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Los suaristas pierden el control del partido

Rodríguez Sahagún dimite como presidente de la UCD: le sustituye el presidente del Gobierno, Leopoldo Calvo-Sotelo

HECHOS

D. Agustín Rodríguez Sahagún hace oficial su dimisión como presidente de la Unión de Centro Democrática (UCD), siendo reemplazado por el Presidente del Gobierno, D. Leopoldo Calvo Sotelo

leopoldo_calvo_sotelo_3 El presidente del Gobierno D. Leopoldo Calvo-Sotelo, presidirá ahora también el partido UCD, teniendo así los mismos cargos con los que contaba el Duque de Suárez

El 13 de noviembre el Presidente de la UCD, D. Agustín Rodríguez Sahagún y el Secretario General, D. Rafael Calvo Ortega (ambos del sector ‘suarista’) presentaron su dimisión.

El Presidente del Gobierno, D. Leopoldo Calvo Sotelo fue designado nuevo Presidente de la UCD con el apoyo de 180 miembros del Comité. 44 miembros votaron en contra, presumiblemente representantes del ‘sector suarista’.

La situación en noviembre de 1981 de la UCD era de crisis sin retorno: todos los diputado socialdemócratas liderados por D. Francisco Fernández Ordoñez, D. Javier Moscoso, D. Luis González Seara, Dña. Carmela García Moreno, D. Luis Berenguer, Dña. María Dolores Pelayo, D. Eduardo Moreno y D. Alfonso Quirós abandonaban el partido para crear si propia formación, el Partido de Acción Democrática (PAD) para aproximarse al PSOE.

¿QUIÉN SERÁ EL NUEVO SECRETARIO GENERAL DE UCD?

cavero Se da por seguro que D. Rafael Calvo Ortega dejará de ser Secretario General de UCD. Su sustituto se designará en el Comité Político del partido que se celebrará el último día del mes. El nombre que más suena es el del Sr. Lamo de Espinosa (del sector ‘azul’ o martinvillista), aunque también se cita al democristiano D. Íñigo Cavero, como posible.

14 - Noviembre - 1981

La asignatura pendiente de Calvo Sotelo

EL PAÍS (Editorialista: Javier Pradera)

La decisión de volver a acumular la Presidencia del Gobierno y la presidencia de UCD en una misma persona será contemplada por muchos como el término de un largo e inútil viaje circular, que concluye justo en el punto en el que comenzó.Hace aproximadamente un año, el sector crítico de UCD, embrión de la actual platáforma moderada, levantó como banderín de enganche un programa de democratización interna, que incluía renglones tales como la dirección colegiada, la separación entre la Presidencia del Gobierno y la del partido, la representatividad proporcional de las corrientes en los colectivos superiores, la intervención de los órganos colegiados en las decisiones y una activa participación de las bases en la elaboración de los programas. Junto a estas loables reformas organizativas, los entonces críticos exigían también una alteración de la línea política del Gobierno presidido por Adolfo Suárez, tanto en sus contenidos legislativos como en su estrategia de alianzas. Se trataba, en suma, de desplazar la política gubernamental hacia posiciones todavia más conservadoras en educación, costumbres, política económica y legislación laboral, y de uncir el carro de UCD, mediante un pacto de legislatura y un eventual acuerdo para las próximas elecciones generales, a la oferta de Alianza Popular, a fin de fraguar la gran derecha.

Que las reivindicaciones de democratización intema de UCD se proponían exclusivamente condicionar, primero, y derribar, después, a Adolfo Suárez, a fin de imponer otra línea política, era un hecho tan palmario que sólo la inocencia o la mala fe podían negarlo. El gambito de Adolfo Suárez, sacrificando la Presidencia del Gobierno para atrincherarse en la presidencia de honor y en el con trol de UCD, sorprendió a sus adversarios. Sin embargo, el golpe de Estado frustrado del 23 de febrero, que ha alterado drásticamente las reglas de juego de nuestro sistema político, limitó el espacio para la maniobra del dimitido jefe del Ejecutivo y condenó de antemano las posibilidades de éxito de su estrategia. Sólo las contradicciones y la falta de decisión explican que el decreto de reunificación haya tardado tanto en promulgarse. Un decreto que devuelve la política del partido gubernamental a la anterior etapa de cesarismo presidencialista.

