole que en boxeo existen los golpes bajos, prohibidos por los reglamentos. Esta vez el árbitro, el Ministerio de Información y Turismo estaba allí para pitarle falta.

 

06 - Noviembre - 1967

No ha habido rectificación

PUEBLO (DIrector: Emilio Romero)

Historia de una rabieta mal dirigida

 

La carta de don Joaquín Juste al director de PUEBLO es puramente privada, con ruego de su publicación y con el propósito bien visible de echar una mano al Sr. De la Cierva que estamos seguros había procedido de buena fe. Si hubiera sido una rectificación, su texto hubiera sido muy distinto y, naturalmente, se habría hecho con las formalidades necesarias y acogiéndose al artículo 62 de la ley de Prensa de Imprenta, rectificación a favor de la Administración, y a la norma complementaria de esta ley, que es el decreto 745, de 31 de marzo de 1966, por el que se regula el ejercicio del derecho de rectificación. Pero nada de esto ha sucedido. Ha sido una simple y cordial súplica de rectificación personal.

 

Y ahora vamos a ilustrar a nuestro colega. Por lo pronto, no es disculpable que cuando un periódico entra en una polémica de esta clase olvide la ley articulada de funcionarios de la Administración Civil del Estado, de 7 de febrero de 1964: la de Régimen Jurídico de la Administración Civil del Estado, de 7 de febrero de 1964; la de Régimen Jurídico de la Administración, de 26 de julio de 1957, y la disposición sobre incompatibilidades de 29 de octubre de 1965.

 

Al vernos sorprendidos con la escandalosa e inexacta noticia de quien ha sido el Ministerio quien nos ha contestado, según manifiesta el citado diario, nos vemos obligados, bien a pesar nuestro, a insistir sobre el tema para dejar las cosas en su sitio por el respeto que nos merecen los lectores de cualquier periódico, sea el que sea, y deseando vivamente que las precisiones que dé a los suyos el diario EL ALCÁZAR a quienes se refiere el primer párrafo de su artículo, sean más correctas y más respetuosas hacia el alto organismo del Estado, del que utiliza alegremente su nombre para atribuirle actuaciones oficiales que no ha llevado a cabo.

 

Nos habría parecido lógica una carta del señor secretario general si el diario PUEBLO hubiera hecho comentarios molestos o censurar a la marcha organizativa de la citada Secretaría General o a actuaciones del mismo en el cargo que ostenta, cosa que no ha existido. Pero el hecho de que la Sección de Estudios sobre la Guerra de España esté encuadrada en la citada dependencia nos parece que no obliga al señor secretario general a salir al paso de comentarios sobre actitudes o conductas del personal que la sirve, a tenor de lo que dispone el artículo 15 de la ley de Régimen Jurídico de la Administración del Estado, de 26 de julio de 1957, que señala que el subsecretario del Departamento asumirá la jefatura superior de todo el personal, así como la resolución de cuantos asuntos se refieran al mismo’. O lo que es igual: que para que el Ministerio hubiera contestado en lo referente al funcionario que mencionábamos habría tenido que ser el propio señor subsecretario de Información y Turismo quien firmara la rectificación, a no ser que hubiera delegado para ello sus funciones, en este caso en el citado secretario general, lo que no se nos decía en la carta por él enviada. EL ALCÁZAR, debido a su ignorancia, acusa al propio señor secretario general, de haberse tomado atribuciones que no le incumben, en cuanto a los deberes y derechos que sobre el personal manifestaba.

 

Dejando pues, bien sentado que no ha sido el Ministerio, sino un cargo del mismo, que merece todos nuestros respetos, pero ajeno a intervenciones en materia de personal, y obligados, como decimos más arriba, a volver sobre el tema, como consecuencia de las informaciones que el día 4 facilitaba a sus lectores EL ALCÁZAR, lamentamos no coincidir con el señor secretario general técnico en lo que señala como la utilización por parte del señor De la Cierva de los fondos de su sección no hubiera constituido en ningún caso un hecho punible y ni siquiera indelicado’. Esta de acuerdo con él sería tanto como ignorar por nuestra parte o tratar de corregir la ley articulada de Funcionarios Civiles del Estado, de 7 de febrero de 1964, conocimiento obligado a todos cuantos desempeñan servicios o cargos públicos en cuyo artículo 80 dice ‘los funcionarios deben guardar sigilo riguroso respecto de los asuntos que conozcan por razón de su cargo”.

 

Sería ignorar también el artículo 83, cuya regla primera dice ‘ningún funcionario podrá ejercer otra profesión, salvo los casos en que instruido el oportuno expediente, con audiencia del interesado, se declare por el subsecretario del Departamento correspondiente que no perjudica al servicio que el funcionario tenga a su cargo.