En la vacilante estrategia llevada a cabo, el trabajo sucio ha corrido a cargo de una campaña de Prensa destinada a quebrar la resistencia del presidente de UCD, obligándole a dimitir, y a inclinar la balanza de la mayoría del congreso de Palma -el martinvillismo- del lado del presidente del Gobierno. La operación ha tenido éxito, pero tal vez elasesinato de carácter que se ha perpetrado contra Adolfo Suárez signifique, a la larga, un coste demasiado elevado para la derecha gobernante y para el sistema todo. La decisión de Adolfo Suárez de dimitir del Comité Ejecutivo es, tal vez, el primer paso para una salida paulatina de UCD y la búsqueda de un nuevo lugar -o de ninguno- en el espacio político. En el pasivo del ex presidente fi guran abundantes renglones, inventariados y analizados por este periódico a lo largo de sus casi cinco años de trabajo al frente del poder ejecutivo. También las hemerotecas pueden servir, en este caso, para comprobar quiénes, cuándo y por qué razones criticaron o alabaron a Adolfo Suárez en sus años de esplendor y poder. Pero en el activo de ese balance existen también más cosas de lo que hoy señalan quienes le niegan el pan y la sal, y parecen olvidar que el actual presidente del Gobierno y susanedrín ministerial compartieron el poder hasta febrero de 1981 con Suárez, chivo expiatorio de los errores de algunos de sus más estrechos colaboradores.

El compromiso de mantener a UCD dentro del centrismo reformista, como una opción distinta a la derecha representada por Alianza Popular, parece descansar más sobre los sondeos de opinión, que siguen señalando como principal caladero de votos populares el espacio electoral fronterizo entre UCD y PSOE, que sobre principios ideológicos. Dada esa fundamentación de la opción centrista, y dado también que laplataforma moderada seguirá trabajando incansablemente por hacer triunfar sus tesis favorables a la alianza con Fraga, a la formación de lagran derecha y a la subordinación del poder civil frente a la jerarquía eclesiástica, la CEOE y los poderes fácticos, el futuro de UCD depende tanto de las alteraciones en las muestras demoscópicas como de la voluntad política de Calvo Sotelo.

La gran incógnita, que sólo el transcurso del tiempo podrá desvelar, es saber qué se propone hacer el presidente con ese poder reunificado que tiene ya en sus manos.

La asignatura pendiente del presidente del Gobierno, aprobada ya con la inestimable ayuda del PSOE, las disciplinas de la política económica y los pactos autonómicos, y con la colaboración de Coalición Democrática y las minorías nacionalistas, la entrada en la OTAN es, casi exclusivamente, la desactivación de las tramas golpistas, la celebración del juicio del 23 de febrero, la afirmación del poder civil y democrático frente a las presiones institucionales y extraparlamentarias y la convocatoria de las próximas elecciones generales en un clima de tranquilidad y desprovista de chantajes. Ya han desaparecido los pretextos del Gobierno para no rendir examen en esa difícil materia, sin resolver la cual nada se habrá resuelto

14 - Noviembre - 1981

El vacío de poder

Antonio de Senillosa

Se dice que la naturaleza tiene horror al vacío y que procura llenarlo, de inmediato, con elementos sólidos, líquidos o gaseosos. Era este un dicho de la física antigua que ya no resulta válido para la ciencia contemporánea. Por analogía, se utiliza ahora con profusión la amenaza del vacío de poder como posible pretexto que utilizarían para ocuparlo quienes no cejan en su empeño de considerar al Estado como una pieza apetecible capaz de satisfacer las ambiciones desorbitadas de aquellos que se consideran poseedores exclusivos de la verdad política. Donde la democracia está sólidamente establecida y forma parte del sistema de sociedad, no existe vacío de poder, al mantenerse intactas, por el unánime consenso de las fuerzas políticas, las reglas del juego. En los Países Bajos se verificaron hace Linos meses elecciones generales. La dispersa condición de los grupos políticos hizo muy difícil la recomposición de una mayoría estable y se abrió una crisis de Gobierno que duró muchas semanas. Nadie perdió los nervios ni se produjeron rumorazos golpistas. Al cabo de un tiempo, la coalición del Gobierno holandés se formó. Análoga, fue la situación italiana en no lejana ocasión. Y el resultado de las recientes elecciones belgas hace prever un largo período de consultas antes de que cristalice un Gabinete de andadura parlamentaria viable.¿Hubo vacío de poder en La Haya, en Roma o en Bruselas en esas ocasiones? Por supuesto que no. Se puede criticar al sistema electoral correspondiente porque favorezca el fraccionamiento de los partidos o porque no facilite la formación de mayorías sólidas. Pero nadie llegará a la conclusión de que un golpe de Estado vaya a ser la consecuencia de una larga crisis ni el remedio para que no se produzca. El pretexto sí que lo puede ser. Pero para ello es preciso que exista un propósito preconcebido de asalto al poder. Cualquier razón es válida para quien desea en lo íntimo destruir la democracia. Y esa es una de las componentes que late en el fondo de nuestro panorama político y a la que se alude oblicuamente por una especie de pudor mal entendido.