 

Sería asimismo ignorar el punto tercero de la misma regla primera del citado artículo 83, que dice: ‘Los funcionarios están obligados a declarar al subsecretario del Departamento en que presten sus servicios las actividades que ejerzan fuera de la Administración, para que, a su vez, pueda ordenarse, en su caso, la instrucción del correspondiente expediente de incompatibilidad a los efectos de garantizar lo establecido en el artículo 82.

 

Y, siguiendo el comentario de la citada ley, exponemos que el mismo artículo 83, en su regla segunda dice: “El funcionario no podrá ejercer actividades profesionales o privadas, bajo la dependencia o al servicio de otras entidades o particulares en los asuntos en que esté interviniendo por razón del cargo, ni en lo que estén en tramitación o pendientes de resolución de la oficina local, centro directivo o Ministerio donde el funcionario estuviera destinado, adscrito o del que dependa”.

 

Nos referimos ahora, siguiendo la mencionada ley, al artículo 85, que nos dice que los órganos de la Administración Civil del Estado a los que competa la dirección, inspección o jefatura de los respectivos servicios, cuidarán de prevenir, y en su caso corregir, las incompatibilidades en que puedan incurrir sus funcionarios promoviendo cuando así sea procedente expediente de sanción disciplinaria. “A estos efectos – añade el citado artículo – se calificará de falta grave la incursión voluntaria del funcionario en cualquiera de las incompatibilidades a que se refiere esta ley…” Y no citamos el articulado de las otras disposiciones mencionadas por considerar éstos más que suficientes.

 

La carta del señor secretario general técnico nos dice que ‘la ley articulada’ de Funcionarios Civiles de la Administración del Estado, de 7 de febrero de 1964, prohíbe que en determinadas circunstancias los funcionarios publiquen artículos firmados sobre materias relativas a su trabajo oficial, sin previa autorización expresa de la superioridad. La ausencia de este requisito puede y debe ser considerada como una falta leve de carácter puramente administrativo, y nosotros peguntamos: “¿Está esta afirmación de acuerdo con el artículo 85 que reseñamos más arriba? ¿Está también de acuerdo con la articulación que exponemos el punto segundo de su escrito, y que hemos entrecomillado en su lugar correspondiente? No cabe duda que el Sr. De la Cierva habría precisado autorización del señor subsecretario del Departamento para simultanear su cargo público con el de colaborador en el diario EL ALCÁZAR. Si a esto añadimos que la regla segunda del artículo 82, antes citada prohíbe al funcionario ejercer actividades profesionales o privadas al servicio de otras entidades o particulares en los asuntos en que esté interviniendo por razón del cargo; si el cargo de este funcionario es el de jefe de la Sección de Estudio sobre la Guerra de España, como corrobora en su carta el señor secretario general, y lo que pretende era publicar en EL ALCÁZAR unos artículos sobre la citada guerra de España, queda demostrado que nos sobraba la razón y que el procedimiento que se pensaba utilizar por el diario EL ALCÁZAR no era correcto.

 

Lamentamos, por otra parte, que el citado diario no interprete el castellano debidamente, porque una cosa es que unos documentos puedan hallarse a disposición de todos los investigadores y otra que el propio jefe de esta sección colabore con artículos, en asuntos de su cometido, con empresas privadas. El lapsus padecido por el secretario general técnico del repetido Ministerio, al afirmar que ‘la utilización por parte del Sr. De la Cierva de los fondos de su sección no hubiese constituido en ningún caso un hecho punible y ni siquiera indelicado, sólo podemos disculparlo como un acto de generosidad hacia un funcionario, acto que nos parecería elogiable si ello no hubiera servido para poner en entredicho la razón de nuestra postura y hacer creer con ello al diario EL ALCÁZAR nuestra equivocación.

 

Repitamos que solamente por un acto de atención hacia el señor secretario general y la ausencia total de animosidad hacia el señor De la Cierva emitimos en nuestro número del día 3 lo que EL ALCÁZAR, con su provocación del día 4, nos ha obligado lamentándolo, a reseñar. Pero este acto de delicadeza por nuestra parte no ha querido comprenderlo el citado diario vespertino, utilizando nuestro gesto como una rectificación a nuestro artículo ‘Abuso’ del día 1 de los corrientes.

 

Nosotros hacemos punto final y todo queda claro.

 

EL ALCÁZAR ha pretendido hacer una cosa que no era correcta y no le han dejado hacerla.

Después afirma que el Ministerio ha rectificado a nuestro periódico y esto es falso. ¿Para qué seguir? Los lectores que hayan seguido esta polémica tienen ya todos los elementos a su alcance. Este periódico no necesita dar golpes bajos, porque solamente los que dan estos golpes son los que carecen de recursos reglamentarios para imponerse al adversario. No ha habido más que una rabieta porque les sorprendimos con una exclusiva fenomenal, como las ‘memorias del coronel Casado’. Entonces nos prepararon una trampa; un golpe bajo. Contrataron unos servicios que no han podido publicar. Todo lo demás es puro y simple pataleo.

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