Hay un sector de nuestra sociedad que no acepta el sistema democrático como forma de convivencia nacional. Que rechaza la Constitución y que considera pernicioso el código de las libertades civiles y de los derechos humanos. Este arcaísmo residual de nuestra colectividad tiene fronteras mal definidas. Se extiende confusamente por estamentos y sectores en una propaganda insistente, hecha de insidias y amenazas. Utiliza burdas analogías exteriores, que nada tienen que ver con la realidad. Piensa -si piensa- que Reagan y Haig son golpistas. Que Strauss les ayudará cuando sea canciller alemán. Que el fascismo de Almirante va a ganar las elecciones italianas. Que en Francia ya se ha implantado el comunismo. Que la tercera guerra mundial está encima. Y que el Cono Sur americano, el apartheid de Pretoria y los que mandan en Taiwan les acogerían con entusiasmo en los foros internacionales. Sobre esa base inexistente, propagan su mercancía los depositarlos exclusivos del patrioterismo y de la fe revelada.

Se utilizó el argumento del supuesto vacío de poder en la noche del 23 de febrero, con la pintoresca acusación de que estando secuestrados Parlamento y Gobierno, la cúpula ejecutiva quedaba vacante. Yal quedar sin mando, era forzoso ocupar el sitial abandonado para que el país no se sintiera huérfano. Tan cínica explicación fue utilizada una ydad del 23-F. Ahora resuena otra vez la descarada cantilena del “poder abandonado”, utilizando la difícil y larga crisis interior de UCD, que cuantos defendemos la estabilidad y el asentamiento de la democracia en España deseamos ver superada y resuelta sin más fisuras. Pero el golpismo quiere, en cambio, que dure, para que sus aparentes razones se apoyen en la disparatada tesis de que ellos vienen a ocupar un piso vacío para salvar los muebles. ¡Pobre piso! ¡Ay de los muebles! Yo vi cómo se destripaban las sillas de época del Congreso a golpes de navaja cabritera, para organizar una fogata en la que seguramente se hubieran quemado libros nefastos. De aquellos que hacen pensar.

Esto no tiene nada que ver con el vacío de poder, sino que se halla motivado por la ambición de poder, que es cosa distinta. Tampoco es una alternativa de gobierno para resolver los problemas nacionales lo que se postula; sino una aspiración ilícita al ejercicio del mando por quienes suponen que el carisma les viene conferido por un paráclito ideológico que desciende sobre susfrentes en forma de llamita azul y que con ello lo justifica todo, incluso la violencia física llevada hasta el exterminio o eliminación de los adversarios. Una vez realizado ese trabajo, lo demás viene dado por añadidura: la inflación desmandada; el paro desbordado; el arbitrismo de los aficionados a la economía; la corrupción amparada en el silencio impuesto; la persecución de la cultura, y la pistola y la tortura convertidos en sistemas educativos. Y de fronteras afuera, el aislamiento, otra vez; el numantinismo paleto y xenófobo; el cierre de Occidente; las arenas del desierto y el aullido de los chacales.

No nos hallamos ante un supuesto vacío de poder que se trate de remediar, sino frente a un total vacío de pensamiento de quienes quisieron imponernos a la fuerza una España hueca de ideas, mal gobernada por la fuerza bruta de una minoría. Es decir, un poder sin pensamiento; un poder vacío.

En vías de recomposición UCD, tiene Calvo Sotelo el apoyo parlamentario y el de la opinión pública para seguir adelante ejerciendo la plenitud del poder civil frente a cualquier intento de soluciones “seudoconstitucionales”, como las definió acertadamente Felipe González.

Ni vacío de poder ni situaciones límites. Normalidad democrática y constitucional.

14 - Noviembre - 1981

Calvo-Sotelo, solución lógica

ABC (Director: Guillermo Luca de Tena)

La crisis interna de UCD, más grave para la política nacional que para la política de este partido, y por eso en nuestro comentario de ayer hacíamos apelación al patriotismo, ha encontrado, al fin, su solución más normal y más conveniente. El Comité Ejecutivo de UCD ha recibido la renuncia del señor Rodríguez Sahagún a la presidencia del partido, para la cual ha sido ‘designado en funciones’ el secretario general, señor Calvo Ortega, hasta que se reúna el Consejo Político el próximo día 21 y sea entonces elegido el señor Calvo-Sotelo como presidente de UCD.

No existía otra solución. Un partido, decíamos ayer, “no puede vivir en permanentes periodos constituyentes, no puede asentarse en constantes revisiones, no puede construirse como una sociedad’. Y decimos hoy que solamente en la más rotunda confusión política puede ocurrir que un presidente de Gobierno sea defendido por los partidos de la oposición y sea impugnado por parte de su propio partido.

Como presidente del Gobierno, el señor Calvo-Sotelo se ha apuntado logros tan importantes como la contención y disminución del terrorismo – que hubiera podido ser factor de desestabilización democrática de gravedad incalculable en estos críticos momentos – la mayor seguridad ciudadana contra la delincuencia común: el acuerdo del ANE con sindicatos y la organización patronal; la vía libre para el ingreso de España en la OTAN; el principio de la corrección de los excesos autonómicos…

Calvo-Sotelo asumió el Poder en circunstancias especialmente difíciles. ¿Cómo no recordar que el golpe del 23 de febrero se produjo cuando se votaba en el Congreso la confianza necesaria para la presidencia del Gobierno? Y Calvo-Sotelo, pese a remar contra corriente desde el principio, ha sabido con méritos ciertos, conquistar el aprecio público mayoritario. Logro más importante de cara al país que disfrutar de una unanimidad de apoyo en un partido del cual se han marchado minorías que en realidad nunca debieron aprovechar el prestigio electoral del mismo para ocupar escaños en el Congreso y carteras en el Gobierno.

Acogemos con satisfacción patriótica y democrática la sensatez, la cordura política demostrada por el Comité Ejecutivo de UCD al aceptar que se unifiquen – porque la unidad de mando es necesaria – en la persona del señor Calvo-Sotelo las dos presidencias: del partido y del Gobierno. En el horizonte próximo, inmediato, están las elecciones. Y a esta convocatoria electoral UCD debe presentarse como una opción política definida, aunque tenga para ello que reducir sus efectivos; es decir, aunque le resulte obligado prescindir de grupos o sectores que ya no son en el seno de un partido de centro partes integrantes en la filosofía política del conjunto.

El señor Rodríguez Sahagún, que ahora aparece como derrotado en una polémica que quizá no debió entablarse nunca, no ha hecho más que cumplir con las exigencias estatutarias de la organización de un partido. No merece por lo tanto, acritudes críticas, ya fuera de cualquier fundamento. En carta pública, el señor Calvo-Sotelo – en los términos de la más cumplida caballerosidad política – le reconoce la probidad de su actuación: “Quiero agradecerte, una vez más, la franqueza, la calidad humana y la generosidad personal que has demostrado en todo momento…”.

La crisis de UCD parece haber entrado en vías de solución. No están resueltos muy graves problemas nacionales. Pero su solución quedaba pendiente –en la parte que corresponda a la continuación de UCD en el Poder – de la confirmación del señor Calvo-Sotelo como líder indiscutido en el seno del partido y a la cabeza del Gobierno.

Así – repitiendo palabras de ayer – UCD puede recuperar el prestigio que un día la valió ser apoyada por siete millones de españoles.

14 - Noviembre - 1981

¿La Guerra ha terminado?

EL PERIÓDICO de Catalunya (Director: Antonio Franco)

A los observadores extranjeros, cuando analizan la situación española se le rompen todos sus esquemas lógicos. ¿Dönde ha estado en los últimos tiempos la oposición, en la izquierda parlamentaria o en las propias filas de UCD?

A Suárez no le hicieron caer ni el PSOE ni el PCE. A Fernández Ordoñez no le desgastaron los socialistas. A Castedo le forzaron a dimitir los mismos centristas que le habían nombrado, lo mismo que ha pasado ahora con Sahagún y con Calvo Ortega. La oposición desde dentro, la intestina, ha sido mucha más sistemática, eficaz y desestabilizadora que la que han podido plantear los demás partidos.

A Leopoldo Calvo-Sotelo le toca demostrar que esa guerra ha terminado y que UCD sin compartir los poderes es capaz de gobernar eficazmente España e inspirar unas confianzas que, por el momento, no se detectan en la calle.

Es, por fin, la gran oportunidad para Calvo-Sotelo. Y es, también, la última oportunidad probablemente para UCD, si no lo hace muy bien. El país seguirá en su actitud cansada, pero realista y constructiva. ¡Pero que esta vez las cosas se hagan bien, señor presidente de UCD y del Gobierno!

El Análisis

SUÁREZ vs CALVO SOTELO

JF Lamata

Está claro que no consiguió haber fluidez en el tandem ‘partido-gobierno’, es decir, en el tandem ‘Calvo Sotelo – Sahagún’. No obstante resulta muy difícil no ver detrás del Sr. Rodríguez Sahagún a su gran valedor, el anterior presidente y fundador del partido, el Duque de Suárez. Por lo que indirectamente se producía una disputa entre el inquilino de la Moncloa, el Sr. Calvo Sotelo, que quería pacificar la UCD, y el sector ‘suarista’ del partido, que no estaba en condiciones de conducir esa ‘pacificación’, por lo que el presidente del Gobierno decidió asumir ese reto personalmente.

El hecho de que el Duque de Suárez ni tan siquiera asistiera al Consejo Político de UCD, del que era miembro, evidenciaba ‘el mal rollo’ existente y ya entonces se especulaba con su deseo de abandonar el partido y crear una nueva operación política.

J. F. Lamata

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